Comunicado de la Santa Asamblea de Obispos de la Iglesia Ortodoxa serbia

Minientrada

31 de mayo de 2021

En la iglesia del Santo Príncipe Lazar, en la cripta de la Catedral de San Sava en Belgrado, se celebró una sesión ordinaria de la Santa Asamblea de Obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia, del 24 al 29 de mayo de 2021, bajo la presidencia de Su Santidad Porfirije, patriarca serbio, y con la participación de todos los jerarcas diocesanos de la Iglesia ortodoxa serbia, mientras que el obispo Lavrentije de Sabac no se quedó hasta el final de la sesión. La Asamblea inició su sesión con el servicio de la Santa Liturgia con la invocación del Espíritu Santo en la Catedral de San Sava en la fiesta de los Santos Cirilo y Metodio, el 24 de mayo de este año.

La Asamblea se complace en señalar que este año marca el centenario de la fundación de la Diócesis Americano-Canadiense, la primera diócesis de nuestra Iglesia en el continente americano, el 90 aniversario de la fundación del Arzobispado de Belgrado-Karlovci, y la 60 aniversario del nacimiento de San Nicolás (Velimirovic, sesenta y cinco años desde su fallecimiento y treinta años desde el traslado de sus reliquias de Libertyville (EE.UU.) a su Lelic natal cerca de Valjevo. La Asamblea recomienda a todas las diócesis de la Iglesia Ortodoxa Serbia para conmemorar estos importantes aniversarios de manera digna.

La Asamblea consideró con el debido cuidado y atención los fenómenos que ponen en peligro, y en algunos casos violan la unidad de la Iglesia Ortodoxa. El informe del Comité de Jasenovac de la Santa Asamblea de Obispos se tuvo en cuenta con la misma atención, y al mismo tiempo, los problemas de la Iglesia Ortodoxa Serbia en Serbia y en los países de la región, así como en la diáspora. en todo el mundo, fueron considerados.

En ese contexto, se presta especial atención a la condición de nuestra Iglesia y la posición del pueblo serbio en Kosovo y Metohija, donde las injusticias, las presiones y la violencia contra el pueblo serbio ponen en peligro la identidad, la libertad, los derechos y la propiedad de los ortodoxos serbios… La Asamblea también enfrentó los desafíos que enfrentaron nuestra Iglesia y nuestro pueblo en Montenegro, donde el nuevo gobierno evita firmar el Acuerdo Fundamental ya acordado entre la Iglesia Ortodoxa Serbia y el estado de Montenegro, que discrimina a la Iglesia Ortodoxa Serbia en relación con todas las demás Iglesias y comunidades religiosas que operan en Montenegro.

Como todos los años, la Asamblea analizó cuidadosamente la situación y los problemas de la educación eclesiástica y la instrucción religiosa en las escuelas públicas de Serbia.

La Asamblea derogó la decisión anterior de la Asamblea sobre el establecimiento de consejos episcopales en diversas áreas eclesiásticas, dado que estos consejos se establecieron como órganos eclesiales consultivos temporales durante las circunstancias extraordinarias y la imposibilidad de reunirse con nuestros obispos en las condiciones de guerra, y hoy, gracias a Dios, ya no existen obstáculos para los encuentros regulares y la cooperación entre nuestros arzobispos en toda su área canónica.

La Asamblea expresa su profunda preocupación por la aparición de nuevos proyectos de ley, incluso leyes aprobadas apresuradamente, sin la debida preparación y el suficiente debate público y sin diálogo con las Iglesias y comunidades religiosas, aunque estos proyectos de ley y leyes les afecten directamente, con la amenaza de restricción. o incluso derogar. el derecho de las iglesias y comunidades religiosas a profesar libremente su religión, que es contrario a la Constitución de Serbia y a los convenios internacionales vinculantes.

La Asamblea también considera inaceptable que el proyecto de ley sobre el patrimonio cultural limite su validez a solo una parte del territorio de Serbia, porque excluye el territorio de Kosovo y Metohija de su ámbito de aplicación, aunque los santuarios serbios más grandes y las obras culturales serbias más importantes allí se encuentran los monumentos.

La Asamblea llenó las diócesis vacantes. El actual obispo Joanikije (Micovic) de Budva-Niksic fue elegido Metropolitano de Montenegro y el Litoral; el actual Vicario Obispo Metodije (Ostojic) de Dioclea, fue elegido Obispo de Budimlje-Niksic, el actual Vicario Obispo Isihije (Rogic) de Mohacs, fue elegido Obispo de Valjevo. Fueron elegidos obispos vicarios del Patriarca serbio: hieromonk Jerotej ( Petrovic), hermano del Monasterio de los Santos Arcángeles en Kovilj con el título de Obispo de Toplica; hieromonk Sava (Bundalo), hermano del monasterio de St. Petka en Zagreb, con el título de obispo de Marca; y el archimandrita Justino (Jeremic), con el título de obispo de Hvosno. Archimandrita Damaskin (Grabez) fue elegido Vicario Obispo del Obispo de Backa, con el título de Obispo de Mohacs,y Archimandrita Jovan (Stanojevic) fue elegido Vicario Obispo del Obispo de Dusseldorf y de Toda Alemania con el título de Obispo de Hum.

En el Santo Sínodo, se terminó el mandato de los obispos Irinej de Backa y Jovan de Sumadija, que siguen siendo miembros adjuntos, mientras que los nuevos miembros fueron elegidos, por sugerencia del Patriarca serbio Porfirije, fueron elegidos como nuevos miembros, a sugerencia del serbio. Patriarca Sr. Porphyry, obispos de Srem Vasilije y Sr. Zvornik-Tuzla Photius.

El mandato ha finalizado en el Santo Sínodo para los siguientes miembros: Irinej de Backa y el obispo Jovan de Sumadija, que permanecen como suplentes. Por sugerencia del patriarca serbio Porfirije, los elegidos en su lugar son el obispo Vasilije de Srem y Fotije de Zvornik-Tuzla.

Presentado por el obispo de Backa Irinej 
Portavoz de la Iglesia Ortodoxa Serbia

Mensaje de Pascua del patriarca Porfirie -2021-

Message de Pâques 2021 du patriarche Porphyre et de l’Assemblée des évêques orthodoxes serbes

Con estas palabras, queridos hermanos y hermanas, en las que celebramos la Resurrección de Cristo, la Iglesia nos llama y nos reúne en torno al gozo divino de la Pascua, gozo que trasciende y sobrepasa todos nuestros gozos terrenales. El gozo piadoso que el Señor nos hace descubrir es el gozo de la Vida Eterna, de la eterna victoria del Bien sobre el mal y la derrota del diablo. El sublime San Juan Crisóstomo exclama en el éxtasis de esta fiesta: «Nadie tema hoy a la muerte, porque la muerte del Salvador nos ha hecho libres. Destruyó la muerte, Aquel a quien ella había abrazado; despojó al infierno, el que descendió a los infiernos, lo llenó de amargura, para probar su carne. » La esencia de nuestra piadosa alegría en la Resurrección es el mismo Jesucristo Resucitado que se ofreció como «fruto nuevo de la vid» para que pudiéramos beber de él. Durante el gran y santo Sacramento de la Comunión con Su Cuerpo y Su Sangre, Él nos dice: Tomad, comed, este es mi Cuerpo, luego: Bebed todo de él, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza … (Mt 26, 26-27).
El Señor no establece el Nuevo Testamento en ritos y rituales religiosos, sino que lo basa en Sí mismo a través del don eterno de Sí mismo como Comida y Bebida divina. La tristeza que es nuestra, el Viernes Santo y Sábado Santo, mientras seguimos al Señor Jesucristo desde Getsemaní hasta el Gólgota, el Señor de repente la cambia para hacernos acceder a la alegría de la Pascua. ¡Es, como dice el poeta de la Iglesia, un día como ningún otro! Es el día de la Resurrección. Esta es la fuerza benéfica de la Resurrección que ni los hijos elegidos de Israel ni los sabios griegos pudieron comprender. El primero decía que la predicación de la resurrección era un escándalo, mientras que para el segundo era una locura (1 Cor 1, 23). El Señor ha mostrado la inmensidad de la gracia y el poder divinos. Sabiendo esto por experiencia, estemos en gozo, queridos hermanos y hermanas, y alegrémonos mientras clamamos unos a otros: ¡Cristo ha resucitado! ¡En verdad, ha resucitado!

La Resurrección de nuestro Señor Jesucristo es, hermanos, hermanas e hijos espirituales, el acontecimiento más importante en la historia del mundo visible e invisible. Por lo tanto, este es un evento no reproducible. La Pascua es una nueva creación y un nuevo nacimiento para el hombre. ¡Ahora todo se ha vuelto nuevo! El Dios-hombre Jesucristo resucitó de entre los muertos y todos los “valores” que habían prevalecido hasta entonces cayeron y apareció un mundo nuevo.
Inclinado sobre el misterio de la resurrección de Cristo, el santo apóstol Pablo da testimonio de lo que sabe y de lo que es la verdad; da testimonio de que si, por tanto, alguien está en Cristo, es una nueva creación: el viejo ser ha desaparecido, hay un nuevo ser, y agrega que todo proviene de Dios, que nos reconcilió con Él por medio de Cristo y nos confió el ministerio de reconciliación (2 Co, 5, 17-18).

Se trata de la insondable profundidad y altura del misterio de la Resurrección sobre el que tantos santos padres de la Iglesia han escrito y cantado. Pero lo más importante para nosotros, queridos hermanos y hermanas, es ser conscientes de la profundidad y la altura del misterio de la Resurrección, tener fe en él y encontrar nuestra salvación en él. No permitamos que la fiesta de la Resurrección de Cristo sea una fiesta basada en la costumbre, como a menudo escuchamos, sino la fiesta de la vida nueva, de la esperanza nueva, de la materia nueva. Es precisamente a tal celebración, a tal regocijo a lo que la Iglesia nos invita.
Pero apenas hemos experimentado el horror del Viernes Santo, cuando vimos el asesinato del Heredero de la Vid en la cruz, nos encontramos en el gozo de la Vid nueva, en el gozo de una Vida nueva. Luego llega el momento de la Vid auténtica y la Vid real. ¡Así que todos acercaros y probad el fruto nuevo de la Vid divina, y ved cuán bueno y dulce es el Señor! Es una nueva alegría en la que todos nos regocijamos piadosamente, clamando: ¡Cristo ha resucitado! Pero a nuestro lado también se regocijan todos los demás cristianos, y todos aquellos que sienten la bondad divina, así como toda la creación de Dios.
Queridos hijos espirituales, os invitamos a la alegría de la Resurrección, para quitarnos la tristeza de nuestra vida cotidiana que nos sobrevino hace más de un año, una tristeza que se inculca en cada poro de nuestra vida, que conllevó luto a muchos hogares. Pongámonos de pie, alegrémonos y exclamemos unos a otros: ¡Cristo ha resucitado! ¡Es ese feliz saludo que Cristo ha resucitado! que nos
dirigimos a todos vosotros, queridos hijos espirituales, que vivís en todo el mundo, que estáis lejos de vuestros hogares, de vuestra patria y, a menudo, de vuestros seres más cercanos.
Debéis saber que vuestra Iglesia de San Sava nunca deja de velar por vosotros como factores inseparables de nuestro pueblo y miembros vivos del Cuerpo de nuestra Iglesia. Os encomendamos la misión, ante el Señor Resucitado y sus santos, de preservar y consolidar sobre todo nuestra unidad religiosa interior, luego nuestra unidad nacional, lingüística y cultural. ¡No permitáis que el tiempo y las circunstancias os dividan y os alejen unos de otros y, por lo tanto, de la Madre Iglesia!
… Nuestros pensamientos y oraciones se dirigen, a lo largo de estos días, a todos los enfermos, en particular a los infectados por el virus Covid-19, así como a todos los médicos y miembros profesionales de la salud que luchan llenos de abnegación, a riesgo de sus vidas, con el fin de salvar a los pacientes afectados por Covid y otras enfermedades.
Hermanos y hermanas, todos los pueblos del mundo, de Este a Oeste y de Norte a Sur, han sido golpeados por esta venenosa y peligrosa enfermedad causada por un virus invisible. El año pasado esperábamos que esta epidemia desapareciera rápidamente. Lamentablemente, no solo no desapareció, sino que continuó causando estragos en todo el mundo este año. Hoy rezamos por la curación de todos los enfermos, así como por el descanso del alma de todos los que se han quedado dormidos.
¡Respetando las recomendaciones de la medicina, nos encomendamos a nosotros mismos, los unos a los otros y nuestra vida entera a Cristo nuestro Dios! Con el ferviente deseo que todos celebráis la Pascua, Fiesta de las Fiestas, con alegría espiritual y virtud corporal, os enviamos una vez más los más felices saludos
¡Cristo ha resucitado!
En el Patriarcado de Serbia, Belgrado – Pascua de 2021 Patriarca serbio Porfirio y todos los obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia

