Entrevista a Jaume Puigdengolas, en Catalunya Religió

 

“Quien pinta un icono no es la persona, es el Espíritu Santo”

(David Casals –Catalunya Religió)

Una cuarantena de personas participan en el curso de teología que ofrece la iglesia ortodoxa de la Protección de la Madre de Dios, situada en la calle Aragón de Barcelona. CatalunyaReligió.cat ha conversado con uno de sus alumnos, Jaume Puigdengolas, que explica cómo ha sido su aproximación al cristianismo oriental, que está presente en Cataluña desde principios de siglo XX.

Cuando empieza a interesarse hacia el cristianismo oriental?
Ahora tengo 63 años y empecé a los ‘veinte-y-tantos’. No acabas de ver claras las cosas, tienes una inquietud que no sabes muy bien como definirla, hay algo que te anima a buscar hasta que fui a parar en la Iglesia Ortodoxa, de esto hace ya treinta años.

Cómo fue su primer contacto con la comunidad ortodoxa?
Fui simplemente de oyente en unas charlas que se hacían periódicamente sobre cristianismo. Yo estoy bautizado como católico, y al principio hacíamos la comparación entre las dos tradiciones y había ciertas diferencias en la propia experiencia de vivir el cristianismo entre la ortodoxia y la iglesia católica romana. A medida que fue pasando el tiempo, fui buscando textos, leyendo textos de los Padres de la Iglesia y me fui aproximando más a la vertiente ortodoxa. Empecé a asistir de forma no demasiado regular a la liturgia, primero a las más solemnes, después a algunos oficios de vísperas y de maitines, y el año pasado hice la crismación.

Qué es el que más lo ha impactado de su aproximación al cristianismo oriental?
Las liturgias y los oficios. Es una experiencia personal que no soy capaz de explicar en palabras. Es un sentimiento, una cosa que no había encontrado nunca antes. He encontrado la plenitud, una cosa diferente.

De las liturgias, qué le llama más la atención?
Todo, desde que empieza hasta cuando acaba. Es una forma secuencial que va evolucionando hasta el momento máximo que es la eucaristía. La persona va entrando despacio, es una experiencia vivencial: una serenidad total y absoluta que te impregna.

Qué textos destacaría de esta tradición?
La oración del Corazón de la Filocàlia: Relatos de un peregrino ruso. Es una visión de las Sagradas Escrituras completamente diferente. La visión que ahora tengo del Antiguo Testamento, del Génesis y del Éxodo, de cómo lo leía antes y como lo leo ahora, es muy diferente.

Cómo son los cursos de teología en qué usted participa?
Este año nos focalizamos en la iconologia, la teología de la imagen. Antes de entrar en la teología propiamente dicha, hacemos una introducción a través de la filosofía para conocer los conceptos de belleza, estética y arte, cómo ha evolucionado desde la época pre-socrática hasta los tiempos actuales. A principios del año próximo empezaremos a entrar en la teología de la imagen. Somos unos veinte alumnos presencialmente, y 43 en el curso on-line.

Cuál es el propósito del curso?
El objetivo no es pintar un icono sino conocer la belleza que desprende un icono para después poderla cantar y sentir, para entender que lo que vemos allá no es un cuadro, sino el reflejo de la trascendencia. Se tiene que tener en cuenta que quien pinta un icono no es la persona, sino el Espíritu Santo.

15 noviembre 2013: Conferencia de Maria Ignatieva: “Los anacoretas del Cáucaso”

Maria Ignatieva, miembro de nuestra parroquia de Barcelona, pronunció una conferencia sobre la historia de los anacoretas del Cáucaso, en el marco de las conferencias trimes-trales que tienen lugar en la parroquia a cargo de personas invitadas a tal fin.

Maria Ignatieva, estudió periodismo y filología en la universidad Lomosov de Moscú. Ha publicado diversos libros de poesía en ruso y una antología de poesía rusa en edición bilingüe ruso-castellano. Actualmente es profesora de ruso.

La existencia de anacoretas en el Cáucaso se inicia de un modo significativo en 1875 con la llegada a estas montañas  de una parte importante de una comunidad monástica proveniente del Montse Athos (Grecia), de origen ruso. Esta migración dio lugar a la fundación de  un gran monasterio y también al establecimiento de monjes viviendo como anacoretas. Este movimiento tuvo una gran repercusión en Rusia.

En 1913 determinadas discusiones teológicas  (la onomatodoxia) provocaron una condena por parte del Sínodo ruso que conllevó que gran parte de los monjes sean obligados a abandonar la región.

Más tarde, con la Revolución rusa se inicia un largo proceso de persecuciones que diezma de manera importante la vida monacal y anacorética, pero no logra acabar con ella. Con la desaparición de la Unión Soviética, toda la zona recobró su vida normal.

Aparte del devenir histórico, Maria describió el ambiente, el clima espiritual en el que vivían estos monjes y monjas anacoretas, ilustrándolo con algunos ejemplos significativos.

Se puede encontrar el texto de la conferencia en el apartado Bibliotecas /Conferencias de esta web.

5-6 de Octubre: Protección (Pokrov) de la Madre de Dios y siempre Virgen, María. Fiesta patronal de la parroquia de Barcelona.

La parroquia de Barcelona ha festejado los días 5 y 6 de octubre su fiesta patronal, la Protección (Pokrov) de la Madre de Dios y siempre Virgen, María (el día de la fiesta es el 1 de octubre (uso eslavo), con varios actos, que han tenido su culminación con la Divina Liturgia celebrada el domingo, presidida  por nuestro obispo Monseñor Luka, venido a tal fin desde su residencia en París.

