30 años en el Patriarcado de Serbia

2018

Hemos empezado el Nuevo Año civil. Pedimos bendiciones a nuestros sacerdotes. Y pedimos a Cristo, Dios nuestro, que los proteja para que sigan el camino evangélico y transmitan la Fe guardada y mantenida en la Iglesia Ortodoxa a través de los Santos Padres y Madres que nos han precedido y  que han dado su testimonio por su amor a Él, a través de los siglos. Proseguimos en el  camino y rezamos para que Cristo, Dios nuestro, por las oraciones de sus Santos nos ilumine y vivamos en Paz y Amor.  Que su Luz brille en todos los corazones que escuchan su Palabra y la guardan, para dar frutos de verdadera conversión y que brille allí donde hay tinieblas y sólo Él que descendió hasta los infiernos, puede llegar y vencer la propia obscuridad y muerte.

La Iglesia Ortodoxa Española, está  inscrita en el  Registro del Ministerio de Justícia, de Madrid, desde el año  de su nacimiento que fue el 1972. No será hasta  el 14 de febrero de 1988, 16 años después, que fue acogida por el Patriarcado de Serbia. Este año se cumplen 30 años de filiación.

El Documento de Acogida, escrito en inglés, dice así:

        Lavrentije, Obispo Ortodoxo ddave Serbia
                     para Europa Occidental

Después de un estudio atento, yo acepto la Comunidad Ortodoxa Española de la Madre de Dios, en Barcelona, y con la gracia de Dios la ubico bajo mi omofor y en la jurisdicción espiritual de la Diócesis Ortodoxa Serbia para Europa Occidental, rezando para que la Comunidad Ortodoxa de la Madre de Dios pueda extender su misión mucho más allá de los límites actuales.

Fecha: San Trifón, mártir
           14.02.1988                 BISHOP LAVRENTIJE                                                                           
Durante todo este tiempo, además de las ya existentes desde el principio de su fundación,  han ido surgiendo otras parroquias. En la actualidad existen diecisiete parroquias que están esparcidas por toda la Península Ibérica, además  de contar con una en Lisboa y otra en  Occitania: En las provincias de Barcelona (1), Girona (5), en Alacant (2), Mallorca (1), en Vizcaya (1), Galicia (2), Islas Canarias (2), Madrid (1) Lisboa (1), Occitania (1).

En las proximidades de la Fiesta de Santa Eulalia de Barcelona, mártir (s. IV), iniciaremos, con la bendición de Monseñor Luka, unos actos que, a lo largo del año se irán desarrollando. El primer acto se iniciará con un Concierto,  a cargo  del Coro San Simeón, de la Catedral San Sava de París.

Celebración de la Navidad. Tradición en Serbia.

Con estas imágenes queremos mostrar una tradición muy  popular en Navidad que se viene haciendo desde muy antiguo en algunas partes de Serbia y Montenegro.

Desde hace mIMG-20180106-WA0015ucho tiempo,  cuando llega el día antes de la Navidad, por la mañana, el hombre de la casa va a buscar  el “badnjak” (una rama del árbol de roble  del bosque) que se trae a la casa al anochecer. Antiguamente,  siempre se iba al bosque a buscarlo, ahora normalmente, en las grandes ciudades se compra, en los mercados navideños, sino el árbol, sí unas ramas con hojas secas. Esta rama, que se ha de quemar en la chimenea durante la Nochebuena, representa por un lado la tradición pagana eslava en la que el roble es el árbol sagrado y, por otra parte, los tallos con los que José hizo fuego para calentar al niño Jesús.

IMG-20180105-WA0010También es costumbre decorar la Iglesia con las hojas secas del árbol, como lo muestran las fotos que corresponden a la iglesia de Puerto de la Cruz en Tenerife.

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Las hojas secas del roble son quemadas en la Iglesia. Así lo demuestra la foto de la comunidad de los Santos Apóstoles, en Madrid.  donde P. Marko celebró la Navidad.

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El Arcipreste Joan celebrando la Navidad en la Parroquia de San Mateo, en Bilbao.

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Las Parroquias que dependen del Patriarcado de Serbia, en España y Portugal  con su obispo Monseñor Luka, celebran la Navidad, o bien, en el nuevo, como en el viejo calendario. Monseñor Luka desde siempre ha respetado, esta decisión plural, según el buen criterio de los rectores de cada parroquia, en función de sus feligreses. Donde todos sin excepción, claman: ¡Cristo ha nacido! En verdad, ha nacido! Hristos se rodi! Vaistinu se rodi!

Mensaje de Navidad 2017 del Patriarca Irineo

LA PAZ DE DIOS – CRISTO HA NACIDO

De suerte que el que espatriarche_irenee-retallada de Cristo, se ha hecho criatura nueva, y el hombre viejo pasó, se ha hecho nuevo (2Co 5,17)