IN MEMORIAM: Mgr. Atanasije Jevtić (4 de març 2021)

Vladica Atanasije

Vàrem fer la primera coneixença amb Mgr. Atanasije, ara farà un grapat d’anys, en ocasió d’una conversa mantinguda amb Mgr.Lavrentjie, en una habitació del Moulin de  Senlis, Montgeron,  prop de París. El tema era greu, pel que feia al futur de la Comunitat de Barcelona, gràcies a Déu poc temps desprès, coincidint amb la data de Santa Eulalia, tot s’arrengà positivament. En aquella primera reunió, ell era encara prevere, però ja la seva reputació de remarcable teòleg i d’escriptor rellevant en llengua sèrbia, el precedia, en boca de tothom. Sempre hem estat segurs que la seva escolta als nostres problemes i el seu consell posterior a Mgr. Laurentije foren determinants per obrir-nos la porta vers la plenitud de comunió amb el Patriarcat de Sèrbia.
Temps desprès vàrem coincidir i convidats a concelebrar amb ell en diferents ocasions a París, Brucel·les, Himelstur, Tolouse, Barcelona, amb altres jerarques, entre ells Mgr. Amphilojie, Mgr. Lavrentjie, Mgr. Ioan, Mgr.Ignatjie, Mgr. Màxim, Mgr. Luka…

Vladica Atanasije i arx. Joan
Vladica Atanasije i Arx. Joan

Les dues darreres vegades en que vàrem coincidir va ésser a Trebinje, en el seu monestir, on sojornàrem uns dies, i on es va desviure per explicar-nos la història del lloc, i a compartir la pregària, els aliments i la sobretaula. Les seves darreres paraules a l’acomiadar-nos i abraçar-nos varen ésser: “Sou un home honest !”. Varen ésser un bàlsam i una benedicció, tal com les va adreçar, i tal com varen ésser rebudes. Va ésser una experiència de filio-paternitat. Ens trobaríem un cop més a la mateixa ciutat, en ocasió del Congrés de Teologia que es celebra cada any, convidats per Mgr. Gregorie, bisbe titular del lloc. Allí compartírem taula amb un màrtir vivent, Mgr.Iovan de Macedònia.

Els darrers temps  la seva salut es va malmetre força, a causa d’una caiguda, però el seu vigor i força espiritual han restat intactes fins l’últim alè.

En ocasió dels preparatius de l’elecció del nou Patriarca, va indisposar-se a causa de la pandèmia, Déu el reclamà al seu costat, junt amb el Patriarca Ireneu i del Metropolita Amphilojie, que l’han precedit en el mateix camí. Tres torxes de la Ortodòxia,  ens enllumenen ara des del Cel, per les seves obres aquí a la terra. Que Déu els hi concedeixi el repòs etern, particularment,  si més no, en el seu trànsit, a Mgr.Atanasije, el nostre bisbe, pare i amic.

Memòria Eterna !!!

Arx.Joan

18-2-2021: El metropolita Porfirio (Peric) es el nuevo patriarca de nuestra Iglesia.

El nuevo patriarca, Porifirio

La Asamblea de obispos de la Iglesia ortodoxa serbia ha elegido al metropolita de Zagreb-Ljubljana, Porfirio (Peric), como el 46 primado de la Iglesia ortodoxa serbia. Le monje Mateo ha extraido un sobre con el nombre del nuevo patriarca, que se encontraba en el santo Evangelio donde estaban los sobres con los nombres de los tres candidatos que habían recibido el mayor número de votos. Los tres candidatos elegidos eran el metropolita Porfirio, el obispo de Bačka, Ireneo y el obispo de Banja Luka, Efrén. Después de la elección del nuevo patriarca, han repicado las campanas de la iglesia de San Sava y de la catedral San Miguel de Belgrado. La Asamblea de los obispos de la Iglesia ortodoxa serbia ha comenzado hoy a las 12h de la mañana en la cripta de la iglesia de San Sava. Ha sido precedida por la Liturgia, en la que estaban presentes todos sus miembros. La Asemblea se ha celebrado, por primera vez, fuera de los locales del Patriarcado. Ha sido escogida la iglesia de San Sava por causa de la pandémie, ya que las condiciones que existen en ese gran espacio permetían poder observar las medidas sanitarias. La Asamblea ha sido presidida por el obispo de Srem, Basilio, dado que el obispo de Šabac, Laurentis, decano del episcopado, ha sido hospitalizado. En la Asamblea han participado 36 obispos de un total de 39.

Fuente Fuente 2

20/11/202: Defunció de la seva Santedat, el nostre Patriarca Irinej.

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Memòria Eterna!

Aquest matí, ha mort el nostre Patriarca Irienej, com a conseqüència de l’agreujament del seu estat, a causa de la malaltia del Coronavirus. Demanem al Senyor, el nostre Déu, que l’aculli en el Regne dels cels, allí on els sants gaudeixen del repòs.

Reproduïm la nota oficial de la web del Patriarcat www.spc.rs

«L’arquebisbe de Pec, metropolità de Belgrad-Karlovci i patriarca serbi (Gavrilovic) va reposar en el Senyor a l’Hospital Militar Covid «Karaburma» a Belgrad, el divendres 20 de novembre de 2020, a les 7.07 AM.
Tots els altres detalls sobre el funeral de La seva Santedat el Patriarca s’anunciaran aviat. Memòria eterna i Regne dels Cels!

Biografia breu:
Els seus piadosos pares Zdravko i MilijanaGavrilovic del poble de Vidova prop de Cacak – i amb ells tota la família sèrbia – van ser beneïts pel Senyor, el 27 d’agost de 1930, amb el naixement d’un fill home el nom de baptisme del qual era Miroslav. Va acabar l’escola primària al seu poble natal i l’escola secundària en Cacak i l’Escola Teològica en Prizren, Kosovo i Metohia. Després es va graduar en la Facultat de Teologia de Belgrad.

Després de completar el seu servei militar, va ser nomenat professor de l’Escola Teològica de Prizren, però abans d’acceptar el nomenament va rebre tonsura monàstica en el monestir de Rakovica, pel patriarca serbi Germán, rebent el nom monàstic de Irinej, a l’octubre de 1959. El Divendres Sant i Gran del mateix any, va ser ordenat hieromonje a l’església de Ruzica, Belgrad. Com a professor a l’Escola Teològica de Prizren, va passar alguns anys en estudis de postgrau a Atenes. Va ser nomenat director de l’Escola Monàstica del monestir de Ostrog en 1969, d’on va tornar a Prizren per a ocupar el càrrec de Director d’aquesta famosa Escola Teològica.

En 1974 va ser triat bisbe vicari del patriarca serbi amb el títol de bisbe de Moravica. Va ser triat bisbe de Nis en 1975.

Entronització del Patriarca
El 22 de gener de 2010, en la reunió de la Santa Assemblea de Bisbes de l’Església Ortodoxa Sèrbia, va ser triat Arquebisbe de Pec, Metropolità de Belgrad-Karlovac i Patriarca de Sèrbia.

Font: www.spc.rs

20/11/202: Defunción de su Santidad, nuestro Patriarca Irinej.

Esta mañana, ha fallecido nuestro Patriarca Irinej, como consecuencia del agravamiento de su estado, a causa de la enfermedad del Coronavirus. Pidamos al Señor, nuestro Dios, que lo acoja en el Reino de los cielos, allí donde los santos gozan del reposo.

Reproducimos la nota oficial de la web del Patriarcado www.spc.rs

«El arzobispo de Pec, metropolitano de Belgrado-Karlovci y patriarca serbio (Gavrilovic) reposó en el Señor en el Hospital Militar Covid «Karaburma» en Belgrado, el viernes 20 de noviembre de 2020, a las 7:07 AM.
Todos los demás detalles sobre el funeral de Su Santidad el Patriarca se anunciarán pronto. ¡Memoria eterna y Reino de los Cielos!

Biografía breve:
Sus piadosos padres Zdravko y MilijanaGavrilovic del pueblo de Vidova cerca de Cacak – y con ellos toda la familia serbia – fueron bendecidos por el Señor, el 27 de agosto de 1930, con el nacimiento de un hijo varón cuyo nombre de bautismo era Miroslav. Terminó la escuela primaria en su pueblo natal y la escuela secundaria en Cacak y la Escuela Teológica en Prizren, Kosovo y Metohia. Luego se graduó en la Facultad de Teología de Belgrado.

Después de completar su servicio militar, fue nombrado profesor de la Escuela Teológica de Prizren, pero antes de aceptar el nombramiento recibió tonsura monástica en el monasterio de Rakovica, por el patriarca serbio Germán, recibiendo el nombre monástico de Irinej, en octubre de 1959. El Viernes Santo y Grande del mismo año, fue ordenado hieromonje en la iglesia de Ruzica, Belgrado. Como profesor en la Escuela Teológica de Prizren, pasó algunos años en estudios de posgrado en Atenas. Fue nombrado director de la Escuela Monástica del monasterio de Ostrog en 1969, de donde regresó a Prizren para ocupar el cargo de Director de esa famosa Escuela Teológica.

En 1974 fue elegido obispo vicario del patriarca serbio con el título de obispo de Moravica. Fue elegido obispo de Nis en 1975.

Entronización del Patriarca
El 22 de enero de 2010, en la reunión de la Santa Asamblea de Obispos de la Iglesia Ortodoxa Serbia, fue elegido Arzobispo de Pec, Metropolitano de Belgrado-Karlovac y Patriarca de Serbia.

Fuente: www.spc.rs

Msr. Amfilojiie, In Memoriam

Msr. Amfilojiie en Barcelona, 2016


Coincidimos y pudimos conocer a Msr. Amphiloquie con ocasión de la fiesta de la Fraternidad Abba Justin , al Molino de Senlís, en Montgeron, cerca de París, ya hace un puñado de años. Verdaderamente, para la comunidad ortodoxa serbia de París era un acontecimiento importante, debido a las circunstancias locales de la comunidad y también por las noticías que llegaban de la antigua Yugoslavia en relación a las relaciones Iglesia-Sido.

Recordamos su alta figura, en medio de la era del Molino, al atardecer, rodeado de toda la comunidad, llegada de diferentes lugares europeos, escuchando atentos las poesías épicas que él recitaba acompañándolas con un instrumento tradicional de cuerda.

Nos acogió junto con otros jerarcas presentes de forma amistosa y paternal, invitándonos a participar al día siguiente a la Divina Liturgia y a los posteriores ágapes comunitarios, prometiéndonos que nos visitaría en Barcelona, en fecha apropiada.

Lo reencontramos meses mas tarde a Himëlstur, (Alemania), invitados por Msr. Laurentije, donde renovó su intención de visitarnos.

