12/4/2020: Domingo de Ramos

Entrada de Jesús a Jerusalem

Fil. 4, 4-9
Lc 7, 36-50

La versió en català, està sota la versió en castellà.

Son días extraños. También es parte de esta extrañeza comentar el Evangelio desde una mesa de trabajo, sin escucharlo antes proclamado en medio de la Divina Liturgia; y por escrito, sin ver los rostros de todos.

No sé quién leerá estas líneas, pero pienso en todos los que, confiando y siendo fieles a Cristo y a su palabra, sufren esta situación de pandemia y ponen su voluntad en encomendarse al Señor por encima de todo.

No sé, a ti que lees, cómo te ha golpeado esta epidemia: tal vez alguien cercano a ti ha dejado este mundo; o estarás padeciendo tú mismo la enfermedad, o habrás visto tu economía afectada gravemente; quizás alguno estará inquieto a causa de la incertidumbre del momento, y por el futuro de sus hijos; alguien verá tambalearse su paz interior, necesaria para dirigirse a Dios en plegaria; tal vez alguien sentirá más que nunca la necesidad de tener cerca la Iglesia, de recibir los sacramentos, más consciente que hace unas semanas de la propia debilidad.

Y el Apóstol nos dice hoy una vez más ¡Alegraos! ¡Alegraos siempre en el Señor! El Señor está cerca!

Son días extraños y difíciles, pero el Evangelio continúa siendo para nosotros, cristianos, la brújula que señala el oriente de nuestra vida. Quiero transcribir en este comentario palabras del santo obispo Ignacio (Briantcháninov).

El fruto de las tribulaciones, consistente en la purificación de nuestra alma y su elevación a un estado espiritual, debe guardarse como un tesoro muy apreciado. Este fruto se guarda cuando, sometidos a pruebas y reprimendas, ponemos todo el cuidado durante ese tiempo en acatar los mandamientos del Evangelio, sin dejarnos seducir por las pasiones que aparecen y se incitan por la misma prueba. ¡Entre la Cruz y los mandamientos del Evangelio existe una hermosa relación!… “Vosotros, los que teméis al Señor, confiad en su misericordia; no os desviéis del camino recto, para no caer. Los que teméis al Señor confiad en El y no quedaréis sin recompensa. Los que teméis al Señor, esperad sus favores, la felicidad eterna y la misericordia” (Sir 2, 7-8)

El domingo de la Entrada del Señor a Jerusalén la Iglesia proclama el Evangelio (Jn 12, 1-13) en que san Juan nos presenta el inicio del camino hacia el Gólgota. En este pasaje vemos a quien le ama, le sirve y obra ya para su sepultura: Lázaro, Marta, María, la que unge sus pies; vemos también quien se muestra incapaz de soportar lo que ha de venir, viendo quizás frustradas las esperanzas de un líder fuerte que liberase Israel del poder opresor de Roma y, sintiéndose traicionado o engañado, llega a desear acabar con Él; y vemos los que no entienden, esperan y dudan. En casa de Lázaro, resucitado de los muertos después de cuatro días en la tumba, están todos. En la entrada a la ciudad de Jerusalén también estamos todos, los que le alaban con júbilo, los que conspiran contra Él, los que con fidelidad le acompañan aunque todavía con un muro que les impide entender lo que vendrá. Estos últimos son, creo, los que mejor nos representan a la mayoría de nosotros: escuchamos la Palabra, confiamos en el Señor, le seguimos, pero nuestros oídos no quieren acabar de escuchar.

Cristo entra a Jerusalén, el pueblo le aclama y le canta himnos de victoria como Rey, y Él inicia el camino de la Pasión y la muerte en la Cruz. Muchos esperan un Mesías poderoso, un Caudillo victorioso. Él, humilde, sobre un pollino de asna, emprende el camino de la Pasión y la Cruz.

En el Evangelio del domingo anterior,

dos discípulos pedían al Señor tronos de gloria. Él les ofrecía su Copa: La Copa de Cristo es sufrimiento (…) La Copa de Cristo es un don de Dios (..) Como seguidor de Jesús Cristo, tu preocupación es actuar en justicia; recibir la Copa en acción de gracias a Dios y con fe viva; y, con valentía, beberla hasta apurarla.

Esta prueba que ahora Dios permite que llegue al mundo puede ayudarnos a reflexionar: ¿qué estamos dispuestos a hacer para conseguir la salud del cuerpo? ¿Qué estamos dispuestos para la salvación de nuestra alma?

Estáis preparados para soportar el gusto amargo y repelente de las medicinas, para soportar la amputación y la cauterización de miembros, para soportar el interminablemente largo padecimiento del hambre y la reclusión en vuestra celda; estáis preparados para soportar todo eso a fin restablecer la salud perdida de vuestro cuerpo, que después de sanado seguro que volverá a enfermar y con toda seguridad morirá y se corromperá. ¡Sed capaces de soportar la amargura de la Copa de Cristo que aporta a nuestra alma inmortal la salvación y la beatitud!

Ruega a Dios que aparte de ti toda calamidad y toda prueba; pero cando las aflicciones vengan por sí mismas, no les tengas miedo, no pienses que han venido por casualidad, por la fuerza de las circunstancias. No, han sido permitidas por la inescrutable Providencia de Dios. Lleno de fe, con fortaleza y con la magnanimidad nacidas en ti, nada sin miedo en medio de la tempestad oscura y huracanada hacia el puerto tranquilo de la eternidad; la mano invisible del mismo Jesús te guiará. 

Cuando Jesús amó a aquel joven le ofreció seguirle y llevar su Cruz (cf Mt 10, 21). ¡No rechaces su llamada!

Muchos nos hemos preguntado si los males que padecemos son un castigo por nuestras culpas. Ciertamente ésta no es la enseñanza del Evangelio. Nuestro Dios es un Dios de Amor y quiere que todos se salven, y de ningún modo desea ni planifica el mal para su creación. La relación entre la culpa y las aflicciones es otra:

…cada aflicción revela las pasiones escondidas en el corazón, las pone en movimiento. Antes de que llegue la aflicción, el hombre aparece calmado y afable, pero cuando llega la tribulación, las pasiones de las que no era consciente despiertan y se manifiestan, en particular la cólera, la tristeza, la acidia, el orgullo y la incredulidad… junto a ello, las tribulaciones aceptadas y soportadas del modo conveniente, aumentan la fe: enseñan al hombre su debilidad, inducen a la humildad y disminuyen la presunción.

“Cristo vino a llamarnos a la conversión. Pon especial atención en estas palabras: He venido para llamar a los pecadores a la conversión (Mt 9, 13). Nuestro Señor nos ofrece aquí no diversión ni comida, ni paseos o carreras, ni banquetes ni bailes. Sino penitencia, llanto, lágrimas, lamentación y cruz. ¡Mira en qué pasa un cristiano su vida en la tierra! Lo puedes ver leyendo el Evangelio de Cristo. También hay alegría aquí para los cristianos, pero espiritual. No se alegran con el oro o la plata, la comida, la bebida, el honor y la gloria, sino en Dios su Salvador, en su bondad y en la acción de gracias, en la esperanza en la vida eterna”. (S. Tikon de Zadonsk)

Así pues, iniciando el camino del Gólgota,

«Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y el Dios de la paz estará con vosotros.» (Fil 4, 4-9)

P. Josep Moya

12/4/2020: Diumenge de Rams

Entrada de Jesús a Jerusalem

Fil. 4, 4-9
Lc 7, 36-50

Són dies estranys. També és part d’aquesta estranyesa comentar l’Evangeli des d’una taula de treball, sense primer escoltar-lo proclamat al mig de la Divina Litúrgia; i per escrit, sense veure els rostres de tots.

No sé qui llegirà aquestes línies, però tinc al meu pensament tots els qui, confiant i sent fidels al Crist i a la seva paraula, patim aquesta situació de pandèmia i posem la voluntat en encomanar-nos al Senyor per damunt de tot.

No sé, a tu que llegeixes ara, com t’ha colpejat aquesta epidèmia: potser alguna persona propera a tu hagi deixat el món; o estaràs patint ara la malaltia, o hauràs vist la teva economia greument afectada; algú estarà inquiet per la incertesa dels moments, i pel futur del fills; algú veurà trontollar la seva pau interior, necessària per adreçar-se a Déu en la pregària. Algú potser sentirà més que mai la necessitat de tenir a prop l’Església, de rebre els sagraments, més conscient que fa unes setmanes de la pròpia feblesa.

I l’Apòstol ens diu avui una vegada més Alegreu-vos! Alegreu-vos sempre en el Senyor! El Senyor és a prop!

Són dies estranys i difícils, però l’Evangeli continua sent per nosaltres, cristians, la brúixola que senyala l’orient de la nostra vida. Vull transcriure en aquest comentari paraules del sant bisbe Ignasi (Briantchàninov):

El fruit de les tribulacions, que consisteix en la purificació de la nostra ànima i la seva elevació a un estat espiritual, ha de ser guardat com un tresor preciós. Aquest fruit és guardat quan, sotmesos a proves i reprimendes, posem tota la cura durant aquest temps en acatar els manaments de l’Evangeli, sense deixar-nos seduir per les passions que apareixen i s’inciten per la prova. Entre la Creu i els manaments de l’Evangeli hi ha una bella relació!… “Vosaltres, els qui temeu el Senyor, confieu en la seva misericòrdia; no us desvieu del camí recte, per no caure. Els qui temeu el Senyor confieu en Ell i no quedareu sense recompensa. Els qui temeu el Senyor, espereu els seus beneficis, la felicitat eterna i la misericòrdia.” (Sir 2, 7-8)

El diumenge de l’Entrada del Senyor a Jerusalem l’Església proclama l’Evangeli (Jn 12, 1-13) en què sant Joan ens presenta l’inici del camí cap al Gòlgota. Veiem qui l’estima, el serveix i actua ja per la seva sepultura: Llàtzer, Marta, Maria, la que li ungeix els peus; veiem també qui es mostra incapaç de suportar el que vindrà, veient potser decebudes les seves esperances d’un líder fort que deslliurés Israel del poder opressor de Roma, i sentint-se traït o enganyat, i fins i tot volent acabar amb Ell; i veiem els qui no entenen, esperen i dubten. A casa de Llàtzer, ressuscitat dels morts després de quatre dies a la tomba, hi són tots; a l’entrada a la ciutat de Jerusalem hi som tots, els que El lloen joiosament i els que conspiren contra Ell, els qui l’acompanyen fidelment, tot i tenir encara al cor un mur que impedeix entendre el que ha de venir. Aquests últims són, crec, els que millor ens representen a la majoria de nosaltres: escoltem la Paraula, confiem en el Senyor, el seguim, però les nostres oïdes no volen acabar de sentir.

El Crist entra a Jerusalem, el poble l’aclama i li canta himnes de victòria com a Rei, i Ell inicia el camí de la Passió i la mort a la Creu. Molts esperen un Messies triomfant, Cabdill victoriós. Ell, humil, sobre un pollí de somera, pren el camí de la Passió i la Creu.

A l’Evangeli del diumenge anterior,

dos deixebles estimats demanaven al Senyor trons de glòria. Ell els oferia la seva Copa: La Copa del Crist és sofriment (…) La Copa del Crist és un do de Déu (…) Com a seguidor de Jesús Crist, la teva preocupació és actuar en justícia; rebre la Copa amb acció de gràcies a Déu i amb una fe viva; i amb coratge de beure-la fins a apurar-la».

Aquesta prova que avui Déu permet que arribi al món, ens pot ajudar a reflexionar: què estem disposats a fer per obtenir la salut del cos? Què estem disposats a fer per la salvació de la nostra ànima?

Esteu preparats per suportar el gust amarg i repel·lent de les medicines, per a suportar l’amputació i la cauterització de membres, per a suportar l’interminable i llarg patiment de la fam i la interminable reclusió a la vostra cel·la; esteu preparats per a suportar això a fi de restablir la salut perduda del vostre cos, que després de guarit ben segur tornarà a emmalaltir i amb tota seguretat morirà i es corromprà. Sigueu capaços de suportar l’amargor de la Copa del Crist que porta la salvació i la beatitud eternes a la vostra ànima immortal.

Prega Déu que aparti de tu tota calamitat i tota prova; però quan les afliccions vinguin per elles mateixes, no els tinguis por, no pensis que han vingut per casualitat, per la força de les circumstàncies. No, han estat permeses per la inescrutable providència de Déu. Ple de fe, amb fortalesa i la magnanimitat nascudes en tu, neda sense por enmig de la fosca i huracanada tempesta cap al port tranquil de l’eternitat: la mà invisible del mateix Jesús et guiarà.

Quan Jesús va estimar aquell jove li va oferir seguir-lo i portar la seva Creu (cf Mc 10, 21). No rebutgeu la seva crida!

Molts ens hem preguntat si els mals que patim són un càstig per les nostres culpes. Certament no és aquest l’ensenyament de l’Evangeli! El nostre Déu és un Deu d’Amor i vol la salvació de tots, de cap manera desitja i planifica el mal per la seva creació! La relació entre la culpa i les afliccions és una altra:

…cada aflicció revela les passions amagades en el cor, les posa en moviment. Abans que arribi l’aflicció, l’home apareix calmat i afable, però quan arriba la tribulació, les passions de les quals no n’era conscient es desperten i es manifesten, en particular la còlera, la tristesa, l’accídia, l’orgull i la incredulitat…. junt amb això, les tribulacions acceptades i suportades de la manera convenient, augmenten la fe: ensenyen a l’home la seva debilitat, indueixen a la humilitat i disminueixen la presumpció.

 “Crist vingué per cridar-nos a la conversió. Posa especial atenció en aquestes paraules: He vingut per cridar els pecadors a la conversió (Mt 9, 13). Nostre Senyor ens ofereix aquí no diversió ni menjar, ni passejades o curses, ni banquets ni balls, sinó penitència, plors, llàgrimes, lamentació i creu. Mira en què passa un cristià la seva vida a la terra! Ho pots veure llegint l’Evangeli del Crist. També hi ha alegria aquí pels cristians, però espiritual. No s’alegren amb l’or, la plata, el menjar, la beguda, l’honor i la glòria, sinó en Déu el seu Salvador, en la seva bondat i en l’acció de gràcies per ella, en l’esperança de la vida eterna.” (St Tikon de Zadonsk)

Així doncs, entrant en el camí cap al Gòlgota,

“Alegreu-vos sempre en el Senyor; ho repeteixo: alegreu-vos! Que tothom hagi de reconèixer el vostre bon comportament. El Senyor és a prop. No us inquieteu per res, sinó manifesteu a Déu en tota ocasió les vostres necessitats per mitjà de l’oració i de la pregària, amb acció de gràcies. I la pau de Déu, que ultrapassa tot allò que podem entendre, guardarà els vostres cors i els vostres pensaments en el Crist Jesús.  En fi, germans, de tot allò que és veritat, de tot allò que és respectable, que és just, pur, amable, de bona reputació, de tot allò que és virtut i digne d’elogi, de tot això, feu-ne objecte dels vostres pensaments. I allò que heu après, rebut, sentit i vist de mi, practiqueu-ho; i el Déu de la pau serà amb vosaltres. » (Fil 4, 4-9)

P. Josep Moya

11/4/2020: Sábado de la Resurrección de Lázaro. Homilía

La versió en català, està sota la versió en castellà.

Se puede visualizar el vídeo de esta homilía pulsando aquí

Estimados en Cristo!

Primero de todo, quiero transmitir a todos y todas la bendición de nuestro Obispo Msr. Luka que me ha encargado de hacerlo de su parte, sobre todo, en estos momentos en que nuestras vidas han sufrido y están sufriendo un desosiego  con el que no podíamos ni imaginar, por inesperado y extremadamente peligroso para la vida de todos.

Los días de esta particular y extraña Cuaresma que nos ha sobrevenido este año, nos ha llevado a las puertas de la Gran Semana y de la Fiesta de Ramos, la fiesta de la Entrada Gloriosa en Jerusalén de Jesús-Cristo, que ya la tenemos a tocar.
Como sabemos, sin embargo, hoy sábado se celebra una de las Doce Grandes Fiestas de nuestro calendario, y más allá de la anécdota de cómo la podremos celebrar cada uno de nosotros, es importante que contemplamos el icono de la Resurrección de Lázaro, porque en ella encontramos sin duda el consuelo de todas nuestras penalidades.

Nuestro Dios es un Dios de Misericordia y de Compasión y la prueba de ello es que sin embargo, en el peor de los casos, siempre acudirá nosotros y nos dirá: «Levántate y camina», como lo dijo a Lázaro.