Queridos hermanos y hermanas,
La institución del nuevo y eterno Testamento de Dios y hombre se ha cumplido precisamente en este día, después de la primera Navidad de la historia. Porque es en este día, hijos espirituales bien amados, que el Dios pre-eterno ha cumplido una obra más grande que la creación del universo i que Él ha realizado la promesa hecha a nuestros primeros antepasados, una promesa que los profetas habían profetizado desde tiempos inmemoriales, y que la Purísima, bendecida y siempre Virgen María ha acogido con serenidad. Dios el Verbo se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros (Juan 1,14). El Hijo del Padre celestial ha llegado a ser contemporáneo del género humano, a fin que el hombre llegue a ser co-eterno de Dios. El Señor Todopoderoso se ha despojado tomando la condición de esclavo (Ph 2,7) y llega ser físicamente parecido a nosotros, a fin de hacernos parecidos a imagen de Su gloria. Es por esto que el muy sabio apóstol Pablo clamó extasiado: ¡O abismo de riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! Que Sus decretos son insondables y Sus vías incomprensibles (Rm. 11,33).
En aquellos tiempos, un himno maravilloso e inspirado fue entonado por la corte numerosa del ejército celeste: “Gloria a Dios en les alturas y paz en la tierra a los hombres en que Él se complace! (Luc.2,14), mientras que en el cielo una estrella indicaba Betlehem, ciudad natal del profeta y Rey David, y la “Casa de pan” en que apareció en verdad el Pan vivo descendido del cielo. En la calma de la luz espiritual de esta noche de Navidad, el rostro humano del Hijo pre eterno y único fue acogido por las miradas de los pastores (Lucas 2,4-15).
Como este misterio majestuoso de la piedad – la aparición del Hijo de Dios en la carne – era inconcebible por los ángeles y los hombres, el plan pre eterno del amor divino que lo llena todo, empieza a revelarse en el santo silencio de la gruta de Betlehem, lleno de una calma absoluta y de una bondad indecible. I, en verdad, aproximándose piadosamente de la ciudad de David, a los lados de los coros celestiales de los santos, nuestros ojos espirituales ven que en Aquel que por todo ha sido creado en los cielos y en la tierra, habita corporalmente toda la plenitud de la Divinidad (Col 2,9). Esta verdad revelada por Dios es predicada innumerables veces en nuestra santa Iglesia, diciendo que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, el Hijo de Dios ha descendido de los cielos ha tomado carne del Espíritu Santo y de la Virgen María, y se ha hecho hombre. La salvación evocada en el Símbolo de la Fe, queridos hermanos y hermanas, va más allá de toda esperanza humana. Dios no ha tomado carne con el fin de mostrar Su gloria y Su majestad, ni de aparecer, en medio de los ejércitos celestes, en este mundo como su maestro. El Salvador se ha dignado tomar carne del Espíritu Santo y dnativity-icon-4e la Virgen María, con el fin de que el hombre, bajo la fuerza bienhechora del Espíritu Santo, el bautismo, la participación a la Santa Liturgia y a la vida en Cristo, sea regenerada y llegue a ser un dios por la gracia, un hermano por la carne de Dios-hombre. Es el que El mismo nos ha permitido gracias al nacimiento verdadero a la vida eterna que nos de la santa comunión, la santa unción de los aceites y toda la vida en los santos misterios que culmina en la Santa Liturgia, en medio de nuestros esfuerzos para adquirir las santas virtudes evangélicas. Al iniciar a pertenecer verdaderamente a la comunidad de los hijos de Dios, en la Iglesia, participamos con gratitud a la vida divina de Cristo y estamos en el camino de salvación que en él se encuentra.
En la luz resplandeciente y el gozo maravilloso de Navidad, nuestra vieja sabiduría popular hace nacer esta máxima: Dios, concede-nos la salud y la alegría en nuestro hogar, que los niños nazcan en buena salud, que el trigo y la viña prosperen, que nuestros bienes crezcan en los campos, los rediles y las porquerizas! En verdad, esta vieja sabiduría popular es profunda y de gran alcance…
Después de desear a todos gran prosperidad, el Patriarca prosigue: En estos santos días de Navidad, oramos con fervor para todos nuestros hermanos y hermanas en la fe, para nuestra patria y en la diáspora, deseando que el Niño divino Jesús-Cristo encienda en sus corazones y sus hogares, la alegría pacífica de la luz de Betlehem, que ilumina hoy el cielo y la tierra. Nosotros invitamos, muy particularmente a todos los fieles en esta noche pacífica, a ser, con corazón y alma, al lado del pueblo ortodoxo serbio sufriente que guarda y protege cada parcela de la tierra santa del Kosovo y de la Metoquia, que nos ha sido, no olvidemos, dado por el Señor como una promesa eterna. Épocas revueltas se han producido y ocurrido. Durante todo este tiempo, nuestros antepasados han sostenido indeleblemente en sus corazones, el patriarcado de Pec, Gracanica, la Madre de dios de Ljevisa, Bajska, Decani, los Santos Arcángeles, y miles de otros santuarios en Kosovo y Metoquia. Sabían y se acordaban que habían caminado por el suelo de esta tierra santa en el lejano siglo VII y antes, como se menciona en las crónicas bizantinas. Sabían que habían dejado inscripciones en cerámicas del s. IX, que habían abierto las primeras escuelas cerca de los monasterios, escrito libros, pintado frescos e iconos, construido iglesias, abierto los primeros hospitales, escrito libros en eslavo… Sabían que el gran zupan de Raska, Vukan, había defendido la ciudad en el siglo XI. Sabían que eran los soberanos surgidos de los linajes de Nemanjic, Lzarevic, Brankovic, Petrovic, Obrenovic y Karadjordjevic, quienes habían construido santuarios a lo Milutinstlargo de las ciudades serbias. Todo ello, hermanos y hermanas, nuestros antepasados lo sabían. Nosotros, sus descendientes, lo sabemos también. Pero sabemos otra cosa. Sabemos que en el Kosovo y en Metoquia, nuestro pueblo sufriente se ha quedado a fin de confesar, como mártires, su santa fe ortodoxa y llevar valientemente el testimonio de su identidad serbia. Lo sabemos, como ellos lo saben, y no olvidamos nada de todo ello, porque Kosovo y Metoquia son nuestra Jerusalén, nuestra tierra santa. Y es por esto que podemos, con el salmista David, prometer rezando: “Si yo te olvido, Jerusalén, -si yo te olvido, Kosovo y Metoquia- que mi derecha se seque! (Salmo 136,5).
Nuestros hermanos en la fe, además, son confrontados a pruebas y no solamente los de Kosovo y Metoquia. Hoy en día, muy particularmente, el Niño divino Jesús-Cristo a nosotros, cristianos ortodoxos e hijos de la Iglesia, fortificados por Su gracia, y sin tener en cuenta la manera en que los otros se comportan a nuestra mirada, aquí mismo, a los alrededores o en todo lugar del mundo a comportarnos hacia todos según el mandamiento der Dios, como hermanos y amigos, cuáles sean su fe o su nacionalidad, sabiendo que Dios nos pide que lo que hagamos con los otros sea con amor, y no lo que los otros puedan hacernos. Hoy, cuando la Madre de Dios ha dado a luz al Dios pre eterno, nosotros rezamos para todos los hombres, en particular por los jóvenes, torturados por los vicios terribles de la narcomanía, alcoholismo, libertinaje, pereza, cólera, amor al dinero, orgullo, deseo con exceso, insensibilidad y de todos los otros vicios que, todo prometiendo una alegría aparente, rebajan de hecho la dignidad humana, haciéndola esclava.
Rezamos al Señor de los ejércitos celestes que les permita conocer la verdad y de reconocer el rostro de Dios en ellos mismos, de enderezarse valientemente y de rechazar las cadenas de una elección errónea. El Señor Jesús-Cristo ha dicho: … Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres… Cualquiera que cometa el pecado es esclavo (Joan 8, 32; 34). Somos libres en la plena aceptación del término, cuando seguimos el camino de una vida virtuosa que toma su fuente en la comunidad creadora de amor con Dios. Al revés, el mal uso de los dones de Dios y del potencial que es el nuestro, como la elección de un modo de vida errónea, debilita y destruye nuestra libertad, degradando nuestra personalidad, causando un sentimiento de vacío y absurdo para finalizar llevando a una esclavitud del espíritu. La libertad, queridos hijos espirituales, es la libertad por el Cristo, por el otro, por la vida y la salud. La libertad para la eternidad, una tal libertad, sólo Dios puede dárnosla porque Él es precisamente, la Libertad, el coraje y la fuerza. Sólo una libertad que implica la escucha de la voluntad de Dios y la moderación en la mirada a nuestro prójimo y a la naturaleza creada, permite dominar los conflictos terribles y previamente desconocidos, en el seno de nuestro pueblo, surgiendo entre conyugues, padres e hijos, parientes próximos y alejados, que a menudo escuchamos, desgraciadamente, hablar demasiado de ello.
La dulce Nueva de la Navidad de Cristo, hoy es anunciada en un mundo en que resuena el ruido de las armas, donde las agresiones se producen a la vista de los individuos y de los pueblos, donde reinan la ilegalidad y la injusticia social, en que los niños inocentes son víctimas de los conflictos guerreros, de toda clase de abuso y de hambres, en un mundo sobre el cual pesa la amenaza nuclear. Preocupados, pero sin perder la esperanza, rezamos al Niño divino de Betlehem que ilumine las tinieblas y de volver hacia el bien a los que tienen el comando de las palancas del poder en sus manos. ¡No tengamos miedo! En lugar de éxitos y temores terrestres, recemos por la paz de Dios llene hoy nuestros corazones! Esta paz no es sinónimo de pasividad y de indiferencia, sino que representa una fuerza dinámica creadora y por encima de todo, incesantemente activa delante del poder de transfigurar y de aportar la salvación no solamente a nosotros, sino también a los hombres que nos rodean. La experiencia bendecida de San Serafín de Sarov lo testimonia: “Adquiere el don de la paz y entonces miles de tu alrededor serán salvados”.
Dios que es con nosotros –el Emmanuel- representa precisamente esta Paz que da acceso a la paz celeste. Una tal paz no puede ciertamente identificarse con las tentativas pasadas, actuales y futuras, de realizar un estado de paz en esta tierra, que no se asientan en el centro del Dios Trinitario. La paz de Cristo es única, porque ella está fundamentada en el amor indecible e incomprensible del Padre celeste, Que ha amado tanto al mundo que nos ha dado Su Hijo, el Único Engendrado, a fin que cualquiera que cree en Él no se pierde, sino que tiene la vida eterna (Joan 3,16). El Dios-hombre, el Señor Jesús-Cristo ha nacido de la Virgen María, a fin de morir en la Cruz, resucitando a los muertos, dando la paz y la beatitud de la vida eterna a todas las criaturas. La realidad del don de esta paz que triunfa del pecado y de la muerte, la vivimos, queridos hijos espirituales, no solamente hoy, día de la fiesta de la Navidad de Cristo, sino cada vez que nos juntamos en nuestras santas iglesias durante la Santa Liturgia y cuando comulgamos en el Cristo Viviente.
Al celebrar nuestra fiesta hoy, rezamos para que nuestros corazones lleguen a ser como la cueva de Betlehem donde nace el Cristo, Hijo de Dios, y que nosotros, guiados por la luz de la estrella de Betlehem, iluminados por la sabiduría de los magos venidos de Oriente, inspirados por el Espíritu Santo, que ha tocado la Madre de las madres y pacificado las inquietudes del justo José, nosotros clamamos a los cuatro lados del universo, proclamando la venida de Aquel que nos salva: La paz de Dios – Cribisbe Lukasto ha nacido! En verdad, ha nacido!

