5/4/2020: Quinto Domingo de Cuaresma. Memoria de Santa María Egipciaca.

Santa Maria Egipciaca

Liturgia de San Basilio: Heb 9, 11-14; Mc 10, 32-45
Santa Maria Egipciaca: Gal 3, 23-29; Lc 7, 36-50

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

El Evangelio que hoy la Iglesia nos presenta para nuestra contemplación, empieza con unas palabras de Jesús-Cristo a sus Apóstoles, mientras ascendían hacia Jerusalén, donde les anuncia lo que iba a suceder en los próximos días en relación a su pasión, muerte y resurrección. Es decir que ya se nos prepara para los misterios que vamos a tener que contemplar una vez se acabe la Gran Cuaresma i nos iniciemos en la semana de la Pasión, para finalmente acceder a la Santa Resurrección.

El misterio principal que se nos propone en el texto correspondiente a este quinto domingo de cuaresma nos lo da Jesús en respuesta a la petición de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo cuando le piden que les deje estar sentados uno a su derecha y el otro a su izquierda en su gloria. Y Él les responde diciendo que esto no le corresponde a Él, el darlo, sino que es para aquellos para quien está reservado. Y después por las quejas de los diez restantes Apóstoles, frente a esta petición de  Santiago y Juan, Jesús les indica el camino, marcándoles la diferencia que hay entre aquellos que quieran ser príncipes de las naciones de este mundo, para dominarlas y ejercer su poder, y  aquellos que  quieran servir al Señor, y alcanzar una realidad trascendente a la que somos llamados. Para alcanzarla los exhorta diciéndoles, “Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será el siervo de todos”.  Para abundar en este misterio, aun les dice, “pues tampoco el Hijo del Hombre ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida para redención de muchos”. (Mc. 10, 42-45)

Con ello se nos ofrece la forma de alcanzar la gloria, siempre y cuando seamos capaces de no dejarnos llevar por aquellos príncipes de este mundo que lo que intentan es dominarlo y ejercer su poder sobre aquello que Dios les ha dado, sino ponernos al servicio de la obra de Dios que es la creación entera, con amor i disponibilidad en todo momento para servir en esta causa.

Seguramente este cambio de paradigma, supondrá un arrepentimiento que nos aporte la humildad y el amor necesario para ponernos al servicio de la obra de Dios. Y por esto nos dice que el que quiera ser el primero, sea el servidor de todos, de la misma manera que Él no ha venido al mundo a ser servido sino a servir y a dar su vida para la redención de muchos.

Él se pone a la cabeza y nos abre el camino de la gloria, indicándonos al mismo tiempo, cual ha de ser nuestra actitud para alcanzarla.

Para iniciarnos en este proceso, nuestras vidas requieren de toda una transformación a través de la cual, sepamos visualizar, nuestros pecados, nuestras transgresiones, es decir todos aquellos aspectos que nos alejan de Dios, y después a través del arrepentimiento en el sentido que tiene la palabra griega  μετανοια (metanoia), que no es un simple arrepentimiento sin más cambio, sino toda una transformación interior, que hace posible que  la gracia divina, cambie nuestras vidas, y de esta forma nos iniciemos en una ascesis personal, para que poco a poco nos podamos adentrar en los misterios que vienen de lo alto, para avanzar en el camino de la verdadera Vida en su sentido más profundo.

Por ello este domingo la Iglesia conmemora también la fiesta de Santa Maria la egipciaca, mujer pecadora que cuando viajo a Jerusalén para venerar el santo sepulcro, se encontró con una fuerza que le impedía el acceso, y gracias a esta experiencia supo visualizar la distancia abismal que existía entre su vida absolutamente entregada a los placeres del mundo y el objeto de veneración al que pretendía acercarse. Esto le produjo una profunda  conversión que la dirigió hacia el desierto, para pasar el resto de su vida en oración y a través  de una gran ascesis llegar a la santidad, es decir a la participación de esta gloria a la que el Evangelio nos hacía referencia. Por ello el Evangelio que también leemos este domingo conmemorando a santa Maria, nos ofrece el siguiente relato, “Y he aquí que llegó una mujer pecadora que había en la ciudad, la cual, sabiendo que estaba a la mesa en casa del fariseo, con un pomo de alabastro de ungüento se puso detrás de Él, a sus pies, llorando, y comenzó a bañar con lágrimas sus pie, enjuagándolos con los cabellos de su cabeza y besándolos y ungiéndolos con el ungüento”. (luc. 7, 37-38).  Frente a tal actitud  Jesús-Cristo le dice que sus perdonados le son pecados.

La experiencia que se ha producido, tanto en esta mujer pecadora que nos presenta el evangelio, como en Maria la Egipciaca, es un profundo cambio interior, en presencia de nuestro Señor Jesús-Cristo, que les proporciona la gracia necesaria para  que se abran sus ojos hacia una realidad trascendente, y con ello reciben la fuerza para vencer todos aquellos pecados y transgresiones que les impedían el acceso a tal gracia. En resumen en ellas se produce una autentica conversión que cambia sus vidas, iniciándolas en la Verdad que nuestro redentor les ha manifestado.

Los pecados son precisamente todas aquellas, acciones en actos o pensamientos que nos alejan de Dios, que nos impiden entrar en relación con Él. Que nos hace sentir, príncipes de este mundo para dominarlo y ejercer nuestro poder sobre él, como nos dice el Evangelio. Pero en este estado no tenemos acceso a la verdadera vida, sino que vivimos en un contexto donde finalmente todo se acaba.

Este domingo a una semana de entrar en la semana de la pasión, la Iglesia nos prepara para que reflexionemos sobre todos aquellos aspectos de nuestra vida que nos alejan de  Dios, y por muy graves que sean nuestras transgresiones sepamos que si hay un arrepentimiento verdadero y la voluntad de hacer un paso decidido a superar todas aquellas actitudes que nos impiden avanzar en el conocimiento de Dios, poco a poco, gracias a una fuerza que nos viene dada, ascenderemos hacia un estado de conciencia superior, donde podamos empezar a disfrutar aunque sea a tientas, de una paz y de una armonía interior con la certeza de que estamos caminando por la senda de la Verdad.

Preparemos pues durante estos días que nos quedan antes de entrar en la semana de la Pasión, en el desierto particular que cada uno de nosotros está viviendo lejos de la vida comunitaria, y haciendo de nuestras casas pequeñas iglesias unidas en la oración, para reflexionar sobre todos aquellos aspectos de nuestra vida que nos impiden participar de estos misterios.

P. Martí

5/4/2020: Cinquè Diumenge de Quaresma. Memòria de Santa Maria Egipcíana.

Santa Maria Egipcíana

Litúrgia de Sant Basili: Heb. 9, 11-14; Marc 10, 32-45
Santa Maria Egipcíana: Gal. 3, 23-29; Lluc 7, 36-50

En el nom del Pare i del Fill i de l’Esperit Sant.


L’Evangeli que avui l’Església ens presenta per a la nostra contemplació, comença amb unes paraules de Jesús-Crist als seus Apòstols, mentre pujaven cap a Jerusalem, on els anuncia el que anava a succeir en els pròxims dies en relació a la seva passió, mort i resurrecció . És a dir que ja se’ns prepara per als misteris que haurem de contemplar un cop s’acabi la Gran Quaresma i ens iniciem en la setmana de la Passió, per finalment accedir a la Santa Resurrecció.


El misteri principal que se’ns proposa en el text corresponent a aquest cinquè diumenge de quaresma ens el dóna Jesús en resposta a la petició de Jaume i Joan, fills de Zebedeu, quan li demanen que els deixi estar asseguts un a la dreta i l’altre a  l’esquerra en la seva glòria. I Ell els respon dient que això no li correspon a Ell, el donar-lo, sinó que és per a aquells per a qui està reservat. I després degut a les queixes dels deu altres Apòstols, davant d’aquesta petició de Jaume i Joan, Jesús els indica el camí, marcant-los la diferència que hi ha entre aquells que vulguin ser prínceps entre les nacions d’aquest món, per dominar-les i exercir el seu poder , i aquells que vulguin servir el Senyor, per arribar a una realitat transcendent a la qual som cridats. I per apropar-nos a aquesta nova realitat els exhorta dient-los, “Ja sabeu que els suposats governants dels pobles, els dominen, i que els seus magnats els tiranitzen. Que no sigui pas així entre vosaltres; al contrari, el qui vulgui arribar a ser gran entre vosaltres, serà el vostre servidor; i el qui entre vosaltres vulgui ser el primer, serà el servent de tots”. I abundant en aquest misteri encara el diu, “que tampoc el Fill de l’home no ha vingut a fer-se servir, sinó a servir i a donar la vida com a rescat de molts”.(Mc. 10, 42-45)

Amb això se’ns ofereix la forma d’arribar a la glòria, sempre que siguem capaços de no deixar-nos portar per aquells prínceps d’aquest món que el que intenten és dominar-lo i exercir el seu poder sobre allò que Déu els ha donat, sinó posar-nos al servei de l’obra de Déu que és la creació sencera, amb amor i disponibilitat en tot moment per servir  en questa causa. Segurament aquest canvi de paradigma, suposarà un penediment que ens aporti la humilitat i l’amor necessari per posar-nos al servei de l’obra de Déu. I per això ens diu que qui vulgui ser el primer, sigui el servidor de tots, de la mateixa manera que Ell no ha vingut a el món a ser servit sinó a servir-lo i a donar la seva vida per a la redempció de molts.
Ell es posa al capdavant i ens obre el camí de la glòria, indicant-nos al mateix temps, com ha de ser la nostra actitud per aconseguir-la.
Per iniciar-nos en aquest procés, les nostres vides requereixen de tota una transformació a través de la qual, sapiguem visualitzar, els nostres pecats, les nostres transgressions, és a dir tots aquells aspectes que ens allunyen de Déu, i després a través del penediment en el sentit que té la paraula grega μετανοια (metànoia), que no és un simple penediment sense més canvi, sinó tota una transformació interior, que fa possible que la gràcia divina, canviï les nostres vides, i d’aquesta manera ens iniciem en una ascesi personal perquè a poc a poc ens puguem endinsar en els misteris que vénen de dalt, per avançar en el camí de la veritable Vida en el seu sentit més profund.

Per això aquest diumenge l’Església commemora també la festa de Santa Maria l’Egipcíana, dona pecadora que quan va viatjar a Jerusalem per venerar el sant sepulcre, es va trobar amb una força que li impedia l’accés, i gràcies a aquesta experiència va saber visualitzar la distància abismal que hi havia entre la seva vida absolutament lliurada als plaers del món i l’objecte de veneració a què pretenia acostar-se. Això li va produir una profunda conversió que la va dirigir cap al desert, per passar la resta de la seva vida en oració, i a través d’una gran ascesi arribar a la santedat, és a dir a la participació d’aquesta glòria a la qual l’Evangeli ens feia referència. Per això l’Evangeli que també llegim aquest diumenge commemorant a santa Maria, ens ofereix el següent relat, “I vet aquí que va arribar una dona pecadora que hi havia a la ciutat, la qual, sabent que era a taula a casa del fariseu, va prendre un flascó d’ungüent es va posar darrere d’Ell, als seus peus, plorant, i va començar a banyar amb llàgrimes els seus peu, i  amb els cabells del seu cap els eixugava; besava els peus i els ungia amb aquell perfum”. (Lc 7, 37-38). Davant d’aquesta actitud Jesús-Crist li diu que els seus perdonats li són pecats.