Así, el sábado día 5 por la mañana, tuvo lugar una conferencia pronunciada por la matiuska María Rosa Ocaña, sobre los 40 años de historia de nuestra Iglesia, aniversario que celebramos conjuntamente la fiesta de la parroquia.

En la tarde del mismo sábado se celebraron las vísperas mayores, presididas por nuestro obispo Monseñor Luka.

Como ya hemos mencionado, el domingo se celebró la Divina Liturgia, presidida por Monseñor Luka. La celebración de la litúrgia tuvo su colofón en una comida fraternal  de los miembros de la parroquia, y sus invitados, celebrada en un restaurante de la ciudad.

Igualmente, nos acompañaron en estas celebraciones nuestros hermanos de las parroquias de Girona (p. Jaume), Mallorca (p. Miquel), Ripoll (p. Mihail),  Irún (p. Pablo),  A Coruña (p. Dámaso) y Alicante (subdiácono Igor), encabezados por sus rectores y diversos fieles.

Mensaje de Pascua 2013 del Patriarca Ireneo

Mensaje de Pascua 2013 del Patriarca Ireneo y de la Asamblea de obispos ortodoxos serbios.

¡CRISTO HA RESUCITADO!  ¡EN VERDAD HA RESUCITADO!

“..Pues no entregarás mi alma a los infiernos, y no dejarás a tu santo ver la corrupción” (Salmo 15, 10).

 Es totalmente verdadera esta palabra del profeta de Dios que nos anuncia la buena nueva de la fiesta luminosa de la Resurrección de Cristo, fiesta de una gran alegría cristiana y de júbilo espiritual. Si hay un día para regocijarse, de entre el conjunto de los días, este día es hoy, un día en el que todos los días de los hombres –desde la creación hasta el fin del mundo- cobran su verdadero sentido y donde todo lo que ha sucedido esos días y sucede aún, se reviste de su significado verdadero. Si hay un acontecimiento en el que se concentran todas las fiestas,  también es la Resurrección de Cristo. Por ello la Iglesia llama a la fiesta de la Resurrección de Cristo, la Fiesta de las Fiestas, de la que se canta en la Iglesia: “Es el día que ha hecho el Señor, exultémonos y regocijémonos de alegría” (Salmo 117, 24)

 La Resurrección de Cristo es la base del cristianismo, la base de la Iglesia, pues el Señor ha confirmado de esta manera la integridad de su enseñanza. Antes de su Resurrección, enseñaba la vida eterna; por su Resurrección, ha confirmado su enseñanza y ha  demostrado que, en verdad, Él es la Vida eterna. Antes de su Resurrección, enseñaba el amor constante de Dios por los hombres; por su Resurrección, aporta el testimonio de este amor, pues, por el hombre, ha vencido al adversario más grande del hombre, la muerte.

Si no hubiera resucitado, Cristo no sería ni Dios, ni el Señor, ni el Salvador, ni el Redentor, sino un hombre ordinario. Sólo a la luz de su Resurrección se hace evidente claramente y se explica su vida en la tierra y todas sus obras. San Justin de Ćelije dice a este respecto: “Al desposeer a Cristo de la Resurrección, se le retira la divinidad, pues se le retira lo que hace de Él el Dios-Hombre, el Salvador, el Resucitado”.

 Sólo con la Resurrección de Cristo los hombres han reconocido realmente en Él al Dios-Hombre. Sin la Resurrección de Cristo, la fe cristiana sería absurda e inconcebible, pues la muerte, el principal enemigo del género humano, sería invencible.

 Esta verdad permite decir al Apóstol de las naciones: “…Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.  Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados. Por tanto, también los que durmieron en Cristo perecieron. Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los más dignos de compasión de todos los hombres! ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron.” (1 Co 15, 16-20). La Resurrección de Cristo da un sentido al cielo y a la tierra, al hombre y a la historia humana. Prosternándonos ante el Dios Vivo, nos prosternamos también ante su dignidad humana, inmortal y perpetua. Cuando Cristo resucitó, la levadura sagrada de la inmortalidad entró en el alma humana, el ser humano y el espíritu humano; ilumina al  hombre para que la vida humana se revista de un sentido y una significación eterna.

 La verdad de la Resurrección resuena de modo particularmente intenso en nuestra época, que desborda de dolores y sufrimientos, una época en que,  como pocas veces antes, se plantea la cuestión del sentido y de la finalidad de la vida. Somos testimonios del hecho que existe, día a día,  más personas solas y abandonadas; hay tantos hogares privados del calor de las palabras humanas, tantos niños privados de amor y cuidados paternales. Los hospitales están llenos de personas que sufren enfermedades físicas o psíquicas. Sucesos como los actos de agresión, de terrorismo, el pillaje de los bienes ajenos, la inquietud  se ha instalado, de una manera desconocida hasta ahora, en el espíritu de la gente a través de todo el mundo, la propensión para cometer actos criminales, los ataques contra la paz y el bienestar de los demás, provienen de almas  espiritualmente relajadas y débiles moralmente, con frecuencia jóvenes que se han perdido antes de encontrar un camino en la vida. El egoísmo y la corrupción  destruyen, hoy como ayer, cualquier verdadera vida en comunidad, el bien común y el patrimonio común. La desconfianza y la avaricia, las agresiones y el pillaje de los bienes ajenos, ponen en peligro a las personas, su seguridad y su dignidad.

