Mensaje de Navidad 2017 del Patriarca Irineo

LA PAZ DE DIOS – CRISTO HA NACIDO

De suerte que el que espatriarche_irenee-retallada de Cristo, se ha hecho criatura nueva, y el hombre viejo pasó, se ha hecho nuevo (2Co 5,17)

Queridos hermanos y hermanas,
La institución del nuevo y eterno Testamento de Dios y hombre se ha cumplido precisamente en este día, después de la primera Navidad de la historia. Porque es en este día, hijos espirituales bien amados, que el Dios pre-eterno ha cumplido una obra más grande que la creación del universo i que Él ha realizado la promesa hecha a nuestros primeros antepasados, una promesa que los profetas habían profetizado desde tiempos inmemoriales, y que la Purísima, bendecida y siempre Virgen María ha acogido con serenidad. Dios el Verbo se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros (Juan 1,14). El Hijo del Padre celestial ha llegado a ser contemporáneo del género humano, a fin que el hombre llegue a ser co-eterno de Dios. El Señor Todopoderoso se ha despojado tomando la condición de esclavo (Ph 2,7) y llega ser físicamente parecido a nosotros, a fin de hacernos parecidos a imagen de Su gloria. Es por esto que el muy sabio apóstol Pablo clamó extasiado: ¡O abismo de riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! Que Sus decretos son insondables y Sus vías incomprensibles (Rm. 11,33).
En aquellos tiempos, un himno maravilloso e inspirado fue entonado por la corte numerosa del ejército celeste: “Gloria a Dios en les alturas y paz en la tierra a los hombres en que Él se complace! (Luc.2,14), mientras que en el cielo una estrella indicaba Betlehem, ciudad natal del profeta y Rey David, y la “Casa de pan” en que apareció en verdad el Pan vivo descendido del cielo. En la calma de la luz espiritual de esta noche de Navidad, el rostro humano del Hijo pre eterno y único fue acogido por las miradas de los pastores (Lucas 2,4-15).
Como este misterio majestuoso de la piedad – la aparición del Hijo de Dios en la carne – era inconcebible por los ángeles y los hombres, el plan pre eterno del amor divino que lo llena todo, empieza a revelarse en el santo silencio de la gruta de Betlehem, lleno de una calma absoluta y de una bondad indecible. I, en verdad, aproximándose piadosamente de la ciudad de David, a los lados de los coros celestiales de los santos, nuestros ojos espirituales ven que en Aquel que por todo ha sido creado en los cielos y en la tierra, habita corporalmente toda la plenitud de la Divinidad (Col 2,9). Esta verdad revelada por Dios es predicada innumerables veces en nuestra santa Iglesia, diciendo que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, el Hijo de Dios ha descendido de los cielos ha tomado carne del Espíritu Santo y de la Virgen María, y se ha hecho hombre. La salvación evocada en el Símbolo de la Fe, queridos hermanos y hermanas, va más allá de toda esperanza humana. Dios no ha tomado carne con el fin de mostrar Su gloria y Su majestad, ni de aparecer, en medio de los ejércitos celestes, en este mundo como su maestro. El Salvador se ha dignado tomar carne del Espíritu Santo y dnativity-icon-4e la Virgen María, con el fin de que el hombre, bajo la fuerza bienhechora del Espíritu Santo, el bautismo, la participación a la Santa Liturgia y a la vida en Cristo, sea regenerada y llegue a ser un dios por la gracia, un hermano por la carne de Dios-hombre. Es el que El mismo nos ha permitido gracias al nacimiento verdadero a la vida eterna que nos de la santa comunión, la santa unción de los aceites y toda la vida en los santos misterios que culmina en la Santa Liturgia, en medio de nuestros esfuerzos para adquirir las santas virtudes evangélicas. Al iniciar a pertenecer verdaderamente a la comunidad de los hijos de Dios, en la Iglesia, participamos con gratitud a la vida divina de Cristo y estamos en el camino de salvación que en él se encuentra.
