5/4/2020: Quinto Domingo de Cuaresma. Memoria de Santa María Egipciaca.

Santa Maria Egipciaca

Liturgia de San Basilio: Heb 9, 11-14; Mc 10, 32-45
Santa Maria Egipciaca: Gal 3, 23-29; Lc 7, 36-50

La versió en català, està sota la versió en castellà.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

El Evangelio que hoy la Iglesia nos presenta para nuestra contemplación, empieza con unas palabras de Jesús-Cristo a sus Apóstoles, mientras ascendían hacia Jerusalén, donde les anuncia lo que iba a suceder en los próximos días en relación a su pasión, muerte y resurrección. Es decir que ya se nos prepara para los misterios que vamos a tener que contemplar una vez se acabe la Gran Cuaresma i nos iniciemos en la semana de la Pasión, para finalmente acceder a la Santa Resurrección.

El misterio principal que se nos propone en el texto correspondiente a este quinto domingo de cuaresma nos lo da Jesús en respuesta a la petición de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo cuando le piden que les deje estar sentados uno a su derecha y el otro a su izquierda en su gloria. Y Él les responde diciendo que esto no le corresponde a Él, el darlo, sino que es para aquellos para quien está reservado. Y después por las quejas de los diez restantes Apóstoles, frente a esta petición de  Santiago y Juan, Jesús les indica el camino, marcándoles la diferencia que hay entre aquellos que quieran ser príncipes de las naciones de este mundo, para dominarlas y ejercer su poder, y  aquellos que  quieran servir al Señor, y alcanzar una realidad trascendente a la que somos llamados. Para alcanzarla los exhorta diciéndoles, “Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será el siervo de todos”.  Para abundar en este misterio, aun les dice, “pues tampoco el Hijo del Hombre ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida para redención de muchos”. (Mc. 10, 42-45)

Con ello se nos ofrece la forma de alcanzar la gloria, siempre y cuando seamos capaces de no dejarnos llevar por aquellos príncipes de este mundo que lo que intentan es dominarlo y ejercer su poder sobre aquello que Dios les ha dado, sino ponernos al servicio de la obra de Dios que es la creación entera, con amor i disponibilidad en todo momento para servir en esta causa.

Seguramente este cambio de paradigma, supondrá un arrepentimiento que nos aporte la humildad y el amor necesario para ponernos al servicio de la obra de Dios. Y por esto nos dice que el que quiera ser el primero, sea el servidor de todos, de la misma manera que Él no ha venido al mundo a ser servido sino a servir y a dar su vida para la redención de muchos.

Él se pone a la cabeza y nos abre el camino de la gloria, indicándonos al mismo tiempo, cual ha de ser nuestra actitud para alcanzarla.

Para iniciarnos en este proceso, nuestras vidas requieren de toda una transformación a través de la cual, sepamos visualizar, nuestros pecados, nuestras transgresiones, es decir todos aquellos aspectos que nos alejan de Dios, y después a través del arrepentimiento en el sentido que tiene la palabra griega  μετανοια (metanoia), que no es un simple arrepentimiento sin más cambio, sino toda una transformación interior, que hace posible que  la gracia divina, cambie nuestras vidas, y de esta forma nos iniciemos en una ascesis personal, para que poco a poco nos podamos adentrar en los misterios que vienen de lo alto, para avanzar en el camino de la verdadera Vida en su sentido más profundo.

Por ello este domingo la Iglesia conmemora también la fiesta de Santa Maria la egipciaca, mujer pecadora que cuando viajo a Jerusalén para venerar el santo sepulcro, se encontró con una fuerza que le impedía el acceso, y gracias a esta experiencia supo visualizar la distancia abismal que existía entre su vida absolutamente entregada a los placeres del mundo y el objeto de veneración al que pretendía acercarse. Esto le produjo una profunda  conversión que la dirigió hacia el desierto, para pasar el resto de su vida en oración y a través  de una gran ascesis llegar a la santidad, es decir a la participación de esta gloria a la que el Evangelio nos hacía referencia. Por ello el Evangelio que también leemos este domingo conmemorando a santa Maria, nos ofrece el siguiente relato, “Y he aquí que llegó una mujer pecadora que había en la ciudad, la cual, sabiendo que estaba a la mesa en casa del fariseo, con un pomo de alabastro de ungüento se puso detrás de Él, a sus pies, llorando, y comenzó a bañar con lágrimas sus pie, enjuagándolos con los cabellos de su cabeza y besándolos y ungiéndolos con el ungüento”. (luc. 7, 37-38).  Frente a tal actitud  Jesús-Cristo le dice que sus perdonados le son pecados.