 Para el hombre, no hay misterio ni incógnita más grande  que el de la existencia del mal en el mundo. Nos parece a veces que se ha encrespado y concentrado de tal manera que se le puede ver claramente, tocarlo casi. El mal se manifiesta de manera espectacular, le gusta mostrarse y llenar todos los medios de comunicación, impresos y electrónicos con el mensaje: soy invencible –la vida es absurda porque soy yo el que reina. Un mensaje tal   recuerda los sucesos del Viernes Santo: el mal no reina sólo sobre la tierra, afirma incluso ser más fuerte que Dios, a quien sería capaz de enviar a la tumba, sin comprender que Cristo, por su muerte, triunfa sobre la muerte.

 Desde que existe, el hombre pasa su vida en desear la paz, la felicidad y el éxito. Le gusta ser reconocido y conocido, hacer obras que le sobrevivan, dejar su nombre tras él. El hombre más ordinario, y no solo el genio reconocido mundialmente, se complace en  ver como alguien alaba una de sus acciones o se maravilla ante una de sus iniciativas. Con mucha frecuencia, sin embargo, no alcanzamos el éxito en la vida, somos incapaces de utilizar un don recibido de Dios  para un buen fin.

 ¿Es así porque el mal es más fuerte que nosotros o porque no sabemos vivir? ¿Qué nos falta para ser felices, a nosotros también? La respuesta es bien conocida por los cristianos: nos hace falta ante todo aprender a amar verdaderamente, y después aprender a perdonar suficientemente. El hombre sólo se puede elevarse  cuando ama y se da a sí mismo por amor. De igual manera, tiende a elevarse cuando concede el perdón y no vuelve sobre las afrentas del pasado. El hombre nunca se parece tanto a Dios que cuando le reza para que le conceda el perdón y cuando pide a su hermano que le perdone. El amor y el perdón procuran al hombre una alegría infinita.

El  hombre es más grande cuando comprende que toda palabra  mala dirigida a otro, vuelve hacia él y le hiere.  No podemos hacer daño  al otro sin herirnos a nosotros previamente. Todo lo que hemos soportado y después minimizado al perdonar, nos da la fuerza de vencer, sea cual fuere el desafío. Bienaventurados los pacificadores, pues serán llamados hijos de Dios, ha dicho nuestro Salvador (Mt 5, 9); ahora bien, los artesanos de la paz son todos los hombres de gran corazón que aman y perdonan.

 La vida sólo es bella si está animada por el amor; no se concibe de otra manera más que  entrando con amor en la vida del prójimo, estando junto a los hambrientos y los sedientos, con los pobres y los excluidos, estando en prisión con los condenados… La vida no tiene sentido si no es una llamada a amar, a servir a Dios en cada hombre.  Mientras se conciba la existencia como estando al servicio de uno mismo, reinarán en el mundo los conflictos, los disturbios y las guerras. En el momento en que el hombre acepta el hecho  de que ha sido llamado a darse a sí mismo para el bien colectivo de todos los hombres y multiplica su talento distribuyéndolo para el bien de su prójimo, y cada vez que realiza una buena acción, está en situación de tener un anticipación del Reino celeste. En el gran misterio del amor divino que abraza todo, impregnado por la Resurrección de Cristo, se revela y realiza el Misterio de la Iglesia de Cristo, al que están llamados todos los hombres y todas las criaturas de Dios. La Cruz verdadera, que el santo emperador, igual a los apóstoles Constantino vio en el  cielo y bajo cuyo signo venció, hace 1.700 años, ha abolido, con su vertical y su horizontal, todas la barreras entre los hombres y las criaturas; ella reúne a toda la humanidad en un solo conjunto, un único organismo vivo destinado a la eternidad y a la permanencia del Reino de Dios.

 En el seno de este conjunto, reunidos alrededor de Cristo Resucitado, ya no es cuestión de griego o de judío…, esclavo o libre, sino que Cristo es todo y en todos”. (Col 3, 11). Por ello, nosotros, como cristianos ortodoxos, confesamos la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, un pueblo de Dios reunido alrededor de Cristo, venido de todos los rincones de la tierra, de todas las naciones y en todos los tiempos.

Es un pecado imperdonable fundar la Iglesia, universal o local, en este mundo o en el otro, sobre lo que sea o quien sea, que sea diferente del Cristo Resucitado y su Cruz venerable. La Iglesia está fundada sobre Cristo como Piedra angular, sobre los profetas, los apóstoles y los santos Padres, totalmente impregnada por los santos misterios y las santas virtudes. La organización histórica de la Iglesia está basada sobre su Misterio íntimo, llamando a todos los pueblos de la tierra a hacer el signo de la cruz en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y a aplicar todo lo que el Señor había recomendado a sus discípulos (MT 28, 19-20).

Insistimos particularmente sobre el hecho de que la Iglesia está fundada únicamente sobre el Salvador  Resucitado porque, desgraciadamente en nuestros días, ciertos hombres, por ignorancia o mala voluntad, intentan fundar la Iglesia sobre ellos mismo, destruyendo de esta manera el organismo vivo de la Iglesia de Dios y conduciendo a ciertas personas a la decadencia… ¡Guardémonos, hermanos y hermanas e hijos espirituales, de los ídolos antiguos y de los nuevos! ¡Vivamos en la verdad eterna de la Iglesia conciliar de Dios, la única que da la libertad con respecto al pecado, al demonio y a la muerte!