L’experiència que s’ha produït, tant en aquesta dona pecadora que ens presenta l’evangeli, com en Maria l’Egipcíana, és un profund canvi interior, en presència de nostre Senyor Jesús-Crist, que els hi proporciona la gràcia necessària perquè s’obrin els seus ulls cap a una realitat transcendent, i amb això reben la força per vèncer  tots aquells pecats i transgressions que els impedien l’accés a tal gràcia. En resum en elles es produeix una autèntica conversió que canvia les seves vides, per iniciar-se en la Veritat que el nostre redemptor els hi ha manifestat.
Els pecats són precisament totes aquelles, accions en actes o pensaments que ens allunyen de Déu, que ens impedeixen entrar en relació amb Ell. Que ens fa sentir, prínceps d’aquest món per dominar-lo i exercir el nostre poder sobre ell, com ens diu l’Evangeli . Però en aquest estat no tenim accés a la veritable vida, sinó que vivim en un context on finalment tot s’acaba.
Aquest diumenge a una setmana d’entrar a la setmana de la passió, l’Església ens prepara perquè reflexionem sobre tots aquells aspectes de la nostra vida que ens allunyen de Déu, i per molt greus que siguin les nostres transgressions sapiguem que si hi ha un penediment veritable i la voluntat de fer un pas decidit a superar totes aquelles actituds que ens impedeixen avançar en el coneixement de Déu,  poc a poc, gràcies a una força que ens ve donada, pujarem cap a un estat de consciència superior, on puguem començar a gaudir encara que sigui a les palpentes, d’una pau i d’una harmonia interior amb la certesa que estem caminant per la senda de la Veritat.
Preparem-nos doncs perquè durant aquests dies que ens queden abans d’entrar a la setmana de la Passió, en el desert particular que cada un de nosaltres està vivint lluny de la vida comunitària, i fen de les nostres llars petites esglésies unides en la pregaria, per reflexionar sobre tots aquells aspectes de la nostra vida que ens impedeixen participar d’aquests misteris.

P.Martí

31/3/2020: Algunas reflexiones sobre la crisis y la llamada del Coronavirus: Una reflexión de msr. Alexis de Betesda (Iglesia Ortodoxa de América)

Msr. Alexis de Betesda

Los obispos de la Santa Iglesia Ortodoxa aman a sus rebaños y siempre se esfuerzan por llevarlos a pasturas ricas y bien regadas. Cuidan de él, en cuerpo y alma. Al hacer esto, siguen a su Señor, Cristo, quien no sólo expulsó a “los espíritus inmundos” sino que también curó “toda enfermedad y toda dolencia” entre el pueblo (Mateo 10,1). Vemos en los Evangelios que Cristo a veces trata primero el alma y después el cuerpo; otras veces, el cuerpo primero y el alma después. Ante la presencia del muy contagioso y potencialmente letal coronavirus, la preocupación de los obispos por el bienestar corporal de su gente es para que ni un solo cordero se pierda innecesariamente. No es por una falta de fe o de compasión, sino por una fe inquebrantable y una abundancia de compasión.

La compasión se expresa en dar a cada pecador el tiempo necesario para arrepentirse, porque “en el infierno no hay arrepentimiento” (San Juan Damasceno). Fe que se expresa en la certitud de que nuestro Señor siempre puede estar entre nosotros, que Él puede estar siempre a nuestro lado, como lo proclama el Salmista: “Si subiera al cielo, Tú estás allí, si bajara al Hades, estás presente» (Salmo 139,8). Y si estoy encerrado en mi casa lejos de la Iglesia, “Tú estás allí”, así como el Señor estaba allí para y con el Apóstol Pedro cuando fue encerrado en prisión, Él está aquí para y con nosotros.

Durante los tiempos de incertidumbre, ansiedad y miedo, nos volvemos de forma natural hacia Dios buscando refugio, paz y valentía. Este es nuestro derecho natural como Cristianos Ortodoxos bautizados. Ciertamente, “Dios es para nosotros refugio y fortaleza, un socorro en la angustia siempre a punto. Por eso no tememos si se altera la tierra” (Salmo 46, 2-3). Con el coronavirus, la tierra ha cambiado, pero no tenemos miedo. Los fieles están aislados en sus casas, separados físicamente de sus seres queridos, imposibilitados incluso de reunirse juntos como Iglesia para la celebración de los misterios, pero no tenemos miedo, porque Dios continúa siendo nuestro refugio, nuestra paz y nuestra fuente de valor. Muchos están comprensiblemente desanimados y abatidos por la decisión de prohibir las reuniones eucarísticas en la Iglesia en razón de la salud de nuestro prójimo, a quien amamos. Aun así, Dios es nuestro refugio, nuestra paz, y nuestra fuente de valentía. Dentro de esta prueba, esta amenaza que sentimos muy cercana, hay una llamada que no comunicada y una promesa que nos llama. Pero para escuchar esta llamada y ver la realización de la promesa, tenemos que acercarnos a nuestro Salvador como sus hijos fieles se han acercado siempre a Él, no con indignación farisaica o con desaliento autocompasivo, sino con una humilde y paciente esperanza.

Es una llamada para la oración del corazón. La promesa es la gracia purificadora e iluminadora del Espíritu Santo. Con el énfasis en una comunión más frecuente en los pasados cuarenta años, podríamos haber tenido la tentación de descuidar la necesaria comunión interior cotidiana con Cristo mediante la oración, ese hablar con Él y caminar con Él que caracterizaba la mayor parte de las vidas de los Apóstoles, antes y después de la institución de la Cena Mística. Muchos de nuestros grandes santos estaban privados de la Santa Comunión durante periodos de tiempo que para nosotros sería insoportable solo el pensarlo, pero para ellos eran periodos de crecimiento continuado de gloria en gloria, porque nunca estuvieron sin la Santa Comunión con Cristo a través de la oración. La oración no es fácil, requiere concentración, dedicación, y amor, pero a través de las puertas de la oración, podemos tocar a Cristo, Cristo nos puede tocar y podemos ser curados. Es imperativo para nosotros aprender a servir la Liturgia en el Altar del corazón y el momento está ahora al alcance.

Durante la crisis del coronavirus, tenemos la oportunidad de convertirnos en hombres y mujeres de oración profunda. Tenemos la ocasión para “entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto” (Mateo 6, 6), y ofrecerle nuestro arrepentimiento, nuestra gratitud y nuestro amor. Podemos llegar a entender que “la oración es una fortaleza segura, un puerto protegido, una protección para las virtudes, un destructor de pasiones.

Aporta vigor para el alma, purifica la mente, da descanso a los que sufren, consuela a los que lloran. La oración es conversación con Dios, contemplación de lo invisible, modo de vida angélico, un estímulo hacia lo divino, la seguridad de las cosas anheladas, “hacer realidad las cosas que esperamos” (Teodoro, el Gran Asceta, Centuria 1:61). Como dice San Sofronio de Essex, “la oración es una creación incesante e infinita, superior a cualquier otro arte o ciencia. Por la oración entramos en comunión con el Ser eterno sin comienzo, que es antes de todos los mundos… el alma gusta una santa ebriedad. (La oración, 15).

El anciano Emilianos, cuyo amor por la Divina Liturgia era incomparable, una vez dijo: “No tiene sentido ir a la Iglesia, es innecesario asistir a la Liturgia e inútil comulgar, sino estoy rezando constantemente” (The Church at Prayer, 10). La amenaza del virus quizás puede abrir nuestros ojos sobre la amenaza de no conocer cómo rezar a Dios en nuestro corazón. La amenaza del virus podría convertirse en una bendición que vivificaría nuestra vida espiritual. La tentación ante nosotros es ensordecer nuestros oídos a esta llamada a una activa, ardua oración para acercarse a Dios en vez de preferir formas más pasivas y fáciles para que Dios se acerque a nosotros. Ahora no es el momento de intentar idear cualquier medio para evitar esta oración en privado, sino que es el tiempo de escuchar la llamada a orar en nuestro corazón al Dios de nuestro corazón. Hay un mundo interior rico, que nos llama, un mundo donde Dios es todo en Dios. Tomemos el regalo de este tiempo para entrar en este mundo. Y si lo hacemos, cuando vengamos juntos para la Divina Liturgia con un anhelo aumentado por la distancia, esa Liturgia será más radiante y más angélica que cualquier cosa que hayamos conocido antes. A través de una profunda vida de oración interior, aprenderemos realmente cómo dejar de lado las preocupaciones terrenales, para que podamos recibir al Rey de todo.

Fuente: https://www.oca.org/news/headline-news/some-thoughts-on-the-crisis-and-the-call-of-the-corona-virus-a-reflection-by-his-grace-bishop-alexis-of-bethesda

30 de marzo: El obispo Milutin de Valjevo, Serbia, reposa en el Señor.

El obispo serbio Milutin de Valjevo murió después de un breve periodo de hospitalización debido al coronavirus en el hospital de Belgrado el 30 de marzo de 2020.

El obispo Milutin (Mihailo Knezevic, de nombre de bautizo) nació cerca de Valjevo en 1949, y fue bautizado en el famoso monasterio de Pustinja. Al acabar la escuela elemental, Mihailo ingresó en el monasterio de Kaona cuando sólo tenía 14 años, y después fue tonsurado como monje por el último obispo de Sabac-Valjevo Jovan (Velimirovic) en el monasterio de Petkovica el 26 de octubre de 1963, y tomó el nombre nomástico de Milutin, en memoria de un rey medieval serbio, uno de los grandes fundadores de monasterios en Serbia. Al día siguiente fue ordenado hierodiácono, y un poco más tarde hieromonje en Osecina, cerca de Valjevo.

Desde 1967 a 1969 estudió en la escuela monástica, en el monasterio montenegrino de Ostrog y regresó a su monasterio de Kaona, y desde allí fué a la Escuela Teológica de San Sava en Belgrado. Después de estar un año en la Facultad Teológica de Belgrado, se matriculó en la Facultad Teológica de San Sava, en Livertyville, (USA), y se graduó con las mejores notas. El hieromonje Milutin estuvo 6 meses como secretario de la diócesis de Canadá y 6 meses como sacerdote en la parroquia de Niagara Falls, y después volvió de nuevo a su monasterio de Kaona (Serbia) y contribuyó mucho a mejorarlo como centro espiritual. En la nueva radio eclesial Glas Crkve (La voz de la Iglesia), dirigida por el protodiácono Ljubomir Rankovic, el p. Milutin tenía un programa de una hora –explicación de las Sagradas Escrituras-  para la congregación.