La experiencia que se ha producido, tanto en esta mujer pecadora que nos presenta el evangelio, como en Maria la Egipciaca, es un profundo cambio interior, en presencia de nuestro Señor Jesús-Cristo, que les proporciona la gracia necesaria para  que se abran sus ojos hacia una realidad trascendente, y con ello reciben la fuerza para vencer todos aquellos pecados y transgresiones que les impedían el acceso a tal gracia. En resumen en ellas se produce una autentica conversión que cambia sus vidas, iniciándolas en la Verdad que nuestro redentor les ha manifestado.

Los pecados son precisamente todas aquellas, acciones en actos o pensamientos que nos alejan de Dios, que nos impiden entrar en relación con Él. Que nos hace sentir, príncipes de este mundo para dominarlo y ejercer nuestro poder sobre él, como nos dice el Evangelio. Pero en este estado no tenemos acceso a la verdadera vida, sino que vivimos en un contexto donde finalmente todo se acaba.

Este domingo a una semana de entrar en la semana de la pasión, la Iglesia nos prepara para que reflexionemos sobre todos aquellos aspectos de nuestra vida que nos alejan de  Dios, y por muy graves que sean nuestras transgresiones sepamos que si hay un arrepentimiento verdadero y la voluntad de hacer un paso decidido a superar todas aquellas actitudes que nos impiden avanzar en el conocimiento de Dios, poco a poco, gracias a una fuerza que nos viene dada, ascenderemos hacia un estado de conciencia superior, donde podamos empezar a disfrutar aunque sea a tientas, de una paz y de una armonía interior con la certeza de que estamos caminando por la senda de la Verdad.

Preparemos pues durante estos días que nos quedan antes de entrar en la semana de la Pasión, en el desierto particular que cada uno de nosotros está viviendo lejos de la vida comunitaria, y haciendo de nuestras casas pequeñas iglesias unidas en la oración, para reflexionar sobre todos aquellos aspectos de nuestra vida que nos impiden participar de estos misterios.

P. Martí

5/4/2020: Cinquè Diumenge de Quaresma. Memòria de Santa Maria Egipcíana.

Litúrgia de Sant Basili: Heb. 9, 11-14; Marc 10, 32-45
Santa Maria Egipcíana: Gal. 3, 23-29; Lluc 7, 36-50

En el nom del Pare i del Fill i de l’Esperit Sant.

L’Evangeli que avui l’Església ens presenta per a la nostra contemplació, comença amb unes paraules de Jesús-Crist als seus Apòstols, mentre pujaven cap a Jerusalem, on els anuncia el que anava a succeir en els pròxims dies en relació a la seva passió, mort i resurrecció . És a dir que ja se’ns prepara per als misteris que haurem de contemplar un cop s’acabi la Gran Quaresma i ens iniciem en la setmana de la Passió, per finalment accedir a la Santa Resurrecció.


El misteri principal que se’ns proposa en el text corresponent a aquest cinquè diumenge de quaresma ens el dóna Jesús en resposta a la petició de Jaume i Joan, fills de Zebedeu, quan li demanen que els deixi estar asseguts un a la dreta i l’altre a  l’esquerra en la seva glòria. I Ell els respon dient que això no li correspon a Ell, el donar-lo, sinó que és per a aquells per a qui està reservat. I després degut a les queixes dels deu altres Apòstols, davant d’aquesta petició de Jaume i Joan, Jesús els indica el camí, marcant-los la diferència que hi ha entre aquells que vulguin ser prínceps entre les nacions d’aquest món, per dominar-les i exercir el seu poder , i aquells que vulguin servir el Senyor, per arribar a una realitat transcendent a la qual som cridats. I per apropar-nos a aquesta nova realitat els exhorta dient-los, “Ja sabeu que els suposats governants dels pobles, els dominen, i que els seus magnats els tiranitzen. Que no sigui pas així entre vosaltres; al contrari, el qui vulgui arribar a ser gran entre vosaltres, serà el vostre servidor; i el qui entre vosaltres vulgui ser el primer, serà el servent de tots”. I abundant en aquest misteri encara el diu, “que tampoc el Fill de l’home no ha vingut a fer-se servir, sinó a servir i a donar la vida com a rescat de molts”.(Mc. 10, 42-45)

