28/5/2020: Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo. Homilía.

Hechos 1, 1-12
Lucas 24, 36-53

Hoy celebramos la Ascensión de Nuestro Señor a los cielos, es un punto culminante de la obra salvadora de Cristo, de la economía del Hijo, en la que el Salvador es elevado por encima de los cielos hasta el trono, donde se sienta a la derecha del Padre.

El significado central del misterio de la Ascensión es escueto, simple, pero de una importancia vital para el hombre: es el de que Cristo después de encarnarse en el hombre, después de recorrer todos los caminos, todos los registros humanos, santificándolos por su divinidad, después de cargar con toda la miseria y pecado de nuestra naturaleza, se ofrece en sacrificio en la cruz, para bajar a lo más profundo, hasta el abismo del infierno, y por su resurrección, glorifica, deifica nuestra naturaleza, y lo que es más incomprensible, eleva nuestra naturaleza deificada por encima de los cielos, hasta la misma diestra del Padre; frente a esta visión, al hombre no le queda más que la adoración y el silencio, tal como hizo la Madre de Dios.

Y aparte de este misterio central, quisiera resaltar 2 aspectos de la Ascensión:

– La Ascensión es el penúltimo escalón frente a la parusía, y deja al hombre preparado para poder recibir el Espíritu Santo, es el momento en que se juntan las dos economías (humana y divina) en Pentecostés, pues Cristo no nos ha abandonado sino que, como anunció, permanece en nosotros, invisible, tapado por una nube, a través de las energías del Espíritu Santo. Cristo realmente está con nosotros, en su Palabra, en los sacramentos, en el pleroma de la Iglesia y en cada uno de nosotros individualmente.  Y a cambio, lo único que nos pide es que seamos sus testigos, que cooperemos con Él para adelantar, provocar su segunda venida.

– Frente a esta misión que Cristo nos encomienda, y por el hecho de que no está visiblemente entre nosotros, podemos sentir una sensación de desánimo, de que Cristo nos habla de cosas infinitamente elevadas, que ni vemos, ni vivimos, que después de la liturgia nuestra vida se desenvuelve de una manera rutinaria y pobre, pegada al día a día de este mundo y que podemos acabar pensando como conclusión que esto no es para nosotros y que no sacaremos nada en claro, pero daros cuenta de que este pensamiento es obra del maligno, que quiere que creamos sólo lo que vemos. Es verdad que podemos llegar muy abajo, hasta el abismo, pero es más verdad que gracias a Jesucristo, no es dado el llegar a lo más alto, por encima de los cielos.

Fijaos en los apóstoles, eran 12 pobres hombres incultos, perdidos en un rincón del mundo y que, hasta el mismo día de la Ascensión, Cristo les ha de reprochar su dureza de corazón y su incredulidad, y sin embargo, gracias al Espíritu Santo, a sus energías, fue el núcleo de un movimiento que se extendió en menos de 200 años por todo el Imperio Romano y más allá, y que pese a todas las persecuciones y con sus defectos humanos, ha transformado el mundo desde entonces.

También San Pablo, que siendo un hombre brillante, de lo único que se gloriaba era de su debilidad, que le permitía ser un recipiente –de barro- de la gracia divina. Y pensemos sobretodo en la Madre de Dios, humanamente el más débil de todos los humanos, indefensa ante el mundo, pero que gracias a que esta «debilidad» le facilitó el ser totalmente sumisa y seguidora de la voluntad de Dios, deshizo el pecado de desobediencia de Adán y Eva y se ha convertido en la Mediadora de la salvación del mundo.

Esforcémonos pues, y alegrémonos y no desesperemos, pues podemos estar seguros de que, en nuestra debilidad, en nuestra flaqueza, Cristo está y estará con nosotros hasta elfin del mundo. Amén.

P. Jose Santos, Ascensión de 1983.