Ciertamente, tiempo después llegó a Barcelona, junto con Msr. Luka y Mgr. Athanasie, siendo recibidos en la Generalitat y en el Parlament de Cataluña, también presidió los Oficios, en la Parroquia de la Protecció de la Mare de Déu en Barcelona. Recordamos la conferencia que nos dictó en torno a la Luz Increada, y a la teología de Sant Gregorio Palamás, de la que era un especialista, habiendo hecho docencia en Atenas y en el Instituto de Teología Ortodoxa Saint Serge de París durante un cierto tiempo, aparte de su actividad académica en Belgrado.

Vino a Barcelona otras veces , visitó nuestras parroquias de Girona, siempre con un espíritu abierto y de ayuda para nuestras necesidades, invitándonos a visitarlo en su Sede, en Montenegro. Haciendo realidad esta invitación, lo visitamos primero en el Monasterio de San Basilio de Ostrog, donde recibimos una hospitalidad por parte de los monjes verdaderamente excepcional, y dónde de forma inesperada, a la tímida demanda por parte nuestro de venerar las reliquias de Santo Basilio, nos regalaron una pequeña reliquia del Santo; al atardecer fuimos convocados de forma inesperada y solemne en la iglesia del Monasterio, donde el metropolita, a pie de altar, nos hizo donación de un Omophorio del Santo, reliquias del mismo y de su diácono anónimo, del pastor mártir Stanco, del también mártir Pedro, entre otros. Para el mismo Monasterio fue un acontecimiento inesperado, no demasiado usual.

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Oficio de la Slava de Santa Eulalia, 2016

Sin entrar en detalles de lo que ha representado Msr. Amphilohije para la Iglesia Ortodoxa, para sus fieles, para su país, no podemos dejar, por lo que nos corresponde, de dar gracias de haberlo conocido, participado de su compañía y calidez pastoral, y dar testimonio, cuanto menos, de su valía como persona y como pastor, por otra parte reconocida en varios ámbitos culturales y eclesiásticos.

Pedimos a Dios, nuestro Señor , que lo reciba con los brazos abiertos, que perdone sus faltas, y que le conceda la paz y el reposo eterno cerca de Él.

¡Memoria Eterna!

                 Planils, 31/10/20

Arcipreste Joan
         

Mgr. Amphiloquie, In Memoriam

Msr. Amfilojiie a Barcelona, 2016

Vàrem coincidir i poder conèixer a Mgr. Amphiloquie en  ocasió de la festa de la Fraternitat Abba Justin , al Molí de Senlís a Montgeron, prop de París, ja fa un grapat d’anys. Veritablement per la comunitat ortodoxa sèrbia de París era un esdeveniment important, degut a les circumstàncies locals de la comunitat  i també per les noticies que arribaven de la vella Iugoslàvia en relació a les relacions Església-Estat.

Recordem la seva alta figura, al bell mig de l’era del Molí , al capvespre, envoltat de tota la comunitat, arribada de diferents indrets europeus , escoltant amatents les poesies èpiques que ell recitava tot acompanyant-les amb  un instrument tradicional de corda.

Ens va acollir junt amb altres jerarques presents de forma amistosa i paternal, convidant-nos a participar a l’endemà a la Divina Litúrgia i als posteriors àgapes comunitaris, prometent-nos de visitar-nos a casa nostra en data apropiada.

El vàrem retrobar mesos mes tard a Himëlstur, (Alemania), invitats per Mgr. Laurentije, on renovà la seva intenció de visitar-nos.

Certament, temps desprès arribà a Barcelona, junt amb Mgr. Luka i Mgr. Athanasie, essent rebuts a la Generalitat i al Parlament de Catalunya, a la vegada presidint els Oficis, a la Parròquia de la Protecció de la Mare de Déu a Barcelona. Recordem la conferència que va dictar-nos en torn de la Llum Increada, i la teologia de Sant Gregori Palamas, de la qual n’era un especialista, havent fet docència a Atenes i al Institut de Teologia Ortodoxa Sant Serge a París durant un cert temps, apart de la seva activitat acadèmica a Belgrad.

Va venir a Barcelona altres vegades , visità les nostres parròquies de Girona, sempre amb un esperit obert i d’ajuda per les nostres necessitats, invitant-nos a visitar-lo a la seva Seu, a Montenegro. Fent realitat aquesta invitació, el visitarem primerament en el Monestir de Sant Basili d’Ostrog, on rebérem una hospitalitat per part dels monjos veritablement excepcional, i on de forma inesperada, a la tímida demanda per part nostre de venerar les relíquies de Sant Basili, àdhuc la de obtenir una petita relíquia del Sant; al capvespre vàrem ésser convocats de forma inesperada i solemne a l’església del Monestir, on el metropolita a peu d’altar ens va fer donació d’un Omophorio del Sant, relíquies del mateix i del seu diaca anònim, del pastor màrtir, Stanco, del també màrtir Pere, d’entre d’altres. Pel mateix Monestir va ésser un esdeveniment inesperat, no massa usual.

Ofici de la Slava de Santa Eulàlia, 2016

Sense entrar en detalls del que ha representat Mgr. Amphilohije per l’Església Ortodoxa, pels seus fidels, pel seu país, no podem deixar pel que ens pertoca, de donar gràcies d’haver-lo conegut, participat de la seva companyia i escalf pastoral, donar testimoni si més no, de la seva vàlua com a persona i com a pastor, altrament reconeguda en diversos àmbits culturals i eclesiàstics.

Demanem a Déu, nostre Senyor , que el rebi  a braços oberts, que perdoni les seves faltes, i que li concedeixi la pau i el repòs etern a prop d’Ell.

                                            Memòria Eterna !!

                     Planils, 31/10/20                         
                                                                                            Arx. Joan

30/10/2020: Fallecimiento del metropolita de Montenegro, Amfilojiie Radović

Monseñor Amfiloque

El sitio oficial de la Iglesia ortodoxa serbia ha informado del deceso, este viernes 30 de Octubre, de su Eminencia Msr. Amfilojiie (Radović), arzobispo de Cetinje, metropolita de Montenegro y el Litoral y exarca del Santo Trono de Peć, en la vigilia de la fiesta de San Pedro de Cetinje, a las 8 horas 20’, en el centro hospitalario clínico de Montenegro, después de haber recibido la santa Comunión.

El metropolita de Montenegro Amfilojiie ha muerto a la edad de 82 años, después de una corta estancia en el hospital de Cetinje. Estos últimos días, aunque todo indicaba que superaría la enfermedad, ha desarrollado una pneumonía aguda que ha comportado su muerte.

Nació como Risto Radović, hijo de Ćira y Mileva Radović, en 1937 en Morača, en Montenegro. El futuro metropolita Amfilojiie estudió en el seminario San Sava de Belgrado, después en la Facultad de teología de la misma ciudad, y obtuvo su diploma en 1962. Además de teología, hizo estudios de filología clásica en la facultad de filosofía, también en Belgrado. Continuó su formación por estudios post-universitarios en Berna y Roma. Marchó después a Atenas, donde obtuvo su doctorado sobre  San Gregorio Palamás.

Pronunció sus votos monásticos edn 1967 en Grecia, donde también fue ordenado sacerdote, en 1968. Durante su estancia de siete años en Grecia, servía en una parroquia de las afueras de Atenas. Pasó un año después en el Monte Athos, donde tuvo una relación estrecha con  San Paisios de la Santa Montaña. Después fue invitado a enseñar en el Instituto Saint Serge de Paris, de 1974 a 1976, donde, entre otras cosas, aprendió francés. De vuelta en Belgrado, fue elegido decano de la facultad de Teología y profesor extraordinario, hasta 1985, en que fue consagrado obispo de Banat, con sede episcopal en la ciudad de Vršac.

La vigilia de Navidad de 1991, fue entronizado como metropolita de Montenegro y del Litoral en Cetinje. Enseñó en la facultad de teología de Belgrado de 1980 a 2005, en que se retiró, debido a sus numerosas otras actividades, sobretodo obras teológicas y de traducción y de una gran actividad editorial. En 1998, lanzó la estación de radio ortodoxa “Svetigora”. Estuvo también en el origen de la restauración y construcción de numerosas iglesias y monasterios. Después de la hospitalización del patriarca Pavel, el 13 de noviembre de 2007, la Asamblea de obispos de la Iglesia ortodoxa serbia decidió transmitir temporalmente la autoridad patriarcal al Santo Sínodo, encabezado por Msr. Amfilojiie, como reemplazante del patriarca.

Después de la muerte del patriarca Pablo, el 15 de noviembre de 2009, en la sesión del Santo Sínodo, fue elegido locum tenens del trono patriarcal. Por decisión del Santo Sínodo de mayo de 2010, fue nombrado administrador de la diócesis de Ras-Prizren hasta el 26 de diciembcre de 2010, fecha en la que fue entronizado un obispo diocesano.

Enseguida fue nombrado administrador de la nueva diócesis de Buenos Aires, hasta la entronización también de un obispo diocesano. Monseñor Amfilojiie ocupaba el segundo rango jerárquico en el episcopado de la Iglesia ortodoxa serbia.En febrero de 2012 recibió un doctorado honoris causa en el Instituto Saint Serge de Paris.     

El metropolita Amfilojiie en Barcelona, febrero de 2016

Monseñor Amfiloque ha tenido siempre una relación paternal con nuestra iglesia, nos ha visitado en Barcelona en tres ocasiones, la última vez en febreo de 2016, y siempe nos hemos sentido muy bien acogidos por él.

El metropolita Amfilojiie en Barcelona, febrero de 2016

Le deseamos de todo corazón una Memoria Eterna, en la seguridad de que Dios le ha acogido en su seno.

14/6/2020, Barcelona: 1º Domingo después de Pentecostés. Homilía

Hebreus 11, 33 a 12, 2
Mateu 10, 32-33, 37-38; 19, 27-30

Ha acabado el gran ciclo litúrgico que empezó el domingo del Publicano y el Fariseo, que recorrió la Gran Cuaresma para culminar en la Gran Fiesta de la Pascua del Señor y, finalmente, pasando por la Ascensión, nos llevó el pasado domingo a la Fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia. El domingo pasado también acabó la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles en la Divina Liturgia de los domingos. En este libro, se describe el inicio de la vida de la Iglesia, la acción del Espíritu Santo que, de la mano de los Apóstoles, llevó a los confines de a tierra la Buena Nueva de la Resurrección del Señor, y la proclamación de la Divinidad Única e Indivisible Trinidad. La celebración de hoy, domingo de Todos los Santos, es la culminación lógica y necesaria de aquel ciclo, a la vez que el inicio del nuevo ciclo del tiempo litúrgico.

Toda la obra de la economía divina, puesta para nuestra contemplación en este ciclo cumplido, tiene como meta la Santidad. La experiencia, la realización, de la santidad es también la meta de la Iglesia. No venimos a la Iglesia para nada más que para hacernos Santos. La Santidad es el Misterio de la Iglesia, la Vida en Cristo por el Espíritu Santo. Somos miembros de la Iglesia, estamos unidos al Cuerpo de Cristo por el Santo Bautismo y por los Sagrados Sacramentos; ¿Quién podría vivir en Cristo y no participar de la Santidad, no tener experiencia de la Santidad, no ser santificado?

Y sin embargo, si en Iglesia, en Cristo, todos somos santos, ¿qué nos diferencia de los Santos que están en el cielo? Seguramente sobre todo nuestra inconstancia en el arrepentimiento, en nuestro esfuerzo por mantener viva y despierta la lámpara de la santidad que hemos recibido, la pereza para levantarnos cada vez que caemos. Recibimos la santificación, pero no alcanzamos la santidad, perezosos y débiles de voluntad como somos.

En nuestra vida cotidiana estamos acostumbrados a rebajar expectativas de la santidad. Escuchamos a menudo cosas como no soy santo, para justificar comportamientos o actitudes que en el fondo reconocemos como lejanas a la santidad. En el mundo existe una tendencia natural a relajar el esfuerzo, a diluir los contrastes, a simplificar y uniformar. También afecta esta tendencia a nuestra práctica cristiana. La fiesta de hoy podría ser una ocasión para plantearnos nuestras expectativas respecto a la santidad como miembros que somos de la Iglesia.

