17/5/2020, Barcelona: Domingo del Paralítico

Hechos 9, 32-42
Juan 5, 1-15

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡Estimados todos en Cristo! ¡Cristo ha Resucitado!

El Evangelio de San Juan nos muestra a un hombre paralítico, dejado a su suerte, sin posibilidades de tirarse a las aguas salvadoras de su dolencia; sus pocas fuerzas lo impedían poder llegar a tiempo, cuando el ángel removía el agua de la piscina de Siloé.

Este paralítico nos significa a todos, ante los embates del mundo y del enemigo, el hombre por sí solo, difícilmente puede salirse por él mismo de la dolencia que a menudo lo aleja del Plan Divino.

Dios, Bondad Infinita es justo, ¡pero también misericordioso! Por eso Cristo al ver el hombre yacente por el suelo, paralítico, (que somos todos nosotros) incapaz de salvarnos a nosotros mismos, se compadece de nosotros y nos dice: ¡Levantaos, tomad vuestra litera y andad!

Así pues, tenemos que poner un aliento de esperanza en nuestras inquietudes materiales y espirituales, ante nuestra condición de paralíticos, Cristo Dios nos vigila y está atento en acudir a nuestra ayuda.

Cristo reencontró el paralítico que curó en el Templo y le dice: ¡No peques más! Quería decir exactamente que se guardara en los caminos de Dios, su salvador, y este mensaje es el que nos tiene que llegar: continuar en los caminos de Cristo resucitado, Él nos ha salvado y lo reencontramos en el Templo para recordarnos que somos hijos de Dios y herederos del Cielo.

Que la esperanza de ser curados por Cristo, por su ayuda, según su voluntad, sea la brújula fiel de nuestras vidas, y que en estos momentos que hemos sido trastornados por la enfermedad, esforcémonos para restablecernos, pidamos sin miedo la ayuda de Cristo, de la Virgen María y de todos los santos, para que nos ayuden a lanzarnos a las aguas salvadoras de nuestra vida, la espiritual en primer lugar, la material, ¡si Dios quiere!
Que en este periodo de alegría pascual, Dios nos bendiga a todos y nos aporte lo que sea conveniente a nuestra integridad.

Arcipreste Joan