27/8/2020, Barcelona: 5º domingo después de Pascua. De la Samaritana. Homilía

Fresco de la catacumba de la Vía Latina

Hechos 11, 19-26, 29-30; Juan 4, 5-42

¡¡Cristo ha Resucitado !!

En este quinto domingo después de Pascua, el Evangelio que la Iglesia nos presenta para nuestra contemplación, hace referencia al diálogo que establece el mismo Cristo con una mujer samaritana que se acerca al pozo de Jacob para buscar agua. El motivo de que en este tiempo litúrgico se nos presente este texto, se debe a que el miércoles anterior a este domingo celebramos la fiesta de Medio Pentecostés, es decir que nos encontramos justo en la mitad de los cincuenta días que separan la fiesta de Pascua y la de Pentecostés. Y por este motivo la Iglesia nos muestra un texto que ya nos hace reflexionar sobre el misterio que se nos manifestará en esta fiesta.

En la vigilia del domingo en las estícheras del lucernario del canto de vísperas podemos leer: “Así llegamos a la mitad de los días que comienzan con la Resurrección salvadora y terminan con la divina fiesta de Pentecostés… la Iglesia se prepara para celebrar dignamente el alegre tiempo de estas dos fiestas sagradas”.

Gracias a la Resurrección, que es la victoria de Jesús-Cristo sobre la muerte, la ascensión al cielo de su cuerpo resucitado y el descenso del Espíritu Santo el día de Pentecostés, fiestas que celebramos durante este período litúrgico de cincuenta días , la Iglesia queda en disposición de poder vivir el misterio que nos transmite el Evangelio de hoy.
Jesús con sus apóstoles iban de camino de Judea a Galilea, se detienen en una ciudad de Samaria llamada Sicar donde se encuentra el pozo que Jacob dio en herencia a su hijo José, y como estaban fatigados y la hora ya era avanzada, Él se queda cerca del pozo mientras sus discípulos van a la ciudad a buscar alimentos. En esto que una mujer samaritana se acerca a sacar agua del pozo y Jesús aprovecha para pedirle agua, ante la extrañeza de la mujer de que un judío le pidiera a ella agua, ya que era samaritana, porque no se trataban los judíos con los samaritanos según nos dice el Evangelio.

En primer lugar Jesús inicia una conversación de una forma natural, pero contra todo pronóstico en el contexto donde se encontraban, por las discrepancias que había entre judíos y samaritanos, pero también por la extrañeza que muestran sus apóstoles cuando lo ven hablar con una mujer. Con lo cual nos demuestra que él no sigue las órdenes establecidas sino que va a buscar el deseo de verdad que hay escondido en nuestro corazón vengamos de donde vengamos y sean cuales sean nuestras creencias. Cuando la mujer se muestra extrañada de que un judío le pida agua a ella que se samaritana, Él aprovecha para decirle: “ Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva”. Y le dice también: “Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna”.

Agia Fotini. La Samaritana

La mujer recibe estas palabras frente a su presencia, le otorga una cierta autoridad, y se muestra interesada por recibir esta agua viva, pero Jesús le responde diciendo que vaya a buscar a su marido, para poner en evidencia una situación personal que en todo caso se tiene que resolver para iniciar el camino hacia recibir esta agua que Él nos ofrece. Por eso cuando la mujer le dice que no tiene marido, Él se muestra conocedor de cuál es su situación, y le dice: “Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes nos es marido tuyo; en eso has dicho la verdad”. La mujer queda sorprendida ante estas palabras que Jesús le manifiesta de su propia intimidad, y toma conciencia, al igual que nosotros lo tenemos que  hacer, que hay cosas que tenemos que rectificar de buen principio si queremos acercarnos a esta fuente de conocimiento que el mismo Cristo nos ofrece.
Siguiendo esta conversación, ella lo reconoce como profeta y le pregunta sobre cuál es la mejor manera de adorar a Dios, porque los samaritanos lo hacen en el monte Garizim y los judíos en Jerusalén, y en respuesta Jesús le dice: “Créeme mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adorareis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad”. Y después  cuando la mujer le pregunta sobre el Mesías, Él le responde: “Yo soy, el que te está hablando”.

Con esta respuesta en primer lugar deja claro de dónde procede la economía de salvación cuando le dice: “nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos” pero al mismo tiempo nos manifiesta que la verdadera adoración trasciende cualquier espacio físico porque precisamente llega la hora, y ya estamos, nos dice, – expresando esta dicotomía entre futuro y presente, – porque su presencia nos hace partícipes ya, aquí y ahora, de este futuro donde podemos adorar al Padre en espíritu y en verdad, y superar todos los pasos intermedios que nos separan de la fuente de vida que ha dado origen a todas las cosas. Esta es el agua viva, fuente de todo conocimiento que Jesús-Cristo ofrece a la mujer samaritana y a todos nosotros, para saciar nuestra sed. Y estas son las energías increadas que se manifestarán con toda su plenitud el día de Pentecostés.

Preparémonos pues, escuchamos su palabra y pongámonos en disposición de recibir esta agua viva, para avanzar en el verdadero conocimiento que nos haga superar todos los límites de nuestra propia racionalidad, y entrar en comunión con el que es Maestro y Señor de nuestra existencia.
¡¡Cristo ha Resucitado!!

P. Martí