 ¡Conformemos nuestra vida en la Iglesia sobre el amor y el perdón! Tengamos en el espíritu que Dios será el Juez último para todos y que juzgará exclusivamente sobre los criterios del bien, del amor a Dios y el amor a los hombres. Es indispensable que apliquemos estas virtudes en nuestras vidas – y esto sin excepciones y sin buscar excusas o pretextos en las dificultades de la vida cotidiana- si queremos formar parte de los hijos de Dios. La última palabra no es de los hombres, sino de Dios. Esta enseñanza legada por nuestros santos antepasados, no lo olvidéis nunca, hijos de San Sava, que estáis dispersos , voluntaria o involuntariamente, sobre todos los meridianos, de Australia y de América hasta Europa y Asia. Queridos hijos espirituales, os exhortamos a todos a amar a Dios y a los hombres,  os llamamos a permanecer siempre al lado de Aquel que ha triunfado de todos los sufrimientos y tentaciones, que ha vencido finalmente a la muerte, nuestro principal adversario. Permaneciendo a su lado,  permanecemos en alma y corazón al lado de nuestro pueblo mártir de Kosovo y Metojia, así como en todos los lugares terrestres donde los ortodoxos sufren a causa de su identidad y su fe en Cristo, que ha dicho: “¡Ánimo!: yo he vencido al mundo!” (Jn 16,33).

 Por su muerte y su Resurrección, el Señor ha vencido a nuestra muerte y ha dado a los hombres una fuerza invencible e indestructible, contra la que ninguna fuerza de este mundo se puede resistir. Una fuerza tal no se manifiesta por el mal,  por la auto-publicidad o el tumulto en el mundo.

Al contrario, se expresa en la paz, el sufrimiento, en las debilidades aparentes de los hijos de la luz. Aquel que ha vencido al mundo da la fuerza a los que creen en Él, para que triunfen en la paz y venzan sus miedos y  sus dudas, que triunfen de todas las agresiones cometidas en contra de los hijos de Dios, que resistan los ataques, siempre en la paz y la impasibilidad, en la certidumbre  de que el poder divino es eterno mientras que la fuerza de los hombres es efímera, que todas las potencias terrestres han llegado y se han ido, mientras que Dios permanece, su Santidad permanece, recta e Inquebrantable.

Esto fue, esto es y esto será. De esta verdad,  el arzobispo de Ojrida y metropolita de Skoplie, Jovan, testimonia desde el fondo de su celda; le dirigimos palabras de amor, de consuelo, de ánimo y de esperanza de que Cristo abrirá los ojos también a sus perseguidores.

Al creer en la Resurrección de Cristo, creemos en la renovación permanente de la dignidad humana. ¡Al creer en la Resurrección de Cristo y en la resurrección general, creemos en la posibilidad de la resurrección de la moral humana, del pudor y de la bondad!

¡Sólo la fe en la Resurrección puede renovar la fe y la adhesión a un amor altruista. Sólo la fe en la inmortalidad quema con su llama el egoísmo como principio de vida fundamental, y nos revela que el amor a Dios y a nuestro prójimo nos permite salvarnos de nuestras tinieblas y escapar a todos nuestros callejones sin salida!

¡Hermanos y hermanas, queridos hijos espirituales, regocijémonos ante el Señor Resucitado! Al regocijarnos ante Él, nos regocijamos nosotros mismos, pues nos hacemos eternos e inmortales ¡Al prostrernarnos ante el Resucitado, nos prosternamos ante la vida eterna! Al comulgar a su Cuerpo y a su Sangre, non unimos a Él y recibimos la vida eterna. En Cristo Resucitado descubrimos a todos nuestros antepasados. Todo lo que es bueno en la historia del mundo y en la historia de nuestro pueblo, se encuentra ante Él y se convierte en imperecedero e indestructible ¡En Cristo Resucitado estamos en unión con nuestros santos y ellos están con nosotros! En Cristo Resucitado la justicia triunfa siempre. Con Él y en Él triunfará también en nuestros días. Si Cristo Resucitado está con nosotros y nosotros con Él, entonces, ¿quién estará contra nosotros? Con estos pensamientos y estos deseos os dirigimos nuestro saludo pascual: ¡Cristo ha resucitado! ¡En verdad ha resucitado!

En el Patriarcado Serbio, en Belgrado, Pascua 2013

PALMA: HORARIOS DE SEMANA SANTA y PASCUA 2013

PARROQUIA ORTODOXA de SANT MIQUEL ARCÀNGEL

Српска православна црква св. Арханђел Михајло
Biserica Ortodoxă Sârbă de St. Arhanghelul Mihail

HORARIO DE LOS SERVICIOS LITÚRGICOS SEMANA SANTA Y PASCUA 2013
– 27/04, sábado     SÁBADO DE LÁZARO    10 h.,   Divina Liturgia.
– 28/04 domingo    DOMINGO DE RAMOS   10 h.,   Divina Liturgia.
– 01/05, miércoles MIÉRCOLES SANTO,     19 h.,   Oficio de la Unción de los enfermos
– 02/05, jueves      JUEVES SANTO              19 h.,   Maitines y oficio de los 12 Evangelios
-03/05,  viernes     VIERNES SANTO            19 h.,   Vísperas y Maitines Sábado Santo

– 04/05, sábado    SÁBADO SANTO               22’30 h.,  Vigilia Pascual. Liturgia de Pascua
– 05/05, domingo  ABIERTO DE 09 h. a 12 h.

http://www.iglesiaortodoxa.es/biblioteca/Parroquia%20Sant%20Miquel_Palma%20de%20Mallorca_Horaris%20Setmana%20Santa%202013.pdf

ASAMBLEA DE LA IGLESIA ORTODOXA EXPAÑOLA

El pasado día 16 febrero de 2013 tuvo lugar, en los locales de la parroquia de la Protección de la Madre de Dios de Barcelona la Asamblea anual de nuestra Iglesia, con participación de los representantes de todas la parroquias de la Iglesia. Se celebró también la festividad de santa Eulália, patrona de la Asociación de laicos Santa Eulália y patrona de la ciudad de Barcelona.
El sábado 16, se celebró la Asamblea anual de la Iglesia, bajo la presidencia de Monseñor Luka y dirigida por el Vicario General, m. r. p. Joan García, en la que se trataron los diferentes aspectos de la vida de las parroquias.
Para esta ocasión contamos con la visita de nuestro obispo, monseñor Luka.
Por la tarde se celebraron Vísperas y después de estas la Asociación santa Eulália ofreció un refrigerio a los asistentes, en memoria de santa Eulália. El domingo se celebró la Divina Litúrgia de pontifical y después tuvo lugar la ya tradicional comida comunitaria en un restaurante de la ciudad.
Se pueden  ver algunas fotos en este aquí.