El p. Milutin fue promovido al rango de syncellos en 1981 y ha protosyncellos en 1987. En 1994 fue abad (higúmeno) y en 1988, archimandrita.

Fue consagrado como obispo de Australia-Nueva Zelanda el 20 del 7 de 2003 en la catedral de Belgrado, iglesia de San Miguel, y estuvo 3 años como obispo diocesano en el quinto continente, desde 2003 a 2006, cuando la Santa Asamblea de obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia decidió nombrarlo como obispo diocesano de Valjevo (dividida de la diócesis de Sabas-Valjevo).

Durante su ministerio, el obispo Milutin organizó la radio diocesana Istocnik (Fuente), que empezó su actividad el 2 de marzo de 2009. Era comocido como un muy buen predicador.

¡Memoria eterna y reposo divino de su noble alma!

Homilia del 4º Domingo de Cuaresma. De San Juan Climaco.


San Juan Climaco

Hebreos 6, 13 – 20
Marcos 9, 17-31

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

En este cuarto domingo de Cuaresma, hemos acabado de pasar la mitad del periodo cuaresmal y la Iglesia, para animarnos y fortalecernos en este nuestro esfuerzo continuado de penitencia, de oración y de ayuno, nos invita a conmemorar este domingo la figura de San Juan Climaco, (o de la Escala), (Sf. Ioan Scararul · Св. Иоанн Лествичник).

San Juan fue un monje que vivió en el s. VII en Palestina, ermitaño y después higúmeno de la comunidad de monjes del monasterio del Sinaí, y que, se distinguió por su vida de oración y ascetismo, alcanzó mucha fama como padre espiritual y, sobre todo, dejó escrito un libro, “La Escalera Santa”, donde describe los peligros, las tentaciones de las diferentes pasiones, y las pruebas e “ilusiones” que debe superar el monje en su camino de unión con Dios.

Sus 30 capítulos son como 30 escalones, a imagen de la escalera que vió Jacob en sueños entre el cielo y la tierra (Gen 28,12), que el monje debe ir subiendo hasta llegar a la “contemplación luminosa”, a su unión con Dios. Y aunque San Juan habla mucho de ascesis, ayunos, etc., siempre es en vistas, siempre los considera como medios para conseguir ese arrepentimiento total, esa total negación de uno mismo, de nuestro egocentrismo, para poder dar lugar a que Cristo pueda vivir en nuestro interior. Como lo canta la Iglesia en los matines: « Has apagado el fuego de las pasiones, bienaventurado Padre, por el rocío de tus llantos, has encendido la llama del amor y de la fe; te has convertido en antorcha de la sobriedad, un hijo de luz, una lámpara de pureza” y “Todo el curso de su vida, era la oración contínua y un amor a Dios sin igual”.

San Juan, con su vida y su libro nos recuerda que las primeras palabras que pronunció Cristo, cuando empezó su predicación fueron: “… comenzó Jesús a predicar y decir: Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.” Es esta conversión, este constante volver a poner a Dios como centro de nuestra vida a lo que nos invita San Juan con vida y obra.

El evangelio de este domingo (Marcos 9, 17-31) narra la curación de un joven poseído por un demonio mudo y sordo, cuyo padre lo había traido a los Apóstoles de Jesús para que lo expulsaran, y estos no habían podido expulsarlo. Resaltaríamos el pasaje en que el padre le dice a Jesús: ““… si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros.” Y Jesús le responde: “¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!” Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!»”

Esta escena es un ejemplo inmejorable de nuestra fe, de hecho, de nuestra pobre fe. Fe pobre, débil e inconstante, que se derrumba ante la realidad y la dureza de nuestra vida normal y ante nuestra tendencia a lo material, a lo puramente humano, pero no tenemos que olvidar las palabras del padre a  Cristo: “¡Ayuda a mi poca fe!”: si rezamos a Cristo, si le pedimos con la misma confianza con la que un niño puede pedir a su padre, Cristo siempre vendrá en nuestro auxilio, siempre, de una manera o en un momento que a lo mejor no entendemos, (recordemos cómo sale el demonio del joven: entre gritos y agitándose con tal violencia, que quedó como muerto) pero si perseveramos en esta confianza filial, podremos vencer todas las dificultades de la vida y, sobre todo, podremos sobrepasar nuestra esclavitud para con el pecado, no nosotros, sino Cristo, porque “Lo imposible para los hombres, es posible para Dios.” (Lucas 18,27).

Y vemos también cómo el ejemplo de San Juan se refleja en las palabras de Jesús ante la pregunta de sus apóstoles de porqué no habían podido expulsar al demonio: “Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración (y el ayuno).” La oración tiene que ser el centro de nuesta vida, esta oración continua con Dios, confiada y paciente, sabiendo que este proceso de curación del alma y del cuerpo dura toda la vida, hasta la muerte puede, pero “Jesús, tomándo al joven –tomándonos a nosotros-  la mano le levantó y le puso en pie”.

En estos días en que toda la humanidad está en crisis y sufre por la pandemia del coronavirus, que nos parece que todo se derrumba, tenemos que tener confianza en Cristo y, como el padre del joven, con nuestra poca fe, rezar constantemente, rogar a Dios para que nos salve a todos nosotros, a la humanidad entera de esta plaga, con la total confianza de que Quien murió en la Cruz, siendo Dios, Jesucristo, por amor a los hombres, no nos abandonará en estos momentos de prueba. Que así sea. Amén.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

En este cuarto domingo de Cuaresma, hemos acabado de pasar la mitad del periodo cuaresmal y la Iglesia, para animarnos y fortalecernos en este nuestro esfuerzo continuado de penitencia, de oración y de ayuno, nos invita a conmemorar este domingo la figura de San Juan Climaco, (o de la Escala), (Sf. Ioan Scararul · Св. Иоанн Лествичник).

San Juan fue un monje que vivió en el s. VII en Palestina, ermitaño y después higúmeno de la comunidad de monjes del monasterio del Sinaí, y que, se distinguió por su vida de oración y ascetismo, alcanzó mucha fama como padre espiritual y, sobre todo, dejó escrito un libro, “La Escalera Santa”, donde describe los peligros, las tentaciones de las diferentes pasiones, y las pruebas e “ilusiones” que debe superar el monje en su camino de unión con Dios.

Sus 30 capítulos son como 30 escalones, a imagen de la escalera que vió Jacob en sueños entre el cielo y la tierra (Gen 28,12), que el monje debe ir subiendo hasta llegar a la “contemplación luminosa”, a su unión con Dios. Y aunque San Juan habla mucho de ascesis, ayunos, etc., siempre es en vistas, siempre los considera como medios para conseguir ese arrepentimiento total, esa total negación de uno mismo, de nuestro egocentrismo, para poder dar lugar a que Cristo pueda vivir en nuestro interior. Como lo canta la Iglesia en los matines: «Has apagado el fuego de las pasiones, bienaventurado Padre, por el rocío de tus llantos, has encendido la llama del amor y de la fe; te has convertido en antorcha de la sobriedad, un hijo de luz, una lámpara de pureza” y “Todo el curso de su vida, era la oración continua y un amor a Dios sin igual”.

San Juan, con su vida y su libro nos recuerda que las primeras palabras que pronunció Cristo, cuando empezó su predicación fueron: “… comenzó Jesús a predicar y decir: Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.” Es esta conversión, este constante volver a poner a Dios como centro de nuestra vida a lo que nos invita San Juan con vida y obra.

El evangelio de este domingo (Marcos 9, 17-31) narra la curación de un joven poseído por un demonio mudo y sordo, cuyo padre lo había traído a los Apóstoles de Jesús para que lo expulsaran, y estos no habían podido expulsarlo. Resaltaríamos el pasaje en que el padre le dice a Jesús: ““… si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros.” Y Jesús le responde: “¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!” Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!»”

Esta escena es un ejemplo inmejorable de nuestra fe, de hecho, de nuestra pobre fe. Fe pobre, débil e inconstante, que se derrumba ante la realidad y la dureza de nuestra vida normal y ante nuestra tendencia a lo material, a lo puramente humano, pero no tenemos que olvidar las palabras del padre a  Cristo: “¡Ayuda a mi poca fe!”: si rezamos a Cristo, si le pedimos con la misma confianza con la que un niño puede pedir a su padre, Cristo siempre vendrá en nuestro auxilio, siempre, de una manera o en un momento que a lo mejor no entendemos, (recordemos cómo sale el demonio del joven: entre gritos y agitándose con tal violencia, que quedó como muerto) pero si perseveramos en esta confianza filial, podremos vencer todas las dificultades de la vida y, sobre todo, podremos sobrepasar nuestra esclavitud para con el pecado, no nosotros, sino Cristo, porque “Lo imposible para los hombres, es posible para Dios.” (Lucas 18,27).

Y vemos también cómo el ejemplo de San Juan se refleja en las palabras de Jesús ante la pregunta de sus apóstoles de por qué no habían podido expulsar al demonio: “Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración (y el ayuno).” La oración tiene que ser el centro de nuestra vida, esta oración continua con Dios, confiada y paciente, sabiendo que este proceso de curación del alma y del cuerpo dura toda la vida, hasta la muerte puede, pero “…Jesús, tomando al joven –tomándonos a nosotros-  la mano le levantó y le puso en pie”.

En estos días en que toda la humanidad está en crisis y sufre por la pandemia del coronavirus, que nos parece que todo se derrumba, tenemos que tener confianza en Cristo y, como el padre del joven, con nuestra poca fe, rezar constantemente, rogar a Dios para que nos salve a todos nosotros, a la humanidad entera de esta plaga, con la total confianza de que Quien murió en la Cruz, siendo Dios, Jesucristo, por amor a los hombres, no nos abandonará en estos momentos de prueba. Que así sea. Amén.

En estos días en que toda la humanidad está en crisis y sufre por la pandemia del coronavirus, que nos parece que todo se derrumba, tenemos que tener confianza en Cristo y, como el padre del joven, con nuestra poca fe, rezar constantemente, rogar a Dios para que nos salve a todos nosotros, a la humanidad entera de esta plaga, con la total confianza de que Quien murió en la Cruz, siendo Dios, Jesucristo, por amor a los hombres, no nos abandonará en estos momentos de prueba. Que así sea. Amén.

P. Jose Santos

Homilia del 4rt Diumenge de Quaresma. De Sant Joan Clímac.

Hebreus 6, 13 – 20
Marc 9, 17-31

En el Nom del Pare i del Fill i de l’Esperit Sant.

En aquest quart diumenge de Quaresma, hem acabat de passar la meitat del període quaresmal i l’Església, per a animar-nos i enfortir-nos en aquest el nostre esforç continuat de penitència, d’oració i de dejuni, ens convida a commemorar aquest diumenge la figura de Sant Joan Climac, (o de l’Escala), (Sf. Ioan Scararul · Св. Иоанн Лествичник).