En la luz resplandeciente y el gozo maravilloso de Navidad, nuestra vieja sabiduría popular hace nacer esta máxima: Dios, concede-nos la salud y la alegría en nuestro hogar, que los niños nazcan en buena salud, que el trigo y la viña prosperen, que nuestros bienes crezcan en los campos, los rediles y las porquerizas! En verdad, esta vieja sabiduría popular es profunda y de gran alcance…
Después de desear a todos gran prosperidad, el Patriarca prosigue: En estos santos días de Navidad, oramos con fervor para todos nuestros hermanos y hermanas en la fe, para nuestra patria y en la diáspora, deseando que el Niño divino Jesús-Cristo encienda en sus corazones y sus hogares, la alegría pacífica de la luz de Betlehem, que ilumina hoy el cielo y la tierra. Nosotros invitamos, muy particularmente a todos los fieles en esta noche pacífica, a ser, con corazón y alma, al lado del pueblo ortodoxo serbio sufriente que guarda y protege cada parcela de la tierra santa del Kosovo y de la Metoquia, que nos ha sido, no olvidemos, dado por el Señor como una promesa eterna. Épocas revueltas se han producido y ocurrido. Durante todo este tiempo, nuestros antepasados han sostenido indeleblemente en sus corazones, el patriarcado de Pec, Gracanica, la Madre de dios de Ljevisa, Bajska, Decani, los Santos Arcángeles, y miles de otros santuarios en Kosovo y Metoquia. Sabían y se acordaban que habían caminado por el suelo de esta tierra santa en el lejano siglo VII y antes, como se menciona en las crónicas bizantinas. Sabían que habían dejado inscripciones en cerámicas del s. IX, que habían abierto las primeras escuelas cerca de los monasterios, escrito libros, pintado frescos e iconos, construido iglesias, abierto los primeros hospitales, escrito libros en eslavo… Sabían que el gran zupan de Raska, Vukan, había defendido la ciudad en el siglo XI. Sabían que eran los soberanos surgidos de los linajes de Nemanjic, Lzarevic, Brankovic, Petrovic, Obrenovic y Karadjordjevic, quienes habían construido santuarios a lo Milutinstlargo de las ciudades serbias. Todo ello, hermanos y hermanas, nuestros antepasados lo sabían. Nosotros, sus descendientes, lo sabemos también. Pero sabemos otra cosa. Sabemos que en el Kosovo y en Metoquia, nuestro pueblo sufriente se ha quedado a fin de confesar, como mártires, su santa fe ortodoxa y llevar valientemente el testimonio de su identidad serbia. Lo sabemos, como ellos lo saben, y no olvidamos nada de todo ello, porque Kosovo y Metoquia son nuestra Jerusalén, nuestra tierra santa. Y es por esto que podemos, con el salmista David, prometer rezando: “Si yo te olvido, Jerusalén, -si yo te olvido, Kosovo y Metoquia- que mi derecha se seque! (Salmo 136,5).
Nuestros hermanos en la fe, además, son confrontados a pruebas y no solamente los de Kosovo y Metoquia. Hoy en día, muy particularmente, el Niño divino Jesús-Cristo a nosotros, cristianos ortodoxos e hijos de la Iglesia, fortificados por Su gracia, y sin tener en cuenta la manera en que los otros se comportan a nuestra mirada, aquí mismo, a los alrededores o en todo lugar del mundo a comportarnos hacia todos según el mandamiento der Dios, como hermanos y amigos, cuáles sean su fe o su nacionalidad, sabiendo que Dios nos pide que lo que hagamos con los otros sea con amor, y no lo que los otros puedan hacernos. Hoy, cuando la Madre de Dios ha dado a luz al Dios pre eterno, nosotros rezamos para todos los hombres, en particular por los jóvenes, torturados por los vicios terribles de la narcomanía, alcoholismo, libertinaje, pereza, cólera, amor al dinero, orgullo, deseo con exceso, insensibilidad y de todos los otros vicios que, todo prometiendo una alegría aparente, rebajan de hecho la dignidad humana, haciéndola esclava.