Podemos entender esta fiesta como la conmemoración de los que ya están en el Cielo, glorificados por Dios y partícipes de la visión divina, y que gozan de la confianza ante Él para interceder por nosotros; si nos quedamos con esta perspectiva únicamente, corremos el riesgo de vivir la fiesta pasivamente, de situarnos como meros espectadores, de situarnos en un plano diferente al de los Santos, separados de ellos. Podemos sin embargo concebirla como la conmemoración de los frutos de la Vida de la Iglesia, de la Vida en Cristo, y entenderla como la celebración de la comunión de los Santos. Los santos que están en el Cielo siguen siendo miembros activos de la Iglesia, y cuando nos acercamos a la Sagrada Eucaristía, nos unimos a los Santos en la alabanza y la acción de gracias, y ellos y nosotros, juntos, damos testimonio de Cristo. A pesar de los dos aspectos que podemos contemplar de la Iglesia, los nacidos en el Cielo y los que permanecemos aquí en la tierra, la Iglesia es Una, y todos somos parte, miembros del mismo Cuerpo, cuya Cabeza es Cristo y cuya alma es el Espíritu Santo. La Santidad es algo que nos afecta directamente a cada uno de nosotros y a todos juntos. El fruto de la Santidad es el que explican los Hechos de los Apóstoles. Efectivamente, los Apóstoles, después de recibir el Espíritu Santo, salieron a predicar a Cristo, a dar testimonio.

El Evangelio de hoy empieza hablando de este testimonio. En su forma griega dice: Quien confiese en mi ante los hombres, Yo confesaré en él ante mi Padre que está en los cielos. No se puede ser testimonio de Cristo si no se está en Él, Quien confiesa a Cristo ante los hombres, confiesa en Cristo. Porque esta confesión no es posible sino es por el poder de Quien confesamos. ¿Cómo dar testimonio de Cristo? ¿Cómo confesar en Cristo? El Evangelio de hoy es parte del capítulo en que  el Señor advierte a los discípulos de los peligros a que se expondrán si le siguen y predican su Evangelio. No penséis que he venido a traer la paz, sino la espada. Y advierte que tendrán por enemigos a los de su propia casa, y les dice que en su Nombre dejen todo lo que estiman y le sigan, y que nada se ponga delante del amor a Él. Estas palabras severas, lejos de atemorizara los discípulos, les da fuerza y confianza, a fin que cuando lleguen esas cosas estén preparados y no desfallezcan sino que las reconozcan como señal de la voluntad de Dios. Porque para encontrar la Paz es necesario separarse primero de lo que es causa de guerra y división, de todo afecto que en el fondo busca sólo la supervivencia de la naturaleza caída, del hombre viejo, alejándonos de Dios. La lectura del Apóstol de hoy nos pone ante las tribulaciones y peligros que sufrieron y superaron los justos que se mantuvieron fieles al Señor, y los pone como modelo para que su testimonio nos de fuerza para separarnos de las cargas que nos impiden correr hacia la única meta: Cristo, causa y fin de nuestra Fe.

Los Santos que ya han recibido las coronas y viven en el cielo, son nuestros intercesores y nosotros los hemos de tener como modelos. Fijándonos en sus vidas podemos adquirir la fuerza para emprender el camino de la santidad activamente, tomar las armas de la Fe y levantarnos ante todo lo que quiere apartarnos del don de Dios, con la certeza de que, a pesar de nuestras debilidades y del poder de todo lo que se opone a nuestra santidad, en Su confesión tendremos siempre la roca firme y el refugio seguro.

La historia de la Iglesia a lo largo de los siglos, desde el día de Pentecostés hasta hoy, y hasta la consumación del tiempo, no es más que el relato de la confirmación de su fidelidad a Cristo a través de pruebas continuas. Y también lo es la vida de cada Santo. Emprender este camino, el camino de la santidad es confesar en Cristo, y no dar testimonio de la virtud o la fuerza personal; es confesarlo ante los hombres, no esconder la fe a la vista de los otros; es temer a Dios y no a los hombres; es temer la muerte del alma causada por el pecado ante Él, y no temer perder la buena fama ante los hombres; es renunciar a la propia vida para injertarnos en la Vida de Cristo; es apoyar nuestra vida sólo en Cristo, el Único que puede guardarla, y no confiar en la fuerza de los hombres, incapaces de salvar; es aceptar las aflicciones en Nombre de Cristo, y no poner como objetivo de nuestra vida la felicidad que proporciona la ausencia de dolor y aflicciones; emprender el camino de la santidad no es tener miedo de la decadencia progresiva del cuerpo, de la enfermedad que puede conducir a la muerte, sino no tener miedo de nadie ni nada que pueda matar el cuerpo, porque Dios ha querido que nuestro cuerpo pase por la muerte y vuelva al polvo en espera de la Resurrección. Es separarnos de todo lo que nos puede separar de Él, de todo lo que en nuestro interior causa guerra y división, y seguirle.

Así pues, si hemos celebrado la Divina Liturgia Eucarística, después de haber unido nuestras voces a los coros angélicos en el himno del Trisagion, de haber pedido la santificación de nuestras almas y de nuestros cuerpos, de haber conmemorado todos los Santos, de haber ofrecido los dones santos a los Santos y proclamarque sólo Uno es Santo, sólo Uno Señor Jesús Cristo para gloria de Dios Padre y de comulgar con el Santo Cuerpo y el Santo Cáliz, hemos podido decir en voz alta hemos visto la Luz verdadera, hemos pedido a Dios que nos guarde en la santidad, porque Él es nuestra santificación. Así, salgamos en paz en el Nombre del Señor, para llevar a cabo la obra de la Iglesia que es la santificación de todos y cada uno de nosotros, y, por nosotros, de la creación toda, y hacernos todos Uno en Cristo, por el espíritu Santo, para gloria de Dios Padre. Amén.

P. Josep Lluís

14/6/2020, Barcelona: 1er Diumenge després de la Pentecosta. Homilia

Hebreus 11, 33 a 12, 2
Mateu 10, 32-33, 37-38; 19, 27-30

Tot just ha acabat el gran cicle litúrgic que va començar amb el diumenge del Publicà i el Fariseu, va recórrer la Gran Quaresma per culminar amb la Gran Festa de la Pasqua del Senyor i finalment, passant per l’Ascensió, ens va portar, diumenge passat, a la Festa de la Pentecosta, la vinguda de l’Esperit Sant damunt l’Església. Des del dia de Pasqua fins diumenge passat s’ha llegit a la Litúrgia el llibre dels Fets dels Apòstols. En aquest llibre es descriu l’inici de la Vida de l’Església, l’acció de l’Esperit Sant que, de la mà dels Apòstols i deixebles, portà fins els confins de la terra la bona Notícia de la Resurrecció del Crist i la proclamació de la Divinitat Única i Indivisible Trinitat. La celebració d’aquest diumenge de Tots els Sants és la culminació lògica i necessària d’aquell cicle, i al mateix temps l’inici del nou cicle de temps litúrgic.

Tota l’obra de l’economia divina, posada a la nostra contemplació en aquest cicle litúrgic –el temps de penediment de Quaresma, la Passió, la mort i Resurrecció del Senyor, l’Ascensió al Ce i la davallada de l’Esperit– té com fita la Santedat. L’experiència, la realització, de la Santedat és també la fita de l’Església. Perquè finalment no venim a l’Església per cap altra cosa que per esdevenir Sants. La Santedat és el Misteri de l’Església, la Vida en Crist per l’Esperit Sant. Som membres de l’Església; estem units al Cos de Crist pel Sant Baptisme i pels Sants Sagraments; qui podria, doncs, viure en Crist i no participar de la Santedat, no tenir experiència de la Santedat, no ser santificat?

I tanmateix, si en Església, en Crist, tots som Sants, què ens diferencia doncs dels Sants que ja són al cel? Segurament sobretot la nostra inconstància en el penediment, en el nostre esforç per mantenir viva i desperta la llàntia de la santedat que hem rebut, la mandra per aixecar-nos en cada caiguda. Rebem la santificació, però no assolim la santedat, mandrosos i febles de voluntat com som.

En la nostra vida quotidiana estem acostumats a rebaixar les expectatives de la santedat. Sentim sovint coses com no sóc sant! per justificar comportaments o actituds que reconeguem lluny de la santedat. Al món existeix una tendència natural a relaxar l’esforç, a diluir els contrastos, a uniformar i simplificar. També ens afecta aquesta tendència a la nostra vida pràctica cristiana. La festa d’avui podria ser una ocasió per plantejar-nos les nostres expectatives respecte a la santedat a què estem cridats com a membres de l’Església.

Podem entendre la festa d’avui com la commemoració d’aquells que ja són al Cel i glorificats per Déu i partícips de la visió divina, i que gaudeixen de la confiança davant d’Ell per tal d’intercedir per nosaltres; si ens quedem, però, amb aquesta perspectiva només, correm el risc de viure-la passivament, de situar-nos en un plànol diferent a ells, i establir una barrera de divisió entre els Sants i nosaltres, fer de simples espectadors. També podem concebre-la com la commemoració dels fruits de la Vida en l’Església, de la Vida en Crist, i entendre-la com la celebració de la Comunió dels Sants. Els Sants que són al Cel són sempre membres actius de l’Església i quan ens apropem a la Sagrada Eucaristia, ens apleguem amb ells en la lloança i acció de gràcies, i ells i nosaltres són testimonis del Crist. Tot i els dos aspectes de l’Església que contemplem, els nascuts al cel i els que som aquí a la terra, l’església és Una, i tots som part, membres del mateix Cos, el Cap del qual és el Crist, i l’ànima, l’Esperit Sant. La santedat és quelcom que ens pertoca directament a cada un de nosaltres i a tots plegats. El fruit de la santedat, és el que expliquen els Fets dels Apòstols. Efectivament, els Apòstols després de rebre l’Esperit Sant, sortiren a predicar el Crist, a donar testimoni

I l’Evangeli d’avui comença parlant d’aquest testimoni; fixem-nos en la forma de l’original grec: Qui confessi en mi davant dels homes, jo confessaré en ell davant el meu Pare. No es pot ser testimoni del Crist si no s’hi és en Ell. Qui confessa el Crist davant dels homes, confessa en Crist, perquè aquesta confessió no és possible sinó pel poder de Qui confessem. Com testimoniem el Crist? Com confessem en Crist? L’Evangeli d’avui pertany al capítol on el Senyor adverteix els deixebles dels perills a que s’exposaran si el segueixen i prediquen el seu Evangeli. No penseu que he vingut a portar la pau sinó l’espasa. I els adverteix de què tindran per enemics els de casa seva, i els diu que en el seu Nom deixin tot el que s’estimen i el segueixin, i que res no es posi per davant de l’amor a Ell. Aquestes paraules severes, lluny d’atemorir-los, els enforteix, els dona confiança, per tal que quan arribin aquestes coses estiguin preparats i no defalleixin, sinó que les reconeguin com a senyal de la voluntat de Déu. Perquè per trobar la Pau cal separar-se primer del que és causa de guerra i divisió, de tot afecte que en el fons busca només la supervivència de la naturalesa caiguda, de l’home vell, allunyant-nos per tant de Déu. La lectura de l’Apòstol d’avui ens posa al davant les tribulacions i perills que van sofrir els justos que es van mantenir fidels a Déu, i ens posa el seu model perquè el seu testimoniatge ens encoratgi a separar-nos de les càrregues que ens impedeixen córrer cap a l’única meta: el Crist, causa i fi de la nostra Fe.

Els Sants que ja han rebut les corones i viuen al cel, són els nostres intercessors i nosaltres els hem de tenir com model. Fixant-nos en les seves vides podem adquirir el coratge per emprendre el camí de la santedat activament, prendre les armes de la fe i aixecar-nos davant tot el que ens vol apartar del do de Déu amb la certesa de què, malgrat les nostres mancances i el poder de tot el que s’oposa a la nostra santedat, en la Seva confessió tindrem sempre la roca ferma i el refugi segur.