Sant Joan va ser un monjo que va viure en el s. VII en Palestina, ermità i després hegumen de la comunitat de monjos del monestir del Sinaí, i que es va distingir per la seva vida d’oració i ascetisme, va tindre molta fama com a pare espiritual i, sobretot, va deixar escrit un llibre, “L’Escala Santa”, on descriu els perills, les temptacions de les diferents passions, i les proves i “il·lusions” que ha de superar el monjo en el seu camí d’unió amb Déu.

Els seus 30 capítols són com 30 graons, a imatge de l’escala que va veure Jacob en somni entre el cel i la terra (Gen 28,12), que el monjo ha d’anar pujant fins a arribar a la “contemplació lluminosa”, a la seva unió amb Déu. I encara que Sant Joan parla molt de ascesis, dejunis, etc., sempre és en vistes, sempre els considera com a mitjans per a aconseguir aquest penediment total, aquesta total negació d’un mateix, del nostre egocentrisme, per a poder donar lloc al fet que Crist pugui viure en el nostre interior. Com ho canta l’Església en els matines: « Has apagat el foc de les passions, benaurat Pare, per la rosada dels teus plors, has encès la flama de l’amor i de la fe; t’has convertit en torxa de la sobrietat, un fill de llum, una llum de puresa” i “Tot el curs de la seva vida, era l’oració contínua i un amor a Déu sense igual”.

Sant Joan, amb la seva vida i el seu llibre ens recorda que les primeres paraules que va pronunciar Crist, quan va començar la seva predicació van ser: “… va començar Jesús a predicar i dir: Convertiu-vos, perquè el Regne dels Cels ha arribat.” És aquesta conversió, aquest constant tornar a posar a Déu com a centre de la nostra vida al que ens convida Sant Joan amb vida i obra.

L’evangeli d’aquest diumenge (Marcos 9, 17-31) narra la curació d’un jove posseït per un dimoni mut i sord, el pare del qual l’havia portat als Apòstols de Jesús perquè ho expulsessin, i aquests no havien pogut expulsar-ho. Ressaltaríem el passatge en què el pare li diu a Jesús: “… Però, si hi pots res, ajuda’ns, per compassió amb nosaltres! Però Jesús li contestà: Això de si hi pots res… ! Tot és possible al qui creu! A l’instant exclamà el pare del minyó: Crec; ajuda la meva incredulitat! !»”

Aquesta escena és un exemple immillorable de la nostra fe, de fet, de la nostra pobra fe. Fe pobra, feble i inconstant, que s’esfondra davant la realitat i la duresa de la nostra vida normal i davant la nostra tendència al material, al purament humà, però no hem d’oblidar les paraules del pare a Crist:  “ ajuda la meva incredulitat !”: si resem a Crist, si li demanem amb la mateixa confiança amb la qual un nen pot demanar al seu pare, Crist sempre vindrà en el nostre auxili, sempre, d’una manera o en un moment que potser no entenem, (recordem com sali el dimoni del jove: entre crits i agitant-se amb tal violència, que va quedar com a mort) però si perseverem en aquesta confiança filial, podrem vèncer totes les dificultats de la vida i, sobretot, podrem sobrepassar la nostra esclavitud envers el pecat, no nosaltres, sinó Crist, perquè “ El que és impossible per als homes és possible per a Déu .” (Lucas 18,27).

I veiem també com l’exemple de Sant Joan es reflecteix en les paraules de Jesús davant la pregunta dels seus apòstols de perquè no havien pogut expulsar al dimoni: “Aquesta mena, els respongué, no es pot treure de cap més manera que amb oració (i dejuni).” L’oració ha de ser el centre de la nostra vida, aquesta oració continua amb Déu, confiada i pacient, sabent que aquest procés de curació de l’ànima i del cos pot durar tota la vida, fins a la mort. Però “… Jesús, tot prenent‑li la mà al jove -prenent-nos a nosaltres-, va alçar‑lo; i ell es posà dret.”

En aquests dies en què tota la humanitat està en crisi, patint per la pandèmia del coronavirus, i que sembla que tot s’esfondra, hem de tenir confiança en Crist i com el pare del jove de l’evangeli, amb la nostra poca fe, hauríem de pregar constantment, i demanar a Déu perquè ens salvi a tots nosaltres, a la humanitat sencera d’aquesta plaga, amb la total confiança que Qui va morir en la Creu, essent Déu, Jesucrist, per amor als homes, no ens abandonarà en aquests moments de prova. Que així sigui. Amén.

P. Jose Santos

25 de marzo. Homilia de la fiesta de la Anunciación.- (Parroquia de Barcelona)

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

El anuncio del Arcángel Gabriel a María comienza con la palabra ‘Χαιρε!’, ‘Alégrate’. Vale la pena pensar hoy la alegría y la tristeza en la vida de la Iglesia.
A menudo la sociedad ha hecho una caricatura, un estereotipo que pretende hacer de la Cuaresma un tiempo de aflicción, de tristeza. Los cristianos sabemos que los Padres – la Tradición ortodoxa es unánime – nos han hablado siempre de  la Cuaresma como aflicción gozosa, y del camino del ayuno como un camino gozoso hacia la Pascua. ¿Cómo podría ser triste deshacerse del peso del pecado, decidir limpiar todo lo que nos impide ver a Dios? El arrepentimiento, las lágrimas del arrepentimiento está llenas de gozo, de luz, porque vienen del Espíritu Santo. Y seguro que muchos hemos empezado la Gran Cuaresma con alegría, con la actitud decidida de prepararnos para recibir el gozo de la Resurrección. Sin embargo, a medida que avanzan las semanas de Cuaresma, el ayuno fácilmente nos trae una compañía poco deseable, cierta tristeza, ya que al negar a nuestro cuerpo y a nuestra alma aquello a lo que están acostumbrados, reaccionan con rebeldía, con tristeza o desánimo, incluso con mal humor y rabia… Y ello no ha de suponer una derrota de nuestro gozo primero, sino que la práctica del ayuno pone en primera línea las pasiones de cada uno, los enemigos reales a los que hay que combatir. Además, ahora, en estos días de pruebas intensas que estamos viviendo, se añade una tentación mayor al desánimo, rodeados de malas noticias, amenazas, privaciones no deseadas… El desánimo y la tristeza, junto al miedo, pueden ser esta Cuaresma los principales enemigos contra los que luchar. La celebración de la fiesta de la Anunciación ofrece un contraste bien marcado con ese tono general que a menudo, y este año tal vez con más intensidad, intenta teñir con su oscuridad la Cuaresma.

Es cierto que los primeros días de la Gran Cuaresma, el Gran Canon de San Andrés nos pone ante nosotros una realidad personal que a primera vista difícilmente calificaríamos de alegre:

¿Por dónde podría comenzar a llorar las acciones de mi desafortunada vida?… Ven, alma mía desafortunada, con tu carne confiésate al Creador de todas las cosas y, de ahora en adelante, renuncia a tu comportamiento de animal irracional y ofrece a Dios lágrimas de arrepentimiento… He pecado más que cualquier otro hombre; sólo contra Ti he pecado: a pesar de todo, mi Salvador, no me cierres la puerta el último día, sino ábremela ahora que me arrepiento ante Ti… Ten piedad de mí, Señor, ten piedad de mí! Repetimos constantemente en la plegaria. Esta es la tristeza llena de esperanza; tristeza muy distinta de la provocada por el esfuerzo del ayuno o por las aflicciones derivadas de la epidemia que vivimos. Es necesario estar  atentos a distinguir perfectamente estas dos tristezas: la primera es luminosa; la segunda, tenebrosa.

La tristeza oscura, tenebrosa se caracteriza fundamentalmente por no presentarnos ninguna salida, por conducirnos hacia la desesperanza, la depresión, la acedia o la ira, la cólera y la maledicencia contra los otros. No es fácil en el momento que vivimos protegerse contra estos sentimientos.

La concepción del Logos de Dios en el seno de María, la Virgen, por obra Espíritu Santo, según la voluntad del Padre, es el único acontecimiento nuevo bajo el sol. Nuevo e irrepetible. Absoluto. La naturaleza humana es renovada, y, con ella, toda la creación. En este acontecimiento están contenidos todos los dogmas de la Iglesia. Sin él la fe no es posible. Sin la concepción virginal de Cristo en el seno de María, no es posible entrar al nuevo Cielo y la nueva Tierra, y Adán derramaría eternamente lágrimas añorando el Paraíso. Que el Invisible sea visto a los ojos de los hombres, que el Incontenible sea encerrado en el seno materno, que el seno de una Virgen sea la morada del creador, que los hombres puedan ver a Dios, significa definitivamente el final de todos los errores y de todos los extravíos. Por eso María es llamada arquetipo de la resurrección, inicio de la restauración espiritual, corona del dogma.

Y María también es llamada cima inaccesible a los pensamientos humanos, abismo insondable a los ojos angélicos. Ello significa que querer encerrar el misterio de la Anunciación-Encarnación en explicaciones y razonamientos lógicos nos alejaría de la verdadera fe y de la recta praxis cristiana y ortodoxa. La fiesta de la Anunciación no es un momento de refresco en el camino –¡podemos comer pescado! – para recuperar fuerzas en el esfuerzo del ayuno carnal y espiritual. El alivio que nos puede procurar la contemplación de la fiesta de hoy puede ser el fruto de la visión del futuro, el cumplimiento del designio de Dios para toda la creación, de la verdad del Reino del cielo accesible ahora y aquí, en todos y cada uno de nosotros, en cada uno individualmente y en el conjunto de la humanidad en Iglesia, el milagro de la resurrección, el don de la gracia, la participación eucarística en la vida divina.

El dolor y las lágrimas de la Cuaresma deberían estar provocadas únicamente por la visión de la distancia que nos separa de todas estas cosas divinas, a cada uno y a la humanidad en general. Y entonces, en este dolor, nuestra voz sería el gemido que implora a Dios que nos salve, que nos rescate, a nosotros y a todo el mundo, de la destrucción. El dolor, la pena, la tristeza se convertiría en un ruego esperanzado, sabedor de la Verdad de nuestro Dios y de su Providencia.

La Divina Providencia preparó el camino desde la salida de Adán y Eva del Paraíso hasta la Virgen, y fue la primera venida del verbo de Dios, en la carne. Y la Providencia de Dios sigue trabajando y prepara el camino para la segunda venida de cristo, en Gloria. ¡No sabemos ni el día ni la hora! Pero no podemos dudar, cristianos ortodoxos, de que todo lo que ha sucedido, sucede y sucederá en el mundo, por más que las consecuencias de las transgresiones humanas intenten combatir para desviar el designio divino, Dios los pone al servicio de Su manifestación gloriosa al final de los siglos. ¡Y Él quiere que todos se salven! A nosotros nos toca hacer el Amén, el “Hágase tu voluntad”, como lo hizo María ante el Príncipe de los ejércitos celestiales.