Patriarcado de Serbia, Belgrado – Navidad 2017-
El patriarca serbio Irineo, con todos los obispos de la Iglesia ortodoxa serbia y Monseñor Luka, obispo de Europa occidental.

Fuente: Orthodoxie.com

Mensaje de Pascua del patriar Irenei, 2017

resurreccioCristo ha resucitado !
Cristo ha resucitado de los muertos,
por la muerte ha vencido a la muerte,
y a los que están en las tumbas
les ha dado la vida
(Tropario de Pascua)

Queridos hermanos y hermanas,
Pascua es la fiesta cristiana más grande, fiesta de la fe, de la vida y de todas las bendiciones divinas. Toda nuestra fe está en Pacua, y Pascua en nuestra fe. Por ello, el apóstol Pablo, el educador del pueblo, a quién se le puede llamar claramente como el más gran predicador de la Resurrección, tanto de Cristo como de la nuestra, afirma categóricamente: “Y si Cristo no resucitó, vana es vuestra fe”  antes de añadir: “Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron.” (1 Cor, 15, 17-20). La fe en la Resurrección de Cristo constituye la esencia de la predicación y de las enseñanzas cristianas, el fundamento de la Iglesia, de su liturgia y su teología.
La resurrección es el tema central de las Santas Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Recubre dos concepciones estrechamente ligadas entre ellas: la resurrección general de los muertos al final de la historia humana (Isaías 26, 19) y la Resurrección de Cristo anunciada por los profetas vetero-testamentarios (Salmo 15,15) y establecida en las predicaciones de los santos apóstoles (Hechos, 2, 23-24).

Irenei, Pascua 2014_Beograd, patrijarh srpski Irinej, Uskrsnji pozdrav Hristos Vaskrse

El Antiguo Testamento nos habla en numerosos lugares, con sus palabras y sus imágenes, de la resurrección. El profeta David lo testimonia en sus salmos (Sal, 15,9; 16, 15). Job, que ha sufrido tanto, grita dirigiéndose a Dios, teniendo fe en la resurrección: “Yo sé que mi Defensor está vivo… veré a Dios… yo mismo le veré, mis ojos le mirarán, no ningún otro.” (Job, 19, 25-27). El profeta Jonás es el prototipo de la Resurrección en tres días de Cristo (Mt 12, 40). La visión más célebre de la resurrección de los muertos en el Antiguo Testamento se encuentra en el libro del probeta Ezequiel: inspirado por el Espíritu de Dios, ve revivir las osamentas secas, que recuperan en seguida su cuerpo de hombre (Ez, 37, 1-10). Esta visión ha impregnado el corazón de todos los fieles hebreos del Antiguo Testamento; era inseparable de la fe en la venida del Mesías y de su Resurrección (Is 53, 10).
El Nuevo Testamento, por su lado está inmerso todo él en el misterio de la Cruz y de la Resurrección de Cristo. Esto nos es confirmado por los santos evangelistas en su conmovedor relato de los episodios últimos de la vida de Cristo que sucedieron en Jerusalén: su comparecencia en el tribunal ante Pilato, su crucifixión, su muerte en la cruz, pero también su gloriosa Resurrección (Mt 27-28; Lc 23-24). Las primeras en ser dignas de convertirse en testimonios de la Resurrección de Cristo fueron las mujeres mirróforas (Mc 16, 1-2), después los santos apóstoles y la plenitud de la Iglesia primitiva. Se les unieron los mártires paleo-cristianos, después todos los mártires y neo-mártires ulteriores, testigos verídicos de la Resurrección de Cristo, así como los Padres de la Iglesia que, por sus santos concilios, el Símbolo de la fe de Niceo-Constantinopla y por toda su enseñanza dogmática, nos han dejado la fe en la resurrección. La Iglesia es testigo que Cristo está con nosotros hasta el fin de los tiempos (Mt 28, 20). Lo testimonia particularmente en la santa liturgia, que se celebra en memoria de “la muerte y resurrección de Cristo”. En la santa liturgia, el Cristo Resucitados se nos ofrece a través de la santa comunión. ¡Por ello tenemos que ser los hijos de la Resurrección! ¡Vivamos en la Resurrección de Cristo y no dejemos que nada, según las palabras del santo apóstol Pablo, nos separe de su amor (Rom 8, 35)!
El gran starets ruso San  Serafín de Sarov tenía por costumbre, durante todo el año, el saludar a los peregrinos que venían a su monasterio, por estas palabras: “¡Cristo ha resucitado, mi alegría!”. Para poder alcanzar este estado espiritual, debemos, según las palabras del santo obispo Nicolás, “venerar en nuestra vida la Crucifixión de Cristo, no por hábito, sino como nuestra cruz, y sus llagas como nuestras propias llagas”.
Con el corazón lleno de tristeza y de dolor, tenemos que decir que el mundo actual no sigue el camino de la resurrección, sino más bien el de la muerte y de la desesperanza. Al decir esto, tenemos en mente que en Serbia, cada año muere el equivalente de una gran ciudad, porque la mortalidad es netamente superior a los nacimientos. Esta constatación es una fuente de llantos y lamentaciones, y también una señal para dar la alerta. Se tiene que hacer algo para que este camino hacia la muerte se detenga. Es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen (Mt 2, 18). El aborto, siempre y en todas partes, incluido nuestro pueblo, constituye un pecado mortal que grita hacia el cielo. ¡Cesemos de matar nuestros propios hijos en el seno de su madre! También ellos tienen derecho a la vida y a la resurrección. Nos preguntamos dónde están los valerosos “combatientes por los derechos humanos” para defender a los más débiles, que precisamente son los niños no nacidos aún que se encuentran todavía en el seno de su madre? Abandonemos, hermanos y hermanas, el país del pecado y de la muerte, como el Israel vétero-testamentario en la salida de Egipto, y Dios nos concederá todas las bendiciones espirituales para ser el pueblo del Dios Vivo.  ¡Que las alegres lágrimas de los recién nacidos venzan a los gritos impotentes de la muerte! ¡Que Serbia -y el mundo entero- se convierta de nuevo en una gran cuna! ¡Volvamos con fe en la vida, volvamos a la Resurrección! Queridos hermanos y hermanas, la santa Iglesia ortodoxa es nuestra Madre espiritual. Vela sobre sus hijos sin tener en cuenta los lugares donde viven; se extiende por todos lados, con sus hijos e hijas, para que todos juntos accedan a la Resurrección. Regocijémonos con aquellos que se regocijan y aflijámonos con los afligidos, llevándonos las cargas los unos a los otros, pues así cumpliremos con la ley de Cristo (Ga 6, 2). El santo starets Sofronio (Saharov) afirma que el respeto de los mandamientos de Dios destruye el hombre viejo en nosotros y resucita al nuevo, concebido a la imagen de Dios, nuestro Creador y Salvador. San Basilio el grande evoca, en el mismo espíritu, el poder transfigurador de la Cuaresma y dice que los ángeles de Dios inscriben los nombres de los que cumplen toda la Gran Cuaresma, pues al hacer esto, renuncian a todo lo que es terrestre y efímero, para acceder a lo eterno e imperecedero, es decir a la resurrección. Al seguir los mandamientos de Dios, expresamos y confirmamos nuestro amor por Cristo (Jn 14, 15), pero también hacia nuestro prójimo (Mt 22,40).