Quiero hacer mención de la Epístola a los Hebreos, que, en su inicio nos dice que en diversos tiempos y de varias maneras, Dios ha hablado al hombre para darle una señal, una indicación que hace referencia, a menudo para que cambie su conducta, llegado el caso.

A día de hoy, parece que Dios está dando un signo claro de que algo tiene que cambiar y no lo hace enviándonos una enfermedad, sino haciéndonos tomar conciencia de que algo se nos está escapando de las manos. ¿Haremos caso, escucharemos esta señal? Después de todo, ¿todo seguirá igual? … reflexionemos seriamente, nos va la vida y  de toda la humanidad entera.

En el relato del Evangelio de Lázaro, los discípulos anuncian a Cristo que «su amigo ha traspasado», Él, al enterarse, se conmueve y llora por su amigo, ¡qué grito de esperanza más grande para todos nosotros! , que Cristo nos considere su amigo y que, ante nuestra desgracia se conmueva y llore, y no sólo eso, sino que viene hasta delante nuestro, ante nuestras miserias, y delante de nuestra propia muerte, llora, y compasivo nos dice: «Levántate y anda».

¿Qué Dios es este que hace maravilla? Es nuestro Dios, el Amigo del hombre. ¿Querremos nosotros ser los amigos de Dios? Que Dios nos permita a todos conducirnos a la Fiesta de las Fiestas, con el sello indeleble de esta amistad.
                                                                                               Arcipreste Juan

11/04/2020: Dissabte de la Resurrecció de Llàtzer. Homilia

Es pot visualitzar el vídeo d’aquesta homilia prement aquí

Estimats en Crist!

Primer de tot, vull transmetre a tots i totes la benedicció del nostre Bisbe Msr. Luka que m’ha encarregat de fer-ho de part seva, sobretot, en aquests moments en què les nostres vides han sofert i estan sofrint un sotrac amb el que no podíem ni imaginar, per inesperat i extremament perillós per la vida de tots.

Els dies d’aquesta particular i estranya Quaresma que ens ha sobrevingut enguany, ens ha portat a les portes de la Gran Setmana i de la Festa de Rams, la festa de la Entrada Gloriosa a Jerusalem de Jesús-Crist, que ja la tenim a tocar.

Com sabem, però, avui dissabte es celebra una de les Dotze Grans Festes del nostre calendari, i més enllà de l’anècdota de com la podrem celebrar cadascú de nosaltres, és important que contemplem la icona de la Resurrecció de Llàtzer, perquè en ella trobem sens dubte el consol de totes les nostres penalitats.

El nostre Déu és un Déu de Misericòrdia i de Compassió i la prova d’això es que tanmateix, en el pitjor dels casos, sempre s’atansarà a nosaltres i ens dirà: “Aixequeu-vos i camineu”, com ho va dir a Llàtzer.

Vull fer esment de l’Epístola als Hebreus, que, en el seu inici ens diu que en molts temps i de vàries maneres Déu ha parlat a l’home per donar-lo un senyal, una indicació que fa referència, sovint per canviar la seva conducta, si s’escau.

A dia d’avui, sembla que Déu està donant un signe clar de que quelcom ha de canviar i no ho fa enviant-nos una malaltia, sinó fent-nos prendre consciència de que quelcom se’ns està escapant de les mans.

Farem cas, escoltarem aquest senyal? Després de tot plegat, tot seguirà igual?… Reflexionem seriosament, ens hi va la vida de tota la humanitat sencera.

En el relat de l’Evangeli de Llàtzer, el deixebles anuncien a Crist que el “seu amic ha traspassat”, Ell, en assabentar-se, es commou i plora pel seu amic, quin crit d’esperança més gran per tots nosaltres!, que Crist ens consideri el seu amic i que, davant de la nostra desgràcia es commogui i plori, i no solament això, sinó que ve fins davant nostre, davant de les nostres misèries, i davant de la nostra pròpia mort, plora, i compassiu ens diu: “Aixeca’t i camina”. Quin Déu es aquest que fa meravelles?. Es el nostre Déu, l’Amic de l’home. Voldrem nosaltres ser els amics de Déu?.

Que Déu ens permeti a tots portar-nos a la Festa de les Festes, amb el segell indeleble d’aquesta amistat.

Arxipreste Joan

5/4/2020: Quinto Domingo de Cuaresma. Memoria de Santa María Egipciaca.

Santa Maria Egipciaca

Liturgia de San Basilio: Heb 9, 11-14; Mc 10, 32-45
Santa Maria Egipciaca: Gal 3, 23-29; Lc 7, 36-50

La versió en català, està sota la versió en castellà.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

El Evangelio que hoy la Iglesia nos presenta para nuestra contemplación, empieza con unas palabras de Jesús-Cristo a sus Apóstoles, mientras ascendían hacia Jerusalén, donde les anuncia lo que iba a suceder en los próximos días en relación a su pasión, muerte y resurrección. Es decir que ya se nos prepara para los misterios que vamos a tener que contemplar una vez se acabe la Gran Cuaresma i nos iniciemos en la semana de la Pasión, para finalmente acceder a la Santa Resurrección.

El misterio principal que se nos propone en el texto correspondiente a este quinto domingo de cuaresma nos lo da Jesús en respuesta a la petición de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo cuando le piden que les deje estar sentados uno a su derecha y el otro a su izquierda en su gloria. Y Él les responde diciendo que esto no le corresponde a Él, el darlo, sino que es para aquellos para quien está reservado. Y después por las quejas de los diez restantes Apóstoles, frente a esta petición de  Santiago y Juan, Jesús les indica el camino, marcándoles la diferencia que hay entre aquellos que quieran ser príncipes de las naciones de este mundo, para dominarlas y ejercer su poder, y  aquellos que  quieran servir al Señor, y alcanzar una realidad trascendente a la que somos llamados. Para alcanzarla los exhorta diciéndoles, “Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será el siervo de todos”.  Para abundar en este misterio, aun les dice, “pues tampoco el Hijo del Hombre ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida para redención de muchos”. (Mc. 10, 42-45)

Con ello se nos ofrece la forma de alcanzar la gloria, siempre y cuando seamos capaces de no dejarnos llevar por aquellos príncipes de este mundo que lo que intentan es dominarlo y ejercer su poder sobre aquello que Dios les ha dado, sino ponernos al servicio de la obra de Dios que es la creación entera, con amor i disponibilidad en todo momento para servir en esta causa.

Seguramente este cambio de paradigma, supondrá un arrepentimiento que nos aporte la humildad y el amor necesario para ponernos al servicio de la obra de Dios. Y por esto nos dice que el que quiera ser el primero, sea el servidor de todos, de la misma manera que Él no ha venido al mundo a ser servido sino a servir y a dar su vida para la redención de muchos.

Él se pone a la cabeza y nos abre el camino de la gloria, indicándonos al mismo tiempo, cual ha de ser nuestra actitud para alcanzarla.

Para iniciarnos en este proceso, nuestras vidas requieren de toda una transformación a través de la cual, sepamos visualizar, nuestros pecados, nuestras transgresiones, es decir todos aquellos aspectos que nos alejan de Dios, y después a través del arrepentimiento en el sentido que tiene la palabra griega  μετανοια (metanoia), que no es un simple arrepentimiento sin más cambio, sino toda una transformación interior, que hace posible que  la gracia divina, cambie nuestras vidas, y de esta forma nos iniciemos en una ascesis personal, para que poco a poco nos podamos adentrar en los misterios que vienen de lo alto, para avanzar en el camino de la verdadera Vida en su sentido más profundo.

Por ello este domingo la Iglesia conmemora también la fiesta de Santa Maria la egipciaca, mujer pecadora que cuando viajo a Jerusalén para venerar el santo sepulcro, se encontró con una fuerza que le impedía el acceso, y gracias a esta experiencia supo visualizar la distancia abismal que existía entre su vida absolutamente entregada a los placeres del mundo y el objeto de veneración al que pretendía acercarse. Esto le produjo una profunda  conversión que la dirigió hacia el desierto, para pasar el resto de su vida en oración y a través  de una gran ascesis llegar a la santidad, es decir a la participación de esta gloria a la que el Evangelio nos hacía referencia. Por ello el Evangelio que también leemos este domingo conmemorando a santa Maria, nos ofrece el siguiente relato, “Y he aquí que llegó una mujer pecadora que había en la ciudad, la cual, sabiendo que estaba a la mesa en casa del fariseo, con un pomo de alabastro de ungüento se puso detrás de Él, a sus pies, llorando, y comenzó a bañar con lágrimas sus pie, enjuagándolos con los cabellos de su cabeza y besándolos y ungiéndolos con el ungüento”. (luc. 7, 37-38).  Frente a tal actitud  Jesús-Cristo le dice que sus perdonados le son pecados.

La experiencia que se ha producido, tanto en esta mujer pecadora que nos presenta el evangelio, como en Maria la Egipciaca, es un profundo cambio interior, en presencia de nuestro Señor Jesús-Cristo, que les proporciona la gracia necesaria para  que se abran sus ojos hacia una realidad trascendente, y con ello reciben la fuerza para vencer todos aquellos pecados y transgresiones que les impedían el acceso a tal gracia. En resumen en ellas se produce una autentica conversión que cambia sus vidas, iniciándolas en la Verdad que nuestro redentor les ha manifestado.

Los pecados son precisamente todas aquellas, acciones en actos o pensamientos que nos alejan de Dios, que nos impiden entrar en relación con Él. Que nos hace sentir, príncipes de este mundo para dominarlo y ejercer nuestro poder sobre él, como nos dice el Evangelio. Pero en este estado no tenemos acceso a la verdadera vida, sino que vivimos en un contexto donde finalmente todo se acaba.

Este domingo a una semana de entrar en la semana de la pasión, la Iglesia nos prepara para que reflexionemos sobre todos aquellos aspectos de nuestra vida que nos alejan de  Dios, y por muy graves que sean nuestras transgresiones sepamos que si hay un arrepentimiento verdadero y la voluntad de hacer un paso decidido a superar todas aquellas actitudes que nos impiden avanzar en el conocimiento de Dios, poco a poco, gracias a una fuerza que nos viene dada, ascenderemos hacia un estado de conciencia superior, donde podamos empezar a disfrutar aunque sea a tientas, de una paz y de una armonía interior con la certeza de que estamos caminando por la senda de la Verdad.

Preparemos pues durante estos días que nos quedan antes de entrar en la semana de la Pasión, en el desierto particular que cada uno de nosotros está viviendo lejos de la vida comunitaria, y haciendo de nuestras casas pequeñas iglesias unidas en la oración, para reflexionar sobre todos aquellos aspectos de nuestra vida que nos impiden participar de estos misterios.

P. Martí

5/4/2020: Cinquè Diumenge de Quaresma. Memòria de Santa Maria Egipcíana.

Litúrgia de Sant Basili: Heb. 9, 11-14; Marc 10, 32-45
Santa Maria Egipcíana: Gal. 3, 23-29; Lluc 7, 36-50

En el nom del Pare i del Fill i de l’Esperit Sant.

L’Evangeli que avui l’Església ens presenta per a la nostra contemplació, comença amb unes paraules de Jesús-Crist als seus Apòstols, mentre pujaven cap a Jerusalem, on els anuncia el que anava a succeir en els pròxims dies en relació a la seva passió, mort i resurrecció . És a dir que ja se’ns prepara per als misteris que haurem de contemplar un cop s’acabi la Gran Quaresma i ens iniciem en la setmana de la Passió, per finalment accedir a la Santa Resurrecció.


El misteri principal que se’ns proposa en el text corresponent a aquest cinquè diumenge de quaresma ens el dóna Jesús en resposta a la petició de Jaume i Joan, fills de Zebedeu, quan li demanen que els deixi estar asseguts un a la dreta i l’altre a  l’esquerra en la seva glòria. I Ell els respon dient que això no li correspon a Ell, el donar-lo, sinó que és per a aquells per a qui està reservat. I després degut a les queixes dels deu altres Apòstols, davant d’aquesta petició de Jaume i Joan, Jesús els indica el camí, marcant-los la diferència que hi ha entre aquells que vulguin ser prínceps entre les nacions d’aquest món, per dominar-les i exercir el seu poder , i aquells que vulguin servir el Senyor, per arribar a una realitat transcendent a la qual som cridats. I per apropar-nos a aquesta nova realitat els exhorta dient-los, “Ja sabeu que els suposats governants dels pobles, els dominen, i que els seus magnats els tiranitzen. Que no sigui pas així entre vosaltres; al contrari, el qui vulgui arribar a ser gran entre vosaltres, serà el vostre servidor; i el qui entre vosaltres vulgui ser el primer, serà el servent de tots”. I abundant en aquest misteri encara el diu, “que tampoc el Fill de l’home no ha vingut a fer-se servir, sinó a servir i a donar la vida com a rescat de molts”.(Mc. 10, 42-45)

Amb això se’ns ofereix la forma d’arribar a la glòria, sempre que siguem capaços de no deixar-nos portar per aquells prínceps d’aquest món que el que intenten és dominar-lo i exercir el seu poder sobre allò que Déu els ha donat, sinó posar-nos al servei de l’obra de Déu que és la creació sencera, amb amor i disponibilitat en tot moment per servir  en questa causa. Segurament aquest canvi de paradigma, suposarà un penediment que ens aporti la humilitat i l’amor necessari per posar-nos al servei de l’obra de Déu. I per això ens diu que qui vulgui ser el primer, sigui el servidor de tots, de la mateixa manera que Ell no ha vingut a el món a ser servit sinó a servir-lo i a donar la seva vida per a la redempció de molts.
Ell es posa al capdavant i ens obre el camí de la glòria, indicant-nos al mateix temps, com ha de ser la nostra actitud per aconseguir-la.
Per iniciar-nos en aquest procés, les nostres vides requereixen de tota una transformació a través de la qual, sapiguem visualitzar, els nostres pecats, les nostres transgressions, és a dir tots aquells aspectes que ens allunyen de Déu, i després a través del penediment en el sentit que té la paraula grega μετανοια (metànoia), que no és un simple penediment sense més canvi, sinó tota una transformació interior, que fa possible que la gràcia divina, canviï les nostres vides, i d’aquesta manera ens iniciem en una ascesi personal perquè a poc a poc ens puguem endinsar en els misteris que vénen de dalt, per avançar en el camí de la veritable Vida en el seu sentit més profund.

Per això aquest diumenge l’Església commemora també la festa de Santa Maria l’Egipcíana, dona pecadora que quan va viatjar a Jerusalem per venerar el sant sepulcre, es va trobar amb una força que li impedia l’accés, i gràcies a aquesta experiència va saber visualitzar la distància abismal que hi havia entre la seva vida absolutament lliurada als plaers del món i l’objecte de veneració a què pretenia acostar-se. Això li va produir una profunda conversió que la va dirigir cap al desert, per passar la resta de la seva vida en oració, i a través d’una gran ascesi arribar a la santedat, és a dir a la participació d’aquesta glòria a la qual l’Evangeli ens feia referència. Per això l’Evangeli que també llegim aquest diumenge commemorant a santa Maria, ens ofereix el següent relat, «I vet aquí que va arribar una dona pecadora que hi havia a la ciutat, la qual, sabent que era a taula a casa del fariseu, va prendre un flascó d’ungüent es va posar darrere d’Ell, als seus peus, plorant, i va començar a banyar amb llàgrimes els seus peu, i  amb els cabells del seu cap els eixugava; besava els peus i els ungia amb aquell perfum”. (Lc 7, 37-38). Davant d’aquesta actitud Jesús-Crist li diu que els seus perdonats li són pecats.

L’experiència que s’ha produït, tant en aquesta dona pecadora que ens presenta l’evangeli, com en Maria l’Egipcíana, és un profund canvi interior, en presència de nostre Senyor Jesús-Crist, que els hi proporciona la gràcia necessària perquè s’obrin els seus ulls cap a una realitat transcendent, i amb això reben la força per vèncer  tots aquells pecats i transgressions que els impedien l’accés a tal gràcia. En resum en elles es produeix una autèntica conversió que canvia les seves vides, per iniciar-se en la Veritat que el nostre redemptor els hi ha manifestat.
Els pecats són precisament totes aquelles, accions en actes o pensaments que ens allunyen de Déu, que ens impedeixen entrar en relació amb Ell. Que ens fa sentir, prínceps d’aquest món per dominar-lo i exercir el nostre poder sobre ell, com ens diu l’Evangeli . Però en aquest estat no tenim accés a la veritable vida, sinó que vivim en un context on finalment tot s’acaba.
Aquest diumenge a una setmana d’entrar a la setmana de la passió, l’Església ens prepara perquè reflexionem sobre tots aquells aspectes de la nostra vida que ens allunyen de Déu, i per molt greus que siguin les nostres transgressions sapiguem que si hi ha un penediment veritable i la voluntat de fer un pas decidit a superar totes aquelles actituds que ens impedeixen avançar en el coneixement de Déu,  poc a poc, gràcies a una força que ens ve donada, pujarem cap a un estat de consciència superior, on puguem començar a gaudir encara que sigui a les palpentes, d’una pau i d’una harmonia interior amb la certesa que estem caminant per la senda de la Veritat.
Preparem-nos doncs perquè durant aquests dies que ens queden abans d’entrar a la setmana de la Passió, en el desert particular que cada un de nosaltres està vivint lluny de la vida comunitària, i fen de les nostres llars petites esglésies unides en la pregaria, per reflexionar sobre tots aquells aspectes de la nostra vida que ens impedeixen participar d’aquests misteris.