Los males que padece el mundo actual, y no solo la epidemia, la pobreza de tantos millones de personas, los contingentes de desplazados, el hambre, la pobreza extrema, son, en última instancia, hijos de habernos apartado de Dios. Solucionar con herramientas humanas estas plagas, le toca al César, y debemos colaborar, en la medida que podamos, en su trabajo, darle el que le corresponde.

Hemos de atravesar días de dificultades, no sabemos cuánto se alargarán. Más que nunca necesitaremos la fe, la esperanza y el amor, más que nunca necesitaremos vivir en nuestro interior el mundo transfigurado, que es la Iglesia. Forzados por las circunstancias a no reunirnos en las parroquias, no podemos dejar nunca de sentirnos unidos en el espíritu Santo, de obrar como responsables los unos de los otros, de hacer verdadera, mediante nuestro actuar, nuestra fe: al César le toca gobernar el mundo, proteger a los ciudadanos, velar por la salud y la paz, pero la Victoria sobre toda enfermedad, sobre toda aflicción y sobre cualquiera de las consecuencias del pecado, tanto personal como de la humanidad ante Dios, le corresponde sólo a Dios. Y la Iglesia es, ni más ni menos, que la presencia de Dios en el mundo. El testimonio de los miembros del Cuerpo de Cristo puede ser el instrumento de su Providencia. Los sacramentos estos días serán mucho menos frecuentes, o incluso algunos deberemos “ayunar”, como hicieron los Padres del desierto en tiempos antiguos. No serán, sin embargo, ni substituidos ni reemplazados. La plegaria y toda buena obra nos acerca a Dios, nos conduce a su presencia, y por ellas, si Él quiere, puede habitar en nosotros; con todo, nuestro corazón debe anhelar, como el ciervo, las aguas de reposo, los Misterios que Él nos da. La Eucaristía no deja ni ha dejado nunca de celebrarse, a nosotros nos toca saber cómo incorporarnos en cada momento de nuestras vidas a esta celebración cósmica y celestial.

Todos los que están abatidos por las consecuencias del pecado, los que no podemos alzar los ojos al cielo porque nuestra mirada está fija en la tierra de una  realidad que no ofrece salida, despertemos en este día, escuchemos el anuncio del Ángel y “apartemos toda preocupación de este mundo”, y alegrémonos (χαιρετε!), “porque el Señor se acerca, pongamos nuestras preocupaciones en la plegaria y acción de gracias ante Él” (cf Fil 4, 4-6).

P. Josep

25 de març. Homilia de la festa de l’Anunciació.- (Parròquia de Barcelona)

En el nom del Pare i del Fill i del Esperit Sant.

L’anunci de l’Arcàngel Gabriel a Maria comença amb la paraula ‘Χαιρε!’, ‘Alegra’t’. Val la pena pensar avui l’alegria i la tristor en la vida de l’Església.

Molt sovint la societat ha fet una caricatura, un estereotip que vol fer de la Quaresma un temps d’aflicció, de tristesa. Els cristians sabem que els Pares – la Tradició Ortodoxa és unànime – ens han parlat sempre de la Quaresma com aflicció joiosa, i el camí del dejuni com a camí joiós cap a la Pasqua.

Com podria ser trist desfer-se del pes del pecat, decidir-se a netejar tot el que ens impedeix veure Déu? El penediment, les llàgrimes del penediment són plenes de joia, de llum, perquè venen de l’Esperit Sant. I ben segur vam començar amb joia la Gran Quaresma, amb l’actitud decidida de preparar-nos per rebre la joia de la Resurrecció. Tot i això, avançant el temps de la Quaresma, el dejuni, fàcilment ens porta una companyia poc desitjable, certa tristor, ja que en negar al nostre cos i a la nostra ànima el que sempre estan acostumats a rebre, aquests reaccionen bé amb rebel·lia, amb tristesa o amb desànim o fins i tot amb mal humor i ràbia… I això no és una derrota de la nostra joia primera, sinó que la pràctica dels dejunis posa en primera línia les passions de cada un, els enemics reals que cal combatre. A més, ara, en aquests dies de proves intenses que estem vivint, s’hi afegeix una major temptació al descoratjament, envoltats de males notícies, amenaces, privacions no desitjades… El descoratjament i la tristesa, junt amb la por, poden ser aquesta Quaresma els principals enemics amb què lluitar. La celebració de la festa de l’Anunciació ofereix un contrast ben marcat amb aquest to general que sovint, i aquest any potser més intensament, intenta tenyir de la seva foscor la santa Quaresma.

L’anunci de l’Arcàngel Gabriel a Maria comença amb la paraula ‘Χαιρε!’, ‘Alegra’t’. Val la pena pensar avui l’alegria i la tristor en la vida de l’Església.

És cert que des dels primers dies de la Quaresma, el Gran Cànon de Sant Andreu ens posa al davant una realitat personal que a primera vista difícilment podria dir-se que sigui joiosa:

Per on podria començar a plorar les accions de la meva dissortada vida?…Vine, ànima dissortada, amb la teva carn, confessa’t al Creador de totes les coses i, d’ara endavant renuncia al teu comportament d’animal sense raó, i ofereix a Déu llàgrimes de penediment… He pecat més que tots els homes; només contra Tu he pecat; malgrat tot, Salvador meu, tingues pietat de la teva criatura… Senyor, Senyor, no em tanquis la porta el darrer dia, sinó obre-me-la ara que em penedeixo davant de Tu… Tingues pietat de mi, Senyor, tingues pietat de mi!, repetim constantment a la pregària. Aquesta és la tristor plena d’esperança; tristor ben diferent que la provocada per l’esforç del dejuni o per les afliccions derivades de l’epidèmia que vivim. Cal estar atent a distingir perfectament aquestes dues tristeses: la primera és lluminosa; la segona, tenebrosa.

La tristesa fosca, tenebrosa es caracteritza fonamentalment per no presentar cap sortida, per conduir-nos cap la desesperació, la depressió, l’accídia o la ira, la còlera, la maledicència contra els altres. No és fàcil davant el moment que vivim resguardar-se d’aquets sentiments.

La concepció del Logos de Déu al si de Maria, la Verge, per obra de l’Esperit Sant, segons la voluntat del Pare, és l’únic fet nou sota la capa del sol. Nou i irrepetible. Absolut. La naturalesa humana és renovada, i, amb ella, tota la creació. En aquest esdeveniment es contenen tots els dogmes de l’Església. Sense aquest esdeveniment la fe no és possible. Sense la concepció virginal del Crist al si de Maria, no és possible entrar als nous Cels i la nova Terra, i Adam vessaria llàgrimes eternament enyorant el Paradís. Que l’Invisible sigui vist pels ulls dels homes, que l’Incontenible sigui tancat al si matern, que el si d’una Verge sigui el sojorn del Creador, que els homes puguin veure Déu, significa definitivament el final de tots els errors i de tots els esgarriaments. Per això Maria és anomenada arquetip de la Resurrecció, inici de la restauració espiritual, corona del dogma.

I Maria també és anomenada cim inaccessible als pensaments humans, abisme insondable als ulls angèlics.  Això vol dir que voler tancar el misteri de l’Anunciació–Encarnació en explicacions i raonaments lògics ens allunyaria de a vertadera fe i de la recta praxis cristiana i ortodoxa. La festa de l’Anunciació no és un recer en el camí – podem menjar peix! – per recuperar forces en l’esforç del dejuni carnal i espiritual. L’alleujament que ens pot procurar la contemplació de la festa d’avui pot ser fruit de la visió de l’esdevenidor, de l’acompliment del designi de Déu per a tota la seva creació, de la veritat del Regne del cel accessible ara i aquí, en tots i cada un de nosaltres, en cada un individualment i en el conjunt de la humanitat en Església, el miracle de la Resurrecció, el do de la gràcia, la participació eucarística en la vida divina. El dolor i les llàgrimes de la Quaresma haurien de ser provocades només per la visió de la distància que ens separa d’aquestes coses divines, a cada un i a la humanitat en general. I aleshores, en aquest dolor, la nostra veu seria el gemec que implora a Déu que ens salvi, que ens rescati a nosaltres i a tot el món de la destrucció. El dolor, la pena, la tristesa es convertiria en un prec esperançat, sabedor de la Veritat del nostre Déu i la seva Providència.

La Divina Providència va preparar el camí des de la sortida d’Adam i Eva del Paradís fins a la Verge, i fou la primera vinguda del Verb de Déu, en la carn. I la Providència de Déu segueix treballant i prepara el camí per la Segona Vinguda del Crist, en Glòria. No sabem ni el dia ni la hora! Però no podem dubtar, cristians ortodoxos, que tot el que ha succeït, succeeix i succeirà al món, per més que les conseqüències de les transgressions humanes combatin per desviar el designi diví, Déu ho posa al servei de la Seva manifestació gloriosa a la fi dels temps. I Ell vol que tots se salvin! A nosaltres de fer l’Amén!, el ‘faci’s la teva voluntat’ com va fer Maria davant del Príncep dels exèrcits celestes.

Els mals que pateix el món actualment, i no sols l’epidèmia actual, sinó la pobresa de tants milions de persones, els contingents de desplaçats, la fam, la pobresa extrema, són, en darrera instància, fills d’haver-nos apartat de Déu. Solucionar amb eines humanes aquestes plagues és el que li toca al Cèsar, i hem de col·laborar, en la mesura que podem, en el seu treball, donar-li el que li correspon.

Hem de travessar dies de dificultats, no sabem quan s’allargaran. Més que mai necessitarem la fe, l’esperança i l’amor, més que mai necessitarem viure al nostre interior el món transfigurat, que és l’Església. Forçats per les circumstàncies a no aplegar-nos a les parròquies, no podem deixar mai de sentir-nos units en l’Esperit Sant, d’obrar com a responsables els uns dels altres, de fer veritat, mitjançant el nostre actuar, la nostra fe: al César li pertoca governar el món, protegir els ciutadans, vetllar per la salut i la pau, però la Victòria sobre tota malaltia, sobre tota aflicció i sobre qualsevol conseqüència del pecat tant personal com de la humanitat davant de Déu, només li correspon a Déu. I l’Església és ni menys ni més que la presència de Déu al bell mig del món. El testimoni dels membres del Cos de Crist potser l’instrument de la seva Providència. Els sagraments aquests dies potser seran molt menys freqüents o fins i tot alguns haurem de “dejunar” d’ells, com feien els Pares del desert en temps antics. No seran, però, substituïts, reemplaçats. La pregària i tota bona obra ens apropa a Déu, ens condueix a la seva presència, i per elles, si Ell ho vol, pot habitar en nosaltres; tanmateix el nostre cor ha d’anhelar com el cérvol les aigües de repòs, els Misteris que Ell ens dona. L’Eucaristia no deixa ni ha deixat mai de celebrar-se als cels, la qüestió que a nosaltres ens pertoca és com ens incorporem en cada moment de les nostres vides a aquesta celebració còsmica i celestial.

