19/4/2020, Barcelona: Santo, luminoso y gran Domingo de Pascua. Homilia.

Crist ha Ressuscitat!!!
Христос Воскресе!!!
Hristos a Inviat!!!
Χριστός ἀνέστη!!!
Cristo ha Resucitado!!!

Hoy es la fiesta de las fiestas, la solemnidad de las solemnidades, tal y como cantamos en la octava oda de los maitines Pascuales. Porque es la victoria más grande a la que puede aspirar el hombre, venciendo los lazos de la muerte que nos tienen retenidos, en un mundo que permanece alejado de aquel que es la fuente de la vida y creador de todas las cosas. Dios increado, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se ha encarnado a través del Hijo bien amado segunda persona de la Santísima Trinidad, gracias al Fiat dado por Maria la Virgen y Madre de Dios, para asumir nuestra realidad caída y redimirla a través de su muerte y resurrección y de esta forma preparar el camino para que nosotros también podamos salir victoriosos de la muerte y cantar con fuerte voz.

“Cristo ha Resucitado de los muertos, por su muerte a vencido a la muerte y a los que están en las tumbas les ha dado la Vida”

No hemos de estar triste, aunque en estos momentos por la gravedad de esta pandemia que estamos viviendo, no podemos celebrar esta gran fiesta, la fiesta más importante del calendario Litúrgico, como estamos acostumbrados, pero aun así por la importancia del misterio que hoy celebramos,  nuestra alegría desborda nuestra tristeza, porque Cristo ha Resucitado y ha llenado con su Gloria el universo entero.

Alegrémonos pues, cantemos y llenemos  de gozo nuestros corazónes con aquellas energías divinas que irradian de la Resurrección de Cristo. Su luz y su fuerza llena todas las cosas y estemos donde estemos su plenitud nos inunda y nos salva haciéndonos partícipes de su Gloria.

Este año estamos celebrando una Pascua insólita, que nos ha sorprendido y que nadie o al menos la mayoría de nosotros no podíamos ni imaginar. Cuando en un día como hoy las iglesias se llenan al completo de gente que viene a buscar la luz, esta luz sin crepúsculo que Cristo nos ofrece después de su Resurrección, nos encontramos con las iglesias vacías o casi vacías, a consecuencia de las normas de seguridad dictadas para mitigar esta terrible pandemia que está padeciendo el mundo entero.

Esta situación nos hace pensar en primer lugar en toda aquellas personas que están sufriendo la enfermedad, en las victimas que han traspasado en soledad sin la compañía de sus seres más queridos, en todos aquellos que están haciendo un esfuerzo extremos para contener esta pandemia y en todos los que en el aislamiento propio de nuestros hogares, contemplamos los acontecimientos, con una incertidumbre sobre lo que puede acontecer en el futuro.

Lo que si es cierto es que esta situación nos ha puesto delante de nuestros ojos, la fragilidad de nuestras vidas, y nos ha acercado el sufrimiento de la humanidad a la puerta de nuestros hogares, sufrimiento que en otras ocasiones nos puede pasar más desapercibido por su lejanía como pueden ser las innumerables guerras  en muchos lugares de nuestro planeta, los desplazamientos desesperados de aquellos que simplemente buscan su sustento, o infinidad de situaciones donde la injusticia en este mundo está presente.

La humanidad está enferma y gime desolada, pero cuando esta enfermedad se manifiesta de forma más virulenta, puede ser un signo para tomar conciencia de que alguna cosa ha de cambiar, si realmente queremos encontrar una forma de vida más armónica en el seno de la creación que Dios nos ha dado.

Dios sabe los cambios que la humanidad va a ser capaz de realizar, después de esta pandemia, pero nosotros como cristianos ortodoxos sí  que conocemos cual es el camino que nos puede ayudar a salir de esta enfermedad, que en definitiva es la enfermedad propia del hombre que vive alejado de Dios. Cristo mismo nos dijo, yo soy el Camino la Verdad y la Vida, camino hacia el conocimiento de la Verdad, para proyectarnos hacia una vida que no simplemente nos ayude a encontrar una actitud justa frente a todos los elementos creados, y el amor al prójimo que nos transmite el Evangelio, sino que nos haga participes de una vida perdurable en comunión con nuestro creador, porque este es el motivo primero y último de toda las cosas.

Por esto hoy, nuestra alegría desborda nuestra tristeza y con gran gozo celebramos la victoria sobre la mayor enfermedad que la humanidad padece que es la muerte, infranqueable por nosotros mismos, pero posible gracias a la redención que nos ofrece el Hijo de Dios encarnado, después de su muerte y resurrección. Los cielos se han abierto y la humanidad tiene acceso en el seno de la Iglesia, a participar de este misterio de resurrección y cantar con fuerte voz

Crist ha Ressuscitat!!!
Христос Воскресе!!!
Hristos a Inviat!!!
Χριστός ἀνέστη!!!
Cristo ha Resucitado!!!