13 de mayo 2012, Fiesta patronal de la parróquia de Ripoll (San Eudaldo (11 de mayo)

El pasado 13 de mayo, domingo, se  celebró en la parroquia de Ripoll su fiesta patronal, que contó con la asistencia de nuestro Vicario General, MRP Joan y su mujer, Maria Rosa.

Que la parroquia de Ripoll esté dedicada a San Eudaldo, se lo debemos al P. Kiril, de memoria eterna, él que era amante de esta tierra llevaba en sus adentros la devoción a este Santo. Llegada su petición al obispo, Msr. Luka, la parroquia fue dedicada a San Eudaldo, junto con Santa Parasceva.

La realización del icono, ha significado una presencia vital para los ortodoxos, sobre todo venidos de Rumanía y de Moldavia, que forman parte de la mayoría de esta parroquia, ubicada en el casco antiguo de Ripoll. San Eudaldo y Santa Parasceva integran el lenguaje común de la Ortodoxia. A los dos, los fieles dirigen su plegaria de intercesión.

Eudaldo nació en el 535, en la bella Lombardía, en una de las vertientes de los Alpes, donde vivían los descendientes de los godos, los bárbaros invasores que invadieron aquellas tierras. Los godos eran una raza guerrera y los padres de Eudaldo ya proyectaban en él al guerrero que daría fama y nombre a su familia. Cuando cumplió los 17 años, edad fijada por los decretos imperiales para la investidura de guerrero, recibió la lanza y la Spatha –la espada de dos filos característica de los godos y ceñió el cinturón militar. Eudaldo por su apellido, acontecerá aquel guerrero ideal visto en los dulces sueños paternos.

Eudaldo era un gran cazador y un día persiguiendo un ciervo, se desvió del lugar acostumbrado y al entrar en las frondosidades del terreno, se encontró con un anciano venerable. Una larga túnica cubría su cuerpo macerado por los ayunos y penitencias. Iba descalzo y ceñía su cintura una rústica cuerda. Era la providencia que dirigía los pasos de Eudaldo hacia un padre, a un maestro y a un amigo. Desde el principio Eudaldo se siento cautivado de los modales de aquel anciano y decidió que le instruyera en su fe. Después de un tiempo se hizo bautizar por el anciano que se denominaba Pancracio. Eudaldo se ofrece a Dios en aquella nueva vida, y junto con su Padre espiritual, unidos en la misma fe y con la misma caridad, se preparan por emprender aquel camino, a conquistar aquella Patria que Dios les ha prometido: el Cielo. Hasta que Pancracio se adormeció en la paz del Señor. Eudaldo, que a la sazón tendría treinta ocho años lo enterró al pie de la cueva dónde tanto tiempo habían vivido. Por inspiración divina, Eudaldo se preparó para ir A Tolosa, la antigua y famosa capital de la monarquía visigótica en tiempo d’Aurico.

Eudaldo fue ordenado sacerdote y Dios le dio, junto con la gracia del sacerdocio, el don de milagros y curaciones prodigiosas que extendieron por todas partes su fama de santidad. Después de un tiempo se dirigió a Roma y estando allí, en el año 580, llegó la noticia de que los obispos arrianos de España y de la Galia Gótica, estaban bajo el poder absoluto del rey Leovigildo. Poner fir a las continuas luchas y divisiones entre los católicos, ocasionadas por el arrianismo, era la principal necesidad de aquel tiempo. Eudaldo consagró su apostolado, sus energías, su vida. Era aquel hombre que Dios envía según las necesidades de cada época, era cómo han dicho de él, “el hombre providencial para abatir el arrianisme en Catalunya y en el sur de Francia”.

(María Rosa Ocaña)