El mundo contemporáneo ha aceptado en gran medida una filosofía diferente, la del camino amplio que lleva a la perdición (Mt 7,13). Se intenta reemplazar las virtudes cristianas por un humanismo aparente y la espiritualidad mentirosa del Extremo Oriente. Todas las falsas religiones y para-religiones, filosofías y falsas filosofías, ideologías y mitologías modernas, son esclavas de la  muerte; condenan a los seres humanos a la muerte, en la medida en que creen que el hombre es un “ser destinado a la muerte”, no un ser destinado a la vida eterna; lo hacen en tanto que empujan a los hombres a la muerte y al suicidio, de manera instantánea ( en la guerra y en los arreglos de cuenta “pacificadores” y sangrientos) o prolongado (por una vida de libertinaje y de vicios, sobre todo en la esclavitud de la droga). Vivimos en una época en la que se intenta proclamar que el mal es el bien, que el bien es el mal, y que el pecado, según las palabras del santo starets Païsios el Athonita, es algo moderno y aceptable. En lugar de ejemplos de virtud y honestidad, se proponen a ídolos y a anti-héroes, la indisciplina con respecto a los padres y el rechazo de cualquier autoridad. La responsabilidad de la Iglesia es grande, como la de todas las instituciones educativas de este país, pues se tiene que ayudar a la juventud a encontrar el camino de una vida auténtica y de la resurrección. Enseñemos a los niños a ser parecido al joven del Evangelio que había pedido al Señor: “Qué debo hacer para obtener la vida eterna? Ese joven obtuvo la siguiente respuesta del Cristo: ¡Observa los mandamientos! (Mt 19, 16-17). ¡Esta es la via de la salvación, la de la resurrección!
Paternalemente, invitamos a todos lo que se han alejado por una razón u otra de la Iglesia, una, santa, católica y apóstolica, a volver bajo su égida. El pecado del cisma y la herejía es terrible. Según los santos Padres, ni la sangre de los mártires la puede lavar. ¡Perdonémonos los unos a los otros a causa de la Resurrección y volvamos a ser hermanos en el seno de la santa Iglesia, único barco portador de la salvación!

Con el saludo de Pascua, saludamos a todos nuestros hijos espirituales en la patria y en la diáspora, y rezamos al Señor Resucitado para que conceda a todos la alegría de la Resurrección. Saludamos particularmente a nuestro pueblo del Kosovo-Metoquia crucificado, parte inseparable de Serbia, donde los santuarios son los guardianes, no solo de la Ortodoxia serbia sino también del cristianismo en Europa. Kosovo ha sido y seguirá siendo nuestro, pues Dios, que no se encuentra en la fuerza sino en la justicia, es capaz de darnos lo que se nos intenta de arrancar por la fuerza.
Que con esta fiesta de Pascua, Serbia resucite, así como todo el pueblo serbio, como escriben nuestros poetas populares. ¡Que Dios conceda que los hombre que dirigen y mantienen el Estado, sean inspirados por el espíritu de la Resurrección y de la victoria del bien sobre el mal! ¡Que el Señor Resucitado, Vencedor de la muerte y Fuente de vida, conceda todos los bienes a este pueblo, es  decir a todo el género cristiano y ortodoxo, así como a todos los hombres de buena voluntad, para que, todos juntos, podemos tener un anticipo de la alegría de la vida a venir, la alegría de la resurrección y la vida eterna!
¡CRISTO HA RESUCITADO!
En el Patriarcado serbio, en Belgrado – Pascua 2017
El patriarca serbio, Ireneo y todos los obispos de la Iglesia ortodoxa serbia.

 