P.Martí

31/3/2020: Algunas reflexiones sobre la crisis y la llamada del Coronavirus: Una reflexión de msr. Alexis de Betesda (Iglesia Ortodoxa de América)

Msr. Alexis de Betesda

Los obispos de la Santa Iglesia Ortodoxa aman a sus rebaños y siempre se esfuerzan por llevarlos a pasturas ricas y bien regadas. Cuidan de él, en cuerpo y alma. Al hacer esto, siguen a su Señor, Cristo, quien no sólo expulsó a “los espíritus inmundos” sino que también curó “toda enfermedad y toda dolencia” entre el pueblo (Mateo 10,1). Vemos en los Evangelios que Cristo a veces trata primero el alma y después el cuerpo; otras veces, el cuerpo primero y el alma después. Ante la presencia del muy contagioso y potencialmente letal coronavirus, la preocupación de los obispos por el bienestar corporal de su gente es para que ni un solo cordero se pierda innecesariamente. No es por una falta de fe o de compasión, sino por una fe inquebrantable y una abundancia de compasión.

La compasión se expresa en dar a cada pecador el tiempo necesario para arrepentirse, porque “en el infierno no hay arrepentimiento” (San Juan Damasceno). Fe que se expresa en la certitud de que nuestro Señor siempre puede estar entre nosotros, que Él puede estar siempre a nuestro lado, como lo proclama el Salmista: “Si subiera al cielo, Tú estás allí, si bajara al Hades, estás presente» (Salmo 139,8). Y si estoy encerrado en mi casa lejos de la Iglesia, “Tú estás allí”, así como el Señor estaba allí para y con el Apóstol Pedro cuando fue encerrado en prisión, Él está aquí para y con nosotros.

Durante los tiempos de incertidumbre, ansiedad y miedo, nos volvemos de forma natural hacia Dios buscando refugio, paz y valentía. Este es nuestro derecho natural como Cristianos Ortodoxos bautizados. Ciertamente, “Dios es para nosotros refugio y fortaleza, un socorro en la angustia siempre a punto. Por eso no tememos si se altera la tierra” (Salmo 46, 2-3). Con el coronavirus, la tierra ha cambiado, pero no tenemos miedo. Los fieles están aislados en sus casas, separados físicamente de sus seres queridos, imposibilitados incluso de reunirse juntos como Iglesia para la celebración de los misterios, pero no tenemos miedo, porque Dios continúa siendo nuestro refugio, nuestra paz y nuestra fuente de valor. Muchos están comprensiblemente desanimados y abatidos por la decisión de prohibir las reuniones eucarísticas en la Iglesia en razón de la salud de nuestro prójimo, a quien amamos. Aun así, Dios es nuestro refugio, nuestra paz, y nuestra fuente de valentía. Dentro de esta prueba, esta amenaza que sentimos muy cercana, hay una llamada que no comunicada y una promesa que nos llama. Pero para escuchar esta llamada y ver la realización de la promesa, tenemos que acercarnos a nuestro Salvador como sus hijos fieles se han acercado siempre a Él, no con indignación farisaica o con desaliento autocompasivo, sino con una humilde y paciente esperanza.

Es una llamada para la oración del corazón. La promesa es la gracia purificadora e iluminadora del Espíritu Santo. Con el énfasis en una comunión más frecuente en los pasados cuarenta años, podríamos haber tenido la tentación de descuidar la necesaria comunión interior cotidiana con Cristo mediante la oración, ese hablar con Él y caminar con Él que caracterizaba la mayor parte de las vidas de los Apóstoles, antes y después de la institución de la Cena Mística. Muchos de nuestros grandes santos estaban privados de la Santa Comunión durante periodos de tiempo que para nosotros sería insoportable solo el pensarlo, pero para ellos eran periodos de crecimiento continuado de gloria en gloria, porque nunca estuvieron sin la Santa Comunión con Cristo a través de la oración. La oración no es fácil, requiere concentración, dedicación, y amor, pero a través de las puertas de la oración, podemos tocar a Cristo, Cristo nos puede tocar y podemos ser curados. Es imperativo para nosotros aprender a servir la Liturgia en el Altar del corazón y el momento está ahora al alcance.

Durante la crisis del coronavirus, tenemos la oportunidad de convertirnos en hombres y mujeres de oración profunda. Tenemos la ocasión para “entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto” (Mateo 6, 6), y ofrecerle nuestro arrepentimiento, nuestra gratitud y nuestro amor. Podemos llegar a entender que “la oración es una fortaleza segura, un puerto protegido, una protección para las virtudes, un destructor de pasiones.

Aporta vigor para el alma, purifica la mente, da descanso a los que sufren, consuela a los que lloran. La oración es conversación con Dios, contemplación de lo invisible, modo de vida angélico, un estímulo hacia lo divino, la seguridad de las cosas anheladas, “hacer realidad las cosas que esperamos” (Teodoro, el Gran Asceta, Centuria 1:61). Como dice San Sofronio de Essex, “la oración es una creación incesante e infinita, superior a cualquier otro arte o ciencia. Por la oración entramos en comunión con el Ser eterno sin comienzo, que es antes de todos los mundos… el alma gusta una santa ebriedad. (La oración, 15).

El anciano Emilianos, cuyo amor por la Divina Liturgia era incomparable, una vez dijo: “No tiene sentido ir a la Iglesia, es innecesario asistir a la Liturgia e inútil comulgar, sino estoy rezando constantemente” (The Church at Prayer, 10). La amenaza del virus quizás puede abrir nuestros ojos sobre la amenaza de no conocer cómo rezar a Dios en nuestro corazón. La amenaza del virus podría convertirse en una bendición que vivificaría nuestra vida espiritual. La tentación ante nosotros es ensordecer nuestros oídos a esta llamada a una activa, ardua oración para acercarse a Dios en vez de preferir formas más pasivas y fáciles para que Dios se acerque a nosotros. Ahora no es el momento de intentar idear cualquier medio para evitar esta oración en privado, sino que es el tiempo de escuchar la llamada a orar en nuestro corazón al Dios de nuestro corazón. Hay un mundo interior rico, que nos llama, un mundo donde Dios es todo en Dios. Tomemos el regalo de este tiempo para entrar en este mundo. Y si lo hacemos, cuando vengamos juntos para la Divina Liturgia con un anhelo aumentado por la distancia, esa Liturgia será más radiante y más angélica que cualquier cosa que hayamos conocido antes. A través de una profunda vida de oración interior, aprenderemos realmente cómo dejar de lado las preocupaciones terrenales, para que podamos recibir al Rey de todo.

Fuente: https://www.oca.org/news/headline-news/some-thoughts-on-the-crisis-and-the-call-of-the-corona-virus-a-reflection-by-his-grace-bishop-alexis-of-bethesda

30 de marzo: El obispo Milutin de Valjevo, Serbia, reposa en el Señor.

El obispo serbio Milutin de Valjevo murió después de un breve periodo de hospitalización debido al coronavirus en el hospital de Belgrado el 30 de marzo de 2020.

El obispo Milutin (Mihailo Knezevic, de nombre de bautizo) nació cerca de Valjevo en 1949, y fue bautizado en el famoso monasterio de Pustinja. Al acabar la escuela elemental, Mihailo ingresó en el monasterio de Kaona cuando sólo tenía 14 años, y después fue tonsurado como monje por el último obispo de Sabac-Valjevo Jovan (Velimirovic) en el monasterio de Petkovica el 26 de octubre de 1963, y tomó el nombre nomástico de Milutin, en memoria de un rey medieval serbio, uno de los grandes fundadores de monasterios en Serbia. Al día siguiente fue ordenado hierodiácono, y un poco más tarde hieromonje en Osecina, cerca de Valjevo.

Desde 1967 a 1969 estudió en la escuela monástica, en el monasterio montenegrino de Ostrog y regresó a su monasterio de Kaona, y desde allí fué a la Escuela Teológica de San Sava en Belgrado. Después de estar un año en la Facultad Teológica de Belgrado, se matriculó en la Facultad Teológica de San Sava, en Livertyville, (USA), y se graduó con las mejores notas. El hieromonje Milutin estuvo 6 meses como secretario de la diócesis de Canadá y 6 meses como sacerdote en la parroquia de Niagara Falls, y después volvió de nuevo a su monasterio de Kaona (Serbia) y contribuyó mucho a mejorarlo como centro espiritual. En la nueva radio eclesial Glas Crkve (La voz de la Iglesia), dirigida por el protodiácono Ljubomir Rankovic, el p. Milutin tenía un programa de una hora –explicación de las Sagradas Escrituras-  para la congregación.

El p. Milutin fue promovido al rango de syncellos en 1981 y ha protosyncellos en 1987. En 1994 fue abad (higúmeno) y en 1988, archimandrita.

Fue consagrado como obispo de Australia-Nueva Zelanda el 20 del 7 de 2003 en la catedral de Belgrado, iglesia de San Miguel, y estuvo 3 años como obispo diocesano en el quinto continente, desde 2003 a 2006, cuando la Santa Asamblea de obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia decidió nombrarlo como obispo diocesano de Valjevo (dividida de la diócesis de Sabas-Valjevo).

Durante su ministerio, el obispo Milutin organizó la radio diocesana Istocnik (Fuente), que empezó su actividad el 2 de marzo de 2009. Era comocido como un muy buen predicador.

¡Memoria eterna y reposo divino de su noble alma!

Homilia del 4º Domingo de Cuaresma. De San Juan Climaco.


San Juan Climaco

Hebreos 6, 13 – 20
Marcos 9, 17-31

La versió en català, està sota la versió en castellà.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

En este cuarto domingo de Cuaresma, hemos acabado de pasar la mitad del periodo cuaresmal y la Iglesia, para animarnos y fortalecernos en este nuestro esfuerzo continuado de penitencia, de oración y de ayuno, nos invita a conmemorar este domingo la figura de San Juan Climaco, (o de la Escala), (Sf. Ioan Scararul · Св. Иоанн Лествичник).

San Juan fue un monje que vivió en el s. VII en Palestina, ermitaño y después higúmeno de la comunidad de monjes del monasterio del Sinaí, y que, se distinguió por su vida de oración y ascetismo, alcanzó mucha fama como padre espiritual y, sobre todo, dejó escrito un libro, “La Escalera Santa”, donde describe los peligros, las tentaciones de las diferentes pasiones, y las pruebas e “ilusiones” que debe superar el monje en su camino de unión con Dios.

Sus 30 capítulos son como 30 escalones, a imagen de la escalera que vió Jacob en sueños entre el cielo y la tierra (Gen 28,12), que el monje debe ir subiendo hasta llegar a la “contemplación luminosa”, a su unión con Dios. Y aunque San Juan habla mucho de ascesis, ayunos, etc., siempre es en vistas, siempre los considera como medios para conseguir ese arrepentimiento total, esa total negación de uno mismo, de nuestro egocentrismo, para poder dar lugar a que Cristo pueda vivir en nuestro interior. Como lo canta la Iglesia en los matines: « Has apagado el fuego de las pasiones, bienaventurado Padre, por el rocío de tus llantos, has encendido la llama del amor y de la fe; te has convertido en antorcha de la sobriedad, un hijo de luz, una lámpara de pureza” y “Todo el curso de su vida, era la oración contínua y un amor a Dios sin igual”.

San Juan, con su vida y su libro nos recuerda que las primeras palabras que pronunció Cristo, cuando empezó su predicación fueron: “… comenzó Jesús a predicar y decir: Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.” Es esta conversión, este constante volver a poner a Dios como centro de nuestra vida a lo que nos invita San Juan con vida y obra.

El evangelio de este domingo (Marcos 9, 17-31) narra la curación de un joven poseído por un demonio mudo y sordo, cuyo padre lo había traido a los Apóstoles de Jesús para que lo expulsaran, y estos no habían podido expulsarlo. Resaltaríamos el pasaje en que el padre le dice a Jesús: ““… si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros.” Y Jesús le responde: “¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!” Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!»”

Esta escena es un ejemplo inmejorable de nuestra fe, de hecho, de nuestra pobre fe. Fe pobre, débil e inconstante, que se derrumba ante la realidad y la dureza de nuestra vida normal y ante nuestra tendencia a lo material, a lo puramente humano, pero no tenemos que olvidar las palabras del padre a  Cristo: “¡Ayuda a mi poca fe!”: si rezamos a Cristo, si le pedimos con la misma confianza con la que un niño puede pedir a su padre, Cristo siempre vendrá en nuestro auxilio, siempre, de una manera o en un momento que a lo mejor no entendemos, (recordemos cómo sale el demonio del joven: entre gritos y agitándose con tal violencia, que quedó como muerto) pero si perseveramos en esta confianza filial, podremos vencer todas las dificultades de la vida y, sobre todo, podremos sobrepasar nuestra esclavitud para con el pecado, no nosotros, sino Cristo, porque “Lo imposible para los hombres, es posible para Dios.” (Lucas 18,27).

Y vemos también cómo el ejemplo de San Juan se refleja en las palabras de Jesús ante la pregunta de sus apóstoles de porqué no habían podido expulsar al demonio: “Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración (y el ayuno).” La oración tiene que ser el centro de nuesta vida, esta oración continua con Dios, confiada y paciente, sabiendo que este proceso de curación del alma y del cuerpo dura toda la vida, hasta la muerte puede, pero “Jesús, tomándo al joven –tomándonos a nosotros-  la mano le levantó y le puso en pie”.

En estos días en que toda la humanidad está en crisis y sufre por la pandemia del coronavirus, que nos parece que todo se derrumba, tenemos que tener confianza en Cristo y, como el padre del joven, con nuestra poca fe, rezar constantemente, rogar a Dios para que nos salve a todos nosotros, a la humanidad entera de esta plaga, con la total confianza de que Quien murió en la Cruz, siendo Dios, Jesucristo, por amor a los hombres, no nos abandonará en estos momentos de prueba. Que así sea. Amén.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

En este cuarto domingo de Cuaresma, hemos acabado de pasar la mitad del periodo cuaresmal y la Iglesia, para animarnos y fortalecernos en este nuestro esfuerzo continuado de penitencia, de oración y de ayuno, nos invita a conmemorar este domingo la figura de San Juan Climaco, (o de la Escala), (Sf. Ioan Scararul · Св. Иоанн Лествичник).

San Juan fue un monje que vivió en el s. VII en Palestina, ermitaño y después higúmeno de la comunidad de monjes del monasterio del Sinaí, y que, se distinguió por su vida de oración y ascetismo, alcanzó mucha fama como padre espiritual y, sobre todo, dejó escrito un libro, “La Escalera Santa”, donde describe los peligros, las tentaciones de las diferentes pasiones, y las pruebas e “ilusiones” que debe superar el monje en su camino de unión con Dios.

Sus 30 capítulos son como 30 escalones, a imagen de la escalera que vió Jacob en sueños entre el cielo y la tierra (Gen 28,12), que el monje debe ir subiendo hasta llegar a la “contemplación luminosa”, a su unión con Dios. Y aunque San Juan habla mucho de ascesis, ayunos, etc., siempre es en vistas, siempre los considera como medios para conseguir ese arrepentimiento total, esa total negación de uno mismo, de nuestro egocentrismo, para poder dar lugar a que Cristo pueda vivir en nuestro interior. Como lo canta la Iglesia en los matines: «Has apagado el fuego de las pasiones, bienaventurado Padre, por el rocío de tus llantos, has encendido la llama del amor y de la fe; te has convertido en antorcha de la sobriedad, un hijo de luz, una lámpara de pureza” y “Todo el curso de su vida, era la oración continua y un amor a Dios sin igual”.

San Juan, con su vida y su libro nos recuerda que las primeras palabras que pronunció Cristo, cuando empezó su predicación fueron: “… comenzó Jesús a predicar y decir: Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.” Es esta conversión, este constante volver a poner a Dios como centro de nuestra vida a lo que nos invita San Juan con vida y obra.