Rezamos al Señor de los ejércitos celestes que les permita conocer la verdad y de reconocer el rostro de Dios en ellos mismos, de enderezarse valientemente y de rechazar las cadenas de una elección errónea. El Señor Jesús-Cristo ha dicho: … Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres… Cualquiera que cometa el pecado es esclavo (Joan 8, 32; 34). Somos libres en la plena aceptación del término, cuando seguimos el camino de una vida virtuosa que toma su fuente en la comunidad creadora de amor con Dios. Al revés, el mal uso de los dones de Dios y del potencial que es el nuestro, como la elección de un modo de vida errónea, debilita y destruye nuestra libertad, degradando nuestra personalidad, causando un sentimiento de vacío y absurdo para finalizar llevando a una esclavitud del espíritu. La libertad, queridos hijos espirituales, es la libertad por el Cristo, por el otro, por la vida y la salud. La libertad para la eternidad, una tal libertad, sólo Dios puede dárnosla porque Él es precisamente, la Libertad, el coraje y la fuerza. Sólo una libertad que implica la escucha de la voluntad de Dios y la moderación en la mirada a nuestro prójimo y a la naturaleza creada, permite dominar los conflictos terribles y previamente desconocidos, en el seno de nuestro pueblo, surgiendo entre conyugues, padres e hijos, parientes próximos y alejados, que a menudo escuchamos, desgraciadamente, hablar demasiado de ello.
La dulce Nueva de la Navidad de Cristo, hoy es anunciada en un mundo en que resuena el ruido de las armas, donde las agresiones se producen a la vista de los individuos y de los pueblos, donde reinan la ilegalidad y la injusticia social, en que los niños inocentes son víctimas de los conflictos guerreros, de toda clase de abuso y de hambres, en un mundo sobre el cual pesa la amenaza nuclear. Preocupados, pero sin perder la esperanza, rezamos al Niño divino de Betlehem que ilumine las tinieblas y de volver hacia el bien a los que tienen el comando de las palancas del poder en sus manos. ¡No tengamos miedo! En lugar de éxitos y temores terrestres, recemos por la paz de Dios llene hoy nuestros corazones! Esta paz no es sinónimo de pasividad y de indiferencia, sino que representa una fuerza dinámica creadora y por encima de todo, incesantemente activa delante del poder de transfigurar y de aportar la salvación no solamente a nosotros, sino también a los hombres que nos rodean. La experiencia bendecida de San Serafín de Sarov lo testimonia: “Adquiere el don de la paz y entonces miles de tu alrededor serán salvados”.
Dios que es con nosotros –el Emmanuel- representa precisamente esta Paz que da acceso a la paz celeste. Una tal paz no puede ciertamente identificarse con las tentativas pasadas, actuales y futuras, de realizar un estado de paz en esta tierra, que no se asientan en el centro del Dios Trinitario. La paz de Cristo es única, porque ella está fundamentada en el amor indecible e incomprensible del Padre celeste, Que ha amado tanto al mundo que nos ha dado Su Hijo, el Único Engendrado, a fin que cualquiera que cree en Él no se pierde, sino que tiene la vida eterna (Joan 3,16). El Dios-hombre, el Señor Jesús-Cristo ha nacido de la Virgen María, a fin de morir en la Cruz, resucitando a los muertos, dando la paz y la beatitud de la vida eterna a todas las criaturas. La realidad del don de esta paz que triunfa del pecado y de la muerte, la vivimos, queridos hijos espirituales, no solamente hoy, día de la fiesta de la Navidad de Cristo, sino cada vez que nos juntamos en nuestras santas iglesias durante la Santa Liturgia y cuando comulgamos en el Cristo Viviente.
Al celebrar nuestra fiesta hoy, rezamos para que nuestros corazones lleguen a ser como la cueva de Betlehem donde nace el Cristo, Hijo de Dios, y que nosotros, guiados por la luz de la estrella de Betlehem, iluminados por la sabiduría de los magos venidos de Oriente, inspirados por el Espíritu Santo, que ha tocado la Madre de las madres y pacificado las inquietudes del justo José, nosotros clamamos a los cuatro lados del universo, proclamando la venida de Aquel que nos salva: La paz de Dios – Cribisbe Lukasto ha nacido! En verdad, ha nacido!

Patriarcado de Serbia, Belgrado – Navidad 2017-
El patriarca serbio Irineo, con todos los obispos de la Iglesia ortodoxa serbia y Monseñor Luka, obispo de Europa occidental.

Fuente: Orthodoxie.com