Presentación del vídeo “Santa Eulalia de Barcelona vista con los ojos del iconógrafo..

VISTA CON LOS OJOS DEL ICONÓGRAFO.

Con motivo del cuadragésimo primer anviersario del nacimiemento de la Iglésia Ortodoxa de Barcelona y de los 25 años que la iglésia se encuentra con la protección del Patriarcado de Serbia, bajo el omoforio de Msr. Luka.

El 15 de febrero, a las 19:30h  tendrá lugar en la parróquia de Barcelona (calle Aragó, 181) la presentación del vídeo “Santa Eulalia de Barcelona (s. IV),vista con los ojos del iconógrafo”.

Participarán como ponentes: Pere Bosch, Mercè Poch, Montserrat Paulí y Maria Rosa Ocaña.

La intención del vídeo es exponer con sencillez y cariño el valor del martirio que sufrió esta adolescente barcelonesa del siglo IV . Lo hacemos con una  mirada de proximidad, con lo que tenemos más al alcance y al mismo tiempo, con una mirada que puede parecer un tanto lejana, por el testimonio dado por un santo  teólogo ortodoxo contemporáneo de Serbia, San Nicolás Vélimirovitch, que fue el autor de un himno dedicado a la santa.

Las imágenes hacen un recorrido por la ciudad, siguiendo los pasos de Eulalia, y lo hacemos también a través de un himno y de un icono que, en manos del iconógrafo, nos conduce a la contemplación de una presencia transfigurada y que nos quiere hablar del mundo divíno.

Nos preguntamos:

- ¿Qué mensage podemos captar, después de tantos siglos?

- ¿Cuál es el lenguage de los santos para el hombre actual?

- ¿Qué  mensage hay para todos los que sufren en nuestros días tortura, vejaciones, maltratos, humillaciones hasta  la muerte …?

Los Santos nos hablan de la Bondad y la Misericórdia de Dios.

¡Os esperamos!

Fraternitat de Santa Eulàlia de Barcelona

Església Ortodoxa- Carrer Aragó,181 – Tel.659444764

Celebración de San Sava y Santa Nino.

El próximo domingo 27 de enero, en la parroquia de Barcelona se celebrará la fiesta de San Sava, patrón protector de Serbia y de Santa Nino, patrona de Georgia (14 de enero, 27 según el calendario juliano).

En la liturgia se cantarán los troparios de los santos y al finalizar, se celebrará una eslava en honor de ellos.

Invitamos desde aquí a todos los residentes serbios que viven en Barcelona y sus alrededores a celebrar con nosotros esta fiesta en honor de San Sava.

Barcelona: Setmana de pregària per la unitat dels cristians.

La setmana del 14 al 20 de gener s’ha celebrat la Setmana de la Unitat del cristians amb diversos actes que van tindre lloc a Barcelona, en els quals va participar la nostra parròquia. A l’acte celebrat que es va celebrar a la catedral catòlica, el pare Martí, el nostre rector, va fer el següent parlament:

Un any més ens tornem a trobar cristians de diferents confessions cristianes per pregar a Déu nostre Senyor i creador, autor de la vida, perquè ens guiï vers el camí de la unitat. Però aquesta unitat a la que ens referim, no és quelcom que hem de construir nosaltres, sinó que és una realitat orgànica, existent i viva, a la que som convidats a incorporar-nos per viure-la també nosaltres personalment. Quan Sant Pau ens diu que l’Església és el Cos del Crist, s’està referint a aquesta unitat orgànica i viva on Déu i l’home es troben.

Aleksei Khomiakov, un gran teòleg ortodox del segle XVIII, en la seva obra Tserkov odnà – “l’Església és una” -, ens diu que l’Església és Una encara que l’home que viu a la terra la vegi dividida. Perquè l’Església no és una institució organitzada feta pels homes, sinó que és un misteri de comunió del Creador i de la creatura a la imatge de la comunió existent entre les persones o hipòstasis de la Santíssima Trinitat.

En aquest sentit Aleksei Komiakov ens diu: “La unitat de l’Església deriva necessàriament de la unitat divina” “L’Església no és ni una doctrina, ni un sistema, ni una institució. L’Església és un organisme viu, un organisme de veritat i d’amor, o, més exactament, la veritat i l’amor en quant organisme.”

Aquestes paraules lliguen perfectament amb les paraules de l‘Evangelista Joan quan ens diu: “perquè tots siguin u, perquè ells també siguin u en nosaltres igual com tu, Pare, ets en mi i jo sóc en tu, perquè el món cregui que tu m’has enviat.” (Jn. 20, 21)

D’aquesta forma se’ns revela la unitat en el si de la divinitat que es dóna a conèixer en el bell mig de la creació perquè coneguem, per participació a la vida divina, quina és la veritat de la nostra existència; i aquest ha de ser el nostre punt de referència per abordar qualsevol intent d’unitat entre les diferents comunitats cristianes.