Mensaje de Navidad 2016. Patriarca Irineo

Ireneu Patriarca Nadal 2016La Iglesia Ortodoxa Serbia a sus hijos espirituales en la Navidad de 2016
+ Patriarca Ireneo
Por la Gracia de Dios
Arzobispo ortodoxo de Pec, Metroplita de Belgrado i Karlovci, Patriarca serbio, con todos los obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia, a todos los clérigos, monjes y a todos los hijos e hijas de nuestra Santa Iglesia: gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo y el Espíritu Santo con la felicitación de la Navidad alegre. La paz de Dios! Cristo ha nacido!
Nos encontramos, una vez más, en el día de la fiesta de la Navidad, en el día de fiesta del amor inconmensurable de Dios, hoy en la ciudad de David, ha nacido el Salvador, que es Cristo Señor (cf. San Lucas 2,11), Emmanuel, que significa: “Dios con nosotros” (San Mateo 1,23). Este gran misterio de la Encarnación de Dios el Logos, oculto desde el principio de los tiempos (cf. San Juan 1,2), se dio a conocer por primer vez por los ángeles de Dios con su himno de Navidad de paz y amor (cf. S. Lucas 2,14). Después se les unieron los pastores y los magos de Oriente, la cosecha, por tanto, tanto del cielo como de la tierra, los ángeles y la gente, y todas las naciones terrenales, alrededor de Cristo-Niño Dios y de la Iglesia del Dios Viviente (II Cor, 6,16).
Como este acontecimiento de la Navidad de Cristo, que constituye según los Padres un milagro más importante que la misma creación del mundo, nos ha sido transmitida por los santos evangelistas, testimonios oculares y servidores de la Palabra (San Lucas 1,2)?. En su evangelio, el apóstol Mateo se dirige a sus compatriotas judíos con el fin, en la base de las profecías veterotestamentarias, de llevar el testimonio de que Jesús de Nazaret es Cristo, el Mesías, el Ungido de Dios, el Salvador del mundo (Salmo 138; Isaías 7,14). Su evangelio empieza por los antepasados de nuestro Señor Jesús-Cristo (S.Mat.1, 1-17), subrayando así Su naturaleza auténticamente humana. En esta genealogía, el menciona las figuras centrales del Antiguo Testamento, distinguiendo notablemente Abraham y el rey David, porque es a ellos que tratan la mayor parte de las profecías sobre la venida del Mesías, cuyo cumplimiento ha tenido lugar en la navidad de Cristo a Bet-le-hem de Judea (St. Mat.2,5-6). La primera parte del evangelio de Mateo nos dice de manera rotunda que Dios ha llegado a ser un hombre verdadero, para nosotros y para nuestra salvación (Mt.1, 2), mientras que en la segunda parte de esta genealogía, San Mateo precisa que el Mesías es el Dios-hombre, que su Navidad es sobrenatural, del Espíritu Santo y de la Virgen María (Mt.1,20). Asumiendo El mismo una verdadera naturaleza humana, Cristo ha llegado a ser uno de nosotros (Juan 1,14), al mismo tiempo que Él sigue siendo desde la eternidad – el Hijo de Dios i la Segunda Persona de la Santa Trinidad. Así se puede resumir la Buena Nueva anunciada por el evangelista San Mateo sobre la salvación de todos los pueblos por la fe en Jesús-Cristo (Ga 2,16).
El santo apóstol Lucas, en su evangelio dirigido a su discípulo el piadoso Teófilo (San Lucas 1,3), después a todas las almas amantes de Dios, precisa el marco histórico de la Navidad de Cristo. Por su testimonio apologético, desarma a todos los escépticos y los no creyentes que habían intentado anunciar que el Señor Cristo era una leyenda y una persona inexistente, asegurándoles que el Cristo es una persona histórica real, el Mesías. Como historiador, San Lucas precisa que la Navidad de Cristo ha tenido lugar en la época del emperador romano Augusto que ha reinado entre el año 27 antes de Cristo y el año 14 después de Cristo, en el censo general de población alcanzado mientras que Cirenio era gobernador de Siria (Luc. 2,2), lo que corresponde a hechos históricos no desmentidos por las fuentes científicas. Siendo más extensivo que San Mateo, el evangelista San Lucas no evoca la Navidad de Cristo solamente i intencionadamente dirigida a los judíos, sino también a la de todos los pueblos de la tierra (Luc. 2,29-32). En su genealogía, Lucas subraya que Cristo es el Salvador, el Nuevo Adam, la Cabeza y el fundador espiritual de la Nueva Israel, del Reino bendecido del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Luc. 3,21-23), el que ilumina la dimensión litúrgica de esta fiesta.
Mencionamos brevemente, como punto culminante y punto final, el testimonio del Evangelista San Juan el Teólogo sobre la Navidad de Cristo. Este discípulo bien amado y apóstol de Cristo es el Hijo pre-eterno de Dios, el Verbo de Dios, el Logos a través del cual todo ha sido creado (Juan 1,1-3) y como la luz ha venido a este mundo (Juan 1,5), con el fin de anunciarnos la Nueva y Eterna Alianza entre Dios y el hombre: “Porque la Ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad se produjo por Jesús Cristo” (Juan 1,17: Rm. 10,4).
Queridos hermanos y hermanas, todo lo que los evangelistas han testimoniado, todo lo que los apóstoles y los santos Padres han confirmado, nosotros también os
testimoniamos hoy, en Navidad, porque por pastoral saludable y por amor, nosotros os invitamos a formar parte de la celebración de Navidad, a dejar de lado nuestras preocupaciones cotidianas, a llevar nuestras ofrendas a Cristo –Niño Dios- el oro espiritual, del incienso y de la mirra –que significan fe, esperanza y amor- e ir al encuentro de Dios y de nuestro prójimo. San Juan Crisóstomo ha llamado la Navidad, como la raíz de todas las fiestas cristianas porque es en Navidad que nos han dado la promesa, y de manera misteriosa y benéfica el don por adelantado, del Santo Encuentro, del Bautismo, de la Transfiguración pero también de la Cruz y de la Resurrección de Cristo. Es de aquí que vienen nuestros dichos populares: “Sin Dios, ni hablar de cruzar el umbral de la casa” y “No hay fiesta más grande que Navidad”, porque es en Navidad que se recibe de antemano el Misterio de Dios y de la salvación de todo el pueblo en la Iglesia de Cristo…
Navidad nos revela el fin y el sentido de nuestra existencia terrestre. En el lenguaje de los santos Padres, Dios es hombre a fin que nosotros los hombres seamos divinizados, a fin que devengamos “dios por la gracia” impregnando nuestro ser de la plenitud de la bendición divina. No se trata de un maximalismo cristiano, ni de una utopía antropológica, sino de la realidad de la vida en Cristo, una realidad espiritual que es un don de Dios. No permitamos que, sea lo que sea en este mundo que “se encuentra en poder del mal” (1 Juan, 5,19), nos separe del amor de Dios, revelado en Jesús-Cristo, nuestro Señor (Rm 8,35). La plenitud de este amor se encuentra en la Navidad de Cristo. Es porque Navidad es verdaderamente “el Día en que el Señor ha hecho para que sea nuestra dicha y nuestro gozo” (Salmo 118,24).
Navidad nos muestra también la santidad de la vida humana. Esta fiesta nos invita a la divinización, no a la destrucción, al servicio de la vida, no solamente biológica sino también eterna, y no al servilismo de la muerte. El santo staretz Silvano del Monte Athos se esforzó durante su vida, a no aplastar ni un gusano de tierra, ni una hormiga, ni una flor, ni la menor brizna de hierba. Toda vida ha sido dada por Dios, en particular la del ser humano que está en Cristo, el icono del Dios Viviente (2 Co 4,4). Navidad nos fortalece recordando la bendición bíblica: “Sed fecundos, multiplicaros, llenad… la tierra!” (Gen.1, 22). Que Dios permita que esta bendición sea el criterio de vida del pueblo serbio y de todos los pueblos en la tierra, porque es así que el infierno del fratricida y del infanticidio será reemplazado por la Paz celeste y la plenitud de la vida. Que a partir de esta fecha de Navidad, revivan los pueblos y que nuestras familias estén llenas de alegría y juegos infantiles! El Santo Evangelio nos recuerda precisamente que si no cambiamos y no llegamos a ser como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos (Mat.18, 3). Es por eso que la Navidad es también la fiesta de nuestros niños, la fiesta de la juventud y del futuro eterno.
En estos días bendecidos de Navidad, roguemos al Señor, Rey de Paz (He 7,2), para que desaparezcan las hostilidades entre los pueblos, para que Sus hijos a través del mundo sean salvados y para que Él sea misericordioso con todos nosotros. Que esta fiesta de Navidad traiga a la comunidad todos aquellos que se han alejado de alguna manera, por cualquier razón, de la Iglesia del Dios Viviente! Que desaparezcan las herejías y los cismas, a fin que todos los hombres, con temor de Dios, fe y amor, accedan a la unidad y a la vida de la Iglesia, una santa, conciliar y apostólica! Es en
esta unidad que el mismo Señor ha aclamado en Su oración como primer sacerdote diciendo: “Que todos sean uno”(Joan 17,21).
Nosotros saludamos en este mensaje de Navidad a todos nuestros hijos espirituales… y los llamamos a vivir juntos con un amor fraterno, en el amor de Dios. Rogamos particularmente por el Kosovo y la Metoquia crucificados… que el gran Njegos ha llamado “lugar de terrible juicio”… Que Dios, el Único Amigo de los hombres, otorgue la paz y la bendición a Su pueblo y, según las palabras de San Silvano del Monte Athos, conceda a todos los pueblos de la tierra de reencontrarlo en el Espíritu Santo, en la Luz milagrosa de la Navidad!
La Paz de Dios – Cristo ha nacido! En verdad, Él ha nacido!
Bendito sea el año nuevo 2017!
Fuente: Orthodoxie.com. Traducción mro