El evangelio de este domingo (Marcos 9, 17-31) narra la curación de un joven poseído por un demonio mudo y sordo, cuyo padre lo había traído a los Apóstoles de Jesús para que lo expulsaran, y estos no habían podido expulsarlo. Resaltaríamos el pasaje en que el padre le dice a Jesús: ““… si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros.” Y Jesús le responde: “¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!” Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!»”

Esta escena es un ejemplo inmejorable de nuestra fe, de hecho, de nuestra pobre fe. Fe pobre, débil e inconstante, que se derrumba ante la realidad y la dureza de nuestra vida normal y ante nuestra tendencia a lo material, a lo puramente humano, pero no tenemos que olvidar las palabras del padre a  Cristo: “¡Ayuda a mi poca fe!”: si rezamos a Cristo, si le pedimos con la misma confianza con la que un niño puede pedir a su padre, Cristo siempre vendrá en nuestro auxilio, siempre, de una manera o en un momento que a lo mejor no entendemos, (recordemos cómo sale el demonio del joven: entre gritos y agitándose con tal violencia, que quedó como muerto) pero si perseveramos en esta confianza filial, podremos vencer todas las dificultades de la vida y, sobre todo, podremos sobrepasar nuestra esclavitud para con el pecado, no nosotros, sino Cristo, porque “Lo imposible para los hombres, es posible para Dios.” (Lucas 18,27).

Y vemos también cómo el ejemplo de San Juan se refleja en las palabras de Jesús ante la pregunta de sus apóstoles de por qué no habían podido expulsar al demonio: “Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración (y el ayuno).” La oración tiene que ser el centro de nuestra vida, esta oración continua con Dios, confiada y paciente, sabiendo que este proceso de curación del alma y del cuerpo dura toda la vida, hasta la muerte puede, pero “…Jesús, tomando al joven –tomándonos a nosotros-  la mano le levantó y le puso en pie”.

En estos días en que toda la humanidad está en crisis y sufre por la pandemia del coronavirus, que nos parece que todo se derrumba, tenemos que tener confianza en Cristo y, como el padre del joven, con nuestra poca fe, rezar constantemente, rogar a Dios para que nos salve a todos nosotros, a la humanidad entera de esta plaga, con la total confianza de que Quien murió en la Cruz, siendo Dios, Jesucristo, por amor a los hombres, no nos abandonará en estos momentos de prueba. Que así sea. Amén.

En estos días en que toda la humanidad está en crisis y sufre por la pandemia del coronavirus, que nos parece que todo se derrumba, tenemos que tener confianza en Cristo y, como el padre del joven, con nuestra poca fe, rezar constantemente, rogar a Dios para que nos salve a todos nosotros, a la humanidad entera de esta plaga, con la total confianza de que Quien murió en la Cruz, siendo Dios, Jesucristo, por amor a los hombres, no nos abandonará en estos momentos de prueba. Que así sea. Amén.

P. Jose Santos

Homilia del 4rt Diumenge de Quaresma. De Sant Joan Clímac.

Hebreus 6, 13 – 20
Marc 9, 17-31

En el Nom del Pare i del Fill i de l’Esperit Sant.

En aquest quart diumenge de Quaresma, hem acabat de passar la meitat del període quaresmal i l’Església, per a animar-nos i enfortir-nos en aquest el nostre esforç continuat de penitència, d’oració i de dejuni, ens convida a commemorar aquest diumenge la figura de Sant Joan Climac, (o de l’Escala), (Sf. Ioan Scararul · Св. Иоанн Лествичник).

Sant Joan va ser un monjo que va viure en el s. VII en Palestina, ermità i després hegumen de la comunitat de monjos del monestir del Sinaí, i que es va distingir per la seva vida d’oració i ascetisme, va tindre molta fama com a pare espiritual i, sobretot, va deixar escrit un llibre, “L’Escala Santa”, on descriu els perills, les temptacions de les diferents passions, i les proves i “il·lusions” que ha de superar el monjo en el seu camí d’unió amb Déu.

Els seus 30 capítols són com 30 graons, a imatge de l’escala que va veure Jacob en somni entre el cel i la terra (Gen 28,12), que el monjo ha d’anar pujant fins a arribar a la “contemplació lluminosa”, a la seva unió amb Déu. I encara que Sant Joan parla molt de ascesis, dejunis, etc., sempre és en vistes, sempre els considera com a mitjans per a aconseguir aquest penediment total, aquesta total negació d’un mateix, del nostre egocentrisme, per a poder donar lloc al fet que Crist pugui viure en el nostre interior. Com ho canta l’Església en els matines: « Has apagat el foc de les passions, benaurat Pare, per la rosada dels teus plors, has encès la flama de l’amor i de la fe; t’has convertit en torxa de la sobrietat, un fill de llum, una llum de puresa” i “Tot el curs de la seva vida, era l’oració contínua i un amor a Déu sense igual”.

Sant Joan, amb la seva vida i el seu llibre ens recorda que les primeres paraules que va pronunciar Crist, quan va començar la seva predicació van ser: “… va començar Jesús a predicar i dir: Convertiu-vos, perquè el Regne dels Cels ha arribat.” És aquesta conversió, aquest constant tornar a posar a Déu com a centre de la nostra vida al que ens convida Sant Joan amb vida i obra.

L’evangeli d’aquest diumenge (Marcos 9, 17-31) narra la curació d’un jove posseït per un dimoni mut i sord, el pare del qual l’havia portat als Apòstols de Jesús perquè ho expulsessin, i aquests no havien pogut expulsar-ho. Ressaltaríem el passatge en què el pare li diu a Jesús: “… Però, si hi pots res, ajuda’ns, per compassió amb nosaltres! Però Jesús li contestà: Això de si hi pots res… ! Tot és possible al qui creu! A l’instant exclamà el pare del minyó: Crec; ajuda la meva incredulitat! !»”

Aquesta escena és un exemple immillorable de la nostra fe, de fet, de la nostra pobra fe. Fe pobra, feble i inconstant, que s’esfondra davant la realitat i la duresa de la nostra vida normal i davant la nostra tendència al material, al purament humà, però no hem d’oblidar les paraules del pare a Crist:  “ ajuda la meva incredulitat !”: si resem a Crist, si li demanem amb la mateixa confiança amb la qual un nen pot demanar al seu pare, Crist sempre vindrà en el nostre auxili, sempre, d’una manera o en un moment que potser no entenem, (recordem com sali el dimoni del jove: entre crits i agitant-se amb tal violència, que va quedar com a mort) però si perseverem en aquesta confiança filial, podrem vèncer totes les dificultats de la vida i, sobretot, podrem sobrepassar la nostra esclavitud envers el pecat, no nosaltres, sinó Crist, perquè “ El que és impossible per als homes és possible per a Déu .” (Lucas 18,27).

I veiem també com l’exemple de Sant Joan es reflecteix en les paraules de Jesús davant la pregunta dels seus apòstols de perquè no havien pogut expulsar al dimoni: “Aquesta mena, els respongué, no es pot treure de cap més manera que amb oració (i dejuni).” L’oració ha de ser el centre de la nostra vida, aquesta oració continua amb Déu, confiada i pacient, sabent que aquest procés de curació de l’ànima i del cos pot durar tota la vida, fins a la mort. Però “… Jesús, tot prenent‑li la mà al jove -prenent-nos a nosaltres-, va alçar‑lo; i ell es posà dret.”

En aquests dies en què tota la humanitat està en crisi, patint per la pandèmia del coronavirus, i que sembla que tot s’esfondra, hem de tenir confiança en Crist i com el pare del jove de l’evangeli, amb la nostra poca fe, hauríem de pregar constantment, i demanar a Déu perquè ens salvi a tots nosaltres, a la humanitat sencera d’aquesta plaga, amb la total confiança que Qui va morir en la Creu, essent Déu, Jesucrist, per amor als homes, no ens abandonarà en aquests moments de prova. Que així sigui. Amén.

P. Jose Santos

25 de marzo. Homilia de la fiesta de la Anunciación.- (Parroquia de Barcelona)

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

El anuncio del Arcángel Gabriel a María comienza con la palabra ‘Χαιρε!’, ‘Alégrate’. Vale la pena pensar hoy la alegría y la tristeza en la vida de la Iglesia.
A menudo la sociedad ha hecho una caricatura, un estereotipo que pretende hacer de la Cuaresma un tiempo de aflicción, de tristeza. Los cristianos sabemos que los Padres – la Tradición ortodoxa es unánime – nos han hablado siempre de  la Cuaresma como aflicción gozosa, y del camino del ayuno como un camino gozoso hacia la Pascua. ¿Cómo podría ser triste deshacerse del peso del pecado, decidir limpiar todo lo que nos impide ver a Dios? El arrepentimiento, las lágrimas del arrepentimiento está llenas de gozo, de luz, porque vienen del Espíritu Santo. Y seguro que muchos hemos empezado la Gran Cuaresma con alegría, con la actitud decidida de prepararnos para recibir el gozo de la Resurrección. Sin embargo, a medida que avanzan las semanas de Cuaresma, el ayuno fácilmente nos trae una compañía poco deseable, cierta tristeza, ya que al negar a nuestro cuerpo y a nuestra alma aquello a lo que están acostumbrados, reaccionan con rebeldía, con tristeza o desánimo, incluso con mal humor y rabia… Y ello no ha de suponer una derrota de nuestro gozo primero, sino que la práctica del ayuno pone en primera línea las pasiones de cada uno, los enemigos reales a los que hay que combatir. Además, ahora, en estos días de pruebas intensas que estamos viviendo, se añade una tentación mayor al desánimo, rodeados de malas noticias, amenazas, privaciones no deseadas… El desánimo y la tristeza, junto al miedo, pueden ser esta Cuaresma los principales enemigos contra los que luchar. La celebración de la fiesta de la Anunciación ofrece un contraste bien marcado con ese tono general que a menudo, y este año tal vez con más intensidad, intenta teñir con su oscuridad la Cuaresma.

Es cierto que los primeros días de la Gran Cuaresma, el Gran Canon de San Andrés nos pone ante nosotros una realidad personal que a primera vista difícilmente calificaríamos de alegre:

¿Por dónde podría comenzar a llorar las acciones de mi desafortunada vida?… Ven, alma mía desafortunada, con tu carne confiésate al Creador de todas las cosas y, de ahora en adelante, renuncia a tu comportamiento de animal irracional y ofrece a Dios lágrimas de arrepentimiento… He pecado más que cualquier otro hombre; sólo contra Ti he pecado: a pesar de todo, mi Salvador, no me cierres la puerta el último día, sino ábremela ahora que me arrepiento ante Ti… Ten piedad de mí, Señor, ten piedad de mí! Repetimos constantemente en la plegaria. Esta es la tristeza llena de esperanza; tristeza muy distinta de la provocada por el esfuerzo del ayuno o por las aflicciones derivadas de la epidemia que vivimos. Es necesario estar  atentos a distinguir perfectamente estas dos tristezas: la primera es luminosa; la segunda, tenebrosa.

La tristeza oscura, tenebrosa se caracteriza fundamentalmente por no presentarnos ninguna salida, por conducirnos hacia la desesperanza, la depresión, la acedia o la ira, la cólera y la maledicencia contra los otros. No es fácil en el momento que vivimos protegerse contra estos sentimientos.

La concepción del Logos de Dios en el seno de María, la Virgen, por obra Espíritu Santo, según la voluntad del Padre, es el único acontecimiento nuevo bajo el sol. Nuevo e irrepetible. Absoluto. La naturaleza humana es renovada, y, con ella, toda la creación. En este acontecimiento están contenidos todos los dogmas de la Iglesia. Sin él la fe no es posible. Sin la concepción virginal de Cristo en el seno de María, no es posible entrar al nuevo Cielo y la nueva Tierra, y Adán derramaría eternamente lágrimas añorando el Paraíso. Que el Invisible sea visto a los ojos de los hombres, que el Incontenible sea encerrado en el seno materno, que el seno de una Virgen sea la morada del creador, que los hombres puedan ver a Dios, significa definitivamente el final de todos los errores y de todos los extravíos. Por eso María es llamada arquetipo de la resurrección, inicio de la restauración espiritual, corona del dogma.

Y María también es llamada cima inaccesible a los pensamientos humanos, abismo insondable a los ojos angélicos. Ello significa que querer encerrar el misterio de la Anunciación-Encarnación en explicaciones y razonamientos lógicos nos alejaría de la verdadera fe y de la recta praxis cristiana y ortodoxa. La fiesta de la Anunciación no es un momento de refresco en el camino –¡podemos comer pescado! – para recuperar fuerzas en el esfuerzo del ayuno carnal y espiritual. El alivio que nos puede procurar la contemplación de la fiesta de hoy puede ser el fruto de la visión del futuro, el cumplimiento del designio de Dios para toda la creación, de la verdad del Reino del cielo accesible ahora y aquí, en todos y cada uno de nosotros, en cada uno individualmente y en el conjunto de la humanidad en Iglesia, el milagro de la resurrección, el don de la gracia, la participación eucarística en la vida divina.

El dolor y las lágrimas de la Cuaresma deberían estar provocadas únicamente por la visión de la distancia que nos separa de todas estas cosas divinas, a cada uno y a la humanidad en general. Y entonces, en este dolor, nuestra voz sería el gemido que implora a Dios que nos salve, que nos rescate, a nosotros y a todo el mundo, de la destrucción. El dolor, la pena, la tristeza se convertiría en un ruego esperanzado, sabedor de la Verdad de nuestro Dios y de su Providencia.

La Divina Providencia preparó el camino desde la salida de Adán y Eva del Paraíso hasta la Virgen, y fue la primera venida del verbo de Dios, en la carne. Y la Providencia de Dios sigue trabajando y prepara el camino para la segunda venida de cristo, en Gloria. ¡No sabemos ni el día ni la hora! Pero no podemos dudar, cristianos ortodoxos, de que todo lo que ha sucedido, sucede y sucederá en el mundo, por más que las consecuencias de las transgresiones humanas intenten combatir para desviar el designio divino, Dios los pone al servicio de Su manifestación gloriosa al final de los siglos. ¡Y Él quiere que todos se salven! A nosotros nos toca hacer el Amén, el “Hágase tu voluntad”, como lo hizo María ante el Príncipe de los ejércitos celestiales.

Los males que padece el mundo actual, y no solo la epidemia, la pobreza de tantos millones de personas, los contingentes de desplazados, el hambre, la pobreza extrema, son, en última instancia, hijos de habernos apartado de Dios. Solucionar con herramientas humanas estas plagas, le toca al César, y debemos colaborar, en la medida que podamos, en su trabajo, darle el que le corresponde.

Hemos de atravesar días de dificultades, no sabemos cuánto se alargarán. Más que nunca necesitaremos la fe, la esperanza y el amor, más que nunca necesitaremos vivir en nuestro interior el mundo transfigurado, que es la Iglesia. Forzados por las circunstancias a no reunirnos en las parroquias, no podemos dejar nunca de sentirnos unidos en el espíritu Santo, de obrar como responsables los unos de los otros, de hacer verdadera, mediante nuestro actuar, nuestra fe: al César le toca gobernar el mundo, proteger a los ciudadanos, velar por la salud y la paz, pero la Victoria sobre toda enfermedad, sobre toda aflicción y sobre cualquiera de las consecuencias del pecado, tanto personal como de la humanidad ante Dios, le corresponde sólo a Dios. Y la Iglesia es, ni más ni menos, que la presencia de Dios en el mundo. El testimonio de los miembros del Cuerpo de Cristo puede ser el instrumento de su Providencia. Los sacramentos estos días serán mucho menos frecuentes, o incluso algunos deberemos “ayunar”, como hicieron los Padres del desierto en tiempos antiguos. No serán, sin embargo, ni substituidos ni reemplazados. La plegaria y toda buena obra nos acerca a Dios, nos conduce a su presencia, y por ellas, si Él quiere, puede habitar en nosotros; con todo, nuestro corazón debe anhelar, como el ciervo, las aguas de reposo, los Misterios que Él nos da. La Eucaristía no deja ni ha dejado nunca de celebrarse, a nosotros nos toca saber cómo incorporarnos en cada momento de nuestras vidas a esta celebración cósmica y celestial.

Todos los que están abatidos por las consecuencias del pecado, los que no podemos alzar los ojos al cielo porque nuestra mirada está fija en la tierra de una  realidad que no ofrece salida, despertemos en este día, escuchemos el anuncio del Ángel y “apartemos toda preocupación de este mundo”, y alegrémonos (χαιρετε!), “porque el Señor se acerca, pongamos nuestras preocupaciones en la plegaria y acción de gracias ante Él” (cf Fil 4, 4-6).

P. Josep

25 de març. Homilia de la festa de l’Anunciació.- (Parròquia de Barcelona)

En el nom del Pare i del Fill i del Esperit Sant.