No es tracta de trobar un comú denominador que ens apropi a expressar consensuadament quina és la nostra fe, sinó de viure en el si de l’Església el misteri de la vida en el seu sentit més profund i ontològic que es manifesta quan Déu i l’home es troben.

Això és el que ens van transmetre els Apòstols a través del kerigma apostòlic, això és el que s’expressa en el símbol de fe que es va redactar en els dos primers Concilis Ecumènics, de Nicea i de Constantinoble, i això és el misteri contingut en les paraules d’aquest mateix símbol quan se’ns diu “en l’Església, Una, Santa, Catòlica i Apostòlica”.

Una perquè una és l’expressió plena de la vida en comunió amb el nostre Creador. Santa perquè l’únic Sant, Déu, ens santifica a tots. Catòlica per la universalitat còsmica de la nostra existència i Apostòlica perquè els apòstols van ser els transmissors d’aquesta experiència.

Las primeres comunitats cristianes, donen testimoni d’una vida eclesial que és l’expressió d’aquesta experiència, però desprès, les misèries de la humanitat caiguda s’han manifestat amb força i hem trencat aquesta unitat de la vida comuna amb Déu, expressada en l’estructura eclesial de l’Església de Crist i, dient que confessem el mateix Crist, hem perdut la comunió entre nosaltres. Cosa paradoxal que ens obliga a la reflexió i al penediment.

Preguem doncs a Crist el nostre Déu, que s’apiadi de nosaltres i que ens incorpori a aquest misteri d’unitat on la vida es manifesta amb tota la seva plenitud, i d’aquesta forma trobem l’expressió comuna en una mateixa estructura eclesial.

P. Martí. Església Ortodoxa. Patriarcat de Sèrbia

 

La paz de Dios, ¡Cristo ha nacido!

Mensaje de Navidad 2012 del Patriarca Ireneo y de la Asamblea de obispos ortodoxos serbios.

Navidad nos aporta la alegre y maravillosa noticia de que el Hijo eterno de Dios se ha hecho Hombre, el Dios-hombre Jesucristo. Con su Encarnación se ha cumplido la profecía del profeta Isaías: “Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros.” (Mateo 1,23; Isaías 7, 14). Desde ese día y hasta el fin de los tiempos, Dios está con nosotros y nosotros estamos con Dios. El Hijo de Dios ha descendido en la tierra y el hombre se ha elevado al cielo. Todo se ha reunido. Los ángeles cantan con los hombres y los hombres toman parte en la vida angélica. San Juan Crisóstomo  llama a la Navidad la madre de todas las fiestas y se maravillaba de la Natividad de Dios como ante un misterio prodigioso, y la ha celebrado diciendo: “Contemplo un misterio singular. Oigo en mis orejas la voz de los pastores, los ángeles cantan, los arcángeles entonan cantos, los serafines cantan alabanzas, todos festejan mirando a Dios en la tierra  y al hombre en los cielos…” El Dios incorporal toma cuerpo, el Invisible se hace visible, Aquel que nadie puede acercársele se hace palpable, el Intemporal recibe un inicio, el Hijo de Dios se hace Hijo del hombre. Esta aparición de Dios en el seno de nuestro mundo y de nuestra vida marca el inicio de nuestra propia entrada en el mundo de Dios. El sentido de la acción divina corresponde pues a la venida de Dios entre los hombres para que estos se acerquen a Él.

Hablando de la unidad de la naturaleza divina y humana en la Persona de Cristo, San Gregorio el Teólogo dice, con un piadoso asombro: “¡Esta unión de Dios y el hombre es digna de asombro! ¡Qué prodigiosa unión! Aquel que Es, se encarna. Aquel que enriquece a los demás se hace pobre. Aquel que es plenitud, se vacía. Se desprende de su gloria para que yo pueda probar su plenitud”. El descenso de Cristo corresponde al don de su amor por el género humano. Si Dios no hubiera venido al hombre, el hombre no hubiera podido venir a Dios. Sin el descenso de Jesucristo, la divinización del hombre no se hubiera podido realizar (Fil. 2, 6-8). Con la humildad y despojamiento de si, se expresa el amor más grande. El que ama descuida su propia persona y se da al otro. Por la boca de San Juan Crisóstomo, Cristo se dirige a cada uno de nosotros: “Es para ti, hijo mío, que me he empobrecido, que he sido golpeado, que he sido humillado… He abandonado a mi Padre y he venido hacia ti, que me odias y rechazas. Me he precipitado hacia ti para hacerte mío. Te unido a mí. Estás conmigo en los cielos y estoy unido a ti, abajo, en la tierra”. Con la Encarnación de Cristo, cada uno de nosotros ve abrirse el paraíso, los cielos se despliegan en la tierra, lo celeste se une a lo terrestre. Los ángeles y los hombres celebran juntos al mismo Señor, nuestro Padre celeste. El hombre comienza a esperar en la Resurrección. ¡Y el reino celeste se regocija! Y todo ha sido concedido por el don infinito del amor de Dios por los hombres que ha permitido este gran milagro –la venida de Dios en nuestro mundo. ¿Cómo podemos agradecer al Señor la infinita abundancia de su amor por los hombres?