MENSAJE DE PASCUA 2016

Del Patriarca Ireneo y de la Asamblea de los obispos ortodoxos serbios.

2012_04_15_Patriarca Irinei Pascua¡CRISTO HA RESUCITADO!

Cristo ha resucitado, triunfando sobre la muerte y levantando a los difuntos. ¡Pueblos, estad alegres! (Canon de Pascua, 9º canto).
Hoy celebramos, queridos hermanos y hermanas, al Señor nuestro Dios, “que ha visitado y liberado a su pueblo” (Lc 1, 68) y la luz de su Resurrección ha iluminado todo el universo! ¡Celebramos al Señor que fue “entregado por nuestras faltas y resucitado para nuestra justificación” (Rom 4,25) ¡Celebramos al Señor que, hecho hombre por nosotros, ha soportado la muerte, para que por su resurrección se nos abran las puertas de una vida nueva! Pero todos los que hemos sido bautizados en Cristo, nuestro hombre viejo ha muerto con Él a fin de que, resucitados, regenerados y reconstruidos  en Él, vivamos con Él para siempre (Rom 6, 8). “Cristo ha resucitado de los muertos, primicias de los que se han dormido” (I Cor 15, 20) y nosotros, que hemos muerto en Adán, somos vivificados en Cristo, convirtiéndonos en una creatura nueva.

Por ello, en este día de luz entonamos cantos victoriosos para Aquel que ha vencido el poder de la muerte, Aquel que ha aplastado la sabiduría aparente de los sabios de este mundo y que, por su Resurrección, ha salvado a los que creen el Él (1 Cor 1, 21). Viendo realizadas las palabras de los profetas, nos exclamamos con el apóstol Pablo: “conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios” (Efe 3, 19). En efecto, de la misma manera que el poder de la muerte, después de la caída de los antepasados del género humano en el pecado, ha penetrado en este mundo, igualmente el Señor Cristo, nuevo Adán, ha tomado sobre Él las heridas nacidas a causa del pecado, y ha soportado voluntariamente la muerte por nosotros, ha destruido el poder de la muerte y ha restituido al hombre en su belleza original. Así, por la Resurrección, conocemos el sentido y la finalidad de la creación divina, pues el Señor ha llevado a todos los hombres de la nada a la existencia para vivir eternamente e incorruptiblemente en Cristo, su Hijo Único. San Máximo el Confesor nos ha enseñado, bajo la inspiración de Dios, que hemos nacido carnalmente, hemos sido regenerados por el bautismo, pero que con la Resurrección nacemos eternamente en Cristo que, primer nacido entre los muertos, regenera a toda la creación y le confiere un carácter de incorruptibilidad. Por su Resurrección, Cristo reúne este mundo y el paraíso, y acoge antes que a cualquier otro al ladrón arrepentido, dándonos a todos la esperanza de que vivir en el arrepentimiento no es en vano. Celebrando la Resurrección de Cristo, celebramos y cantamos el misterio prodigioso de Dios que nos ha creado para que en su Hijo, encarnado, crucificado y resucitado, Cristo Salvador, seamos eternamente participantes de la naturaleza divina, es decir, de la vida divina (2 Pedro, 1, 4).

Hasta la Resurrección de Cristo, todos los hombres se encontraban después de la muerte en los espacios sombríos del infierno, donde nada celebra a Dios; así, la absurdidad de la muerte tenía encadenada a toda la creación (Salmo 6, 6; Isaías 38,18). Cristo Dios desciende a las profundidades del infierno y las cadenas eternas que retenían a los que allí se encontraban, fueron rotas. El infierno fue vaciado y nuestro Señor condujo a nuestros antepasados y a los justos hasta la luz de una vida nueva. Desde entonces, la muerte no es más que un sueño. No significa ya el fin, sino que representa la puerta  de la vida eterna en Cristo. Por ello el apóstol Pablo exclama: “Para mí, la vida es Cristo, y morir representa una ganancia” (Filip. 1,21).

Después de haber purificado nuestros sentidos en la santa Cuaresma, ¡miremos a la luz inaccesible de la Resurrección, miremos a Cristo que brilla en nuestros corazones! ¡Perdonándonos los unos a los otros, renovémonos por su Resurrección en una vida nueva! ¡Comencemos a vivir en Cristo resucitado, para que todos nosotros, desde esta vida, podamos considerarnos a nosotros mismos, así como a los demás, como un solo Cuerpo, una sola Iglesia de Dios! Aunque vivimos en una época difícil, llena de incertidumbres y tragedias, no debemos dejar, tomando ejemplo de los antiguos cristianos, de estar alegres y de amar con el amor de Cristo, no solamente a los demás, sino también a nuestros adversarios, para que nada nos desvíe del camino de vida que Cristo nos ha dado. Si no nos perdonamos los unos a los otros, no se nos perdonará tampoco a nosotros; si condenamos, también nosotros seremos condenados, según nos enseña el Señor. Sin perdón y sin tener en cuenta nuestros propios pecados contra nuestros prójimos, amigos y adversarios, no estaremos en medida de acoger en nuestros corazones la luz de la Resurrección ni de convertirnos en defensores de la esperanza en la eternidad, donde no hay más miedo, ni suspiros, ni tristeza ¡No tengamos pues miedo de este mundo, queridos hermanos y hermanas, pues Cristo ha vencido a la muerte! Temamos sólo el abandonar la luz para ir a las tinieblas, es decir, salir de la alegría del Reino de Dios… Nosotros, los cristianos no tenemos miedo a la muerte. Creemos profundamente que no somos de este mundo, aunque vivamos aquí. Cristo, Pascua eterna, nos ha abierto las puertas del Reino de Dios. Es nuestra patria verdadera, y en este mundo no somos más que pasajeros que se desplazan den el tiempo y el espacio, testimoniando a Cristo, por nuestra existencia ¡No olvidemos nunca en Quién hemos sido bautizados, para Quién vivimos, para que nuestro recorrido terrestre no sea en vano y que nuestra esperanza no se deposite en los ídolos vacíos y vanidosos de este mundo y de este siglo (Gal. 2, 2)!

