Mensaje de Navidad 2016. Patriarca Irineo

Ireneu Patriarca Nadal 2016La Iglesia Ortodoxa Serbia a sus hijos espirituales en la Navidad de 2016
+ Patriarca Ireneo
Por la Gracia de Dios
Arzobispo ortodoxo de Pec, Metroplita de Belgrado i Karlovci, Patriarca serbio, con todos los obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia, a todos los clérigos, monjes y a todos los hijos e hijas de nuestra Santa Iglesia: gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo y el Espíritu Santo con la felicitación de la Navidad alegre. La paz de Dios! Cristo ha nacido!
Nos encontramos, una vez más, en el día de la fiesta de la Navidad, en el día de fiesta del amor inconmensurable de Dios, hoy en la ciudad de David, ha nacido el Salvador, que es Cristo Señor (cf. San Lucas 2,11), Emmanuel, que significa: “Dios con nosotros” (San Mateo 1,23). Este gran misterio de la Encarnación de Dios el Logos, oculto desde el principio de los tiempos (cf. San Juan 1,2), se dio a conocer por primer vez por los ángeles de Dios con su himno de Navidad de paz y amor (cf. S. Lucas 2,14). Después se les unieron los pastores y los magos de Oriente, la cosecha, por tanto, tanto del cielo como de la tierra, los ángeles y la gente, y todas las naciones terrenales, alrededor de Cristo-Niño Dios y de la Iglesia del Dios Viviente (II Cor, 6,16).
Como este acontecimiento de la Navidad de Cristo, que constituye según los Padres un milagro más importante que la misma creación del mundo, nos ha sido transmitida por los santos evangelistas, testimonios oculares y servidores de la Palabra (San Lucas 1,2)?. En su evangelio, el apóstol Mateo se dirige a sus compatriotas judíos con el fin, en la base de las profecías veterotestamentarias, de llevar el testimonio de que Jesús de Nazaret es Cristo, el Mesías, el Ungido de Dios, el Salvador del mundo (Salmo 138; Isaías 7,14). Su evangelio empieza por los antepasados de nuestro Señor Jesús-Cristo (S.Mat.1, 1-17), subrayando así Su naturaleza auténticamente humana. En esta genealogía, el menciona las figuras centrales del Antiguo Testamento, distinguiendo notablemente Abraham y el rey David, porque es a ellos que tratan la mayor parte de las profecías sobre la venida del Mesías, cuyo cumplimiento ha tenido lugar en la navidad de Cristo a Bet-le-hem de Judea (St. Mat.2,5-6). La primera parte del evangelio de Mateo nos dice de manera rotunda que Dios ha llegado a ser un hombre verdadero, para nosotros y para nuestra salvación (Mt.1, 2), mientras que en la segunda parte de esta genealogía, San Mateo precisa que el Mesías es el Dios-hombre, que su Navidad es sobrenatural, del Espíritu Santo y de la Virgen María (Mt.1,20). Asumiendo El mismo una verdadera naturaleza humana, Cristo ha llegado a ser uno de nosotros (Juan 1,14), al mismo tiempo que Él sigue siendo desde la eternidad – el Hijo de Dios i la Segunda Persona de la Santa Trinidad. Así se puede resumir la Buena Nueva anunciada por el evangelista San Mateo sobre la salvación de todos los pueblos por la fe en Jesús-Cristo (Ga 2,16).
El santo apóstol Lucas, en su evangelio dirigido a su discípulo el piadoso Teófilo (San Lucas 1,3), después a todas las almas amantes de Dios, precisa el marco histórico de la Navidad de Cristo. Por su testimonio apologético, desarma a todos los escépticos y los no creyentes que habían intentado anunciar que el Señor Cristo era una leyenda y una persona inexistente, asegurándoles que el Cristo es una persona histórica real, el Mesías. Como historiador, San Lucas precisa que la Navidad de Cristo ha tenido lugar en la época del emperador romano Augusto que ha reinado entre el año 27 antes de Cristo y el año 14 después de Cristo, en el censo general de población alcanzado mientras que Cirenio era gobernador de Siria (Luc. 2,2), lo que corresponde a hechos históricos no desmentidos por las fuentes científicas. Siendo más extensivo que San Mateo, el evangelista San Lucas no evoca la Navidad de Cristo solamente i intencionadamente dirigida a los judíos, sino también a la de todos los pueblos de la tierra (Luc. 2,29-32). En su genealogía, Lucas subraya que Cristo es el Salvador, el Nuevo Adam, la Cabeza y el fundador espiritual de la Nueva Israel, del Reino bendecido del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Luc. 3,21-23), el que ilumina la dimensión litúrgica de esta fiesta.
Mencionamos brevemente, como punto culminante y punto final, el testimonio del Evangelista San Juan el Teólogo sobre la Navidad de Cristo. Este discípulo bien amado y apóstol de Cristo es el Hijo pre-eterno de Dios, el Verbo de Dios, el Logos a través del cual todo ha sido creado (Juan 1,1-3) y como la luz ha venido a este mundo (Juan 1,5), con el fin de anunciarnos la Nueva y Eterna Alianza entre Dios y el hombre: “Porque la Ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad se produjo por Jesús Cristo” (Juan 1,17: Rm. 10,4).