La història de l’Església al llarg del segles, des del dia de la Pentecosta fins avui, i fins a la consumació del temps, no és res més que el relat de la confirmació de la seva fidelitat al Crist a través de continues proves. I ho és també la vida de cada un dels Sants. Emprendre aquest camí, el camí de la santedat, és confessar en Crist, i no donar testimoni de cap virtut o força personal; és confessar-lo davant els homes, no amagar la fe de la vista dels altres; és témer Déu i no els homes; és témer la mort de l’ànima causada pel pecat davant d’Ell, i no témer perdre la bona fama davant dels homes; és renunciar a la pròpia vida per empeltar-nos en la Vida del Crist; és recolzar la nostra vida només en Crist, l’Únic que pot guardar-la, i no confiar en la força dels homes, incapaços de salvar; és acceptar les afliccions en Nom del Crist, i no posar com a objectiu de la nostra vida la felicitat que procura l’absència de dolors i afliccions; emprendre el camí de la santedat no és tenir por de la progressiva decadència del cos, de la malaltia que pot conduir a la mort, sinó no tenir por de res ni ningú que pugui matar el cos, perquè Déu ha volgut que el nostre cos passi per la mort i torni a la pols en espera de la resurrecció. És separar-nos de tot el que ens pot separar d’Ell, de tot el que dins nostre causa guerra i divisió, i seguir-lo.

Així doncs, si venim de participar a la Divina Litúrgia, després d’haver unit les nostres veus amb els cors dels Àngels en l’himne del Trisagion, d’haver demanat la santificació de les nostres ànimes i els nostres cossos, d’haver commemorat tots els Sants, d’haver ofert els dons sants als Sants i proclamar que només Un és Sant, només Un Senyor Jesús Crist, per a glòria de Déu Pare, i de combregar amb el sant Cos i el sant Calze, hem pogut dir en veu alta hem vist la Llum veritable i demanar a Déu que ens guardi en la santedat, perquè Ell és la nostra santificació. Així, sortim en pau en el Nom del Senyor, per acomplir l’obra de l’Església que és la santificació de tots i de cada un de nosaltres, i per nosaltres de la creació sencera, i esdevenir tots Un en Crist, per l’Esperit Sant, per a glòria de Déu Pare. Amén.

P. Josep Lluís

7/6/2020, Barcelona: Fiesta de Pentecostés. Homilía

PENTECOSTÉS
Fiesta de la Santísima Trinidad
Descendimiento del Espíritu Santo sobre los Apóstoles

Que la Gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la Comunión del Espíritu Santo sea con todos nosotros!

Hechos 2, 1-11
Juan 7, 37-52, y 8, 12

Podemos leer en el Evangelio de San Juan 14,26: «Pero el Intercesor, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que se le ha dicho».
Cincuenta días después de su gloriosa Resurrección, estando los discípulos y la Virgen, juntos en oración en el cenáculo, el Espíritu descendió sobre ellos, como él les había prometido.

La plenitud de las Energías Divinas los envolvió y de pobres pescadores, llenos de Espíritu Santo, se lanzaron a predicar la Buena Nueva: que Cristo había resucitado!.

Diez días antes de Pentecostés, Cristo había ascendido al Cielo, delante de todos ellos y les había prometido que estaría con ellos hasta el fin de los tiempos. Estaban tristes, y huérfanos de la presencia de su Maestro, pero juntos y unidos.

Todos nosotros hemos estado tristes por no  poder participar en la Divina Liturgia, de forma como es habitual, pero el día de Pentecostés, ya se vislumbra que dentro de poco volverá a ser posible. Cristo no nos ha abandonado y continuará estando hasta el final de los tiempos.

El Padre nos envía el Espíritu Santo en su Nombre, para santificarnos y hacernos un solo Cuerpo del que Él es la única Cabeza.

Hoy es una gran fiesta, damos gracias por los bienes preciados que hemos recibido. La segunda Pascua, la Pascua Florida la celebramos este año con la esperanza de poder restablecer las cosas, según nuestra tradición, con la seguridad de que Cristo está con nosotros.

Damos gracias por guardarnos la salud y tengamos un recuerdo y una oración por los que Él ha decidido llamar a su lado, en el Cielo.

Nuestro Dios, el Dios Grande que hace maravillas, dice: que Él restablecerá las cosas y las personas, según su voluntad y, todos nosotros saldremos del susto con la experiencia que permitirá enderezar, si es necesario, nuestras vidas, hacia una perfecta comunión. El Espíritu Santo cumplirá en nosotros lo que la Encarnación comenzó.

No podemos dejar escapar la reflexión que los acontecimientos recientes, la enfermedad, el miedo, el desconcierto, han producido en este tiempo, a nuestros amigos y familia. Quizás, fruto de esta reflexión, en nuestra vida habrá que ordenar ciertas cosas y conductas.

Nuestra vida está orientada hacia otra Vida, no está dirigida a la vida por la vida, un sin sentido, absurdo, y a menudo practicado. Somos hijos de Dios y herederos del Reino, comportémonos como tales, y con la experiencia de la fragilidad que hemos vivido, busquemos la fortaleza de la Vida en Cristo.

Esperemos que, en breve podamos abrazarnos los unos a los otros y podamos seguir  alabando la Santa Trinidad, a la Virgen y a todos los Santos.

Que Cristo, nuestro Señor, os bendiga y llene de gracia espiritual, según Él convenga para una mejor salud espiritual de todos nosotros.

Os deseo una Gran y Santa Fiesta de Pentecostés, bajo el cobijo del Espíritu Santo.

Arxipreste Joan



7/6/2020, Barcelona: Festa de la Pentecosta. Homilia

PENTECOSTA
Festa de la Santíssima Trinitat
Davallament de l’Esperit Sant damunt dels Apòstols

Pin on Pentecost
Fets 2, 1-11
Joan 7, 37-52, 8,12

Que la Gràcia del Nostre Senyor Jesucrist, l’Amor del Pare i la Comunió de l’Esperit Sant sigui amb tots nosaltres!

Podem llegir en l’Evangeli de Sant Joan 14,26: “Però l’Intercessor, l’Esperit Sant que el Pare enviarà en Nom meu, us ensenyarà totes les coses i us farà recordar tot el que se us ha dit”.

Cinquanta dies després de la seva gloriosa Resurrecció, estant els deixebles i la Mare de Déu, plegats en oració en el cenacle, l’Esperit davallà damunt d’ells, tal com Jesucrist els hi havia promès.  La plenitud de les Energies Divines els embolcallà i de pobres pescadors, plens d’Esperit Sant, es van llençar a predicar la Bona Nova: que Crist havia ressuscitat!.

Deu dies abans de la Pentecosta, el Crist havia ascendit al Cel, davant de tots ells i els hi havia promès que estaria amb ells fins la consumació dels temps. Estaven tristos, i orfes de la presència del seu Mestre, però junts i plegats.

Tots nosaltres hem estat tristos per l’absència de poder participar a la Divina Litúrgia, de forma com és habitual, però el dia de la Pentecosta, ja s’albira que d’aquí a poc tornarà a ésser possible. Crist no ens ha abandonat i continuarà estant-hi fins el final dels temps.

El Pare ens envia l’Esperit Sant en el seu Nom, per santificar-nos i fer-nos un sol Cos del qual Ell n’és el sol Cap.

Avui es una Gran Festa, donem gràcies pels bens preuats que hem rebut. La segona Pasqua, la Pasqua Florida la celebrem aquest any amb l’esperança de poder restablir les coses, segons la nostra tradició, amb la seguretat de que Crist és amb nosaltres. 

Donem gràcies per guardar-nos la salut i tinguem un record i una pregària pels que Ell ha decidit cridar entorn seu, en el Cel.

El nostre Déu, el Déu Gran que fa meravelles, diu: que Ell restablirà les coses i les persones, segons la seva voluntat i, tots nosaltres sortirem de l’ensurt amb l’experiència que permetrà redreçar,  si cal, les nostres vides, vers una perfecta comunió. L’Esperit Sant acomplirà en nosaltres el que l’Encarnació va començar.

No podem deixar escapar la reflexió que els esdeveniments recents, la malaltia, la por, el desconcert, han produït en aquest temps, als nostres amics i família. Potser, fruit d’aquesta reflexió, en la nostra vida hi haurà que ordenar certes coses i conductes.

La nostra vida està ordenada vers un altre Vida, no està adreçada a la vida per la vida, un sense sentit, absurd, i sovint practicat. Som fills de Déu i hereus del Regne, comportem-nos com a tals, i amb l’experiència de fragilitat que hem viscut, cerquem la fortalesa de la Vida en Crist.

Esperem que,  ben aviat puguem abraçar-nos els uns amb els altres i seguir poder lloar a la Santa Trinitat, a la Mare de Déu i a tots els Sants.

Que Crist, nostre Senyor, us beneeixi i ompli de gràcia espiritual, segons Ell convingui per una millor salut espiritual de tots nosaltres.

Us desitjo una Gran i Santa Festa de Pentecosta, sota l’aixopluc de l’Esperit Sant.

Arxipreste Joan 

21/5/2020, Barcelona: 7º Domingo después de Pascua. Domingo de los Santos Padres del primer Concilio Ecuménico.

Hechos 20, 16-18, 28-36
Juan 17, 1-13

Hoy la Iglesia celebra el 7º domingo después de Pascua, domingo que se encuentra situado entre la fiesta de la Ascensión y la de Pentecostés, que celebraremos el próximo domingo.
Cerrado ya el tiempo Pascual y a punto de participar de la Fiesta, donde el Espíritu Santo descenderá sobre los Apóstoles, la Iglesia se prepara para profundizar y experimentar todos aquellos misterios que el Hijo de Dios ha venido a revelar a la humanidad.
El Evangelio que hemos podido escuchar hoy en la celebración de la Divina Liturgia, es un Evangelio teológico por excelencia donde San Juan el evangelista, llamado precisamente el teólogo, nos transmite de una forma diáfana y clara, cuál es el poder de Jesús-Cristo sobre toda carne, para conducirla a la vida eterna. Según Él mismo nos dice; “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesús-Cristo”. Los Apóstoles lo han conocido personalmente y directamente, porque han convivido y recibido sus enseñanzas, el mismo Cristo nos aporta su testimonio diciendo: “Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me distes se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado”. ” Y aún les dice: “Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros.
Con estas palabras se manifiesta la relación de comunión que se establece entre Jesús-Cristo, segunda persona de la Santísima Trinidad hecho hombre y sus Apóstoles, y estos, con esta experiencia de comunión y de participación a las energías increadas que nos aporta el Hijo de Dios encarnado, salen a predicar la Buena Nueva, misterio de redención, para que la humanidad pueda llegar también a participar de esta misma experiencia. No se trata de un conocimiento al que podemos acceder con nuestra razón, sino que es una experiencia de vida en comunión con aquel que nos ha dado la vida, y los Apóstoles son los transmisores de esta experiencia a todas las iglesias incipientes de la era cristiana.
Pero la Iglesia desde el primer momento de su constitución, debe velar para que esta transmisión de experiencia eclesial, donde Dios y el hombre se encuentran, se haga con todas las garantías, evitando las desviaciones propias que la razón humana es capaz de construir. Y por esto en la lectura de los Hechos de los Apóstoles que hoy también hemos podido escuchar, San Pablo se dirige a los ancianos de las Iglesias y les dice: “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su propio  hijo… que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí”. 
Por esto hoy también la Iglesia conmemora los padres del primer Concilio Ecuménico, que se celebró en la ciudad de Nicea en el año 325 y que fue el primero de toda una serie de concilios que se realizaron durante el primer milenio de nuestra era, para abordar todas aquellas desviaciones que nos apartaban de la verdadera Fe. Porque la Iglesia tiene la necesidad de posicionarse frente a esta realidad cuando la razón humana empieza a buscar explicaciones a lo que supera completamente nuestra inteligencia y nuestra lógica.
La Madre de Dios, los Apóstoles y todos sus discípulos viven en persona la presencia física de Jesús-Cristo, Hombre-Dios, y después de recibir la fuerza del Espíritu Santo el día de Pentecostés, salen a predicar el kerigma apostólico a todas las naciones.
Lo que predican, que después queda reflejado en el canon establecido del Nuevo Testamento, es el reflejo de esta experiencia vivida que trasciende completamente nuestra inteligencia, nuestra racionalidad y la lógica establecida del orden natural.
Las herejías surgen, en el momento que el hombre pierde, en parte, esta vivencia inicial y busca explicaciones a la existencia de Dios y a su encarnación a través de la 2ª hipóstasis de la Santísima Trinidad, apartándose de lo que realmente son estos misterios.
Podríamos decir que la Iglesia está funda mentada en estos dos dogmas, el Trinitario y el Cristológico. En el primero se nos revela la forma de existencia de la divinidad y en el segundo, como la divinidad se hipostasia en la naturaleza humana, para conducirla a su plenitud.
La Iglesia pues durante los primero siglos del cristianismo debe discernir sobre estos misterios, y en base a la vivencia y experiencia transmitida por los Apóstoles, fundamentada en las Sagradas Escrituras e incorporada a la propia vida eclesial, tiene la necesidad de posicionarse con un discurso teológico preciso que refleje esta vivencia ante los herejes, es decir ante todas aquellas posturas que se apartan de la verdad revelada, y esto es lo que hace durante los siete Concilios Ecuménicos, que son hoy, y aún ahora, el fundamento de la Fe Ortodoxa.
Celebrémoslo pues y llenémonos  de alegría, porque la Fe Ortodoxa finalmente ha triunfado sobre todas las herejías y nos aporta todos los elementos necesarios para que en el seno de la Iglesia podamos avanzar a través de nuestra ascesis personal hacia el conocimiento de nuestro Señor Jesús-Cristo, con la certeza de que estamos en el camino de la verdad para alcanzar la plenitud de nuestra existencia.