¡Queridos hijos espirituales, no descuidemos el amor! Pues es precisamente por nuestro amor de los unos por los otros que seremos reconocidos como discípulos de Cristo (Jn 13, 35) ¡Estemos al lado de los que sufren, lloremos con los que lloran y reconfortémosles con la esperanza en el Señor! ¡Que nuestro servicio de Dios no sea una piedad externa a semejanza de los fariseos! ¿Cuál será entonces nuestra recompensa? ¡Sacrifiquémonos por nuestros prójimos! ¡Demos a aquel que está necesitado! ¡Celebremos humildemente a Dios con las palabras del publicano arrepentido! El pueblo de Dios está dispersado, hoy en día, por el mundo entero, pero lo que nos reúne y hace de nosotros Una Iglesia, no son las ideologías efímeras de este mundo, sino la consciencia profunda de que estamos unidos en Cristo, en quien hemos sido bautizados y al que comulgamos ¡Hagamos pues de tal manera que aquellos que no han conocido la luz de la enseñanza de Cristo, vean en nosotros un camino y reconozcan en nosotros a los herederos auténticos de los apóstoles y de los santos de Cristo! En este espíritu, todo el pueblo serbio ha tomado el ejemplo de San Sava que nos ha mostrado infaliblemente el camino de Cristo como el único camino de vida. Los santuarios de Nemanjic brillan como faros en obscuridad de nuestra historia, y nos muestran todos los horizontes espirituales del Reino de Dios, que no es de este mundo. Por ello, ningún sufrimiento, ni ninguna injusticia infligida por los poderosos de este mundo pueden ni deben dividirnos u oponernos.

En  esta fiesta luminosa, rogamos particularmente por todos los serbios expulsados, que desde hace dos decenios ya, no pueden volver a sus hogares, pero también por los que se han quedado a vivir en las moradas de sus antepasados y que, al lado de sus pastores espirituales, soportan las amenazas y las presiones por la única razón de que son serbios ortodoxos.
Estamos en particular y de todo corazón al lado de nuestros hermanos y hermanas de Kosovo y de Metojia. Viviendo en esta auténtica tierra serbia y celebrando a Dios, continúan testimoniando sobre el misterio de la Pasión de Cristo y su Resurrección. El Kosovo de San Lázaro ha estado siempre marcado con el signo de la Cruz y la Resurrección. ¡Muchas veces, nuestro pueblo ha sufrido el suplicio, pero siempre, gracias al poder de Dios, se ha erguido y reconstruido, siguiendo marchando sobre el camino de Cristo! Son nuestros santos los que nos enseñan lo mejor, así como nuestros santuarios de Kosovo y de Metojia, donde reposan las santas reliquias de numerosos cristianos agradables a Dios y enlos que se ha grabado, como un sello, el misterio de la Resurrección de Cristo. Nuestras iglesias y monasterios, nuestros pueblos y ciudades, han sufrido durante siglos, pero los hemos reconstruido siempre, regenerándonos a nosotros mismos, tal la Iglesia viva de Dios. Por ello, más que llorar y lamentarnos, debemos entonar un canto misterioso pues a la luz de la Resurrección, la cruz que llevamos no es un símbolo de humillación y de vergüenza, sino de dignidad nueva y de gloria. Para nosotros, serbios, y para todos los cristianos ortodoxos, Kosovo y Metojia no es solamente una noción geográfica, sino por encima de todo, un espacio espiritual que nos une a todos, allá donde vivamos. Conforme al testamento de Kosovo del santo príncipe Lázaro, no tenemos que olvidar nunca que el Reino celestial constituye siempre el ideal supremo y el fin último, y que todos los bienes terrestres son perecederos y efímeros.

Hoy los cristianos sufren por todo el mundo, en particular en el Oriente Próximo y en Ucrania. ¡El ejemplo de su fe y de su estoicismo tiene que ser un estímulo para nosotros y la garantía que el Señor no abandonará jamás a su Iglesia y que la gracia divina se multiplica precisamente en el momento en el que se multiplican los sufrimientos! No tenemos que olvidar que el Señor Jesucristo mismo huyó a Egipto con la santísima Virgen y José el justo, para escapar a la violencia de Herodes, mostrándonos así que todos nosotros somos extranjeros en un mundo que yace bajo el mal.

Queridos hermanos y hermanas, hay mucha amargura y tristeza en nuestro pueblo después de todos los años difíciles de pruebas que hemos atravesado y que atravesaremos. Pero bajo ningún precio, no debemos nunca caer en la desesperación. Porque cuando se sufre, un cristiano se arrepiente aún más ante Dios, y al mismo tiempo se regocija pues sabe que el Señor no rechazará jamás un corazón lleno de esperanza. Por ello dirijamos nuestras oraciones a Dios, queridos hijos espirituales, para que nos preserve del odio y de las malas acciones y nos enseñe el amor con el que Él ha amado este mundo. Si somos capaces de reconocer el dolor y el sufrimiento de nuestros prójimos y de arrepentirnos de nuestros pecados, entonces nuestro esfuerzo no habrá sido en vano en vistas de la salvación y la vida eternas.

Nuestros saludos y oraciones se dirigen también a nuestros hermanos y hermanas que viven por todo el mundo; los llamamos a volverse los unos a los otros en signo de amor fraterno y de unidad, reunidos todos alrededor de su Iglesia, para continuar testimoniando dignamente lo que son, cuál es su fe y a qué pueblo pertenecen.

¡Conservemos la santidad del matrimonio y de la familia, instruyendo a nuestros hijos en la fe, el temor de Dios y la pureza, sin olvidar que la familia es “una Iglesia doméstica” y la base de la comunidad cristiana! ¡Participemos regularmente en las asambleas eucarísticas, comulgando al Cuerpo y a la Sangre de Cristo, convirtiéndonos así en un solo Cuerpo, el Cuerpo de Cristo, Pueblo elegido, Iglesia del Dios Vivo! No olvidemos que este Misterio prodigioso continúa en la fe y el amor que debemos testimoniar concretamente en nuestro hogar, en nuestro trabajo, ante aquellos que nos aman como ante los que nos odian, en resumen, en todas partes y siempre. Para un cristiano, toda la existencia es una alegría litúrgica pascual. Quien vive así, no mirará al otro como un extranjero: en cada uno, reconocerá el rostro de nuestro Señor, que desea que todos los hombres se salven. Testimoniar la alegre Nueva de que Cristo en verdad ha resucitado, es nuestro deber cotidiano pues el Señor nos llama por el Espíritu Santo a no encerrarnos en nosotros mismos, sino a llevar a los otros hacia esta alegría y mostrarles la única vía de salvación. El Cristo Resucitado nos llama a ser la luz del mundo, no un objeto de escándalo. Al estar dispuestos a reconocer nuestras transgresiones y a enderezarnos en la humildad, no nos humillamos sino que confirmamos de esta manera que el Espíritu de Dios reside en nosotros.