Tots els afeixugats per les conseqüències del pecat, els que no podem alçar els ulls al cel perquè la nostra mirada està fixa al terra d’una realitat que no ofereix sortida, despertem aquest dia, escoltem l’anunci de l’Àngel, i “apartem ara tota preocupació d’aquest món”, ι “alegrem-nos (χαιρετε!) perquè el Senyor és a prop,  posem les nostres cuites en pregària i acció de gràcies davant d’Ell” (cf Fil 4, 4-6).

P. Josep

Homilía del 3er domingo de Cuaresma. -D. de la Santa Cruz-

En nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

En la tradición de la Iglesia ortodoxa, el tercer domingo de cuaresma está dedicado a la contemplación del misterio de la Cruz. El Evangelio empieza diciendo. “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. (Mc. 8, 34) Con estas palabras se nos pone de manifiesto un camino a seguir.

El hombre fue creado al principio a la imagen de Dios, en el primer capítulo del Génesis, podemos leer, “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra” (Gen. 1, 26). Pero la fuerza de esta imagen el hombre la perdió en el momento en el que, utilizando la libertad que esta imagen le otorgaba, decide un camino contrario al que su creador le ofrece, y situándose él en el lugar de Dios, se produce la caída de nuestros primeros padres, precipitándose en un mundo que está dominado por la corrupción y la muerte. Porque no era posible que el hombre, con esta actitud,  continuara estando en el lugar que Dios lo había situado. En el tercer capítulo del Génesis, donde se habla de la caída, podemos leer “hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo volverás” (Gen. 3 19).

La consecuencia de esta realidad  es la que nos hace vivir en un mundo que está lejos de Dios, dominado por la caída de Adam, y cuya distancia entre esta nueva realidad i la realidad divina es infranqueable para el viejo Adam, tal y como podemos leer al final del tercer capítulo del Génesis, “Y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines, y llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida” (Gen. 3, 24)

Pero aquella imagen divina que Dios transmitió al hombre en el momento que lo creo, no se  perdió de una forma absoluta, sino que en la propia esencia del hombre, permanece el deseo de transcendencia y de búsqueda de la verdad de su propia existencia, y con esta inquietud el pueblo de Israel inicia un camino de purificación para crear el espacio donde la propia divinidad se pueda manifestar para sacarnos de este mundo que está dominado por la muerte. Y la Virgen Maria, Madre de Dios, como cima más elevada de este proceso de purificación, es capaz de ofrecer a nuestro creador una matriz donde albergar al propio Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad y dar a luz a Jesús-Cristo, Hombre y Dios. Será Él quien hará posible que a través de su nacimiento, muerte y resurrección, podamos vencer a la muerte en la que estamos retenidos por la caída de nuestros primeros padres.

Volviendo a las palabras del Evangelio, el camino que se nos propone, es precisamente el camino por donde tenemos que transitar para iniciarnos en el camino de la Vida. Negarnos a nosotros mismos significa renunciar al viejo Adam, a aquel que nos ha encadenado a este mundo corrupto que está dominado por la muerte, porque todo en este mundo acaba muriendo. Y la lucha contra este viejo Adam, es la lucha contra nuestro propio orgullo  y contra todas aquellas pasiones que nos ligan a este mundo y que impiden que abramos la puerta a una nueva realidad  trascendente con la que nos podemos relacionar. Y esta relación con la trascendencia no es abstracta ni indeterminada, sino que es la relación con el Emmanuel “Dios con nosotros” segunda persona de la Santísima Trinidad que se ha hecho hombre para que nos podamos deificar y transitar este camino que es infranqueable para el hombre solo.

Toma tu cruz y sígueme, nos dice el Evangelio. La cruz es precisamente el camino por el que transita el Hijo del Hombre a través de la pasión y muerte, para descender a lo más profundo del hombre caído, y redimirlo, saliendo victorioso de la muerte como Hijo de Dios, Resucitando de entre los muertos.

Él nos abre el camino hacia la redención, pero nosotros también tenemos que ser capaces de pasar por un camino de muerte y de resurrección, para participar de este camino de salvación. El Evangelio de San Juan nos dice: “En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere, llevará mucho fruto” (Jn. 12, 24). La ascesis personal que tenemos que desarrollar, precisamente de una forma especial en tiempo de cuaresma, trata de luchar contra todas aquellas influencias de este mundo que nos alejan de una relación íntima con Dios, se trata de morir al viejo Adam para acercarnos al Nuevo Adam, y de esta manera, aunque sea de una forma intuitiva, percibir cuáles son aquellas actitudes que nos aproximan a Dios y cuáles las que nos alejan, para tener elementos de juicio que nos permitan luchar contra todos aquellos elementos que están presentes en nuestra vida y que no son precisamente buenos para nuestra salud espiritual, por esto el Evangelio también nos dice:  “¿Y que aprovecha al hombre de ganar todo el mundo si pierde su alma?”.

Hoy nos encontramos precisamente frente a una situación que, a pesar de las dificultades, nos puede ayudar a este proceso de interiorización durante esta cuaresma. La crisis sanitaria a causa de este virus que ataca nuestras vidas, nos ha situado en un aislamiento generalizado que nos impide realizar nuestras actividades cotidianas y que nos tiene recluidos  en nuestras casas. A partir de aquí hemos de vivir una cuaresma sin más elementos que la oración personal frente a los iconos, leyendo o trabajando sobre textos que nos ayuden a profundizar sobre la vida espiritual o interiorizando la oración del corazón durante los quehaceres domésticos, y al no poder salir de nuestras casas, tenemos mucho más tiempo para profundizar sobre lo que realmente es importante en la vida, desde una perspectiva espiritual  que cuando estamos ocupados con todo aquello que el mundo nos ofrece. Plateémonos pues esta cuaresma como realmente un retiro personal y a partir de este desierto, busquemos el fundamento de la Vida que las escrituras nos transmiten.

Y en estos momentos de dificultad, tengamos presentes en nuestras oraciones a las víctimas de esta pandemia, a los que están enfermos y a los sanitarios, obligados a realizar un esfuerzo extremo, poniendo en riesgo en algunos momentos su salud, y también la fuerza necesaria para todos aquellos que sufrimos sus consecuencias.

P. Martí

Nota: Como no sabemos el tiempo que esta situación puede durar, cada domingo colgaremos la homilía del Evangelio correspondiente en la página web de la Iglesia (www.iglesiortodoxa.es) y en este canal de comunicación, y al mismo tiempo os ofrecemos  esta vía de comunicación, así como la página web a través del apartado de contactos, para  cualquier consulta o circunstancia que requiera atención de la Iglesia. Que Dios nos de a todos una santa cuaresma en estas circunstancias de aislamiento.

Homilia del 3er diumenge de Quaresma, -D. de la Santa Creu- (Parròquia de Barcelona)

En el nom del Pare i del Fill i del Esperit Sant.

En la tradició de l’Església ortodoxa, el tercer diumenge de quaresma està dedicat a la contemplació del misteri de la Creu. L’Evangeli comença dient. “Si algú vol venir darrera meu, que es refusi ell mateix, que es carregui la seva creu, i que em segueixi”. (Mc. 8, 34) Amb aquestes paraules se’ns posa de manifest un camí a seguir.

L’home va ser creat al principi a la imatge de Déu. En el primer capítol del Gènesi, podem llegir, “Fem l’home a  imatge nostra, segons semblança nostre” (Gen. 1, 26). Però la força d’aquesta imatge l’home la va perdre, en el moment en què, utilitzant la llibertat que aquesta imatge li atorgava, decideix un camí contrari al què el seu creador li va oferir, i situant-se ell, en el lloc de Déu, es produeix la caiguda dels nostres primers pares, en precipitant-se en un món que està dominat per la corrupció i la mort. Perquè no era possible que l’home, amb aquesta actitud, continués estant en el lloc que Déu l’havia situat. En el tercer capítol de el Gènesi, on es parla de la caiguda, podem llegir “fins que tornaràs a la terra, ja que en fores tret. Perquè tu ets pols i a la pols tornaràs” (Gen. 3, 19).

La conseqüència d’aquesta realitat és la que ens fa viure en un món que està lluny de Déu, dominat per la caiguda d’Adam, i la distància entre aquesta nova realitat i la realitat divina és infranquejable per al vell Adam, tal com podem llegir a la fi del tercer capítol del Gènesi, “Bandejà l’home i  posà a sol ixent del jardí d’Edèn els querubins, i la força de l’espasa resplendent, que brandaven per  guardar el camí de l’arbre de la vida” (Gen. 3, 24)

Però aquella imatge divina que Déu va transmetre a l’home en el moment que el va crea, no es va perdre d’una manera absoluta, sinó que en la pròpia essència de l’home, roman el desig de transcendència i de recerca de la veritat de la seva pròpia existència, i amb aquesta inquietud el poble d’Israel inicia un camí de purificació per crear l’espai on la pròpia divinitat es pugui manifestar per treure’ns d’aquest món que està dominat per la mort. I la Verge Maria, Mare de Déu, com cim més elevat d’aquest procés de purificació, és capaç d’oferir al nostre creador una matriu on albergar el propi Fill de Déu, segona persona de la Santíssima Trinitat i donar a llum a Jesús-Crist, Home i Déu. Serà Ell qui farà possible que a través del seu naixement, mort i resurrecció, puguem vèncer a la mort en la qual estem retinguts per la caiguda dels nostres primers pares.

Tornant a les paraules de l’Evangeli, el camí que se’ns proposa, és precisament el camí per on hem de transitar per iniciar-nos en el camí de la Vida. Negar-nos a nosaltres mateixos vol dir renunciar al vell Adam, a aquell que ens ha encadenat a aquest món corrupte que està dominat per la mort, perquè tot en aquest món acaba morint. I la lluita contra aquest vell Adam, és la lluita contra el nostre propi orgull i contra totes aquelles passions que ens lliguen a aquest món i que impedeixen que obrim la porta a una nova realitat transcendent amb la qual ens podem relacionar. I aquesta relació amb la transcendència no és abstracta ni indeterminada, sinó que és la relació amb l’Emmanuel “Déu amb nosaltres” segona persona de la Santíssima Trinitat que s’ha fet home perquè ens puguem deïficar i transitar aquest camí que és infranquejable per al home sol.

Pren la teva creu i segueix-me, ens diu l’Evangeli. La creu és precisament el camí pel qual transita el Fill de l’Home a través de la passió i mort, per baixar al més profund de l’home caigut, i redimir-lo, sortint victoriós de la mort com a Fill de Déu, Ressuscitant d’entre els morts.

