7/6/2020, Barcelona: Fiesta de Pentecostés. Homilía

PENTECOSTÉS
Fiesta de la Santísima Trinidad
Descendimiento del Espíritu Santo sobre los Apóstoles

Que la Gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la Comunión del Espíritu Santo sea con todos nosotros!

Hechos 2, 1-11
Juan 7, 37-52, y 8, 12

Podemos leer en el Evangelio de San Juan 14,26: “Pero el Intercesor, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que se le ha dicho”.
Cincuenta días después de su gloriosa Resurrección, estando los discípulos y la Virgen, juntos en oración en el cenáculo, el Espíritu descendió sobre ellos, como él les había prometido.

La plenitud de las Energías Divinas los envolvió y de pobres pescadores, llenos de Espíritu Santo, se lanzaron a predicar la Buena Nueva: que Cristo había resucitado!.

Diez días antes de Pentecostés, Cristo había ascendido al Cielo, delante de todos ellos y les había prometido que estaría con ellos hasta el fin de los tiempos. Estaban tristes, y huérfanos de la presencia de su Maestro, pero juntos y unidos.

Todos nosotros hemos estado tristes por no  poder participar en la Divina Liturgia, de forma como es habitual, pero el día de Pentecostés, ya se vislumbra que dentro de poco volverá a ser posible. Cristo no nos ha abandonado y continuará estando hasta el final de los tiempos.

El Padre nos envía el Espíritu Santo en su Nombre, para santificarnos y hacernos un solo Cuerpo del que Él es la única Cabeza.

Hoy es una gran fiesta, damos gracias por los bienes preciados que hemos recibido. La segunda Pascua, la Pascua Florida la celebramos este año con la esperanza de poder restablecer las cosas, según nuestra tradición, con la seguridad de que Cristo está con nosotros.

Damos gracias por guardarnos la salud y tengamos un recuerdo y una oración por los que Él ha decidido llamar a su lado, en el Cielo.

Nuestro Dios, el Dios Grande que hace maravillas, dice: que Él restablecerá las cosas y las personas, según su voluntad y, todos nosotros saldremos del susto con la experiencia que permitirá enderezar, si es necesario, nuestras vidas, hacia una perfecta comunión. El Espíritu Santo cumplirá en nosotros lo que la Encarnación comenzó.

No podemos dejar escapar la reflexión que los acontecimientos recientes, la enfermedad, el miedo, el desconcierto, han producido en este tiempo, a nuestros amigos y familia. Quizás, fruto de esta reflexión, en nuestra vida habrá que ordenar ciertas cosas y conductas.

Nuestra vida está orientada hacia otra Vida, no está dirigida a la vida por la vida, un sin sentido, absurdo, y a menudo practicado. Somos hijos de Dios y herederos del Reino, comportémonos como tales, y con la experiencia de la fragilidad que hemos vivido, busquemos la fortaleza de la Vida en Cristo.

Esperemos que, en breve podamos abrazarnos los unos a los otros y podamos seguir  alabando la Santa Trinidad, a la Virgen y a todos los Santos.

Que Cristo, nuestro Señor, os bendiga y llene de gracia espiritual, según Él convenga para una mejor salud espiritual de todos nosotros.

Os deseo una Gran y Santa Fiesta de Pentecostés, bajo el cobijo del Espíritu Santo.

Arxipreste Joan