Amb això se’ns ofereix la forma d’arribar a la glòria, sempre que siguem capaços de no deixar-nos portar per aquells prínceps d’aquest món que el que intenten és dominar-lo i exercir el seu poder sobre allò que Déu els ha donat, sinó posar-nos al servei de l’obra de Déu que és la creació sencera, amb amor i disponibilitat en tot moment per servir  en questa causa. Segurament aquest canvi de paradigma, suposarà un penediment que ens aporti la humilitat i l’amor necessari per posar-nos al servei de l’obra de Déu. I per això ens diu que qui vulgui ser el primer, sigui el servidor de tots, de la mateixa manera que Ell no ha vingut a el món a ser servit sinó a servir-lo i a donar la seva vida per a la redempció de molts.
Ell es posa al capdavant i ens obre el camí de la glòria, indicant-nos al mateix temps, com ha de ser la nostra actitud per aconseguir-la.
Per iniciar-nos en aquest procés, les nostres vides requereixen de tota una transformació a través de la qual, sapiguem visualitzar, els nostres pecats, les nostres transgressions, és a dir tots aquells aspectes que ens allunyen de Déu, i després a través del penediment en el sentit que té la paraula grega μετανοια (metànoia), que no és un simple penediment sense més canvi, sinó tota una transformació interior, que fa possible que la gràcia divina, canviï les nostres vides, i d’aquesta manera ens iniciem en una ascesi personal perquè a poc a poc ens puguem endinsar en els misteris que vénen de dalt, per avançar en el camí de la veritable Vida en el seu sentit més profund.

Per això aquest diumenge l’Església commemora també la festa de Santa Maria l’Egipcíana, dona pecadora que quan va viatjar a Jerusalem per venerar el sant sepulcre, es va trobar amb una força que li impedia l’accés, i gràcies a aquesta experiència va saber visualitzar la distància abismal que hi havia entre la seva vida absolutament lliurada als plaers del món i l’objecte de veneració a què pretenia acostar-se. Això li va produir una profunda conversió que la va dirigir cap al desert, per passar la resta de la seva vida en oració, i a través d’una gran ascesi arribar a la santedat, és a dir a la participació d’aquesta glòria a la qual l’Evangeli ens feia referència. Per això l’Evangeli que també llegim aquest diumenge commemorant a santa Maria, ens ofereix el següent relat, “I vet aquí que va arribar una dona pecadora que hi havia a la ciutat, la qual, sabent que era a taula a casa del fariseu, va prendre un flascó d’ungüent es va posar darrere d’Ell, als seus peus, plorant, i va començar a banyar amb llàgrimes els seus peu, i  amb els cabells del seu cap els eixugava; besava els peus i els ungia amb aquell perfum”. (Lc 7, 37-38). Davant d’aquesta actitud Jesús-Crist li diu que els seus perdonats li són pecats.

L’experiència que s’ha produït, tant en aquesta dona pecadora que ens presenta l’evangeli, com en Maria l’Egipcíana, és un profund canvi interior, en presència de nostre Senyor Jesús-Crist, que els hi proporciona la gràcia necessària perquè s’obrin els seus ulls cap a una realitat transcendent, i amb això reben la força per vèncer  tots aquells pecats i transgressions que els impedien l’accés a tal gràcia. En resum en elles es produeix una autèntica conversió que canvia les seves vides, per iniciar-se en la Veritat que el nostre redemptor els hi ha manifestat.
Els pecats són precisament totes aquelles, accions en actes o pensaments que ens allunyen de Déu, que ens impedeixen entrar en relació amb Ell. Que ens fa sentir, prínceps d’aquest món per dominar-lo i exercir el nostre poder sobre ell, com ens diu l’Evangeli . Però en aquest estat no tenim accés a la veritable vida, sinó que vivim en un context on finalment tot s’acaba.
Aquest diumenge a una setmana d’entrar a la setmana de la passió, l’Església ens prepara perquè reflexionem sobre tots aquells aspectes de la nostra vida que ens allunyen de Déu, i per molt greus que siguin les nostres transgressions sapiguem que si hi ha un penediment veritable i la voluntat de fer un pas decidit a superar totes aquelles actituds que ens impedeixen avançar en el coneixement de Déu,  poc a poc, gràcies a una força que ens ve donada, pujarem cap a un estat de consciència superior, on puguem començar a gaudir encara que sigui a les palpentes, d’una pau i d’una harmonia interior amb la certesa que estem caminant per la senda de la Veritat.
Preparem-nos doncs perquè durant aquests dies que ens queden abans d’entrar a la setmana de la Passió, en el desert particular que cada un de nosaltres està vivint lluny de la vida comunitària, i fen de les nostres llars petites esglésies unides en la pregaria, per reflexionar sobre tots aquells aspectes de la nostra vida que ens impedeixen participar d’aquests misteris.

P.Martí