Os anunciamos en particular la buena nueva que, en la fiesta del descenso del Espíritu santo, que marca la realización de la ascesis de Cristo para la salvación del mundo y de la humanidad, en el mes de junio de este año, un santo y gran Concilio de la Iglesia ortodoxa se celebrará en la isla apostólica de Creta. Debemos todos rezar al Señor para que este hecho espiritual excepcional inspirado por el Espíritu Santo, sea una confirmación concreta de la unidad indestructible de la santa Iglesia ortodoxa confesada por todos los cristianos  auténticos y una llamada a todos los que creen en Cristo, a ser Uno en nuestro Señor y Salvador único.

No olvidemos, queridos hermanos y hermanas, que estamos llamados, allí donde estemos y sea lo que sea lo que hagamos, a ser artesanos de la paz, llevando el testimonio de Dios que nos da la paz y que es nuestra Paz. Aunque todos somos diferentes, no tenemos que olvidar nunca que hemos sido creados a la imagen de Dios y llamados a ser Uno en Cristo. Así, hay que tender la mano a aquel que hace un mal paso, y no empujarlo a una caída más profunda; hay que visitar a un enfermo y tener cuidado de él, y volver a poner en el camino recto a aquel que se ha extraviado. Actuando así, obraremos de tal manera que el Señor se exprese en nuestras acciones, Él, que nos ha dicho que tenemos que ser la luz del mundo. ¡Y por encima de todo, queridos hijos espirituales, nuestra vida debe ser una acción de gracias permanente a Dios por todo y por todos!  Pues, ¿qué podríamos ofrecer de más grande al Cristo resucitado, que nos ha conducido de las tinieblas a la luz del conocimiento y de la muerte a la vida eterna? Por ello, con todos los ángeles y todos los santos del cielo, y al mismo tiempo, con nuestros hermanos y hermanas en la tierra, entonemos el canto victorioso y en la alegría de la fiesta, dirijámonos los unos a los otros el saludo :

¡CRISTO HA RESUCITADO!

En el patriarcado serbio, en Belgrado – Pascua 2016
El patriarca serbio Ireneo y todos los obispos de la iglesia ortodoxa serbia.

 

Msr. ANTHONY (BLOOM) Metropolita de Souroge “Oración, Espiritualidad y Visión Eclesiologica”

FUNDACIÓN ORTODÒXIA
tiene placer de invitarle a la Conferencia

blum_01Msr. ANTHONY (BLOOM) Metropolita de Souroge “Oración, Espiritualidad i Visión Eclesiologica” a cargo del P. Diácono José Santos
Vernes 15 de abril a las 19:45h (despues del Oficio de Vísperas) Iglesia Ortodoxa – C/Aragó,181 – Barcelona – Tel 659 444 764

 

 

p_d_jose_santosEl P. Diaca Jose Santos, hace ya dos años nos presentó su vida. Ahora nos hablarà de los rasgos característicos de los discursos del Metropolita Msr. Antoni en cuanto a la oración, espiritualidad y visión eclesiologica. Msr. Anthony Bloom, de Memoria Eterna, es un gran referente. Su carisma bondadoso y savio nos sorprende de gran manera i hacerlo presente nos aporta siempre la Buena Nueva del Evangelio en nuestras vidas.

 
anthony_bloomAnthony Bloom (1914-2003), Arzobispo Metropolita de la Iglesia Ortodoxa Rusa en Gran Bretaña, ha sido uno de los referentes espirituales de la segunda mitad del s. XX. Ha sido autor de diversos libros de gran resonancia que, todavía hoy en día consiguen el interés de mucha gente. Citaremos algunos de ellos, traducidos al castellano: “No temas pedir perdón”“Meditaciones sobre un tema – Peregrinación espiritual a través del Evangelio” “Al atardecer de la vida” (Cuando la muerte reclama sentido y la enfermedad acompañamiento)…

ASAMBLEA GENERAL Y CELEBRACIÓN DE SANTA EULÁLIA

2016_02_14_Santa Eulalia i visita msr Amfilohije (4) recortadaEl  día 13 de febrero de 2016 tuvo lugar, en los locales de la parroquia de la Protección de la Madre de Dios de Barcelona la Asamblea anual de nuestra Iglesia, con participación de los representantes de todas las parroquias de la Iglesia, dirigida por el Vicario General, m. r. p. Joan García, (en esta ocación nuestro obispo no pudo estar presente por estar acompañando a nuestro patriarca, msr. Irenej, en un viaje a Australia) en la que se trataron los diferentes aspectos de la vida de las parroquias.

Este año  tuvimos el honor de recibir la visita de Msr. Msr Amphilojie, metropolita de Montenegro y del Litoral y Arzobispo de Cetinje, que vino acompañado de varios sacerdotes.

También recibimos la visita de un grupo de fieles de la parroquia de Varsovia, con su rector, el p. Henryk Paprocki.

Se celebró también, con varios actos,  la festividad de santa Eulalia, patrona de la Asociación de laicos Santa Eulalia y co-patrona de la ciudad de Barcelona.

Así el jueves, 11, p. Henryk pronunció una conferencia titulada “Teología de la Imagen”. Al día siguiente fué Msr. Amhilojie quien dió una conferencia con el tema “Teología de la Luz”

El sábado 15, se celebró la Asamblea anual de la Iglesia,
Por la tarde se celebraron Vísperas y después de estas, la Asociación santa Eulalia ofreció un refrigerio a los asistentes, en memoria de santa Eulalia. El domingo se celebró la Divina Liturgia de pontifical y después tuvo lugar la ya tradicional comida comunitaria en un restaurante de la ciudad.
Se pueden  ver algunas fotos de la celebración aquí.

Festividad de Sta Eulalia, Barcelona 11-14 Febrero 2016: Msr Amphilojie (Amfilohije) y Dr Paprocki

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Festividad de Santa Eulalia de Barcelona

12 Febrero 2016

Actividades 11,12, 13 i 14 de Febrero 2016,

 

Jueves 11 Febrero, a las 19:00: Oficio de Vísperas

19:45h: Conferencia del M. Rev. Arcipreste. Dr. Henryk Paprocki, teólogo, sacerdote ortodoxo de Polonia.

Viernes 12 febrero a las 19:00h: Oficio de Vísperas
19:45h: Conferencia de Monseñor Amphilojie (Amfilohije), Metropolita de Montenegro y del Litoral y Arzobispo de Cetinje.

Sábado 13 febrero: Asamblea General de la Iglesia Ortodoxa Española
participación de todos los representantes de parroquias

                       19:00:   Oficio de Vísperas

Domingo 14 febrero a las 10:00h:
DIVINA LITURGIA – FESTIVIDAD DE SANTA EULALIA -

                         A continuación del Oficio – Comida comunitaria