L’anunci de l’Arcàngel Gabriel a Maria comença amb la paraula ‘Χαιρε!’, ‘Alegra’t’. Val la pena pensar avui l’alegria i la tristor en la vida de l’Església.

Molt sovint la societat ha fet una caricatura, un estereotip que vol fer de la Quaresma un temps d’aflicció, de tristesa. Els cristians sabem que els Pares – la Tradició Ortodoxa és unànime – ens han parlat sempre de la Quaresma com aflicció joiosa, i el camí del dejuni com a camí joiós cap a la Pasqua.

Com podria ser trist desfer-se del pes del pecat, decidir-se a netejar tot el que ens impedeix veure Déu? El penediment, les llàgrimes del penediment són plenes de joia, de llum, perquè venen de l’Esperit Sant. I ben segur vam començar amb joia la Gran Quaresma, amb l’actitud decidida de preparar-nos per rebre la joia de la Resurrecció. Tot i això, avançant el temps de la Quaresma, el dejuni, fàcilment ens porta una companyia poc desitjable, certa tristor, ja que en negar al nostre cos i a la nostra ànima el que sempre estan acostumats a rebre, aquests reaccionen bé amb rebel·lia, amb tristesa o amb desànim o fins i tot amb mal humor i ràbia… I això no és una derrota de la nostra joia primera, sinó que la pràctica dels dejunis posa en primera línia les passions de cada un, els enemics reals que cal combatre. A més, ara, en aquests dies de proves intenses que estem vivint, s’hi afegeix una major temptació al descoratjament, envoltats de males notícies, amenaces, privacions no desitjades… El descoratjament i la tristesa, junt amb la por, poden ser aquesta Quaresma els principals enemics amb què lluitar. La celebració de la festa de l’Anunciació ofereix un contrast ben marcat amb aquest to general que sovint, i aquest any potser més intensament, intenta tenyir de la seva foscor la santa Quaresma.

L’anunci de l’Arcàngel Gabriel a Maria comença amb la paraula ‘Χαιρε!’, ‘Alegra’t’. Val la pena pensar avui l’alegria i la tristor en la vida de l’Església.

És cert que des dels primers dies de la Quaresma, el Gran Cànon de Sant Andreu ens posa al davant una realitat personal que a primera vista difícilment podria dir-se que sigui joiosa:

Per on podria començar a plorar les accions de la meva dissortada vida?…Vine, ànima dissortada, amb la teva carn, confessa’t al Creador de totes les coses i, d’ara endavant renuncia al teu comportament d’animal sense raó, i ofereix a Déu llàgrimes de penediment… He pecat més que tots els homes; només contra Tu he pecat; malgrat tot, Salvador meu, tingues pietat de la teva criatura… Senyor, Senyor, no em tanquis la porta el darrer dia, sinó obre-me-la ara que em penedeixo davant de Tu… Tingues pietat de mi, Senyor, tingues pietat de mi!, repetim constantment a la pregària. Aquesta és la tristor plena d’esperança; tristor ben diferent que la provocada per l’esforç del dejuni o per les afliccions derivades de l’epidèmia que vivim. Cal estar atent a distingir perfectament aquestes dues tristeses: la primera és lluminosa; la segona, tenebrosa.

La tristesa fosca, tenebrosa es caracteritza fonamentalment per no presentar cap sortida, per conduir-nos cap la desesperació, la depressió, l’accídia o la ira, la còlera, la maledicència contra els altres. No és fàcil davant el moment que vivim resguardar-se d’aquets sentiments.

La concepció del Logos de Déu al si de Maria, la Verge, per obra de l’Esperit Sant, segons la voluntat del Pare, és l’únic fet nou sota la capa del sol. Nou i irrepetible. Absolut. La naturalesa humana és renovada, i, amb ella, tota la creació. En aquest esdeveniment es contenen tots els dogmes de l’Església. Sense aquest esdeveniment la fe no és possible. Sense la concepció virginal del Crist al si de Maria, no és possible entrar als nous Cels i la nova Terra, i Adam vessaria llàgrimes eternament enyorant el Paradís. Que l’Invisible sigui vist pels ulls dels homes, que l’Incontenible sigui tancat al si matern, que el si d’una Verge sigui el sojorn del Creador, que els homes puguin veure Déu, significa definitivament el final de tots els errors i de tots els esgarriaments. Per això Maria és anomenada arquetip de la Resurrecció, inici de la restauració espiritual, corona del dogma.

I Maria també és anomenada cim inaccessible als pensaments humans, abisme insondable als ulls angèlics.  Això vol dir que voler tancar el misteri de l’Anunciació–Encarnació en explicacions i raonaments lògics ens allunyaria de a vertadera fe i de la recta praxis cristiana i ortodoxa. La festa de l’Anunciació no és un recer en el camí – podem menjar peix! – per recuperar forces en l’esforç del dejuni carnal i espiritual. L’alleujament que ens pot procurar la contemplació de la festa d’avui pot ser fruit de la visió de l’esdevenidor, de l’acompliment del designi de Déu per a tota la seva creació, de la veritat del Regne del cel accessible ara i aquí, en tots i cada un de nosaltres, en cada un individualment i en el conjunt de la humanitat en Església, el miracle de la Resurrecció, el do de la gràcia, la participació eucarística en la vida divina. El dolor i les llàgrimes de la Quaresma haurien de ser provocades només per la visió de la distància que ens separa d’aquestes coses divines, a cada un i a la humanitat en general. I aleshores, en aquest dolor, la nostra veu seria el gemec que implora a Déu que ens salvi, que ens rescati a nosaltres i a tot el món de la destrucció. El dolor, la pena, la tristesa es convertiria en un prec esperançat, sabedor de la Veritat del nostre Déu i la seva Providència.

La Divina Providència va preparar el camí des de la sortida d’Adam i Eva del Paradís fins a la Verge, i fou la primera vinguda del Verb de Déu, en la carn. I la Providència de Déu segueix treballant i prepara el camí per la Segona Vinguda del Crist, en Glòria. No sabem ni el dia ni la hora! Però no podem dubtar, cristians ortodoxos, que tot el que ha succeït, succeeix i succeirà al món, per més que les conseqüències de les transgressions humanes combatin per desviar el designi diví, Déu ho posa al servei de la Seva manifestació gloriosa a la fi dels temps. I Ell vol que tots se salvin! A nosaltres de fer l’Amén!, el ‘faci’s la teva voluntat’ com va fer Maria davant del Príncep dels exèrcits celestes.

Els mals que pateix el món actualment, i no sols l’epidèmia actual, sinó la pobresa de tants milions de persones, els contingents de desplaçats, la fam, la pobresa extrema, són, en darrera instància, fills d’haver-nos apartat de Déu. Solucionar amb eines humanes aquestes plagues és el que li toca al Cèsar, i hem de col·laborar, en la mesura que podem, en el seu treball, donar-li el que li correspon.

Hem de travessar dies de dificultats, no sabem quan s’allargaran. Més que mai necessitarem la fe, l’esperança i l’amor, més que mai necessitarem viure al nostre interior el món transfigurat, que és l’Església. Forçats per les circumstàncies a no aplegar-nos a les parròquies, no podem deixar mai de sentir-nos units en l’Esperit Sant, d’obrar com a responsables els uns dels altres, de fer veritat, mitjançant el nostre actuar, la nostra fe: al César li pertoca governar el món, protegir els ciutadans, vetllar per la salut i la pau, però la Victòria sobre tota malaltia, sobre tota aflicció i sobre qualsevol conseqüència del pecat tant personal com de la humanitat davant de Déu, només li correspon a Déu. I l’Església és ni menys ni més que la presència de Déu al bell mig del món. El testimoni dels membres del Cos de Crist potser l’instrument de la seva Providència. Els sagraments aquests dies potser seran molt menys freqüents o fins i tot alguns haurem de “dejunar” d’ells, com feien els Pares del desert en temps antics. No seran, però, substituïts, reemplaçats. La pregària i tota bona obra ens apropa a Déu, ens condueix a la seva presència, i per elles, si Ell ho vol, pot habitar en nosaltres; tanmateix el nostre cor ha d’anhelar com el cérvol les aigües de repòs, els Misteris que Ell ens dona. L’Eucaristia no deixa ni ha deixat mai de celebrar-se als cels, la qüestió que a nosaltres ens pertoca és com ens incorporem en cada moment de les nostres vides a aquesta celebració còsmica i celestial.

Tots els afeixugats per les conseqüències del pecat, els que no podem alçar els ulls al cel perquè la nostra mirada està fixa al terra d’una realitat que no ofereix sortida, despertem aquest dia, escoltem l’anunci de l’Àngel, i “apartem ara tota preocupació d’aquest món”, ι “alegrem-nos (χαιρετε!) perquè el Senyor és a prop,  posem les nostres cuites en pregària i acció de gràcies davant d’Ell” (cf Fil 4, 4-6).

P. Josep

Homilía del 3er domingo de Cuaresma. -D. de la Santa Cruz-

En nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

En la tradición de la Iglesia ortodoxa, el tercer domingo de cuaresma está dedicado a la contemplación del misterio de la Cruz. El Evangelio empieza diciendo. “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. (Mc. 8, 34) Con estas palabras se nos pone de manifiesto un camino a seguir.

El hombre fue creado al principio a la imagen de Dios, en el primer capítulo del Génesis, podemos leer, “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra” (Gen. 1, 26). Pero la fuerza de esta imagen el hombre la perdió en el momento en el que, utilizando la libertad que esta imagen le otorgaba, decide un camino contrario al que su creador le ofrece, y situándose él en el lugar de Dios, se produce la caída de nuestros primeros padres, precipitándose en un mundo que está dominado por la corrupción y la muerte. Porque no era posible que el hombre, con esta actitud,  continuara estando en el lugar que Dios lo había situado. En el tercer capítulo del Génesis, donde se habla de la caída, podemos leer “hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo volverás” (Gen. 3 19).

La consecuencia de esta realidad  es la que nos hace vivir en un mundo que está lejos de Dios, dominado por la caída de Adam, y cuya distancia entre esta nueva realidad i la realidad divina es infranqueable para el viejo Adam, tal y como podemos leer al final del tercer capítulo del Génesis, “Y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines, y llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida” (Gen. 3, 24)

Pero aquella imagen divina que Dios transmitió al hombre en el momento que lo creo, no se  perdió de una forma absoluta, sino que en la propia esencia del hombre, permanece el deseo de transcendencia y de búsqueda de la verdad de su propia existencia, y con esta inquietud el pueblo de Israel inicia un camino de purificación para crear el espacio donde la propia divinidad se pueda manifestar para sacarnos de este mundo que está dominado por la muerte. Y la Virgen Maria, Madre de Dios, como cima más elevada de este proceso de purificación, es capaz de ofrecer a nuestro creador una matriz donde albergar al propio Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad y dar a luz a Jesús-Cristo, Hombre y Dios. Será Él quien hará posible que a través de su nacimiento, muerte y resurrección, podamos vencer a la muerte en la que estamos retenidos por la caída de nuestros primeros padres.

Volviendo a las palabras del Evangelio, el camino que se nos propone, es precisamente el camino por donde tenemos que transitar para iniciarnos en el camino de la Vida. Negarnos a nosotros mismos significa renunciar al viejo Adam, a aquel que nos ha encadenado a este mundo corrupto que está dominado por la muerte, porque todo en este mundo acaba muriendo. Y la lucha contra este viejo Adam, es la lucha contra nuestro propio orgullo  y contra todas aquellas pasiones que nos ligan a este mundo y que impiden que abramos la puerta a una nueva realidad  trascendente con la que nos podemos relacionar. Y esta relación con la trascendencia no es abstracta ni indeterminada, sino que es la relación con el Emmanuel “Dios con nosotros” segunda persona de la Santísima Trinidad que se ha hecho hombre para que nos podamos deificar y transitar este camino que es infranqueable para el hombre solo.

Toma tu cruz y sígueme, nos dice el Evangelio. La cruz es precisamente el camino por el que transita el Hijo del Hombre a través de la pasión y muerte, para descender a lo más profundo del hombre caído, y redimirlo, saliendo victorioso de la muerte como Hijo de Dios, Resucitando de entre los muertos.

Él nos abre el camino hacia la redención, pero nosotros también tenemos que ser capaces de pasar por un camino de muerte y de resurrección, para participar de este camino de salvación. El Evangelio de San Juan nos dice: “En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere, llevará mucho fruto” (Jn. 12, 24). La ascesis personal que tenemos que desarrollar, precisamente de una forma especial en tiempo de cuaresma, trata de luchar contra todas aquellas influencias de este mundo que nos alejan de una relación íntima con Dios, se trata de morir al viejo Adam para acercarnos al Nuevo Adam, y de esta manera, aunque sea de una forma intuitiva, percibir cuáles son aquellas actitudes que nos aproximan a Dios y cuáles las que nos alejan, para tener elementos de juicio que nos permitan luchar contra todos aquellos elementos que están presentes en nuestra vida y que no son precisamente buenos para nuestra salud espiritual, por esto el Evangelio también nos dice:  “¿Y que aprovecha al hombre de ganar todo el mundo si pierde su alma?”.

Hoy nos encontramos precisamente frente a una situación que, a pesar de las dificultades, nos puede ayudar a este proceso de interiorización durante esta cuaresma. La crisis sanitaria a causa de este virus que ataca nuestras vidas, nos ha situado en un aislamiento generalizado que nos impide realizar nuestras actividades cotidianas y que nos tiene recluidos  en nuestras casas. A partir de aquí hemos de vivir una cuaresma sin más elementos que la oración personal frente a los iconos, leyendo o trabajando sobre textos que nos ayuden a profundizar sobre la vida espiritual o interiorizando la oración del corazón durante los quehaceres domésticos, y al no poder salir de nuestras casas, tenemos mucho más tiempo para profundizar sobre lo que realmente es importante en la vida, desde una perspectiva espiritual  que cuando estamos ocupados con todo aquello que el mundo nos ofrece. Plateémonos pues esta cuaresma como realmente un retiro personal y a partir de este desierto, busquemos el fundamento de la Vida que las escrituras nos transmiten.

Y en estos momentos de dificultad, tengamos presentes en nuestras oraciones a las víctimas de esta pandemia, a los que están enfermos y a los sanitarios, obligados a realizar un esfuerzo extremo, poniendo en riesgo en algunos momentos su salud, y también la fuerza necesaria para todos aquellos que sufrimos sus consecuencias.

P. Martí

Nota: Como no sabemos el tiempo que esta situación puede durar, cada domingo colgaremos la homilía del Evangelio correspondiente en la página web de la Iglesia (www.iglesiortodoxa.es) y en este canal de comunicación, y al mismo tiempo os ofrecemos  esta vía de comunicación, así como la página web a través del apartado de contactos, para  cualquier consulta o circunstancia que requiera atención de la Iglesia. Que Dios nos de a todos una santa cuaresma en estas circunstancias de aislamiento.

Homilia del 3er diumenge de Quaresma, -D. de la Santa Creu- (Parròquia de Barcelona)

En el nom del Pare i del Fill i del Esperit Sant.

En la tradició de l’Església ortodoxa, el tercer diumenge de quaresma està dedicat a la contemplació del misteri de la Creu. L’Evangeli comença dient. «Si algú vol venir darrera meu, que es refusi ell mateix, que es carregui la seva creu, i que em segueixi». (Mc. 8, 34) Amb aquestes paraules se’ns posa de manifest un camí a seguir.

L’home va ser creat al principi a la imatge de Déu. En el primer capítol del Gènesi, podem llegir, «Fem l’home a  imatge nostra, segons semblança nostre» (Gen. 1, 26). Però la força d’aquesta imatge l’home la va perdre, en el moment en què, utilitzant la llibertat que aquesta imatge li atorgava, decideix un camí contrari al què el seu creador li va oferir, i situant-se ell, en el lloc de Déu, es produeix la caiguda dels nostres primers pares, en precipitant-se en un món que està dominat per la corrupció i la mort. Perquè no era possible que l’home, amb aquesta actitud, continués estant en el lloc que Déu l’havia situat. En el tercer capítol de el Gènesi, on es parla de la caiguda, podem llegir «fins que tornaràs a la terra, ja que en fores tret. Perquè tu ets pols i a la pols tornaràs» (Gen. 3, 19).