Queridos hermanos y hermanas, todo lo que los evangelistas han testimoniado, todo lo que los apóstoles y los santos Padres han confirmado, nosotros también os
testimoniamos hoy, en Navidad, porque por pastoral saludable y por amor, nosotros os invitamos a formar parte de la celebración de Navidad, a dejar de lado nuestras preocupaciones cotidianas, a llevar nuestras ofrendas a Cristo –Niño Dios- el oro espiritual, del incienso y de la mirra –que significan fe, esperanza y amor- e ir al encuentro de Dios y de nuestro prójimo. San Juan Crisóstomo ha llamado la Navidad, como la raíz de todas las fiestas cristianas porque es en Navidad que nos han dado la promesa, y de manera misteriosa y benéfica el don por adelantado, del Santo Encuentro, del Bautismo, de la Transfiguración pero también de la Cruz y de la Resurrección de Cristo. Es de aquí que vienen nuestros dichos populares: “Sin Dios, ni hablar de cruzar el umbral de la casa” y “No hay fiesta más grande que Navidad”, porque es en Navidad que se recibe de antemano el Misterio de Dios y de la salvación de todo el pueblo en la Iglesia de Cristo…
Navidad nos revela el fin y el sentido de nuestra existencia terrestre. En el lenguaje de los santos Padres, Dios es hombre a fin que nosotros los hombres seamos divinizados, a fin que devengamos “dios por la gracia” impregnando nuestro ser de la plenitud de la bendición divina. No se trata de un maximalismo cristiano, ni de una utopía antropológica, sino de la realidad de la vida en Cristo, una realidad espiritual que es un don de Dios. No permitamos que, sea lo que sea en este mundo que “se encuentra en poder del mal” (1 Juan, 5,19), nos separe del amor de Dios, revelado en Jesús-Cristo, nuestro Señor (Rm 8,35). La plenitud de este amor se encuentra en la Navidad de Cristo. Es porque Navidad es verdaderamente “el Día en que el Señor ha hecho para que sea nuestra dicha y nuestro gozo” (Salmo 118,24).
Navidad nos muestra también la santidad de la vida humana. Esta fiesta nos invita a la divinización, no a la destrucción, al servicio de la vida, no solamente biológica sino también eterna, y no al servilismo de la muerte. El santo staretz Silvano del Monte Athos se esforzó durante su vida, a no aplastar ni un gusano de tierra, ni una hormiga, ni una flor, ni la menor brizna de hierba. Toda vida ha sido dada por Dios, en particular la del ser humano que está en Cristo, el icono del Dios Viviente (2 Co 4,4). Navidad nos fortalece recordando la bendición bíblica: “Sed fecundos, multiplicaros, llenad… la tierra!” (Gen.1, 22). Que Dios permita que esta bendición sea el criterio de vida del pueblo serbio y de todos los pueblos en la tierra, porque es así que el infierno del fratricida y del infanticidio será reemplazado por la Paz celeste y la plenitud de la vida. Que a partir de esta fecha de Navidad, revivan los pueblos y que nuestras familias estén llenas de alegría y juegos infantiles! El Santo Evangelio nos recuerda precisamente que si no cambiamos y no llegamos a ser como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos (Mat.18, 3). Es por eso que la Navidad es también la fiesta de nuestros niños, la fiesta de la juventud y del futuro eterno.
En estos días bendecidos de Navidad, roguemos al Señor, Rey de Paz (He 7,2), para que desaparezcan las hostilidades entre los pueblos, para que Sus hijos a través del mundo sean salvados y para que Él sea misericordioso con todos nosotros. Que esta fiesta de Navidad traiga a la comunidad todos aquellos que se han alejado de alguna manera, por cualquier razón, de la Iglesia del Dios Viviente! Que desaparezcan las herejías y los cismas, a fin que todos los hombres, con temor de Dios, fe y amor, accedan a la unidad y a la vida de la Iglesia, una santa, conciliar y apostólica! Es en
esta unidad que el mismo Señor ha aclamado en Su oración como primer sacerdote diciendo: “Que todos sean uno”(Joan 17,21).
Nosotros saludamos en este mensaje de Navidad a todos nuestros hijos espirituales… y los llamamos a vivir juntos con un amor fraterno, en el amor de Dios. Rogamos particularmente por el Kosovo y la Metoquia crucificados… que el gran Njegos ha llamado “lugar de terrible juicio”… Que Dios, el Único Amigo de los hombres, otorgue la paz y la bendición a Su pueblo y, según las palabras de San Silvano del Monte Athos, conceda a todos los pueblos de la tierra de reencontrarlo en el Espíritu Santo, en la Luz milagrosa de la Navidad!
La Paz de Dios – Cristo ha nacido! En verdad, Él ha nacido!
Bendito sea el año nuevo 2017!
Fuente: Orthodoxie.com. Traducción mro