HOMILIA PASCUAL DEL PATRIARCA IRINEO

“Otra vez sobre nosotros brilla la  eterna luz que nos llega desde la Santa Sepultura de la que emerge la vida. Por ello, debemos alegrarnos por  haber sido creados, por existir y haciéndolo no para la muerte y la nihilidad, sino para la vida y existencia eternas”  consta en la tradicional homilía del patriarca serbio Irineo y de todos los jerarcas de la Iglesia Ortodoxa  Serbia dirigida a los fieles  con motivo de la Fiesta de Pascua.

“Nosotros somos cristianos  justamente  por el hecho de estar creyendo en la vida como  valor supremo y sentido de la presencia  humana,  en la vida y luz eternas, agregándose a la vez  que hoy, quizás más que nunca en nuestra historia,  la esperanza y la fe en sentido eterno de la vida humana se ven  atacadas. “Hoy en día la ética, el pudor y la bondad se ven pisadas. En estos días se estremecen los cimientos  mismos de la cultura humana y sumergen en la obscuridad los objetivos de las obras del hombre y de su creatividad y ello justamente  por estar la mente y el espíritu humanos tan  agobiados por la muerte y falta de sentido del destino humano. El egoísmo, la pesadez espiritual, el amor por el poder y las palabras vacías y vanas amenazan con  destruir la belleza del amor abnegado e incondicional, incrustado en naturaleza misma  del ser humano. Creyendo en Jesucristo resucitado, nosotros creemos en la renovación  y resurrección  de la ética, del pudor y de la  bondad”, se enfatiza en homilía de la Iglesia Ortodoxa Serbia.

En esta epístola también se recuerda que Jesucristo no ha venido entre nosotros para  ejercer el poder, sino para servir, para darse  a sí mismo a nosotros y para sacrificarse y no para sacrificarnos a él. “El egoísmo y deshonestidad  incluso hoy en día, al igual que ayer o mañana,  aniquilan toda la convivencia, dodo el bien común, toda la propiedad común. La desconfianza y avaricia, la avidez por el poder, la violencia y el saqueo de lo ajeno, afectan  a la personalidad y su libertad dada por Dios” dice el patriarca Irineo en su homilía, enfatizando a la vez que “las relaciones entre los pueblos  e individuos están afectadas por  el egoísmo, el menos precio mutuo, la violencia y el odio”.

“El terrible terremoto apocalíptico en Japón y sucesos de esta índole, como señales naturales  propios a nuestra época en todo el mundo, nos hacen recordar lo impotente que somos los seres humanos, el hecho de que somos mortales y que nuestras obras revisten una importancia irrelevante. Los sucesos evidenciados en  la naturaleza  nos hacen recordar  que de nuestra manera de vivir  depende  el orden natural de cosas, nos hacen recordar que el hombre es el responsable, no solo de sí mismo y de su pueblo, sino de todos los demás hombres y pueblos, así como de toda la creación divina” consta en  homilía del Patriarca que finaliza con el tradicional saludo “¡Cristo  ha resucitado! ¡En verdad ha resucitado!

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