La conseqüència d’aquesta realitat és la que ens fa viure en un món que està lluny de Déu, dominat per la caiguda d’Adam, i la distància entre aquesta nova realitat i la realitat divina és infranquejable per al vell Adam, tal com podem llegir a la fi del tercer capítol del Gènesi, «Bandejà l’home i  posà a sol ixent del jardí d’Edèn els querubins, i la força de l’espasa resplendent, que brandaven per  guardar el camí de l’arbre de la vida» (Gen. 3, 24)

Però aquella imatge divina que Déu va transmetre a l’home en el moment que el va crea, no es va perdre d’una manera absoluta, sinó que en la pròpia essència de l’home, roman el desig de transcendència i de recerca de la veritat de la seva pròpia existència, i amb aquesta inquietud el poble d’Israel inicia un camí de purificació per crear l’espai on la pròpia divinitat es pugui manifestar per treure’ns d’aquest món que està dominat per la mort. I la Verge Maria, Mare de Déu, com cim més elevat d’aquest procés de purificació, és capaç d’oferir al nostre creador una matriu on albergar el propi Fill de Déu, segona persona de la Santíssima Trinitat i donar a llum a Jesús-Crist, Home i Déu. Serà Ell qui farà possible que a través del seu naixement, mort i resurrecció, puguem vèncer a la mort en la qual estem retinguts per la caiguda dels nostres primers pares.

Tornant a les paraules de l’Evangeli, el camí que se’ns proposa, és precisament el camí per on hem de transitar per iniciar-nos en el camí de la Vida. Negar-nos a nosaltres mateixos vol dir renunciar al vell Adam, a aquell que ens ha encadenat a aquest món corrupte que està dominat per la mort, perquè tot en aquest món acaba morint. I la lluita contra aquest vell Adam, és la lluita contra el nostre propi orgull i contra totes aquelles passions que ens lliguen a aquest món i que impedeixen que obrim la porta a una nova realitat transcendent amb la qual ens podem relacionar. I aquesta relació amb la transcendència no és abstracta ni indeterminada, sinó que és la relació amb l’Emmanuel «Déu amb nosaltres» segona persona de la Santíssima Trinitat que s’ha fet home perquè ens puguem deïficar i transitar aquest camí que és infranquejable per al home sol.

Pren la teva creu i segueix-me, ens diu l’Evangeli. La creu és precisament el camí pel qual transita el Fill de l’Home a través de la passió i mort, per baixar al més profund de l’home caigut, i redimir-lo, sortint victoriós de la mort com a Fill de Déu, Ressuscitant d’entre els morts.

Ell ens obre el camí cap a la redempció, però nosaltres també hem de ser capaços de passar per un camí de mort i de resurrecció, per a participar d’aquest camí de salvació. L’Evangeli de Sant Joan ens diu: «En veritat, en veritat us dic:  si el gra de blat que se sembra al camp no mor, resta tot sol; en canvi si mor, lleva molt de fruit». (Jn. 12, 24). La ascesi personal que hem de desenvolupar, precisament d’una manera especial en temps de quaresma, tracta de lluitar contra totes aquelles influències d’aquest món que ens allunyen d’una relació íntima amb Déu, es tracta de morir al vell Adam per apropar-nos al Nou Adam , i d’aquesta manera encara que sigui d’una manera intuïtiva, percebre quines són aquelles actituds que ens aproximen a Déu i quines les que ens allunyen, per tenir elements de judici que ens permetin lluitar contra tots aquells elements que són presents en la nostra vida i que no són precisament bons per a la nostra salut espiritual, per això l’Evangeli també ens diu: «¿I que aprofita a l’home de guanyar tot el món si perd la seva ànima?».

Avui ens trobem precisament davant d’una situació que, tot i les dificultats, ens pot ajudar a aquest procés d’interiorització en aquesta quaresma. La crisi sanitària causada per aquest virus que ataca les nostres vides, ens ha situat en un aïllament generalitzat que ens impedeix realitzar les nostres activitats quotidianes i que ens té reclosos a casa nostra. A partir d’aquí hem de viure una quaresma sense més elements que la pregària personal davant las icones, llegint o treballant sobre textos que ens ajudin a aprofundir sobre la vida espiritual o interioritzant la pregària del cor durant les tasques domèstiques, i al no poder sortir de casa, tenim molt més temps per aprofundir sobre el que realment és important a la vida des d’una perspectiva espiritual, que quan estem ocupats amb tot allò que el món ens ofereix. Plategem-nos doncs aquesta quaresma com realment un retir personal i a partir d’aquest desert, busquem el fonament de la Vida que les escriptures ens transmeten.

I en aquests moments de dificultat, tinguem presents en les nostres pregaries a les víctimes d’aquesta pandèmia, als que estan malalts i als sanitaris obligats a realitzar un esforç extrem, posant en risc en alguns casos la seva salut, i també la força necessària per tots aquells que patim les seves conseqüències.

P. Martí


Nota: Com que no sabem el temps que aquesta situació pot durar, cada diumenge penjarem l’homilia de l’Evangeli corresponen, a la pàgina web de l’Església (www.esglesiortodoxa.es)  i en aquest canal de comunicació, i al mateix temps us oferirem aquesta via de comunicació, així com la pàgina web a través de l’apartat de contactes, per a qualsevol consulta o circumstància que requereixi l’atenció de l’Església. Que Déu ens doni a tots una santa quaresma en aquestes circumstancies d’aïllament.

COMUNICAT DE LA PARRÒQUIA DE BARCELONA

Degut a la crisi sanitària generada pel coronavirus, i seguint les instruccions del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya, l’Església Ortodoxa (Patriarcat de Sèrbia) de la Protecció de la Mare de Déu de Barcelona, romandrà tancada fins que s’aixequi l’ordre de confinament.
En aquest moment d’aïllament preguem a Crist nostre Déu per les víctimes i la prompta recuperació dels malats d’aquesta pandèmia i demanem també la força necessària per afrontar aquest temps de dificultat.
Consell Parroquial

COMUNICADO DE LA PARROQUIA DE BARCELONA

Debido a la crisis sanitaria generada por el coronavirus, y siguiendo las instrucciones del “Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya”, la Iglesia Ortodoxa (Patriarcado de Serbia) de la Protección de la Madre de Dios de Barcelona, permanecerá cerrada hasta que se levante la orden de confinamiento.
En este momento de aislamiento rogamos a Cristo nuestro Dios por las víctimas y la pronta recuperación de los enfermos de esta pandemia y pedimos también la fuerza necesaria para afrontar este tiempo de dificultad.

Consejo Parroquial

Mensaje de Navidad del Patriarca Irenej 2019

La Iglesia Ortodoxa Serbia a sus hijos espirituales en la Navidad del año 2019

 IRINEJ

Por la misericordia de Dios Arzobispo Ortodoxo de Pec, Metropolita de Belgrado y Karlovac, y Patriarca de Serbia,
junto con todos los Pontífices de la Iglesia Ortodoxa Serbia
a los sacerdotes, monjes y todos los hijos e hijas de nuestra Santa Iglesia:

 Sea con vosotros la gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre, de nuestro Señor Jesucristo y del Espíritu Santo con el alegre saludo Navideño:

 ¡LA PAZ DE DIOS – CRISTO HA NACIDO!

Y también en este año del Señor, celebrando la gloriosa Encarnación del Jesucristo, lo único Nuevo bajo el sol, todos nos apresuramos hacia el templo de Dios para reunirnos alrededor del Niño Dios, de la Santísima Madre de Dios y siempre Virgen María y del justo José. Hacemos esto para que nuestras almas se iluminen con las palabras del Santo Evangelio sobre el verdadero acontecimiento de la Humanización y Nacimiento de Nuestro Salvador, Dios-Hombre Jesucristo, cuando el Cielo y la Tierra exclamaron a Él, el Niño Dios: Gloria a Dios en las alturas, y en la Tierra paz, buena voluntad entre los hombres!

Acerca de este Suceso único y glorioso en la historia y en todos los mundos, nuestro santo poeta eclesiástico glorifica: «El Adán hecho de polvo, primero comulgaba con la inspiración llena de gracia, pero por una serpiente maliciosa fue dado a la caída del ayuno. Mas sabemos que es por su bien que el Verbo se hizo hombre. Virgen, Tú cruzas los límites de los seres mortales al dar a luz a la preeterna Palabra, La cual tuvo a bien pasar a través de Ti, cofre sellado, ¡oh, Cofre y Zarza ardiente!

Tú, el Dios de la paz, nos has enviado al Ángel de Tu Gran Consejo para apaciguarnos, y Él nos dirige a la luz del conocimiento divino. Donde el pecado destruye mucho, Tú concedes gracia indescriptible, y todos nos convertimos en herederos de la Luz de lo Alto».

Para nuestros hijos espirituales, nuestro pueblo serbio muy sufriente hasta hoy día, en la Patria y en la diáspora, nosotros, sus pastores espirituales, deseamos que los piadosos pensamientos y sentimientos de esta Navidad moren abundante y permanentemente en nosotros y que toda nuestra vida tenga lugar en Dios con todos los santos. Entonces, caminemos junto al rostro de San Sava y de todos los santos e iluminadores serbios de nuestra Iglesia Serbia Autocéfala. Lo principal es preocuparse por cómo queremos vivir, para que en el justo Juicio de Cristo, tengamos a todos nuestros santos antepasados de nuestro lado. Para que ellos nos reconozcan como sus seguidores. ¡He aquí el sagrado deber de nuestra existencia!

Queridos hijos espirituales nuestros, hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para aprovechar los excedentes de nuestros diversos bienes para llenar la escasez de aquellos de nuestros semejantes que necesitan ayuda de todo tipo, y sobre todo en nuestra hermandad. El Divino Máximo el Confesor también nos enseña: «Esforcémonos por equilibrar la desigualdad de la naturaleza con mesura de pensamiento y así aumentar y completar las insuficiencias de los demás». Esto es agradable al Encarnado Hijo de Dios, Quien se identificó con los más pequeños y los más pobres. Por lo tanto, quien hace esto a ellos, lo hace a Él. ¿No vino acaso el Niño Dios antes que nada a alimentar todas las bocas y consolar todos nuestros corazones?

Si Cristo por nosotros se encarnó y se hizo Niño Dios, murió y resucitó, ¿no deberían todos nuestros actos en el mundo, como respuesta y ofrenda a Él, adornarnos y hacernos agradables a Dios? Por eso todos necesitamos humildad y tomar conciencia de que somos colaboradores de Dios y embellecedores de la Iglesia.

Si el mundo entero yace en el mal de la pasión y el pecado, y realmente yace, ¡entonces ningún hombre debería participar en él, es decir, en las obras de la oscuridad! Nosotros los cristianos estamos llamados al orden celestial de las cosas, y no al orden que es sin los cielos de Dios o a pesar de esos cielos. En una y perspicaz palabra, con respecto al tema de la libertad, digamos que somos libres tanto como somos libres del pecado, y como tal somos libres para la adoración a Dios. Comenzando desde este punto de vista, y afirmándonos con arrepentimiento y humillación, podremos crecer en las virtudes de Dios.

Podremos por el Espíritu Santo adquirir las líneas del Rostro de Cristo al hacer las obras agradables a Dios. Así, cosecharemos los frutos de la virtud, con el Señor Jesucristo como el Árbol de nuestra vida, plantado en medio de la Iglesia como Paraíso de la Dulzura, nutridos por Él tanto en el tiempo como en la eternidad.

El mensaje principal de la Navidad de este año debería ser que la fe ortodoxa debe ser preservada y conservada a todo precio. ¡Y la Revelación de nuestra Iglesia Ortodoxa y la Sagrada Tradición nos enseñan que es agradable a Dios confesar la fe en el Encarnado Hijo y Logos (Verbo) de Dios, Cristo Dios- Hombre, y junto a esto, confesar también la fe en la Santísima Trinidad! Esto da una visión a nuestro caminar por la oscuridad de este mundo, inmerso en el pecado. De esta fe eclesiástica depende nuestra adquisición y adopción del luminoso Rostro del Señor, la medida perfecta de todas las cosas: Jesucristo, nuestro Salvador – en el Cual crecemos y cuya gloriosa Segunda Venida esperamos. La supervivencia de toda la creación finalmente depende de la integridad de la eclesiástica fe ortodoxa. De esa fe ortodoxa surge la posibilidad de nuestra más plena comunicación y comunión con Dios en el centro de nuestra existencia: en la Sagrada Liturgia. A través de ella, nuestra Iglesia Ortodoxa vive y da pleno testimonio de nuestra unión con el Niño Dios Cristo.

Es nuestro deber sagrado llevar la cruz de los acontecimientos históricos y las tentaciones de todas las Iglesias locales, como algo común a todos. Pero es un deber sagrado y una obligación para todas las Iglesias ortodoxas locales, el respetarse y honrarse mutuamente. Por lo tanto, a los empleados del viñedo del Señor, lo merezcan o no, se les debe recordar que nada debe hacerse sin armonía y unidad con todos los demás; nada forzoso, para que el lienzo (mandylion) de Cristo no-hecho-por-mano-de-hombre no se corte, es decir, que no se profane en nosotros la Imagen del Niño Dios Cristo. En todas partes, por lo tanto, que se aplique la regla de curarse a sí mismo y a los demás, de una manera gentil, verdadera y según nos enseñaron los Santos Padres.

En nuestro mensaje de Navidad de este año dirigido a nuestros fieles hijos de San Sava, recordamos que no debemos olvidar nuestra Antigua Serbia (Kosovo y Metohija). Deberíamos tratar este santuario como el testamentario pensamiento, palabra y herencia serbios, inseparables de nuestro ser popular.

Pues, esto es exactamente lo que han testificado con su sangre los coros de los mártires y nuevos mártires serbios de todas las épocas. Hoy, el día de Navidad, recordamos en oración sagrada a los mártires de Kosovo, Jasenovac y los mártires de todos los demás sitios de ejecución masiva. Les pedimos ayuda para confesar personalmente nuestra propia fe eclesiástica ortodoxa en el Niño Dios Cristo, hasta el final, sin temor a dar testimonio de ella ante todos.

Los problemas de la vida del ser humano de estos días y, aparentemente, del futuro, a menudo son desalentadores e incluso sorprendentes. Y nuestro hombre serbio actual parece haber decidido contribuir a que, al cometer infanticidio, en el Juicio Final de Dios la humanidad aparezca separada: una parte, según el número de niños asesinados, prevalecerá sobre la otra, según el número de niños que nacieron y se les dio la oportunidad de vivir. ¡Cómo se ha llegado a este hecho, ante el Niño Dios Cristo, ante Su Santísima Madre y Siempre Virgen María, y ante todos los santos, representa la más dolorosa de todas nuestras preguntas aquí y ahora!

Es evidente que también existe una disposición por parte de los organizadores del nuevo mundo, para quitar de nuestras manos nuestra vida consagrada, en todos los sentidos, incluso con respecto a los sexos y el matrimonio cristiano, y para llevarnos a donde el pensamiento y la palabra, los actos y hasta el pie humano aún no han pisado. Sin embargo, también hay una palabra de aliento del Niño Dios Cristo: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, pero perder su alma?». Una sola alma que se arrepiente y se salva es más preciada que el mundo entero.

Al llevar la celebración de la Navidad y la Teofanía a una unión orgánica, tal como lo hacen los que escriben los íconos y los frescos, decimos en las palabras finales de nuestra Epístola de Navidad, lo siguiente: Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, entró en este mundo tal como entró en el Jordán. En aquél entonces, cuando Juan puso su mano sobre Él, el pecado del mundo huyó de Él, al igual que las aguas del río Jordán. Lo mismo sucedió cuando los apóstoles, obispos y sacerdotes a través de los siglos, impusieron sus manos sobre las cabezas de todos nosotros al bautizarnos y al ponernos en el camino de la deificación. El fuego bendito, por el cual tiemblan los querubines, nosotros lo recibimos en el Santo Misterio del bautismo, en ese baño del nuevo nacimiento en Cristo por el agua y el Espíritu. De esta manera, nos convertimos en portadores de la luz de la fe en el Hijo de Dios y en el Niño Dios Cristo, recibiendo como un don, la oportunidad de reinar con Él por los siglos de los siglos. Por eso es muy importante cómo vamos a vivir tanto nosotros como toda nuestra descendencia, y sobre qué base ella construirá la morada de su existencia cristiana: ¿Sobre agua, sobre arena, sobre paja o sobre Cristo, la Piedra angular de la Iglesia que es la Casa del Dios y Padre nuestro que está en el cielo? ¡Porque, al final, todas nuestras obras serán examinadas por el fuego de la gracia de Dios!

Los actos probados por el fuego bendito, los de todas las personas, mostrarán las obras que nos justificarán o condenarán. ¡Nos mostrarán a todos como verdaderos o rebeldes hijos del Dios y Padre, hermanos del Hijo Unigénito y Niño Dios, y vasija del Señor Espíritu Santo! ¿Acaso nos mostrarán también como fieles adoradores de la Trinidad Unisubstancial y equipoderosa, cohonrada y co-glorificada? Nosotros, reunidos alrededor del Niño Dios en la Cueva de Belén, ¡también queremos estar en los brazos del Padre!