Ell ens obre el camí cap a la redempció, però nosaltres també hem de ser capaços de passar per un camí de mort i de resurrecció, per a participar d’aquest camí de salvació. L’Evangeli de Sant Joan ens diu: “En veritat, en veritat us dic:  si el gra de blat que se sembra al camp no mor, resta tot sol; en canvi si mor, lleva molt de fruit”. (Jn. 12, 24). La ascesi personal que hem de desenvolupar, precisament d’una manera especial en temps de quaresma, tracta de lluitar contra totes aquelles influències d’aquest món que ens allunyen d’una relació íntima amb Déu, es tracta de morir al vell Adam per apropar-nos al Nou Adam , i d’aquesta manera encara que sigui d’una manera intuïtiva, percebre quines són aquelles actituds que ens aproximen a Déu i quines les que ens allunyen, per tenir elements de judici que ens permetin lluitar contra tots aquells elements que són presents en la nostra vida i que no són precisament bons per a la nostra salut espiritual, per això l’Evangeli també ens diu: “¿I que aprofita a l’home de guanyar tot el món si perd la seva ànima?”.

Avui ens trobem precisament davant d’una situació que, tot i les dificultats, ens pot ajudar a aquest procés d’interiorització en aquesta quaresma. La crisi sanitària causada per aquest virus que ataca les nostres vides, ens ha situat en un aïllament generalitzat que ens impedeix realitzar les nostres activitats quotidianes i que ens té reclosos a casa nostra. A partir d’aquí hem de viure una quaresma sense més elements que la pregària personal davant las icones, llegint o treballant sobre textos que ens ajudin a aprofundir sobre la vida espiritual o interioritzant la pregària del cor durant les tasques domèstiques, i al no poder sortir de casa, tenim molt més temps per aprofundir sobre el que realment és important a la vida des d’una perspectiva espiritual, que quan estem ocupats amb tot allò que el món ens ofereix. Plategem-nos doncs aquesta quaresma com realment un retir personal i a partir d’aquest desert, busquem el fonament de la Vida que les escriptures ens transmeten.

I en aquests moments de dificultat, tinguem presents en les nostres pregaries a les víctimes d’aquesta pandèmia, als que estan malalts i als sanitaris obligats a realitzar un esforç extrem, posant en risc en alguns casos la seva salut, i també la força necessària per tots aquells que patim les seves conseqüències.

P. Martí


Nota: Com que no sabem el temps que aquesta situació pot durar, cada diumenge penjarem l’homilia de l’Evangeli corresponen, a la pàgina web de l’Església (www.esglesiortodoxa.es)  i en aquest canal de comunicació, i al mateix temps us oferirem aquesta via de comunicació, així com la pàgina web a través de l’apartat de contactes, per a qualsevol consulta o circumstància que requereixi l’atenció de l’Església. Que Déu ens doni a tots una santa quaresma en aquestes circumstancies d’aïllament.

COMUNICAT DE LA PARRÒQUIA DE BARCELONA

Degut a la crisi sanitària generada pel coronavirus, i seguint les instruccions del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya, l’Església Ortodoxa (Patriarcat de Sèrbia) de la Protecció de la Mare de Déu de Barcelona, romandrà tancada fins que s’aixequi l’ordre de confinament.
En aquest moment d’aïllament preguem a Crist nostre Déu per les víctimes i la prompta recuperació dels malats d’aquesta pandèmia i demanem també la força necessària per afrontar aquest temps de dificultat.
Consell Parroquial

COMUNICADO DE LA PARROQUIA DE BARCELONA

Debido a la crisis sanitaria generada por el coronavirus, y siguiendo las instrucciones del “Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya”, la Iglesia Ortodoxa (Patriarcado de Serbia) de la Protección de la Madre de Dios de Barcelona, permanecerá cerrada hasta que se levante la orden de confinamiento.
En este momento de aislamiento rogamos a Cristo nuestro Dios por las víctimas y la pronta recuperación de los enfermos de esta pandemia y pedimos también la fuerza necesaria para afrontar este tiempo de dificultad.

Consejo Parroquial

Missatge de Pasqua. Patriarca Irineu. 30 Abril 2019

PATRIARCA IRINEJ
¡CRIST HA RESSUSCITAT!

Oh mort, on està el teu agulló? Oh Hades, on està la teva victòria? Crist ha ressuscitat, i no hi ha un sol mort en una tomba! Crist ha ressuscitat i regna la vida! (Homilia pascual de Sant Joan Crisóstomo)

Benvolguts fills espirituals,
Amb els cors plens d’alegria i llum, avui celebrembtrhdr la Festa de les festes, la Festa de la victòria de la fe i la vida sobre la mort, la festa de la resurrecció de Crist, així com la resurrecció de la naturalesa humana, la resurrecció de cada persona.

La dissolució i la mort, introduïdes en la naturalesa humana a través del pecat, confirmen amb la seva evident i innegable certesa la fi del camí històric i la vida de tot ésser humà. El cicle biològic que comença en l’úter de la mare acaba en l’úter de la terra i la mort es mostra com l’única realitat inevitable. Però nosaltres, des del primer home fins al dia d’avui, amb cada paraula, pensament i acció, vam demostrar que no acceptem la mort, que la mort és una anomalia, que tenim el desig de seguir en la  vida eterna, és a dir, que som creats i triats per a la plenitud de la vida i l’eternitat.
Per tant, tots els esforços humans estan dirigits cap a un intent de trobar una cura contra la mort i la decadència. Totes les religions del món, tots els esforços sublims de l’esperit humà, la filosofia, la ciència i l’art, al final, tenen un sol objectiu: Vèncer a la mort! A aquest efecte, al llarg dels segles, la humanitat ha creat meravelles sense precedents de la cultura tècnica i material en general. Ha desenvolupat el coneixement científic en proporcions sense precedents, ha demostrat un impuls incommensurable de creativitat social; el pensament filosòfic ha portat a una extraordinària elegància i claredat i ha creat un gran art, però l’objectiu segueix sent inassolible! La raó és simple: el transitori i el creat no poden per si mateixos tornar-se permanents i eterns.
És per això que el Fill Unigénito de Déu, l’Amor Encarnat de Déu, va venir al món i va sofrir els sofriments en la Creu, i en fer-ho, d’una vegada per sempre, oh, miracle! oh vida! Ell va assumir la nostra mort com la seva pròpia, de manera que, per la benedicció i l’amor del Pare celestial, s’aixecaria de la tomba i, per tant, la seva mort venceria irreversiblement la llei general de la mort i la mort.
IMG-20190501-WA0076La Resurrecció de Crist, és la Bona Nova de l’Evangeli i un fet irrefutable, és la base ferma i el cor de la fe cristiana. S’ha convertit en un nou naixement de la humanitat per a la vida eterna i una porta que condueix al món d’una realitat nova i transfigurada, la realitat de la glòria del Regne Celestial. Les paraules del Sant Apòstol Pau ho testifiquen completament quan va dir:” Però ara Crist ha ressuscitat d’entre els morts i s’ha convertit en el primer fruit d’aquells que s’han quedat dormits (I Corintis 15:20).”  El misteri de la resurrecció de Crist ens revela que Déu de cap manera és una noció abstracta o algun “poder superior” hipotètic i inaccessible, que ens esclavitzi i ens limiti amb un sistema de normes morals. Per contra, Ell és home perfecte, que va venir al món, no solament per millorar les condicions d’aquesta vida o per oferir-nos alguna cosa, o fins i tot per presentar-nos un sistema econòmic o polític ideal, o per ensenyar-nos un mètode pel qual aconseguir cert nivell psicològic. Equilibri físic. Ell va venir per conquistar la mort com “l’últim enemic” (cf. I Cor. 15:26) i per portar la vida eterna a tota la raça humana. Perquè tant va estimar Déu al món que va donar al seu Fill unigénit, perquè tot aquell que creu en Ell, no pereixi, sinó que tingui vida eterna (Jn. 3:16).

No és una coincidència que cap dels IMG_20190429_200949evangelistes hagi tractat de descriure l’esdeveniment de la Resurrecció, és a dir, presentar el que va succeïr durant el moment clau de l’aixecament del somni de la mort. Tots, sense excepció, parlen sobre les conseqüències d’aquest esdeveniment i citen testimoniatges de persones sobre la tomba buida. El veritable Misteri de la Resurrecció roman ocult. El que els testimonis oculars, els deixebles i els apòstols de Crist han presenciat i el que els sants de Déu han confirmat al llarg dels segles són les aparicions del Senyor ressuscitat i la seva experiència de conversar i entrar en comunió amb Ell. Això significa que no solament ningú pot comprendre i veure, sinó que ningú pot descriure aquests esdeveniments de la salvació, que estan per sobre de les nostres capacitats intel·lectuals. Ens fem dignes de la realitat d’aquests Misteris solament a través de la fe i l’experiència espiritual, perquè la realitat de la comunió amb el Ressuscitat no és una qüestió d’investigació de laboratori i prova racional, sinó que és la participació eucarística en el Calze de la Vida comuna. Tenim la beneïda oportunitat d’experimentar els fruits de la Resurrecció, però no per jutjar la naturalesa d’aquest Misteri de forma aïllada, sinó només juntament amb el Misteri de l’Encarnació i amb tots els Misteris de l’Economia Divina de la salvació en el seu conjunt.
El mateix Senyor ressuscitat ens ha revelat aquest misteri sobre tots els misteris quan Ell, amb els dos dels seus deixebles estava en el camí de Emaús: “Llavors Ell els va dir: Oh, necis, i de cor lent per creure. Que han parlat els profetes! No deuria el Crist haver sofert aquestes coses i entrar en La seva glòria? (Lc. 24: 25-26). Es va revelar plenament en la seva forma ressuscitada i transfigurada solament quan, durant el sopar, va prendre el pa, ho va beneir i després ho va distribuir. Va ser llavors quan es van obrir els ulls de les seves ments i li van reconèixer a Ell com el Senyor ressuscitat._DSC0169 La realitat joiosa de la Resurrecció no pot entendre’s amb la ment humana, sinó solament a través dels ulls de la fe. I així i tot, no solament en qualsevol lloc, sinó en la Divina Litúrgia, podem reconèixer a Crist Ressuscitat i glorificat. L’esdeveniment de la Resurrecció s’experimenta en la comunió litúrgica amb uns altres, és a dir, a l’Església de Crist. Per tant, la Resurrecció concerneix no solament als individus, sinó a tota la comunitat, el Poble de Déu en el seu conjunt. Pel do de Déu és un esdeveniment eclesial que abasta tot l’univers.

IMG-20190501-WA0055Per la seva Creu i la seva Resurrecció, Crist finalment ha destruït l’enemistat i ha unificat a la humanitat en un sol Cos i un sol poble. Per això l’Església Una, Santa, Catòlica i Apostòlica és l’Església de la reconciliació de tots i de tots. És per això que nosaltres, els reconciliats, plens de la nova vida veritable, ens hem convertit en conciutadans dels sants i membres de la família de Déu (Ef. 2:19).