P. Martí

21/5/2020, Barcelona: 7è Diumenge després de Pasqua. Diumenge dels Sants Pares del primer Concili Ecumènic.

Fets 20, 16-18, 28-36
Joan 17, 1-13

Avui l’Església celebra el 7ª diumenge després de Pasqua, diumenge que es troba a cavall de la festa de l’Ascensió i la de Pentecosta que celebrarem el proper diumenge.

Tancat ja el temps Pasqual i a punt de participar en la Festa on l’Esperit Sant davallarà damunt dels Apòstols, l’Església es prepara per aprofundir i experimentar tots aquells misteris que el Fill de Déu a vingut a revelar a la humanitat.

L’Evangeli que hem pogut escoltar avui en la celebració de la Divina Litúrgia, és un Evangeli teològic per excel·lència on Sant Joan l’evangelista, anomenat precisament el teòleg, ens transmet d’una forma diàfana i clara, quin és el poder de Jesús-Crist sobre tota carn, per conduir-la a la vida eterna. Segons Ell mateix ens diu; “I la vida eterna consisteix en això: que et coneguin a tu, l’únic Déu veritable, i el qui has enviat, Jesús-Crist”.

Els Apòstols han conegut personalment i directament a Jesús-Crist, perquè han conviscut i rebut els seus ensenyaments, el mateix Crist dóna testimoni dient: “ja que els he donat les paraules que m’has donat; les han rebudes i han arribat sincerament a reconèixer que jo he sortit de tu, i han cregut que tu m’has enviat”. I encara diu: “Pare sant, guarda’ls en el mon que m’has donat, per tal que siguin u com nosaltres”.

Amb aquestes paraules s’ens manifesta la relació de comunió que s’estableix entre Jesús-Crist segona persona de la Santíssima Trinitat fet home, i els seus Apòstols, i aquests amb aquesta experiència de comunió, i de participació a les energies increades que ens aporta el Fill de Déu encarnat, surten a predicar aquesta Bona Nova, misteri de redempció, perquè la humanitat pugui arribar també a participar d’aquesta mateixa experiència. No es tracta d’un coneixement al que podem accedir amb la nostra raó, sinó  que és una experiència de vida amb comunió amb aquell que ens ha donat la vida, i els Apòstols són els transmissors d’aquesta experiència a totes les esglésies incipients de l’era cristiana.

Però l’Església des del primer moment de la seva constitució, ha de vetllar perquè aquesta transmissió d’experiència eclesial, on Déu i l’home es troben, es faixi amb totes les garanties, evitant les desviacions pròpies que la raó humana es capaç de construir. I per això en la lectura dels Fets dels Apòstols que avui també hem pogut escoltar, Sant Pau es dirigeix als ancians de les Esglésies i els hi diu: “Vetlleu sobre vosaltres i sobre el ramat del qual l’Esperit Sant us ha constituït zeladors per pasturar l’Església de Déu que ell adquirí amb la pròpia sang… que d’entre vosaltres mateixos sorgiran homes que diran perversitats per arrossegar-se els deixebles darrera d’ells”.

Per això avui també l’Església commemora els pares del primer Concili Ecumènic, que es va celebrar a la ciutat de Nicea l’any 325 i que va ser el primer de tota una sèrie de concilis que es van realitzar durant el primer mil·lenni de la nostra era, per abordar totes aquelles desviacions que ens apartaven de la veritable Fe. Perquè l’Església te la necessitat de posicionar-se davant d’aquesta realitat quan la raó humana comença a buscar explicacions a allò que depassa completament la nostra intel·ligència i la nostra lògica.

La Mare de Déu, els Apòstols i tots els seus deixebles viuen en persona la presencia física de Jesús-Crist, Home-Déu, i després de rebre la força de l’Esperit Sant el dia de la Pentecosta, surten a predicar el kerigma apostòlic a totes les nacions.

El que prediquen, que després queda reflectit en el cànon establert del Nou Testament, és el reflex d’aquesta experiència viscuda que transcendeix completament la nostra intel·ligència, la  nostra racionalitat i la lògica establerta de l’ordre natural.

Les heretgies sorgeixen, en el moment que l’home perd, en part, aquesta vivència inicial i busca explicacions a l’existència de Déu i a la seva encarnació a través de la  2ª hipòstasis de la Santíssima Trinitat, apartant-se del que realment són aquest misteris.

Podríem dir que l’Església està fonamentada en aquest dos dogmes, el Trinitari i el Cristològic. En el primer sens revela la forma d’existència de la divinitat i en el segon, com la divinitat s’hipostasia amb la natura humana, per conduir-la a la seva plenitud.

L’Església doncs durant els primer segles del cristianisme ha de discernir sobre aquest misteris, i en base a la vivència i  experiència transmesa pels Apòstols, fonamentada en les Sagrades Escriptures i incorporada a la pròpia vida eclesial, té la necessitat de posicionar-se amb un discurs teològic acurat que reflecteixi aquesta vivència davant dels heretges, es a dir davant de totes aquelles postures que s’aparten de la veritat revelada, i això és el que fa durant els set Concilis Ecumènics, que són avui i encara ara, el fonament de la Fe Ortodoxa.

Celebrem-lo doncs i omplim-nos de joia, perquè la Fe Ortodoxa finalment ha triomfat sobre totes les heretgies i ens aporta tots els elements necessaris  perquè en el si de l’Església puguem avançar a través de la nostra ascesis personal cap el coneixement de Nostre Senyor Jesús-Crist, amb la certesa que estem en el camí de la veritat per assolir la plenitud de la nostre existència.

P. Martí

28/5/2020: Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo. Homilía.

Hechos 1, 1-12
Lucas 24, 36-53

Hoy celebramos la Ascensión de Nuestro Señor a los cielos, es un punto culminante de la obra salvadora de Cristo, de la economía del Hijo, en la que el Salvador es elevado por encima de los cielos hasta el trono, donde se sienta a la derecha del Padre.

El significado central del misterio de la Ascensión es escueto, simple, pero de una importancia vital para el hombre: es el de que Cristo después de encarnarse en el hombre, después de recorrer todos los caminos, todos los registros humanos, santificándolos por su divinidad, después de cargar con toda la miseria y pecado de nuestra naturaleza, se ofrece en sacrificio en la cruz, para bajar a lo más profundo, hasta el abismo del infierno, y por su resurrección, glorifica, deifica nuestra naturaleza, y lo que es más incomprensible, eleva nuestra naturaleza deificada por encima de los cielos, hasta la misma diestra del Padre; frente a esta visión, al hombre no le queda más que la adoración y el silencio, tal como hizo la Madre de Dios.

Y aparte de este misterio central, quisiera resaltar 2 aspectos de la Ascensión:

– La Ascensión es el penúltimo escalón frente a la parusía, y deja al hombre preparado para poder recibir el Espíritu Santo, es el momento en que se juntan las dos economías (humana y divina) en Pentecostés, pues Cristo no nos ha abandonado sino que, como anunció, permanece en nosotros, invisible, tapado por una nube, a través de las energías del Espíritu Santo. Cristo realmente está con nosotros, en su Palabra, en los sacramentos, en el pleroma de la Iglesia y en cada uno de nosotros individualmente.  Y a cambio, lo único que nos pide es que seamos sus testigos, que cooperemos con Él para adelantar, provocar su segunda venida.

– Frente a esta misión que Cristo nos encomienda, y por el hecho de que no está visiblemente entre nosotros, podemos sentir una sensación de desánimo, de que Cristo nos habla de cosas infinitamente elevadas, que ni vemos, ni vivimos, que después de la liturgia nuestra vida se desenvuelve de una manera rutinaria y pobre, pegada al día a día de este mundo y que podemos acabar pensando como conclusión que esto no es para nosotros y que no sacaremos nada en claro, pero daros cuenta de que este pensamiento es obra del maligno, que quiere que creamos sólo lo que vemos. Es verdad que podemos llegar muy abajo, hasta el abismo, pero es más verdad que gracias a Jesucristo, no es dado el llegar a lo más alto, por encima de los cielos.

Fijaos en los apóstoles, eran 12 pobres hombres incultos, perdidos en un rincón del mundo y que, hasta el mismo día de la Ascensión, Cristo les ha de reprochar su dureza de corazón y su incredulidad, y sin embargo, gracias al Espíritu Santo, a sus energías, fue el núcleo de un movimiento que se extendió en menos de 200 años por todo el Imperio Romano y más allá, y que pese a todas las persecuciones y con sus defectos humanos, ha transformado el mundo desde entonces.

También San Pablo, que siendo un hombre brillante, de lo único que se gloriaba era de su debilidad, que le permitía ser un recipiente –de barro- de la gracia divina. Y pensemos sobretodo en la Madre de Dios, humanamente el más débil de todos los humanos, indefensa ante el mundo, pero que gracias a que esta «debilidad» le facilitó el ser totalmente sumisa y seguidora de la voluntad de Dios, deshizo el pecado de desobediencia de Adán y Eva y se ha convertido en la Mediadora de la salvación del mundo.

Esforcémonos pues, y alegrémonos y no desesperemos, pues podemos estar seguros de que, en nuestra debilidad, en nuestra flaqueza, Cristo está y estará con nosotros hasta elfin del mundo. Amén.

