Semana de oración por la unión de los cristianos 2018

SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIÓN DE LOS CRISTIANOS 2018

 “No ya como un esclavo, sino como un hermano estimado” 

Luc 10,25-37 La parábola del buen Samaritano”

Acabamos de oír la parábola del Samaritano, que es muy conocida por todos y que tiene la virtud de contener y resumir,  explicado en una forma simple, los fundamentos de la vida del cristiano.IMG-20180120-WA0063
Jesús, en la conversación con el legista, hace que este exponga los dos mandamientos principales de la Ley y también del Evangelio.
El primer mandamiento es que tenemos que amar a Dios con todo nuestro corazón, nuestra mente, nuestra fuerza, con todo nuestro ser. Amar a Dios significa que tenemos que llegar a vivir, y a ser realmente de tal manera, que Dios se pueda alegrar en nosotros: que no  llegara a haber nada en nosotros, en nuestras vidas que fuera ajeno a Él, que todo en nosotros estuviera orientado a Él.
Y el segundo mandamiento, el de amar al prójimo como nosotros mismos; este mandamiento, que el legista no entendía, es el mandamiento que tiene que ser nuestro caballo de batalla de cada día, de todos los días de nuestra vida, y que es dónde tenemos que verificar nuestro amor por Dios; a través del servicio y del amor al prójimo podemos llegar al amor pleno a Dios.
Con frecuencia, nos podemos sentir buenos cristianos por el hecho de sentir en nuestro corazón una calidez, un sentimiento de que amamos a Dios, pero esto no es suficiente. La prueba de que amamos a Dios es compartir con Él el amor que tiene por cada una de sus criaturas, de nuestros vecinos, y por el mundo entero.
Y aquí es vital entender y precisar quién es realmente nuestro prójimo. Y diría, en palabras del padre Lev Gillet, que: “mi prójimo no es exclusivamente aquel que la sangre, el territorio o la creencia hace cercano a mí; mi prójimo es, en cada momento, aquel a quien Dios me acerca poniéndolo en mi camino; mi prójimo es aquel a quien me hago cercano sirviéndolo, incluso si es un extranjero o un enemigo. Depende en gran parte de mí mismo que tal hombre sea o no mi prójimo. Y puedo esforzarme a actuar de manera tal que todo hombre se convierta en mi prójimo”.
Tenemos, siguiendo todavía al padre Lev, que intentar adquirir lo que denomina “la mentalidad de Cristo”, es decir, intentar pensar, ver como lo haría Cristo, ante cualquier situación en que nos encontramos respecto a una persona determinada o una situación. En muchas ocasiones esta visión muy diferente de la nuestra, que tendemos a ver las cosas desde ras del suelo, y con muy poco amor.
icon-good-samaritanOtro aspecto de esta parábola es que el Buen Samaritano es en realidad, y en última instancia, el Cristo: porque Él también ha sido considerado por sus coetáneos cómo alguien a quién rechazar, apartar y sobre todo porque Él será siempre el que se incline amorosamente sobre nosotros, que derrame sobre nuestras heridas el alcohol que quema, que purifica, que cauteriza y enseguida derrame el aceite santo, que cura, que alivia. Este derramamiento de aceite, imagen de la gracia de Dios que cura, lo tenemos que pedir a Dios:
Que Dios derrame sobre nosotros su ternura, que derrame su caridad, su gracia, esta fuerza dulce que hace que nos podamos volver a levantar en nuestras caídas y que seamos capaces de seguir el camino que Cristo mismo ha hecho primero: el de dar su vida por los otros, que seamos capaces de reconocer la Verdad absoluta, que es Cristo mismo, a quien realmente se debe de todo honor, gloria y adoración por los siglos de los siglos. Amén.