Desafortunadament, fins i tot enmig d’aquesta alegria pascual celestial, ens enfrontem moltes temptacions i tribulaciones amb el terrorisme, les guerres i la pèrdua de vides a tot el món. 57485780-2139186746198995-5156082829821476864-1555834826914Els crits i l’agonia de les víctimes que ens arriben amb la major rapidesa a través dels mitjans moderns de comunicació i fereixen els nostres cors. Diverses i il·limitades desil·lusions, tristeses i insatisfaccions sobrepassen les nostres ànimes. Al nostre al voltant, la injustícia i l’odi governen i la veritat es fa relativa. Les persones que viuen una vida virtuosa són calumniades i perseguides. Això no només ocorre en un plànol personal i local, sinó també a escala global. Som testimonis que a tot el món, avui dia, els valors cristians bàsics estan sent empesos a un segon pla.
En un món tan desviat, nosaltres, els cristians ortodoxos, estem cridats a testimoniar amb el nostre exemple als nostres sers estimats i veïns, propers i llunyans, la victòria de la Vida sobre la mort i el sentit sobre el sense sentit. L’Església no ha de viure solament per a si mateixa com una comunitat religiosa tancada, preocupada solament per qüestions de pietat personal. Ella està obligada a ser la portadora de la pau i la reconciliació, l’amor i la solidaritat amb tota la raça humana a través de l’alegria i l’experiència de la Resurrecció.
Preguntem-nos: quin tipus de fe tenim? Creiem realment que Crist va ressuscitar d’entre els morts? Aquest esdeveniment té conseqüències salvadores crucials per a nosaltres i per a les nostres vides? En la resposta a aquesta simple pregunta es troben les respostes a tots els nostres problemes, temors i inseguretats; les respostes a totes les nostres temptacions, dilemes existencials, conflictes psicològics, morals, socials, nacionals i tots els altres desafiaments, tant de caràcter personal com a global. Si confesses amb la teva boca al Senyor Jesús i creus en el teu cor que Déu  l’ha ressuscitat d’entre els morts, seràs salvat. (Romans 10: 9).

En aquest any, quan celebrem el gran jubileu de la nostra Església, els vuit segles de la seva autocefalía, preguem per la plenitud de la nostra beneïda nació, dels  qui viuen en la pàtria i a l’estranger, perquè s’en alegrin en la Resurrecció de Crist i en l’amor i en harmonia puguin preservar la unitat de la nostra Santa Església; que cap interès personal o terrenal pugui suplantar els interessos de l’Església de Crist, ni del benestar general de la humanitat.
Amb especial fervor, preguem avui al Déu de Crist ressuscitat perquè, per la intercessió de Sant Sava, de Sant Tsar Llàtzer i de tots els sants de la nostra nació, la pau i la llibertat puguin tornar al nostre crucificat Kosovo i Metohija, el nostre bressol espiritual i la nostra Jerusalem, on es troben els santuaris més grans de Sèrbia, les perles de l’espiritualitat ortodoxa, de la cultura sèrbia i de tota la nostra herència espiritual cristiana i mundial.
Déu, en estendre els seus braços sobre la Creu, ha abraçat i atret a Si mateix a totes les persones i a tota la creació, i ha vingut a habitar dins de nosaltres com a Amor Etern, ple de gràcia i veritat. Per tant, en comparar-nos amb Ell, ens abracem amb l’Amor crucificat i ressuscitat de Déu, no només als quals ens estimen, sinó també als nostres enemics. Perdonem-los, perquè el Senyor també ens va perdonar els nostres pecats en la Creu, dient: Pare, perdona’ls, perquè no saben el que fan (Lc. 23:34). “Si no fora per les paraules: perdona’m, i que sigui perdonat, la vida humana seria totalment insuportable”, va dir el Crisóstom serbi, el Sant Jerarca Nikolai (Velimirovich). Llavors, Perdonem-nos uns a uns altres! Anem a reconciliar-nos els uns amb uns altres! Abracem-nos uns a uns altres, perquè puguem caminar pel camí sagrat de l’Amor Diví! Siguem testimonis de l’amor i visquem per ell!
Expressant amb una boca i un cor IMG-20190428-WA0110aquestes veritats, tots els cristians ortodoxos de tot el món avui dia exclamem: “Aquest és el dia de la Resurrecció. Siguem il·luminats per la festa. Abracem-nos uns a uns altres. Cridem ‘Germans’ a aquells que ens odien i perdonem a tots per la Resurrecció; i així exclamem:


Crist ha ressuscitat d’entre els morts, amb la seva mort ha vençut a la mort i als quals estaven en els sepulcres els ha donat la vida!”

Patriarcat serbi a Belgrad en la Pasqua de 2019

Els vostres intercesores davant Crist ressuscitat:
Arquebisbe de Pec, Metropolità de Belgrad-Karlovci i Patriarca de Sèrbia IRINEJ

Metropolità de Montenegro i Litoral, AMPHILOHIJE Metropolità de Zagreb i Ljubljana, PORFIRIJE Metropolità de Dabro-Bosna, CRISOSTOM Bisbe de Sabac, LAVRENTIJE Bisbe de Srem, VASILIJE Bisbe de Banja, Luka JEFREM Bisbe de Budim, LUKIJAN Bisbe de Banat, NIKANOR Bisbe de New Gracanica-Midwestern America, LONGIN Bisbe de Canadà, MITROPHAN Bisbe de Backa, IRINEJ Bisbe de Gran Bretanya i Escandinàvia, DOSITEJ Bisbe d’Europa Occidental, LUKA Bisbe de Zicha, JUSTIN Bisbe de Vranje, PAHOMIJE Bisbe de Sumadija, JOVAN Bisbe de Branicevo, IGNATIJE Bisbe de Zvornik-Tuzla, FOTIJE Bisbe de Mileseva, Atanasije Bisbe de Budimlje i Niksic, JOANIKIJE Bisbe de Düsseldorf i Alemanya, GRIGORIJE Bisbe de Valjevo, MILUTIN Bisbe de Ras i Prizren, Teodosije Bisbe de Western Americ,a MAXIM Bisbe de Gornji Karlovac, Gerasim Bisbe d’Amèrica de l’Est, Irineo Bisbe de Krusevac, DAVID
Bisbe de Eslavonia, JOVAN Bisbe d’Àustria i Suïssa, ANDREJ Bisbe de Bihac-Petrovac, SERGIJE Bisbe de Timok, ILARION Bisbe de Nis, ARSENIJE Bisbe d’Austràlia i Nova Zelanda Metropolità, SILUAN Bisbe de Buenos Aires i Sud-amèrica Central, KIRIL Bisbe de Dalmacia, NIKODIM Bisbe de Osek-Polje i Baranja, HERUVIM Bisbe de Zahumlje i Hercegovina, DIMITRIJE Vicari Bisbe de Moravica, Antonije Vicari Bisbe de Remezijan, STEFAN Vicari Bisbe de Mohac, ISIHIJE Vicari Bisbe de Diokleia, METODIJE Arquebisbe de Ochrid i Metropolità de Skoplje, JOVAN Bisbe de Polog i Kumanovo, JOAKIM Bisbe de Bregalnica, MARKO Vicari Bisbe de Stobi.

MISSATGE DE NADAL (2a part)

MENSAJE DE NAVIDAD 2018

Recogemos las palabras finales del Mensaje de Navidad 2018 de Su Santidad el Patriarca Ireneo y la Asamblea de Obispos ortodoxos serbios y Monseñor Luka, obispo de Europa Occidental:   LA PAZ DE DIOS – CRISTO HA NACIDO!

 PATRIARCA IRINEOTodos ustedes, queridos hijos espirituales, los llamamos a la comprensión mutua, al amor y al perdón. Tengamos cuidado con las palabras duras pronunciadas de manera imprudente, teniendo en cuenta que el entorno social en el que vivimos depende también de las palabras que pronunciamos. Las palabras suaves sanan, el habla dura duele y las heridas infligidas por las palabras a menudo son más difíciles que el dolor físico. Por eso, el sabio Salomón nos enseña que la muerte y la vida están en poder del lenguaje (Pr 18,21). Si vemos que uno de nuestros parientes nos está infligiendo una injusticia, actuemos de acuerdo con el principio del Evangelio y discutamos con Él haciendo todo lo posible para adquirir un hermano (Mt 18:15). Perdonémonos unos a otros hasta setenta veces siete  (Mt 18, 22) y en los juicios que hacemos sobre los demás, confiemos en la verdad de que debemos expresarnos con suavidad, con respeto y toda conciencia (2 Co 4,2)…

…Al expresar nuestra gratitud al Señor por este día en el que, según las palabras de San Romano el Meloda (el Himnógrafo)   “la Virgen da a luz al Eterno, y la tierra ofrece una cueva al Inaccesible; los ángeles y los pastores cantan, y los magos con la estrella avanzan; porque ha nacido para nosotros un niño pequeño, el Dios pre-eterno “, anunciamos al mundo una gran alegría y saludamos a todos con el saludo de la Navidad:

 La paz de Dios, Cristo ha nacido!
La pau de Déu, Crist ha nascut!
Hristos se rodi! Vaistinu se rodi
!Que el Año Nuevo 2019 sea dichoso y bendecido por Dios!

Patriarcado serbio, Belgrado – Navidad 2018

Hieromonje Miquel, rector de la Parroquia del Arcángel San Miguel / Palma/Mallorca
Queridas hermanas y hermanos, un año más nos unhieromonjo miquelimos con Cristo que nace pobre en un pesebre, este nacimiento ya prefigura su muerte y resurrección, el sentido de este nacimiento humilde es su final en la Resurrección gloriosa, por tanto convirtamos, nuestro camino en la vida, igual que Cristo hizo, en un crecimiento en el espíritu que nos lleve hasta la Santa Resurrección.  El camino a seguir es el amor, a los que nos aman y a los que no, porque nuestra conversión diaria ante Él, ante ese niño nacido humilde en un pesebre es la certeza de que en Él todo lo tenemos, sin pretensiones efímeras, que no nos llevan a ningún lugar, vivamos felices la vida que Él nos ha dado y digamos todas y todos con infinita alegría que “Dios está entre nosotros” y esa es nuestra alegría y nuestra vida hasta el encuentro definitivo en Él.   ¡FELIZ NAVIDAD!

Rev. P. Nicolás, rector de la Parroquia de los Santos Andrés y Nicolás de Alicante
Tiempo de luces, colores, compras y comidas navideñas en las que la televP. NICOLASisión y los demás medios se encargan de meternos por todos los sentidos que este es tiempo de felicidad obligatoria y pavo asado, todo anunciado por un duende barbudo vestido de rojo.
Se busca el regalo perfecto para Navidad, el traje perfecto para Noche Vieja, el Roscón perfecto para Reyes… Mas ahora es tiempo de buscar la salvación que se nos ofrece a raudales desde la cueva de Belén: ¡Dios se ha encarnado! ¡Dios está con nosotros! Busquemos la salvación de nuestras almas, busquemos la luz que ilumine nuestros corazones, busquemos la paz que anunciaron los ángeles en la Noche Santa, entonces si que será una feliz Navidad.

Y no nos olvidemos que después de cuarenta días de ayuno, vienen cuarenta días de fiesta, que la Navidad no termina con las rebajas de los grandes almacenes sino el 2 de febrero con la Entrada de nuestro Redentor en el Templo.

¡CRISTO HA NACIDO, EN VERDAD HA NACIDO!