Por lo tanto, que todos nuestros hogares se iluminen, y en el Espíritu Santo se regocijen, con el himno celeste-terrenal del Niño Dios: ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad entre los hombres!

¡LA PAZ DE DIOS – CRISTO HA NACIDO!

¡QUE TENGAN UN FELIZ AÑO NUEVO 2020, BENDECIDO POR DIOS!

Dada en el Patriarcado de Serbia en Belgrado, en la Navidad del 2019

Vuestros intercesores ante el Niño Dios Cristo:

IRINEJ, Arzobispo de Pec,

Metropolita de Belgrado y Karlovac,

Patriarca Serbio

Metropolita Amfilohije de Montenegro y el Litoral

Obispo Kirilo de Buenos Aires, Sur y Centro América

Junto con todos los Metropolitas, Arzobispos y Obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia

MENSAJE DE PASCUA DEL PATRIARCA IRINEO – 30 Abril 2019

PATRIARCA IRINEJ

¡CRISTO HA RESUCITADO!

Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? Oh Hades, ¿dónde está tu victoria? ¡Cristo ha resucitado, y no hay un solo muerto en una tumba! ¡Cristo ha resucitado y reina la vida! (Homilía pascual de San Juan Crisóstomo)

Queridos hijos espirituales,
btrhdrCon los corazones llenos de alegría y luz, hoy celebramos la Fiesta de las fiestas, la Fiesta de la victoria de la fe y la vida sobre la muerte, la fiesta de la resurrección de Cristo, así como la resurrección de la naturaleza humana, la resurrección de cada persona.

La disolución y la muerte, plantadas en la naturaleza  humana a través del pecado, confirman con su evidente y innegable certeza el fin del camino histórico y la vida de todo ser humano. El ciclo biológico que comienza en el útero de la madre termina en el útero de la tierra y la muerte se muestra como la única realidad inevitable. Pero nosotros, desde el primer hombre hasta el día de hoy, con cada palabra, pensamiento y acción, demostramos que no aceptamos la muerte, que la muerte es una anomalía, que tenemos hambre y sed de vida eterna, es decir, que somos creados y elegidos para la plenitud de la vida y la eternidad.
Por lo tanto, todos los esfuerzos humanos están dirigidos hacia un intento de encontrar una cura contra la muerte y la decadencia. Todas las religiones del mundo, todos los esfuerzos sublimes del espíritu humano, la filosofía, la ciencia y el arte, al final, tienen un solo objetivo: ¡Vencer a la muerte! Con este fin, a lo largo de los siglos, la humanidad ha creado maravillas sin precedentes de la cultura técnica y material en general. Ha desarrollado el conocimiento científico en proporciones sin precedentes, ha demostrado un impulso inconmensurable de creatividad social; el pensamiento filosófico ha llevado a una extraordinaria elegancia y claridad y ha creado un gran arte, ¡pero el objetivo sigue siendo inalcanzable! La razón es simple: lo transitorio y lo creado no pueden por sí mismos volverse permanentes y eternos.
Es por eso que el Hijo Unigénito de Dios, el Amor Encarnado de Dios, vino al mundo y sufrió los sufrimientos en la Cruz, y al hacerlo, de una vez por todas, ¡oh, milagro! ¡oh vida! Él asumió nuestra muerte como la suya propia, de modo que, por la bendición y el amor del Padre
celestial, se levantaría de la tumba y, por lo tanto, su muerte vencería irreversiblemente la ley general de la muerte y la muerte.
La Resurrección de Cristo, es la Buena IMG-20190501-WA0076Nueva del Evangelio y un hecho irrefutable, es la base firme y el corazón de la fe cristiana. Se ha convertido en un nuevo nacimiento de la humanidad para la vida eterna y una puerta que conduce al mundo de una realidad nueva y transfigurada, la realidad de la gloria del Reino Celestial. Las palabras del Santo Apóstol Pablo lo atestiguan completamente cuando dijo: Pero ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos y se ha convertido en el primer fruto de aquellos que se han quedado dormidos (I Corintios 15:20). El misterio de la resurrección de Cristo nos revela que Dios de ninguna manera es una noción abstracta o algún «poder superior» hipotético e inaccesible, que nos esclavice y nos limite con un sistema de normas morales. Por el contrario, Él es hombre perfecto, que vino al mundo, no solo para mejorar las condiciones de esta vida o para ofrecernos algo, o incluso para presentarnos un sistema económico o político ideal, o para enseñarnos un método por el cual lograr cierto nivel psicológico. Equilibrio físico. Él vino para conquistar la muerte como «el último enemigo» (cf. I Cor. 15:26) y para llevar la vida eterna a toda la raza humana. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn. 3:16).

No es una coincidencia que ninguno de los evangelistas haya tratado de describir el Evento de la Resurrección, es decir, presentar lo que sucedió durante el momento clave del levantamiento del sueño de la muerte. Todos, sin excepción, hablan sobre las consecuencias de ese evento y citan testimonios de personas sobre la tumba vacía. El verdadero Misterio de la Resurrección permanece oculto. btrhdrLo que los testigos oculares, los discípulos y los apóstoles de Cristo han presenciado y lo que los santos de Dios han confirmado a lo largo de los siglos son las apariciones del Señor resucitado y su experiencia de conversar y entrar en comunión con él. Esto significa que no solo nadie puede comprender y ver, sino que nadie puede describir estos eventos de la salvación, que están por encima de nuestras capacidades intelectuales. Nos hacemos dignos de la realidad de estos Misterios solo a través de la fe y la experiencia espiritual, porque la realidad de la comunión con el Resucitado no es una cuestión de investigación de laboratorio y prueba racional, sino que es la participación eucarística en la Copa de la Vida común. Tenemos la bendita oportu_DSC0169nidad de experimentar los frutos de la Resurrección, pero no para juzgar la naturaleza de este Misterio de forma aislada, sino sólo junto con el Misterio de la Encarnación y con todos los Misterios de la Economía Divina de la salvación en su conjunto.
El mismo Señor resucitado nos ha revelado ese misterio sobre todos los misterios cuando Él, con los dos de sus discípulos estaba en el camino a la aldea de Emaús: «Entonces Él les dijo: Oh, necios, y de corazón lento para creer. ¡Que han hablado los profetas! ¿No debería el Cristo haber sufrido estas cosas y entrar en Su gloria? (Lc. 24: 25-26). Se reveló plenamente en su IMG_20190429_200949forma resucitada y transfigurada solo cuando, durante la cena, tomó el pan, lo bendijo y luego se lo distribuyó. Fue entonces cuando se abrieron los ojos de sus mentes y le reconocieron a Él como el Señor resucitado. La realidad gozosa de la Resurrección no puede entenderse con la mente humana, sino solo a través de los ojos de la fe. Y aun así, no solo en cualquier lugar, sino en la Divina Liturgia, podemos reconocer a Cristo Resucitado y glorificado. El evento de la Resurrección se experimenta en la comunión litúrgica con otros, es decir, en la Iglesia de Cristo. Por lo tanto, la Resurrección concierne no solo a los individuos, sino a toda la comunidad, el Pueblo de Dios en su conjunto. Por el don de Dios es un evento eclesial que abarca todo el universo.

Por su Cruz y su Resurrección, Cristo finalmentIMG-20190501-WA0055e ha destruido la enemistad y ha unificado a la humanidad en un solo Cuerpo y un solo pueblo. Por eso la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica es la Iglesia de la reconciliación de todos y de todos. Es por eso que nosotros, los reconciliados, llenos de la nueva vida verdadera, nos hemos convertido en conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19).

Desafortunadamente, incluso en medio de esta alegría pascual celestial, nos enfrentamos muchas tentaciones y tribulaciones con el terrorismo, las guerras y la pérdida de vidas en todo el mundo.57485780-2139186746198995-5156082829821476864-1555834826914 Los gritos y la agonía de las víctimas que nos llegan con la mayor rapidez a través de los medios modernos de comunicación y hieren nuestros corazones. Diversas e ilimitadas desilusiones, tristezas e insatisfacciones sobrepasan nuestras almas. A nuestro alrededor, la injusticia y el odio gobiernan y la verdad se hace relativa. Las personas                   (Foto el Periódico)
que viven una vida   virtuosa son calumniadas y perseguidas. Eso no sólo ocurre en un plano personal y local, sino también a escala global. Somos testigos de que en todo el mundo, hoy en día, los valores cristianos básicos están siendo empujados a un segundo plano.

En un mundo tan desviado, nosotros, los cristianos ortodoxos, estamos llamados a testimoniar con nuestro ejemplo a nuestros seres queridos y vecinos, cercanos y lejanos, la victoria de la Vida sobre la muerte y el sentido sobre el sin sentido. La Iglesia no debe vivir solo para sí misma como una comunidad religiosa cerrada, preocupada solo por cuestiones de piedad personal. Ella está obligada a ser la portadora de la paz y la reconciliación, el amor y la solidaridad con toda la raza humana a través de la alegría y la experiencia de la Resurrección.
Preguntémonos: ¿qué tipo de fe tenemos? ¿Creemos realmente que Cristo resucitó de entre los muertos? ¿Este evento tiene consecuencias salvadoras cruciales para nosotros y para nuestras vidas? En la respuesta a esta simple pregunta se encuentran las respuestas a todos nuestros problemas, temores e inseguridades; las respuestas a todas nuestras tentaciones, dilemas existenciales, conflictos psicológicos, morales, sociales, nacionales y todos los demás desafíos, tanto de carácter personal como global. Si confiesas con tu boca al Señor Jesús y crees en tu corazón que Dios lo ha resucitado. serás salvo (Romanos 10: 9).

En este año, cuando celebramos el gran jubileo de nuestra Iglesia, los ocho siglos de su autocefalía, oramos por la plenitud de nuestra bendita nación, de los que viven en la patria y en el extranjero, para que se regocijen en la Resurrección de Cristo y en el amor y en armonía puedan preservar la unidad de nuestra Santa Iglesia; que ningún interés personal o terrenal pueda suplantar los intereses de la Iglesia de Cristo, ni del bienestar general de la humanidad.
Con especial fervor, rogamos hoy al Dios de Cristo resucitado para que, por la intercesión de Santa Sava, del Santo Zar Lazar y de todos los santos de nuestra nación, la paz y la libertad puedan regresar a nuestro crucificado Kosovo y Metohija, nuestra cuna espiritual y nuestra Jerusalén, donde se encuentran los santuarios más grandes de Serbia, las perlas de la espiritualidad ortodoxa, de la cultura serbia y de toda nuestra herencia espiritual cristiana y mundial.
Dios, al extender sus brazos sobre la Cruz, ha abrazado y atraído a Sí mismo a todas las personas y a toda la creación, y ha venido a morar dentro de nosotros como Amor Eterno, lleno de gracia y verdad. Por lo tanto, al compararnos con Él, nos abrazamos con el Amor crucificado y resucitado de Dios, no sólo a los que nos aman, sino también a nuestros enemigos. Perdonémoslos, porque el Señor también nos perdonó nuestros pecados en la Cruz, diciendo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc. 23:34). «Si no fuera por las palabras: perdóname, y que sea perdonado, la vida humana sería totalmente insoportable», dijo el crisóstomo serbio, el Santo Jerarca Nikolai (Velimirovich). Entonces, ¡Perdonémonos unos a otros! ¡Vamos a reconciliarnos los unos con otros! ¡Abracémonos unos a otros, para que podamos caminar por el camino sagrado del Amor Divino! ¡Seamos testigos del amor y vivamos por él!
IMG-20190428-WA0110Expresando con una boca y un corazón estas verdades, todos los cristianos ortodoxos de todo el mundo hoy en día exclamamos: “Este es el día de la resurrección. Seamos iluminados por la fiesta. Abracémonos unos a otros. Llamemos ‘Hermanos’ a aquellos que nos odian y perdonamos a todos por la Resurrección; y así exclamemos: ¡Cristo ha resucitado de entre los muertos, con su muerte ha vencido a la muerte y a los que estaban en los sepulcros les ha dado la vida!

                            

                                              Patriarcado serbio en Belgrado en la Pascua de 2019

Vuestros intercesores ante Cristo resucitado:
Arzobispo de Pec, Metropolitano de Belgrado-Karlovci y Patriarca de Serbia IRINEJ

Metropolitano de Montenegro y Litoral, AMPHILOHIJE Metropolitano de Zagreb y Ljubljana, PORFIRIJE Metropolitano de Dabro-Bosna, CRISOSTOM Obispo de Sabac, LAVRENTIJE Obispo de Srem, VASILIJE Obispo de Banja, Luka JEFREM Obispo de Budim, LUKIJAN Obispo de Banat, NIKANOR Obispo de New Gracanica-Midwestern America, LONGIN Obispo de Canadá, MITROPHAN Obispo de Backa, IRINEJ Obispo de Gran Bretaña y Escandinavia, DOSITEJ Obispo de Europa Occidental, LUKA Obispo de Zicha, JUSTIN Obispo de Vranje, PAHOMIJE Obispo de Sumadija, JOVAN Obispo de Branicevo, IGNATIJE Obispo de Zvornik-Tuzla, FOTIJE Obispo de Mileseva, Atanasije Obispo de Budimlje y Niksic, JOANIKIJE Obispo de Düsseldorf y Alemania, GRIGORIJE Obispo de Valjevo, MILUTIN Obispo de Ras y Prizren, Teodosije Obispo de Western Americ,a MAXIM Obispo de Gornji Karlovac, Gerasim Obispo de América del Este, Irineo Obispo de Krusevac, DAVID
Obispo de Eslavonia, JOVAN Obispo de Austria y Suiza, ANDREJ Obispo de Bihac-Petrovac, SERGIJE Obispo de Timok, ILARION Obispo de Nis, ARSENIJE Obispo de Australia y Nueva Zelanda Metropolitano, SILUAN Obispo de Buenos Aires y Sudamérica Central, KIRIL Obispo de Dalmacia, NIKODIM Obispo de Osek-Polje y Baranja, HERUVIM Obispo de Zahumlje y Hercegovina, DIMITRIJE Vicario Obispo de Moravica, Antonije Vicario Obispo de Remezijan, STEFAN Vicario Obispo de Mohac, ISIHIJE Vicario Obispo de Diokleia, METODIJE Arzobispo de Ochrid y Metropolitano de Skoplje, JOVAN Obispo de Polog y Kumanovo, JOAKIM Obispo de Bregalnica, MARKO Vicario Obispo de Stobi.

MENSAJE DE NAVIDAD (2ª parte)

MENSAJE DE NAVIDAD 2018

Recogemos las palabras finales del Mensaje de Navidad 2018 de Su Santidad el Patriarca Ireneo y la Asamblea de Obispos ortodoxos serbios y Monseñor Luka, obispo de Europa Occidental:   LA PAZ DE DIOS – CRISTO HA NACIDO!

Todos ustedes, queridos hijos espirituales, los llamamos a laPATRIARCA IRINEO comprensión mutua, al amor y al perdón. Tengamos cuidado con las palabras duras pronunciadas de manera imprudente, teniendo en cuenta que el entorno social en el que vivimos depende también de las palabras que pronunciamos. Las palabras suaves sanan, el habla dura duele y las heridas infligidas por las palabras a menudo son más difíciles que el dolor físico. Por eso, el sabio Salomón nos enseña que la muerte y la vida están en poder del lenguaje (Pr 18,21). Si vemos que uno de nuestros parientes nos está infligiendo una injusticia, actuemos de acuerdo con el principio del Evangelio y discutamos con Él haciendo todo lo posible para adquirir un hermano (Mt 18:15). Perdonémonos unos a otros hasta setenta veces siete  (Mt 18, 22) y en los juicios que hacemos sobre los demás, confiemos en la verdad de que debemos expresarnos con suavidad, con respeto y toda conciencia (2 Co 4,2)…

…Al expresar nuestra gratitud al Señor por este día en el que, según las palabras de San Romano el Meloda (el Himnógrafo)   «la Virgen da a luz al Eterno, y la tierra ofrece una cueva al Inaccesible; los ángeles y los pastores cantan, y los magos con la estrella avanzan; porque ha nacido para nosotros un niño pequeño, el Dios pre-eterno «, anunciamos al mundo una gran alegría y saludamos a todos con el saludo de la Navidad:

 La paz de Dios, Cristo ha nacido!
La pau de Déu, Crist ha nascut!
Hristos se rodi! Vaistinu se rodi
!Que el Año Nuevo 2019 sea dichoso y bendecido por Dios!
Patriarcado serbio, Belgrado – Navidad 2018

Hieromonje Miquel, rector de la Parroquia del Arcángel San Miguel / Palma/Mallorca
Queridas hermanas y hermanos, un año más nos unhieromonjo miquelimos con Cristo que nace pobre en un pesebre, este nacimiento ya prefigura su muerte y resurrección, el sentido de este nacimiento humilde es su final en la Resurrección gloriosa, por tanto convirtamos, nuestro camino en la vida, igual que Cristo hizo, en un crecimiento en el espíritu que nos lleve hasta la Santa Resurrección.  El camino a seguir es el amor, a los que nos aman y a los que no, porque nuestra conversión diaria ante Él, ante ese niño nacido humilde en un pesebre es la certeza de que en Él todo lo tenemos, sin pretensiones efímeras, que no nos llevan a ningún lugar, vivamos felices la vida que Él nos ha dado y digamos todas y todos con infinita alegría que “Dios está entre nosotros” y esa es nuestra alegría y nuestra vida hasta el encuentro definitivo en Él.   ¡FELIZ NAVIDAD!