P. Jose Santos, Ascensión de 1983.

24/5/2020, Barcelona: Domingo del Ciego de nacimiento. Homilía

Hechos 16, 16-34
Juan 9, 1-38

“Para que se manifiesten las obras de Dios en él” (Jn 9, 3)

“Como hábil arquitecto, Dios primero ha acabado una parte de la casa que ha querido construir y ha dejado la otra imperfecta, a fin de que al acabarla después cerrase la boca a los incrédulos respecto al origen de toda obra. De esta manera Él junta las diferentes partes de nuestro cuerpo, completa lo que faltaba, trabaja en él como en una casa que está a punto de caer cuando sana la mano seca, cuando da fuerza a los miembros del paralítico, hace caminar a los cojos, cura a los leprosos, sana a los enfermos, fortifica a los débiles, resucita a los muertos, abre los ojos que estaban cerrados, da a los que no tienen nada. Repara pues los defectos de nuestra débil naturaleza, y con ello descubre, manifiesta su poder. Además, cuando Jesús dice: para que se manifieste el poder de Dios, es de Él de quien habla y no del Padre, porque el poder del Padre era perfectamente conocido” (S. Juan Crisóstomo, Homilia LVI)

“Si el Señor no construye la casa es inútil el afán de los constructores” (Sl 126). El origen de nuestra vida es Dios y está en Dios. Cualquier intento de construir la vida fuera de Él es vano e inconsistente, nace de la semilla de la corrupción y es como el humo que se disipa y desaparece. Por tanto, si nuestra vida ha de ser Vida en Cristo, los cimientos que la han de sostener no pueden ser otros que el encuentro con Dios. Llegamos a la vida en este mundo como una casa que no está acabada de construir, y el Arquitecto que puede completar la obra es el mismo Arquitecto que nos ha dado la vida. Para que se manifieste el poder y la gloria de Dios.

El ojo es al cuerpo lo que el sol es al mundo. El ojo es la lámpara del cuerpo y del alma que vivifica el cuerpo. Por la vista nos orientamos y damos sentido a las cosas, incluso hemos conocido a Dios porque se hizo visible en la carne. La Luz que orienta, vivifica y da sentido a nuestra vida, a nuestra alma, es Cristo Dios (Jn 9, 5 y 8,12). El aliento de vida que llevamos al llegar a este mundo lo recibimos de Dios. El mismo Dios es quien nos abre los ojos de la Fe, quien restaura su imagen en nosotros, corrompida por las pasiones. Los ojos de la Fe nos fueron abiertos por el santo Bautismo; que estos ojos gobiernen nuestra vida es vivir de acuerdo con esta Fe, y eso es una decisión que hemos de tomar cada uno personalmente de manera resuelta, sin pereza ni tibieza ni titubeos. Cada Eucaristía es un encuentro con Jesús Cristo, Dios, el acontecimiento fundamental sobre el que se edifica nuestra vida. Hacernos dignos de la participación en el Cuerpo y la Sangre de Cristo es la obra que nos tendría que ocupar el resto del tiempo, de Domingo a Domingo, de Eucaristía a Eucaristía. Cuando es así, todas las circunstancias que nos rodean son tantas ocasiones de manifestar nuestra Fe, de ejercitar la visión que nos ha sido dada. Él, que está presente en todas partes y que lo llena todo, viene a encontrarnos. Dios es infinitamente paciente y nos concede todo el tiempo: “mientras es de día, hemos de hacer las obras de Dios; se acerca la noche, que es cuando nadie puede trabajar” (Jn 9, 4).

El que nació ciego, al volver de la piscina de Siloé viendo, se encontró primero con las dudas de la gente y luego, al confirmar su identidad, con las preguntas de los fariseos, las acusaciones veladas, los insultos, los intentos de hacerle hablar en contra del Señor, de convencerle para que escogiese las convenciones de la ley por encima de la verdad que le ha sido revelada y, finalmente, con la expulsión de la comunidad. Estudiemos sus palabras ante los que le acusan. De él aprendamos a manifestar nuestra Fe con obras: cabalmente, con coherencia y justicia, prudencia y coraje, valentía e integridad y siempre temerosos de guardar la fidelidad a Aquel que nos da la vista para la Vida. Nuestra meta es siempre y en todo lugar la misma; sea bajo situaciones más restrictivas o más permisivas, estables o cambiantes. Si somos fieles al Arquitecto que nos construye y vigila que la obra llegue a buen final, Él mismo nos vendrá a encontrar de nuevo para confirmar nuestra Fe.

24/5/2020, Barcelona: Diumenge del Cec de naixement. Homilia

Fets 16, 16-34
Joan 9, 1-38

A fi que siguin manifestades les obres de Déu en ell” (Jn 9, 3)

“Tal com un hàbil arquitecte, Déu primer ha acabat una part de la casa que ha volgut construir, i ha deixat l’altra imperfecte, a fi que en acabar-la després, tanqués la boca als incrèduls respecte a l’origen de tota l’obra. Així, Ell junta les diferents parts del nostre cos, completa el que mancava, i hi treballa com a una casa que és a punt de caure, quan sana la mà seca, quan enforteix els membres del paralític, fa caminar els coixos, guareix els leprosos, dona la salut als malalts, fortifica les cames febles, ressuscita els morts, obra els ulls que eren tancats, dona als que no tenien res. Repara, doncs els defectes de la nostra feble naturalesa, i amb això descobreix, manifesta el seu poder. A més, quan Jesús diu: a fi que es manifesti el poder de Déu, és d’Ell de qui parla, i no del Pare, perquè el poder del Pare era perfectament conegut.” (St Joan Crisòstom, homilia LVI)

 “Si el Senyor no construeix la casa és inútil l’afany dels constructors” (Sl 126). L’origen de la nostra vida és Déu i està en Déu. Tot intent de construir la vida fora d’Ell és va i inconsistent, neix de la llavor de la corrupció i és fum que es dissipa i desapareix. Aleshores, si la nostra vida ha de ser Vida en Crist, la cimentació que la sostingui no pot ser una altra que l’encontre amb Déu. Arribem a la vida en aquest món com una casa que no està acabada de construir, i l’Arquitecte que pot completar la seva obra és el mateix Arquitecte que ens ha donat la vida. Perquè es manifesti la glòria i el poder de Déu.

L’ull és al cos com el sol és al món. L’ull és la llàntia del cos i de l’anima que vivifica el cos. Per la vista ens orientem i donem sentit a les coses, fins i tot hem conegut Déu perquè es va fer visible en la carn. La llum que orienta, vivifica i dona sentit a la nostra vida, a la nostra ànima, és el Crist: (Jn 9, 5 i 8, 12). L’alè de vida que portem en arribar al món el rebem de Déu. El mateix Déu és qui ens obra els ulls de la Fe, qui restaura la seva imatge en nosaltres, corrompuda per les passions. Els ulls de la Fe ens van ser oberts pel Sant Baptisme; que aquests ulls governin la nostra vida és viure d’acord amb aquesta Fe, i això és una decisió que ens pertoca prendre de manera resolta, sense mandra ni tebiesa ni titubeig. Cada Eucaristia és un encontre amb Jesús Crist, Déu, l’esdeveniment fonamental sobre el que s’edifica la nostra vida. Fer-nos dignes de la participació en el Cos i la Sang del Crist és l’obra que hauria d’ocupar-nos la resta del temps, de Diumenge a Diumenge, d’Eucaristia a Eucaristia. Quan és així, totes les circumstàncies que ens envolten són ocasions de manifestar la nostra Fe, d’exercitar la visió que ens ha estat donada. Ell, que està present arreu i ho omple tot, ve a trobar-nos. Déu, és infinitament pacient, i ens dona tot el temps: “mentre és de dia, hem de fer les obres de Déu; s’acosta la nit, que és quan ningú no pot treballar” (Jn 9, 4).

El qui va néixer cec, en tornar de la piscina de Siloé veient, es va trobar immediatament amb els dubtes de la gent, i ben aviat, en confirmar la seva identitat, amb les preguntes dels fariseus, les acusacions velades, els insults, els intents de fer-li parlar en contra del Senyor, de convèncer-li d’escollir les convencions de la llei per sobre de la veritat que li ha estat revelada i, finalment, amb l’expulsió de la comunitat. Estudiem les seves paraules davant els qui l’acusen. Aprenguem d’ell a manifestar la nostra fe amb obres; cabalment, amb coherència i justícia, prudència i coratge, integritat i valentia, i sempre temorosos de guardar la fidelitat a Aquell que ens dona la vista per a la Vida. La nostra fita és sempre i en tot lloc la mateixa, ja sigui sota condicions més restrictives o més permissives, estables o canviants. Si som fidels a l’Arquitecte que ens construeix i vetlla perquè l’obra arribi a bon port, Ell ens vindrà a trobar de nou per confirmar la nostra Fe.

P. Josep Moya

27/8/2020, Barcelona: 5º domingo después de Pascua. De la Samaritana. Homilía

Fresco de la catacumba de la Vía Latina

Hechos 11, 19-26, 29-30; Juan 4, 5-42

¡¡Cristo ha Resucitado !!

En este quinto domingo después de Pascua, el Evangelio que la Iglesia nos presenta para nuestra contemplación, hace referencia al diálogo que establece el mismo Cristo con una mujer samaritana que se acerca al pozo de Jacob para buscar agua. El motivo de que en este tiempo litúrgico se nos presente este texto, se debe a que el miércoles anterior a este domingo celebramos la fiesta de Medio Pentecostés, es decir que nos encontramos justo en la mitad de los cincuenta días que separan la fiesta de Pascua y la de Pentecostés. Y por este motivo la Iglesia nos muestra un texto que ya nos hace reflexionar sobre el misterio que se nos manifestará en esta fiesta.

En la vigilia del domingo en las estícheras del lucernario del canto de vísperas podemos leer: «Así llegamos a la mitad de los días que comienzan con la Resurrección salvadora y terminan con la divina fiesta de Pentecostés… la Iglesia se prepara para celebrar dignamente el alegre tiempo de estas dos fiestas sagradas”.

Gracias a la Resurrección, que es la victoria de Jesús-Cristo sobre la muerte, la ascensión al cielo de su cuerpo resucitado y el descenso del Espíritu Santo el día de Pentecostés, fiestas que celebramos durante este período litúrgico de cincuenta días , la Iglesia queda en disposición de poder vivir el misterio que nos transmite el Evangelio de hoy.
Jesús con sus apóstoles iban de camino de Judea a Galilea, se detienen en una ciudad de Samaria llamada Sicar donde se encuentra el pozo que Jacob dio en herencia a su hijo José, y como estaban fatigados y la hora ya era avanzada, Él se queda cerca del pozo mientras sus discípulos van a la ciudad a buscar alimentos. En esto que una mujer samaritana se acerca a sacar agua del pozo y Jesús aprovecha para pedirle agua, ante la extrañeza de la mujer de que un judío le pidiera a ella agua, ya que era samaritana, porque no se trataban los judíos con los samaritanos según nos dice el Evangelio.

En primer lugar Jesús inicia una conversación de una forma natural, pero contra todo pronóstico en el contexto donde se encontraban, por las discrepancias que había entre judíos y samaritanos, pero también por la extrañeza que muestran sus apóstoles cuando lo ven hablar con una mujer. Con lo cual nos demuestra que él no sigue las órdenes establecidas sino que va a buscar el deseo de verdad que hay escondido en nuestro corazón vengamos de donde vengamos y sean cuales sean nuestras creencias. Cuando la mujer se muestra extrañada de que un judío le pida agua a ella que se samaritana, Él aprovecha para decirle: “ Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva”. Y le dice también: “Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna”.

Agia Fotini. La Samaritana

La mujer recibe estas palabras frente a su presencia, le otorga una cierta autoridad, y se muestra interesada por recibir esta agua viva, pero Jesús le responde diciendo que vaya a buscar a su marido, para poner en evidencia una situación personal que en todo caso se tiene que resolver para iniciar el camino hacia recibir esta agua que Él nos ofrece. Por eso cuando la mujer le dice que no tiene marido, Él se muestra conocedor de cuál es su situación, y le dice: “Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes nos es marido tuyo; en eso has dicho la verdad”. La mujer queda sorprendida ante estas palabras que Jesús le manifiesta de su propia intimidad, y toma conciencia, al igual que nosotros lo tenemos que  hacer, que hay cosas que tenemos que rectificar de buen principio si queremos acercarnos a esta fuente de conocimiento que el mismo Cristo nos ofrece.
Siguiendo esta conversación, ella lo reconoce como profeta y le pregunta sobre cuál es la mejor manera de adorar a Dios, porque los samaritanos lo hacen en el monte Garizim y los judíos en Jerusalén, y en respuesta Jesús le dice: “Créeme mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adorareis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad”. Y después  cuando la mujer le pregunta sobre el Mesías, Él le responde: “Yo soy, el que te está hablando”.