A su amor, respondemos con frecuencia con nuestra ingratitud, pues con nuestro modo de vida, probablemente le apenamos más que le alegramos. Nada da más calidez a nuestras almas, cuerpos y fríos corazones que el amor divino, pues Dios es amor (1 Juan 4, 7). Él se ha hecho extraño, ajeno al amor, se ha hecho extraño a Dios que se instala en el hombre sólo a través del amor. No pensamos sólo en la realidad celeste, sino también en la realidad terrestre. Cuando el poder del amor se manifiesta tanto en nuestras relaciones humanas, ¿Qué ocurre cuando Dios abraza al hombre, cuando lo acoge en sus brazos? Cuando Dios se instala en el hombre, en su corazón y en espíritu,  ¿podemos imaginar la alegría del encuentro con la cara del Dios viviente? Cuando nosotros experimentamos tanta alegría en nosotros al encontrarnos los unos a los otros y viendo nuestros rostros, ¿qué decir de la alegría de ver a Dios, de encontrar a Dios? Ahora bien, el día de hoy es el día en que hemos encontrado a Dios, en el que le hemos visto y recibido.

Dios ha venido en el día de Navidad, se ha instalado en nosotros, para enseñarnos cómo abrazarnos, cómo perdonarnos mutuamente. Dios nos ha perdonado, ¿cómo osaríamos no perdonar a los demás? No hay crimen cometido contra nosotros que pueda superar el beneficio de Navidad, ni vencer nuestra capacidad de perdonar. Por ello, nos tenemos que amar los unos a los otros, para confesar al unísono al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ¡el Dios del amor! ¡Amémonos los unos a los otros en el amor con el que Dios nos ha amado antes de la creación del mundo, amor con el que nos ama en su Hijo bien amado! Amémonos los unos a los otros con el amor que no busca su interés, que no se infla de orgullo, que lo soporta todo, que lo espera todo (1 Cor. 13). ¡Conservemos en el espíritu este amor que se extiende a toda la naturaleza que nos rodea, que Dios nos ha concedido y con la que nos alimenta en la alegría! ¡Preservemos la salud y la belleza de la naturaleza, y la de los nuestros! ¡No olvidemos que la venida del Hijo de Dios en el mundo tiene un alcance cósmico! Con este Acontecimiento, no son sólo los hombres sino que es toda la Creación divina la que es salvada de la muerte. Queridos hijos espirituales, la fiesta de Navidad nos hace recordar, a unos y a otros, el amor indecible y profundo de Dios: celebremos pues el amor con el que Dios nos ha amado antes de que nosotros le hayamos amado y con el que nos ha amado eternamente. Con el amor que es el vínculo de la perfección (Col 3, 14), tenemos hoy  más que nunca necesidad de paz y de buena voluntad. Por ello, en nuestros corazones debe resonar siempre, en particular en Navidad, el canto de los ángeles: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace (Lc 2, 14). Este mensaje de Navidad, hermanos y hermanas, contiene tres grandes verdades y sobre estas palabras se funda, como sobre tres piedras angulares, nuestro modo de vida, el sentido y fin último de nuestra existencia.

La primera verdad es una llamada al hombre a celebrar a Dios. Celebrar a Dios sólo es posible a quien ha descubierto el sentido más profundo de la vida. Cuanto más profundo es el conocimiento de Dios como Creador, Diseñador y Donador, más grande es la alegría de vivir del hombre, y más grande es su capacidad de celebrar a Dios.

La segunda verdad es la paz sobre la tierra. El arte de hacer la paz pertenece a Dios. De esta manera el hombre se convierte en hijo de Dios, conforme a la palabra de Cristo: Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mat 5, 9). Sólo los hombres en paz con Dios y con los hombres que les rodean, pueden encontrar la paz en su alma; sólo este tipo de hombres pueden ser artífices de la paz. La paz está en su corazón y en su boca. De otra manera, los que no están en paz con Dios y los hombres en su espíritu y corazón, por más que puedan tener la paz en sus labios, en su corazón residen el odio y la guerra. Cuanto Dios está más presente en el corazón de los hombres, hay más paz en la tierra. Cuanto menos una riqueza tal está presente, más luchas por el poder y los bienes terrestres está presente, más agitaciones egoístas, más luchas por apoderarse del bien del otro.

La tercera verdad corresponde a la buena voluntad entre los hombres como fundamento de la comunidad humana. Allí donde aparece la paz, aparece la buena y dulce voluntad entre los hombres. La buena voluntad nace del amor, del amor de Dios y del amor de los hombres, de los pensamientos delicados, de la calidez de alma y cuerpo, pues el amor verdadero no pide nada para él.

Vivimos en una época en la que todos estos valores, que son cristianos y que creemos eternos, son envilecidos y descuidados. La crisis espiritual conlleva consecuencias terribles sobre las relaciones entre los hombres. Los hermanos no se hablan entre si, ni el hijo y el padre, ni los miembros de la misma familia, ni los vecinos entre ellos. Razones y justificaciones, sensatas o no, las hay en abundancia, como de costumbre. ¿Nos preguntamos si es posible que el amor por el poder y el amor propio nos confundan hasta el punto de considerar los bienes terrenales más preciosos que nuestro padre, nuestra madre, nuestros hermanos y hermanas, nuestros vecinos y nuestras personas más cercanas? Desde hace tiempo nuestra época está marcada por las convulsiones, la inseguridad social y la alienación mental. Vivimos en una época donde todo está en venta, donde todo se negocia por todos los medios, incluida la libertad verdadera y la dignidad humana. La justicia y el derecho terrestres no nos garantizan ni el derecho sobre nuestros bienes, ni el derecho a la vida allí donde nos encontramos desde que existimos. Por otra parte, el poder de los poderosos de este mundo ¿se ha expresado alguna vez de otra manera? ¿Es la primera vez en la historia que los jueces olvidan las palabras del sabio Salomón: Justificar al malo y condenar al justo; ambas cosas abomina el Señor (Proverbios 17, 15)?