Rev. P. Nicolás, rector de la Parroquia de los Santos Andrés y Nicolás de Alicante
Tiempo de luces, colores, compras y comidas navideñas en las que la televP. NICOLASisión y los demás medios se encargan de meternos por todos los sentidos que este es tiempo de felicidad obligatoria y pavo asado, todo anunciado por un duende barbudo vestido de rojo.
Se busca el regalo perfecto para Navidad, el traje perfecto para Noche Vieja, el Roscón perfecto para Reyes… Mas ahora es tiempo de buscar la salvación que se nos ofrece a raudales desde la cueva de Belén: ¡Dios se ha encarnado! ¡Dios está con nosotros! Busquemos la salvación de nuestras almas, busquemos la luz que ilumine nuestros corazones, busquemos la paz que anunciaron los ángeles en la Noche Santa, entonces si que será una feliz Navidad.

Y no nos olvidemos que después de cuarenta días de ayuno, vienen cuarenta días de fiesta, que la Navidad no termina con las rebajas de los grandes almacenes sino el 2 de febrero con la Entrada de nuestro Redentor en el Templo.

¡CRISTO HA NACIDO, EN VERDAD HA NACIDO!

MENSAJE DE NAVIDAD

IMG-20181225-WA0000La Navidad en las Iglesias Ortodoxas se celebra el 25 de diciembre (nuevo calendario)  y el 7 de enero (viejo calendario). En nuestro país se ha tenido un gran respeto tanto si se celebra en una u otra fecha. Ya desde el principio el Patriarcado de Serbia, bendijo y respetó las costumbres existentes ya en las parroquias. Así, nos encontramos que dentro de la Eparquía para España y Portugal existen parroquias que lo celebran indistintamente, según la mayoría de los fieles que la forman. Barcelona, que ha sido pionera celebra la Festividad del Nacimiento Divino según el nuevo calendario, la mayoría de las otras parroquias lo celebran según el antiguo calendario. Hay sacerdotes que celebran dos veces la Navidad, en su propia parroquia, o como es el caso del Arcipreste Joan que visita más de una parroquia, que puede celebrarlo hasta tres veces.

MENSAJE DE NAVIDAD
Arcipreste Joan, Vicario General para España y Portugal.IMG-20181226-WA0011 (2)

La cronología anual nos sitúa regularmente en la celebración litúrgica del Advenimiento del Divino Infante. Quiera Dios que el Advenimiento del Emmanuel en nuestros corazones, nos haga nacer en el Cristo-Jesús, participando íntegramente de este Misterio. Navidad, la Pascua de Navidad es el Pórtico que nos abre paso a la Pascua de las Pascuas, la Resurrección del Señor, porque nos resucita a todos y nos abre al goce de la Gloria eterna.
Santa y provechosa experiencia de la Navidad para todos con los mejores deseos para el futuro de todas las comunidades de nuestra Eparquía. ¡Dios con nosotros!

Rev. P. Dámaso, Rector de la Parroquia de San Juan Crisóstomo de A Coruña
La Navidad es afinar el oído para Dios y permitirbtrmdnnos el silencio expectante dentro de nosotros mismos, adorando y contemplando  su misterio en nuestros días. En ese silencio está Dios hablando. Es preciso pedirle hoy a Aquel  que es hoy entre nosotros, que nazca sobre todo en nuestros corazones y que nos haga capaces de escucharle, de amarle y de permanecer dentro del mundo, sin ser del mundo.

!!!Felicidades a todos y plenitud en Él,que está entre nosotros!!!

Hieromonje Sergio, rector de la Parroquia de San Nicolás de Ohrid y Jitcha, Castelsarrasin (Francia)cof

Toda la parroquia de San Nicolás de Ohrid, en Castelsarrasin, se añade conmigo para desearos una Buena y Santa Fiesta de la Navidad de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesús Cristo, a vosotros y a todas las parroquias de España y Potugal. Podamos siempre mantener los vínculos fraternales que nos unen para Gloria de Dios.

                 

  davRev. P. Pablo de la Parroquia Cristo Salvador,  Lisboa

El Rev. P. Pablo desde Lisboa nos envía su mensaje de Navidad: “Os deseo intensamente a todos,  una Santa Navidad en los brazos del Niño Dios. Que la luz divina que ilumina todo, nos mantenga unidos”.


Arcipreste Martí, rector de la Parroquia de la Protecció de la Mare de Déu, Barcelona
Alegrémonos porque hoy la segunda personap.marti de la Santísima Trinidad se ha hecho hombre, nacido de una Virgen en la humildad de una cueva, ha penetrado las entrañas de la creación, el Emmanuel, Dios con nosotros, se nos hace presente porque en Él encontramos el camino que conduce a la Plenitud de la Vida, Verdad de nuestra existencia. Un gran misterio se nos ha revelado, alegrémonos y llenémonos de alegría porque enraizados en la escatología de nuestra existencia, encontraremos el sentido de todas las coses.

Festividad de la Parroquia Protección de la Madre de Dios, Barcelona

Festividad de la Parroquia «Protección de la Madre de Dios» Barcelona.
7 Octubre 2018

El Velo de la Protección de la Madre de Dios, se extiende en el Templo y acoge a los  feligreses y sacerdotes de la Eparquía en España y Portugal. La belleza del oficio se une a lcofa belleza del encuentro entre los presentes de las distintas parroquias. Coro y clérigos entonan los cantos y el pueblo en atenta escucha,  todos participan de la Luminosa Fiesta de la Madre de Dios, con un sentimiento de tristeza por la ausencia del Obispo, Msr. Luka, a causa de su salud, y que al final se le dedicó un momento para desearle una mejoría y que le permita poder venir para la festividad de Santa Eulalia, en el mes de febrero.

Los Hieromonjes P. Nicolás (Alicante), P. Macari (Barcelona) P. Miquel (Palma) P. Serge (Francia), Rev. P. Dámaso, (A Coruña) Rev.P. Paulo (edfLisboa), Arciprestes P.Joan y P. Martí, Rev. P. Jose, (Barcelona) P. Diácono Goran (Francia) y el monje, hipodiácono Germán  (Coruña). La foto corresponde después del oficio de Vísperas, el sábado 6 octubre. En la Divina Liturgia del domingo también estuvieron presentes los sacerdotes, el Rev. P. Jaume (Girona)  y el Rev. P. Josep y el P. diácono Antonio (Barcelona).

De la parroquia de San Eudald y de Santa Parasqueva de Ripoll, cantaron el “Agni Partene”.

El coroedf de la parroquia de Ripoll participó cantando, en rumano,  el  Agni Parthene  (del griego Αγνή Παρθένε que significa «Oh Virgen Pura” es un himno devocional no litúrgico compuesto por San Nectario de Égina, para el Theotokarion («Libro de himnos a la Madre de Dios»).

 

mdeReliquia de la Theotokos

Arcipreste Stavrophor JOAN, Vicario General para España y Portugal, fundador

30 Aniversario 1988-2018 con el Patriarcado de Serbia

14 FEBRERO 1988. UNA FECHA PARA RECORDAR

Hablar de la Ortodoxia en nuestro país, cuando era casi inexistente es hablar de la década de los años setenta.  Hablar de la Ortodoxia en aquel tiempo era mirar el entorno y no encontrar indicios de testimonios cercanos. Podríamos hablar de que la existencia de la Ortodoxia estaba germinando en el corazón de unos jóvenes que se sentían interpelados en su fuero interior por una búsqueda sincera que les guiaba a las raíces del cristianismo, donde se hallaba finalmente la Tradición de la Iglesia Ortodoxa, a pesar de la “lejanía geográfica” que se encontraba más allá de los Pirineos.

Eran tiempos que no favorecían dicho encueJUNY 2018ntro, pero la simiente estaba echada y a través de la oración siempre presente,  de los contactos y conocimientos que se iban adquiriendo, poco a poco, se iba marcando el rumbo, que finalmente llegó a puerto, en el momento en que el Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Serbia quiso a bien, y gracias a Dios, dar la bendición canónica a esta comunidad que nació en Cataluña.

El 14 de febrero de 1988 se firmó el Acta de Recepción. Una fecha para recordar y no olvidar, porque a partir de aquí se había culminado un peregrinar que había durado dieciséis años y marcaría con los diecisiete años el inicio de una nueva singladura.

A partir de aquí un nuevo período empieza y que todavía sigue… veremos como a través de estos treinta años la Iglesia crece con nuevos miembros, con nuevas parroquias y sin ninguna distinción de nacionalidades y procedencias que ha configurado un mosaico diverso y unido por la Koinonia y el Kerigma apostólico.

Los inicios están marcados por dos personas que fueron los fundadores de esta Iglesia, hablamos de aquel entonces (1972) del Sr. Guy Lhotel Pivardier  y Joan García Casanovas. El Sr. Guy Lhotel recibió órdenes sacerdotales y más tarde marchó a otro país siguiendo otro camino. Joan García recibió también las órdenes sacerdotales y a él le recayó la responsabilidad de ser Vicario General para España y Portugal, de la Iglesia Ortodoxa  del Patriarcado de Serbia. Más tarde se añadirían nuevos servidores para el altar.


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Joan Garcia hizo la carrera de Nática especialidad Ingeniería  y estuvo navegando en la Compañía Transmediterránea como oficial  de la Marina Mercante. Dejó su carrera profesional y buscó trabajo en tierra, contrajo matrimonio y sus inquietudes espirituales le llevaron a conectar con el mundo de la Ortodoxia.  

JUNY 2018 5Cursó estudios en los Institutos Superiores de Teología Saint-Denys y Saint Serge de París y en la Facultad de Teología de Barcelona.  Actualmente coordina la Escuela de Teología Ortodoxa “San Gregorio Palamás” y es docente invitado en la Universidad Pompeu Fabra, Universidad Católica de Murcia y Universidad de Girona. Es Presidente del GTER, “Grupo de Trabajo Estable de las Religiones”. Como Vicario General coordina todas las parroquias existentes en España y Portugal.

     JUNY 2018 6                            Arcipreste Joan en la Facultad de Teología de Belgrado

JUNY 2018 1                    Arcipreste Joan en el Instituto Ortodoxo “Saint Serge” París

Su Excelencia Monseñor Luka (Kovacevic) Obispo de Europa Occidental

Su Excelencia  Monseñor Luka (Kovacevic), Obispo de Europa Occidental (1997)

mgr. lukaNació el 30 de octubre de 1950 a Piskavitsa cerca de Banja Luka. Estudió en el Seminario “Tres Santos Jerarcas” en el monasterio Krka, y terminó sus estudios de teología en 1982 en el Instituto de teología ortodoxa San Sergio de París.

Fue  tonsurado monje y ordenado diácono y sacerdote el año 1976. De 1982 a 1992, fue monje en el monasterio de San Sava a Elaine, Australia. Ordenado obispo de Australia y Nueva Zelanda el 17 de agosto de  1992, por su Beatitud el Patriarca Pavle, en la iglesia catedral de San Miguel de Belgrado. Monseñor Luka fue nombrado Obispo de la diócesis de Europa occidental,  en 1997. Durante los dos años que siguieron fue obispo de la diócesis del Oeste de Europa y sirvió como administrador de la diócesis de Australia y de Nueva Zelanda, donde estuvo hasta el 1999.

A partir de aquí la Iglesia Ortodoxa de Barcelona y Girona ya estuvieron bajo su omophor y empezaría gradualmente la formación de las diversas parroquias en la Península y en las islas, junto con Portugal y Occitania, hasta el presente.

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Memoria Eterna!

Memoria Eterna!

MGR. DAMASKINMgr. Damaskin, fue el Obispo que sucedió a Monseñor Laurentije. En más de una ocasión visitó Planils, capilla de San Serafín de Sarov  (Girona),  y también una vez estuvo en Barcelona, acompañado por la Sra. Voika, tesorera del episcopado para Europa Occidental.

Vivió momentos muy convulsos, cuando estuvo en París. El eco de la guerra se hacía sentir y en una ocasión se vivieron momentos muy tensos y con gran ansiedad, en los que él no estuvo al margen del sufrimiento, repercutiendo en su salud.

Más tarde marchó a América, y decidió emprender una nueva vida  hasta el fin de sus días. Pedimos a Dios que le conceda el reposo eterno y + Memoria Eterna!

      La foto corresponde cuando visitó  el Pla de Planils, provincia de Girona.

Su Excelencia Monseñor Lavrentije Trifunović, Obispo de Šabac

30 Aniversario 1988-2018 con el Patriarcado de Serbia

Su Excelencia Monseñor Lavrentije Trifunović, Obispo de Šabac

El año 1988, después de cinco años de espera canónica, monsenyor LAVRENTIJEfinalmente el Sínodo del Patriarcado de Serbia, a través del Obispo Lavrentije, acogió a la Iglesia Ortodoxa “Protección de la Madre de Dios” que estaba inscrita en el Registro del Ministerio del Interior, con la denominación de “Iglesia Ortodoxa Española”, ya que abarcaba la jurisdicción de toda la Península.

Él fue el Obispo que visitó en aquel entonces la Parroquia de Barcelona. A pesar de su corta estancia, no dejó de conectar con la comunidad y una comida en casa del Rev. P. Jaume y de su esposa, la popadía Julia, reunió a todos los fieles que asistieron a la misma, después de celebrar los actos litúrgicos en la iglesia. mdeSe respiraba una gran alegría por todos los acontecimientos tan esperados que daban fin a un gran período de espera incierta. Por fin la Iglesia tenía la bendición del nuevo Obispo.

Cuando él marchó, las personas que fueron a acompañarlo a la estación de tren no olvidaron nunca  su semblante triste y preocupado… las nubes negras de la guerra estaban a punto de descargar toda su carga… el tiempo a venir sería excesivamente terrible y doloroso y él ya intuía en su corazón el sufrimiento.

Él en aquel entonces se encontraba en Himelstur (Alemania) y desde la Editorial que el regentaba dentro de la propia sede episcopal, imprimía cantidad de libros que, en su país Serbia, en tiempos de comunismo habían sido prohibidos. Así el imprimió toda la obra literaria de San Nicolás de  Jitcha DSCN8214y de Ohrid. Las fotos corresponden a una visita que se hizo en la sede del Obispo Lavrentije en Sabac, Serbia, el mayo de 2004. La alegría del encuentro fue grande y nos regaló todas las obras editadas de San Nicolás (Vélimirovitch) que, actualmente se encuentran en la Parroquia de la Protección de la Madre de Dios, de Barcelona.

Después de la visita a la sede episcopal de Sabac, por indicación del obispo Lavrentije se visitó el precioso enclave de Soko Grad, fundado por él y su diócesis.

 El Monasterio está situado al pie de la antigua fortaleza de Soko Grad, hoy en ruinas, a 15 km. de Ljubovija. Fue fundado a iniciativa del Obispo Lavrentije. La Iglesia fue construida SOKO GRADentre 1991  y 1994 en un estilo arquitectónico influenciado por la escuela moraviana de la Serbia medieval.

En el recinto del monasterio se encuentra también un museo, y un edificio importante, la “Casa de Nikolaj Vélimirovitch” que puede recibir unas 200 personas. Después del 2001, el monasterio acoDSCN8286ge el movimiento “Moba”, que se destina a los jóvenes serbios de la diáspora, el objetivo del movimiento es de aprender la lengua serbia y familiarizarlos con el país de sus antepasados.

El monasterio se halla dedicado a San Nicolás de Jitcha y Ohrid.

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De aquel entonces, cuando Monseñor Lavrentije llegó a Barcelona, han pasado ya treinta años. Desde estas líneas queremos hacerle llegar nuestro gran respeto y todo nuestro cariño hacia su persona. Él siempre nos ha acogido y recibido con bondad y generosidad. Que Dios le bendiga!