Con esta respuesta en primer lugar deja claro de dónde procede la economía de salvación cuando le dice: «nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos» pero al mismo tiempo nos manifiesta que la verdadera adoración trasciende cualquier espacio físico porque precisamente llega la hora, y ya estamos, nos dice, – expresando esta dicotomía entre futuro y presente, – porque su presencia nos hace partícipes ya, aquí y ahora, de este futuro donde podemos adorar al Padre en espíritu y en verdad, y superar todos los pasos intermedios que nos separan de la fuente de vida que ha dado origen a todas las cosas. Esta es el agua viva, fuente de todo conocimiento que Jesús-Cristo ofrece a la mujer samaritana y a todos nosotros, para saciar nuestra sed. Y estas son las energías increadas que se manifestarán con toda su plenitud el día de Pentecostés.

Preparémonos pues, escuchamos su palabra y pongámonos en disposición de recibir esta agua viva, para avanzar en el verdadero conocimiento que nos haga superar todos los límites de nuestra propia racionalidad, y entrar en comunión con el que es Maestro y Señor de nuestra existencia.
¡¡Cristo ha Resucitado!!

P. Martí

17/5/2020, Barcelona: 5e Diumenge després de Pasqua. De la Samaritana. Homilia.

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Fresc de la catacumba de la Via Llatina

Fets 11, 19-26, 29-30; Joan 4, 5-42

Crist ha ressuscitat !!!

Aquest cinquè diumenge després de Pasqua l’Evangeli que l’Església ens presenta per a la nostra contemplació, fa referència el diàleg que estableix  el mateix Crist amb una dona samaritana que s’apropa el pou de Jacob per a buscar aigua. El motiu de que en aquest temps litúrgic sens presenta aquest text, és degut a que el dimecres anterior a aquest diumenge celebrem la festa de la mitja Pentecosta, es a dir que ens trobem just a la meitat dels cinquanta dies  que hi ha entre la festa de Pasqua i la de Pentecosta. I per aquest motiu l’Església ens mostra un text que ja ens fa reflexionar sobre el misteri que sens manifestarà en aquesta festa.

A les vigílies del diumenge en les estíxeres del lucernari del cant de vespres podem llegir: “ així arribem a la meitat dels dies que comencen amb la Resurrecció salvadora i terminen amb la divina festa de la Pentecosta… l’Església es prepara per celebrar dignament el joiós temps d’aquestes dues festes sagrades.”

Gràcies a la Resurrecció, que és la victòria de Jesús-Crist sobre la mort, l’ascensió al cel del seu cost ressuscitat i la davallada de l’Esperit Sant el dia de la Pentecosta, festes que celebrem durant aquest període litúrgic de cinquanta dies, l’Església queda en disposició de poder viure el misteri que ens transmet l’Evangeli d’avui .

Jesús amb els seus apòstol anaven de camí de Judea cap a Galilea, s’aturen a una ciutat de Samaria anomenada Sicar on es troba el pou que Jacob va dunar en herència el seu fill Josep, i com estaven fatigats i l’hora ja era avançada, Ell es queda a prop del pou mentre el seus deixebles van a la ciutat a buscar aliments.  En això que una dona samaritana s’apropa a pua aigua del pou i Jesús aprofita per demanar-li aigua, davant de l’estranyesa de la dona que un jueu li demanes a ella aigua que era samaritana, perquè no es tractaven els jueus amb els samaritans segons ens diu l’Evangeli. 

En primer lloc Jesús inicia una conversa d’una forma natural, però contra tot pronòstic  en el context on es trobaven, per les discrepàncies que hi havien entre jueus i samaritans, però també per l’estranyesa que mostren els seus apòstols quan el veuen parlar amb una dona. Amb lo qual ens demostra que ell no segueix les ordres establertes sinó que va a buscar el desig de veritat que hi ha amagat en el nostre cor vinguem d’on vinguem i siguin quines siguin les nostres creences.  Quan la dona es mostra estranyada que un jueu li demani aigua a ella que es samaritana, Ell aprofita per dir-li: “Si sabies quin és el do de Déu i qui és el que et diu : Dóna’m aigua, tu li n’hauries demanada i ell t’hauria donat aigua viva.”  I li diu també “Tot el que beurà aigua d’aquesta, tornarà a tenir set; però el qui beurà de la que jo li donaré, no tindrà set mai més, fins al punt que l’aigua que jo donaré, es tornarà en ell una font d’aigua que brolli en la vida eterna.”

Agia Fotini. La Samaritana

La dona rep aquestes paraules davant de la seva presencia, li atorga una certa autoritat i es mostra interessada per rebre aquesta aigua viva, però Jesús li respon dient que vagi a cercar al seu marit, per posar en evidencia una situació personal que en tot cas s’ha de resoldre per inicia el camí a rebre aquesta aigua que Ell ens ofereix. Per això quan la dona li diu que no te marit, Ell es mostra coneixedor de quina és la seva situació, i li diu: “Tens raó en dir: no en tinc, de marit, perquè n’has tingut cinc, i l’home que ara tens no és el teu marit; en això dius la veritat” .  La dona queda sorpresa davant d’aquestes paraules que Jesús li manifesta de la seva pròpia intimitat, i pren consciència, igual que nosaltres ho hem de fer,  que hi ha coses que hem de rectificar de bon principi si volem atansar-nos a aquesta fon de coneixement que el mateix Crist ens ofereix. 

Seguint aquesta conversa ella el reconeix com a profeta i li pregunta sobre quina es la millor manera d’adorar a Déu, perquè els samaritans ho fan el  mont Garizimi els jueus  a Jerusalem, i en resposta Jesús li diu: “Creu-me dona, ve l’hora que el lloc on adorareu el Pare no serà ni aquesta muntanya ni Jerusalem. Vosaltres adoreu una cosa que no coneixeu, nosaltres adorem allò que coneixem, perquè la salvació ve dels jueus. Però arriba l’hora – i ja hi som – que els autèntics adoradors adoraran el Pare en esperit i en veritat”  i desprès d’això quan la dona li pregunta sobre el Messies, Ell li respon: “Soc jo que et parlo”.

Amb aquesta resposta en primer lloc deixa clar d’on procedeix l’economia de salvació quan li diu: “nosaltres adorem allò que coneixem, perquè la salvació ve dels jueus”  però el mateix temps ens manifesta que la veritable adoració transcendeix qualsevol espai físic,  perquè precisament arriba l’hora, i ja hi som, ens diu, – expressant aquesta dicotomia entre futur i present, – perquè la seva  presencia ens fa partícips ja, aquí i ara, d’aquest futur on podem adorar el Pare en esperit i en veritat, i superar tots el passos entremitjos que ens separen de la fon de vida que a donat origen a totes les coses.

Aquesta és l’aigua viva, fon de tot coneixement que el Crist ofereix a la dona samaritana i a tots nosaltres, per sacia la nostra set. I aquestes són les energies increades que es manifestaran amb tota la seva plenitud el dia de la Pentecosta.

Preparem-nos doncs, escoltem la seva paraula i posem-nos en disposició de rebre aquesta aigua viva, per avançar en el veritable coneixem que ens faixi superar tots el límits de la nostra pròpia racionalitat, i entrar en comunió amb aquell qui és Mestre i Senyor de la nostra existència.

Crist ha Ressuscitat!!!

P. Martí

17/5/2020, Barcelona: Diumenge del Paralític

Fets IX, 32-42
Joan V, 1-15

+ En el Nom del Pare, del Fill i de l’Esperit Sant!.
Estimats tots en Crist! Crist ha Ressuscitat!

L’Evangeli de Sant Joan ens mostra a un home paralític, deixat a la seva sort, sense possibilitats de llançar-se a les aigües salvadores de la seva malaltia; les seves poques forces l’impedien poder arribar a temps, quan l’àngel removia l’aigua de la piscina de Siloé.

Aquest paralític ens significa a tots, davant dels embats del món i de l’enemic, l’home per si sol, difícilment pot sortir-se’n per ell mateix de la malaltia que sovint l’allunya del Pla Diví.

Déu, Bonesa Infinita es just, però també misericordiós! Per això Crist en veure l’home ajaçat pel terra, paralític, (que som tots nosaltres) incapaç de salvar-nos a nosaltres mateixos, es compadeix de nosaltres i ens diu: Aixequeu-vos, preneu la vostra llitera i camineu!

Un alè d’esperança doncs, hem de posar en les nostres inquietuds materials i espirituals davant la nostra condició de paralítics, Crist Déu ens vigila i resta amatent en acudir  al nostre ajut.

Crist retrobà el paralític que va guarir en el Temple i li diu: No pequis més!

Volia dir exactament que es guardés en les vies de Déu, el seu salvador, i aquest missatge és el que ens ha d’arribar: continuar en las vies del Crist ressuscitat, ell ens ha salvat i el retrobem en el Temple per recordar-nos que som fills de Déu i hereus del Cel.

Que l’esperança d’ésser guarits pel Crist, pel seu ajut, segons la seva voluntat, sigui la brúixola fidel de les nostres vides, i que en aquests moments que hem estat trasbalsats per la malaltia, esforcem-nos per restablir-nos, demanem sense por l’ajut del Crist, de la Mare de Déu i de tots els sants, perquè ens ajudin a llançar-nos a les aigües salvadores de la nostra vida, l’espiritual en primer lloc, la material, si Déu vol!

Que dins d’aquest període de la joia pasqual, Déu ens beneeixi a tots i ens aporti el que sigui convenient a la nostra integritat.

Arxipreste Joan

17/5/2020, Barcelona: Domingo del Paralítico

Hechos 9, 32-42
Juan 5, 1-15

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡Estimados todos en Cristo! ¡Cristo ha Resucitado!

El Evangelio de San Juan nos muestra a un hombre paralítico, dejado a su suerte, sin posibilidades de tirarse a las aguas salvadoras de su dolencia; sus pocas fuerzas lo impedían poder llegar a tiempo, cuando el ángel removía el agua de la piscina de Siloé.

Este paralítico nos significa a todos, ante los embates del mundo y del enemigo, el hombre por sí solo, difícilmente puede salirse por él mismo de la dolencia que a menudo lo aleja del Plan Divino.

Dios, Bondad Infinita es justo, ¡pero también misericordioso! Por eso Cristo al ver el hombre yacente por el suelo, paralítico, (que somos todos nosotros) incapaz de salvarnos a nosotros mismos, se compadece de nosotros y nos dice: ¡Levantaos, tomad vuestra litera y andad!

Así pues, tenemos que poner un aliento de esperanza en nuestras inquietudes materiales y espirituales, ante nuestra condición de paralíticos, Cristo Dios nos vigila y está atento en acudir a nuestra ayuda.

Cristo reencontró el paralítico que curó en el Templo y le dice: ¡No peques más! Quería decir exactamente que se guardara en los caminos de Dios, su salvador, y este mensaje es el que nos tiene que llegar: continuar en los caminos de Cristo resucitado, Él nos ha salvado y lo reencontramos en el Templo para recordarnos que somos hijos de Dios y herederos del Cielo.

Que la esperanza de ser curados por Cristo, por su ayuda, según su voluntad, sea la brújula fiel de nuestras vidas, y que en estos momentos que hemos sido trastornados por la enfermedad, esforcémonos para restablecernos, pidamos sin miedo la ayuda de Cristo, de la Virgen María y de todos los santos, para que nos ayuden a lanzarnos a las aguas salvadoras de nuestra vida, la espiritual en primer lugar, la material, ¡si Dios quiere!
Que en este periodo de alegría pascual, Dios nos bendiga a todos y nos aporte lo que sea conveniente a nuestra integridad.

Arcipreste Joan