Pero como nuestra época es la que es, como ha sido el caso desde el pecado existe y lo será así en tanto que el mal subsistirá en el mundo, Navidad se nos aparece como un bálsamo sobre la herida, como el más grande consuelo que viene de Dios, que nos libera así de la tristeza y no vuelve a dar confianza en su justicia y en su verdad. Navidad nos vuelve a dar también confianza en la bondad de los hombres y en su amor; despierta la esperanza de que el amor puede no sólo brillar en el corazón humano sino también, gracias a la misericordia divina, manifestarse en el seno de las instituciones humanas, a despecho de la arrogancia de los poderosos de este mundo  de nuestra época. Navidad es un día consuelo y de esperanza para todos los expulsados y exilados así como para todos aquellos, en el seno de nuestro pueblo, que comen el pan amargo del exilio. ¡No estéis tristes y no desesperéis, queridos hijos espirituales, y recordad que el más grande y el más célebre proscrito del género humano fue el Divino Niño de Belén! A su lado, la santísima Madre de Dios y el justo José fueron, desde su venida al mundo, obligados a huir de la tierra prometida hacia la tierra de la esclavitud.

Navidad es también un día de alegría para el pueblo de San Sava, dispersado voluntariamente o no en todos los continentes, desde Europa hasta América y Australia. Con nuestra solicitud paterna os llamamos a no olvidar vuestra fe ortodoxa y vuestra lengua, los santuarios y las tumbas de vuestros antepasados y tampoco vuestras raíces  inspiradas poro San Sava que se encuentran aquí, en este país de Dios que se llama Serbia y en las otras regiones que son hogares seculares de los serbios.

Navidad es el día en el que empieza la Resurrección, y la Resurrección no se produce sin sufrimientos, queridos hijos de Kosovo y Metoquia! Sabed, guardad en la memoria y enseñad a vuestros hijos para que enseñen a sus hijos (Éxodo 6, 6-9) que el pueblo hebreo que había sido proscrito, ha esperado casi veinte siglos para volver a la tierra de sus antepasados y que el  pueblo serbio ha esperado durante cinco siglos la liberación de la Vieja Serbia. Instruidos por las palabras del Salmista (Salmo 137, 5), exclamemos también nosotros: ¡Kosovo, si yo de ti me olvido, que se seque mi diestra!  ¡Dirijamos nuestras oraciones al Señor, en este año centenario de la liberación de Kosovo y la Metoquia en 1912, y pongamos, también ahora, nuestra esperanza en el Señor!

Navidad es el día en que hemos sido liberados de las cadenas del pecado, de la muerte y de Satán. Este año celebramos Navidad en vigilias del inicio de la conmemoración solemne del  1.700 aniversario del Edicto de Milán por el que el santo emperador Constantino dio libertad a los cristianos así como el derecho de celebrar libremente a Cristo. Desgraciadamente, en este año-jubileo de la libertad dada a los cristiano de confesar su fe, esta libertad les es arrebatada a nuestros hermanos y hermanas, miembros del arzobispado de Ócrida, de las que su responsable, el arzobispo Juan, está actualmente encarcelado por aquellos que, desde hace varias decenios, no permiten que la túnica de Cristo, desgarrada por una mano impía, sea reconstituida. En esta jornada en la que la tierra se regocija con el cielo, dirigimos palabras de amor, de consuelo y ánimos a los hijos del arzobispado de Ócrida,  empezando por su superior y su santo sínodo. Sintiendo todas las dificultades e infortunas que afrontamos hoy así como las sombrías nubes que se ciernen sobre nuestro pueblo mártir y sufriente, pero instruidos por este gran Día, os llamamos, queridos hijos espirituales, a permanecer en la fe de Cristo y la fe de nuestros santos antepasados. Sabemos que cuanto más fuerte sea nuestra fe en Cristo, el Niño Divino, más grande será nuestra fe hacia Él y nuestras personas cercanas. Pues la fe no cesa de revelarnos perfecciones nuevas en Cristo, tesoros y bellezas que hacen que Lo amemos cada vez más. Al igual que no hay límites a nuestra fe en Cristo, tampoco no hay límites a nuestro amor en Él. Sólo los hombres que tienen una gran fe están enraizados y establecidos en el amor; el amor divino es quien ha hecho descender Dios a la tierra, tal es el mensaje de Navidad que celebramos hoy.

Dios ha descendido del cielo en este santo Día para elevarnos del polvo por encima de los cielos y por encima de todo misterio terrestre. Esta es la alegría, el regocijo y el consuelo que nos aporta Navidad. Por ello, queridos hermanos, os invitamos en esta dulce jornada, a reuniros en la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo, durante la Santa Liturgia en la que Cristo se da a todos, pues fuera de la Iglesia no hay salvación y fuera de la Iglesia, no hay Salvador. ¡Os llamamos, en la alegría, a volver hacia el Dios Vivo!  ¡Somos felices cuando volvemos a Dios! ¿A quién otro nos podríamos dirigir, sino a Dios? ¿Y cuando volver a Dios, sino en Navidad?

Bendita sea esta santa jornada y benditos seáis en este día del aniversario del nacimiento de Cristo. En Él nacemos y renacemos, en Él nos convertimos en hombres, hombres de Dios y en Él adquirimos nuestro sentido verdadero e imperecedero. Es así como lo sentimos y decimos: ¡Dios está con nosotros, que todos los pueblos lo comprendan!

¡LA PAZ DE DIOS – CRISTO HA NACIDO! ¡EN VERDAD HA NACIDO!

En el patriarcado serbio, en Belgrado, Navidad 2012.